13/12/24

Poema de Irene Scalabrelli

 


Hace falta tener buen ojo

buen pulso

buen tino

y buena puntería

para acertar al pocito del mate

enhebrar la aguja

disparar la honda

apretar el gatillo

encender la tuca

que quema los dedos

señalar al otro

ponerle la culpa

vomitar al costado

escupir desde arriba

recoger el guante

apuntar a los ojos

dirigir la bala

convertir en odio

todo

        todo

                todo.

 

© Irene Scalabrelli

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28/8/24

Poema de Irene Scalabrelli

 

Tu rastro

 

Se me hace largo el tiempo de esperarte.

No te conozco, pero ¡qué noche aquella!

No sé cómo sos con paraguas

con sombrero, con miedo, engripado,

con el pelo largo, con barba de dos días,

con cara de pedir perdón, de perdonar, de circunstancia

no sé cómo te verías caminando por mi barrio,

comprando pan, decidiendo el vino,

a la sombra de mi árbol, al lado de mis hijos

no sé de qué te reís y casi no recuerdo tu boca

no sé cómo es tu cara en el cine

si te gusta el cine

qué ves en el cine

ni tu cara de decir que no, de maldecir, de dar limosna,

ni las caras de poner en cada caso.

No sé si te gusta como a mí la lluvia, Chaplín,

los higos secos, las fotos viejas,

los techos desde arriba

las manifestaciones desde adentro.

No sé lo que te pone triste o te mata de risa

lo que guardás en los cajones

lo que no querés prestar a nadie

lo que nadie te quiso dar.

 

No puedo adivinar tus pasos

ni presentir tu llegada,

no sé si te amo o si vos

no sé cómo mentís

ni qué te enfurece más

 

no sé casi nada de vos

no tengo la menor idea

pero se me ha hecho largo

 

este largo tiempo

de haberte perdido el rastro.

 

© Irene Scalabrelli

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15/3/24

Poema de Irene Scalabrelli

 


Desocupé el estante

con tu retrato

vacié el cajón

que guardaba tus cosas

aquí no queda nada tuyo

excepto tu sombra

que viene y va por la casa

incomoda a los perros

y quita la luz

a las macetas de la galería

tu sombra empeñada

en hacer algún ruido

chocando muda con las cosas

tu sombra que camina

sobre el piso mojado

pero no pisa

ni suena

ni asusta

ni nada.

 

© Irene Scalabrelli

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11/3/23

Poema de Irene Scalabrelli

 


Usted pasa a mi lado

muchas veces

sin mirarme, claro.

 

Yo lo veo venir

y su sombra,

su perfecta sombra, que se le adelanta,

acaricia mi cuerpo

despacio.

 

Nunca llegué a tocarlo

pero cuánto daría

no con lujuria, sino tocarlo apenas,

con la punta de los dedos,

en la frente

o en la piel de los párpados.

 

Pero usted dice siempre

que es tarde

aunque yo le adivino

el temor a arriesgarse

 

entonces, no me mira,

cuando pasa a mi lado,

ni yo lo he tocado

aunque cuánto daría

 

usted, por temeroso

y yo, por compostura.

Estamos a salvo.

 

© Irene Scalabrelli

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21/1/23

Poema de Irene Scalabrelli

  


     Cuando llueve 

 

Más que nunca cuando llueve

cuando hace mucho que llueve

la calle es un destino compartido

una zona sin contienda.

 

Más que nunca cuando llueve

cuando hace tanto que llueve

el corazón es un pan caliente

apretado en el bolsillo.

 

Uno siente que los pocos que andan

andan con uno

en la misma intemperie,

uno se reconoce en los otros

los pocos otros que hacen lo mismo

que uno hace.

 

Más que nunca cuando llueve

uno quiere llegar

llegar aunque sea tarde

quitarse la mojadura

poner a secar las medias

abrigarse el cansancio

tomar la sopa caliente

y dejarse estar al reparo.

 

Que uno sepa, ama la lluvia

sólo que a veces

adentro de uno

se abren goteras de escarcha.

 

© Irene Scalabrelli

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19/11/22

Poema de Irene Scalabrelli

 


Camino la casa

ando y desando los rincones,

desovillo pasos

le digo que no puedo

le digo despacio, con los ojos le digo

mi casa sabe que ando de partida

los perros, el cerco de madreselvas, el algarrobo adolescente

saben, tienen que saber, me digo

y esta vergüenza mía

tan desvelada,

como si me viera

esa otra que yo era

y desde adentro censura

con una rabia afilada

cortándome el rostro la confianza el orgullo

y una vena chiquita

una miseria de vena

por la que viaja el sueño que no ha sido

verme desangrar un hilito apenas

que no mata

que no es para matar

que asusta de tan rojo

y ahí está la cosa,

ese susto infinito trepando por el cuerpo

es el que manda

la casa es sólo eso, una casa,

parida a destiempo

un montón de ladrillos apilados

como se guardan los recuerdos

que no se quieren ni se nombran

cómo llegaron tan alto los ladrillos

mi casa sin dibujo, sin escuadra ni plomada

geometría de nido demorado

entre lluvias y sequías.

 

Respiramos juntas en el mismo fuelle, la casa y yo

ella sabe que apura la encrucijada

cruje en las chapas como un animal herido

abre los ojos a la madrugada

y se llena de pájaros y sol.

 

© Irene Scalabrelli

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17/8/22

Poema de Irene Scalabrelli

  


Tormenta

 

Cautiva mi asombro

ese dios que vocifera en la tormenta

su aliento de resaca

el borbotón enfurecido

de su entraña.

 

Destellando serpientes de hielo

se avecina,

el trueno brama su calentura

de toro en celo.

 

La tierra se sacude

desbordan los cauces

que humedecen la ribera de su espalda                    

un tiritón de hembra agita la melena crespa

la hojarasca en la curva de su vientre.

 

Oscuro animal astado

el viento empuja

                  resopla

                       lame.

                                                                 

Se oye un ronquido de presa

y el temporal se derrama

 

Llueve.

 

© Irene Scalabrelli

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25/7/22

Poema de Irene Scalabrelli

 


Los hombres que amo

miran las cosas

como se adivinan los secretos

de guardar para siempre

cuando me encuentran

gritan piedra libre

y despliegan la risa

como se tienden manteles al sol.

Los hombres que amo

huelen a savia

en el pecho les rumora un árbol

en las manos

sostienen vuelos.

Los hombres que amo

se parecen al viento de las tardes

me mojan en sus lluvias

regalan flores

prometen pájaros

la alegría se derrama por sus caras

salpica las veredas

trepa por las piernas de las muchachas

duerme en sus vientres.

Los hombres que amo

tienen mansos los ojos y bellas las manos

parecen niños cuando sufren

los hombres que amo.

Ellos saben cuándo los espero

y de tanto en tanto vienen

a quedarse un par de noches

unos días, un verano.

Yo los ayudo a irse

cuando advierto que pierden la mirada

y después que se han ido

recupero el aliento

acomodo la casa

camino despacio sus pisadas

respiro hondo

y a veces, bailo.

 

© Irene Scalabrelli

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27/5/22

Poema de Irene Scalabrelli

 


¿Hay una hora mejor

para morir?

ese olor

un sonido

el ladrido lejano

que viene con el viento.

Hay, debe haber

una hora mejor que las otras

en la que morirse no desentone

tan verde todavía el mundo

es otoño y llueve

morirse no debería molestar

ni doler, ni cambiar nada

cada cosa en su sitio

el silencio perfecto ocupándolo todo

y de repente las hojas secas

con su ruido particular sobre el techo

o