22/1/24

Poema de Jorge Valbuena

 


ZAPPING

 

Mi padre frente al televisor

sentado en el sofá

acomoda el mundo.

Lo he visto repasar la historia de sus manos

en los setecientos canales que a diario desacera

llamar al árbitro por el mismo nombre

y a la reina de Inglaterra burlar por su

extraña forma de sembrar un ataúd

¿De qué trazos invisibles está hecho el mundo?

A mi padre le basta con lanzar una mueca  al vacío

para cambiar el destino de los hombres, la ciencia, el pasado.

De las bombas que rugen en las selvas

se va hacia los rugidos de un león bajo un sol dinástico

y de la rosa de un septiembre negro

decide mejor pisar las aceras de una ciudad gótica.

Todo puede pasar en el azar de la tierra

hasta una noche atravesada por un rayo de hielo

que el silencio deshace para que nadie vea.

Nadie mira a la luna que repta

hace mucho no se transmite en vivo y en directo

ninguna alunización.

La última vez todos corrieron buscando un candil.

La lluvia cae sobre la noche        

y mi padre sube el volumen para desaparecerla,

también he visto rondar el viento adolorido

y curar en un comercial su enfermedad.

El mar se puede contemplar en el 116.

Un maremoto en el 312 arrasa con una prisión.

Los extraterrestres llegan en el 569.

Muere un cazador de faros en el 92.

El tiempo se acaba en el 46.

Mi padre frente al televisor

sentado en el sofá

acomoda el mundo. 

 

© Jorge Valbuena

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20/9/23

Poema de Jorge Valbuena

 


TODO EL SILENCIO ES EL AIRE

 

Pero mataron mi casa,

mi dormitorio

con su alta ventana mañanera.

 

Javier Heraud 

 

Las ventanas envejecen hacia adentro

un río de auroras agoniza

sin que el rumor del viento las eleve

cruza una humareda de tiempo

por entre su ardor de abril de noche

                                                  macerado

 

Como un candil

en el que se retuercen las fases de la luna

el silencio

puesto allí          entre el rumor del paisaje 

           mira hacia un eco derruido

 

Al frente de ella han construido un muro

han destruido las mañanas

por eso la ventana es otro tiempo

todo lo que por ella cruza son recuerdos

de la forma en que pastaban las auroras

los días en que una alforja de luz

cruzaba los peldaños y el ayer

que ahora como un hilo dibujamos

mientras palpamos a ciegas el lugar

donde dejamos las caídas

 

Miramos a ese abismo

como si aquí estuviera su profundidad

un caudal de luz vierte el azogue

 

Aun corremos y deshacemos las cortinas

al atardecer y al asomarnos

al pasado sumergido en nuestros ojos

 

Con cada filamento que cae en medio de la brisa

hemos tejido agosto

 

Abril es una suma de vigilias

 

El sol

         cada sol

                     ahora viaja por dentro

 

© Jorge Valbuena

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1/9/22

Texto de Jorge Valbuena

 


GRAMÁTICA DE LOS CIELOS

 

Mi abuelo veía barcos donde yo veía orugas. Una nube puede ser muchas cosas –me decía- quizá mi barco sea tu oruga, si de repente a la nube le crecen alas el mío ya entonces será un avión y el tuyo una mariposa. Coleccioné así mis primeras lecturas siendo niño. Algunas eran trágicas cuando terminaban atravesadas por un relámpago. No siempre las nubes cuentan historias inofensivas. Otras me hacían reír hasta que caía la tarde.

Abuelo siempre fue un gran lector, incluso cuando llegó a buscarlo la ceguera, me advertía que no me confiara de lo que creía haber visto en las nubes si quería llegar algún día también a descifrar noches, eclipses, constelaciones, hasta el respiro de la niebla. Ellas nunca permanecen fijas, su función es contar, aún si cierras los ojos, la historia seguirá avanzando sobre tu cabeza. Yo no lo creía cierto, siempre pensé que era una más de sus motivaciones para hacerme recordar nuestra costumbre… hasta aquella vez que caminé con él bajo la lluvia.  No abras el paraguas –me dijo- escucha lo que hemos escrito tantas veces en nuestro idioma. 

 

© Jorge Valbuena

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27/5/22

Poema de Jorge Valbuena

 


OUROBOROS

 

Ayer el mar talló la serpiente

para conferirle a la tierra algo de su levedad.

Olas que se fueran a poblar

el costado oscuro de sus ríos,

fundar en la roca un sinuoso rumor,

verter en el aire el limo de su aparición.

Así los días se apresuran voluptuosos

cada uno un sol

como un corazón que se resume

uno tras otro, ondulante

sobre glándulas de hierro.

El tiempo es veneno inmaculado

al fondo de una alforja de lava, sangre y viento,

el anzuelo del misterio duerme

intacto entre cenizas de luz.

Incuba otra eternidad,

otro desierto.

Cada respiro un cambio de piel,

los sargazos del estar

guardan la dificultad de lo vivido,

el destino de sus húmeros vigentes

engullendo la piedad del abandono.

Sobrevive la soga

se arrastra por entre los cántaros

sin rumbo, espora de lumbre, reptil de soledad,

aposento que no conoceremos

hasta que nos devore.

 

© Jorge Valbuena

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5/2/22

Poema de Jorge Valbuena

 


 

LOS SÍNTOMAS DEL TRUENO 

 

Nos llega una certeza de amor algunas veces

una explosión en una viga interna

que derrumba los pasos ya trazados 

cae y se evapora

como si nada la hubiera sostenido. 

 

Es que nunca supimos ser una ruina elevándose

nadie nos enseñó a podar el silencio

antes de que una pluma ronca susurrara el suspiro,

y un papel desconocido aprendiera a mirarse

al fondo de un mar atragantado. 

 

El amor, lívida sombra que ilumina

tiende otra piel en el aire para llevarse la propia

hasta el temblor ingrávido

de sus presencias breves.

 

Así nos llega esa urgencia de andar desposeídos

algunas veces 

sin que una calma al fin nos sobreviva, 

una tarde, en un soplo, bajo una cerilla

el amor nos reemplaza y nos absuelve

de ser parte del mundo, 

absurdos navegantes del polvo,

visibles emisarios de la ira.

Ahora habitantes de esta casa

que creíamos ajena

lugar donde se tallan las auroras

anzuelo del rastro 

balcón, faro, tejado, recipiente

hasta que todo adentro se desnuda.  

 

© Jorge Valbuena

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2/12/21

Poema de Jorge Valbuena

 


EL MUSEO DE LOS AYERES

 

En la piel del lodo aún late embadurnado el eco de mi primera costra

El lirio que nació en ella como futo de las caídas

su árbol penitente que abría su fronda en los brazos de mi madre

levantando el alivio con hielo y la sutil suspicacia de su calor

eran los días del retoño

la tierra estaba tan cerca a las canciones

que las manos siempre andaban naufragando entre las dunas del patio

y con las hojas nos mirábamos cara a cara los párpados

y compartíamos los pensamientos con los pensamientos que nacían hasta

en la boca de los ladrillos

desparramados oleajes de viento

supe que incluso el rugido del león se sopla cuando se encuentra uno

de sus dientes a la vera de los pasos

madre me enseñó a soplarlos fuerte como si estuviera rugiendo desde

la selva de mi ser, un rey con astrolabios de espinas

que alza un temblor de pétalos afilados para siempre,

cada día cazábamos tesoros

abríamos anchas praderas de huecos

en las que estirábamos los brazos hasta el centro de la tierra

esqueletos de alforjas

suspiros incendiados

fragmentos de nieve

juguetes sin memoria

armaduras de espejismos

jamás una moneda de nada sacamos

madre nunca nos dijo que no

porque en la cena siempre enumerábamos cada remolino disecado

y lo instalábamos en el museo de los ayeres

como si nos estuvieran contemplando

desde algún otro extravío de sus sombras

Cada esquina se fue llenando de reinos

En cada migración de un nuevo pastel cada año

Seguimos rugiendo ante un ejército de velas

Que fue creciendo

Hasta quedar solo una luz grande en el centro de la mesa

Que estallaba con pólvora hasta el techo del tiempo

El diente de león ahora estaba lleno de sueños

Temblor de pétalos afilados

Que quedaron flotando en astillas de chocolate

Hasta que madre doblaba el mantel

Y lo guardaba en el cajón junto a los viejos cuadernos,

Las ovejas del pesebre, las huellas digitales, las fotografías,

Viejos remiendos

Y nos daba un beso en la frente

Que aún conservamos

En un jardín de estrellas inhóspito

Donde salimos a jugar cada vez que buscamos

Nuestra colección de cicatrices.

 

© Jorge Valbuena

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9/10/21

Poema de Jorge Valbuena

 


TRILOGÍA DE ALTAMIRA


I

Por no poseer barcas

ni apellido de Noé

los hombres naufragaron

en medio de las cuevas

Pigmentos de ahogo y soledad

pintaron animales elevándose

hasta el mar que cubría

el cielo de las rocas

Allí flotando en el olvido

salvaron las especies

de otras orillas sin rumbo

 

II

El hombre que pintó las cuevas de Altamira

iba en busca de alimento

El hombre que las descubrió

iba en busca de su perro

el perro que se perdió iba en busca de la tarde

 

III

Una niña en 1879

mientras su padre buscaba tesoros en el suelo

le avisó:

¡Papá, mira esos toros hundiéndose en el aire!

 

© Jorge Valbuena

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16/8/21

Poema de Jorge Valbuena

 


 

LA PIEL DEL TIEMPO

 

La saliva probó los vendavales

aprendió a murmurar en cada lengua ignota

decir azul cuando era el turno de la sierpe

roer en arameo           en sefardí

y a callar en bengalí por si asomaba la lumbre

 

Reunimos el temblor de lo salvado

dormimos bajo el trino del ñandú

en otras oquedades más arteras

escribimos el nombre de los ríos

pescamos sus palabras perdidas

                        miríadas de ellas

y brotó la poesía

para que tuvieran un océano

 

Hemos caminado tantas bocas

el mundo ya es un mapa cantado

retazos de humo

desde que pintamos

                               con heridas

 

© Jorge Valbuena

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31/7/21

Poema de Jorge Valbuena

 


ESCAPULARIOS


Ercilia escucha noticias

para no sentirse sola

camina por la casa como por una multitud

barre       duerme            se inventa

una ciudad de voces que le aleje

tantos recuerdos hacinados

Presiente el mundo

entre nadies

vociferan que aquí y allá

pasa el tiempo importado

se entera del incendio

en una fábrica de hielo

de una masacre de ayeres postergados

de la prisión que perdió sus sombras

del precio de la brea

Es poca su atención, pero le crecen

habitantes sin destino entre sus manos

quemó los almanaques hace meses

le da igual si es luna llena o brilla

una efeméride desconsolada

quiere ser nieve

en una noche sin ahoras

y periodista de la nada

para informar

las últimas lloviznas del silencio

 

© Jorge Valbuena

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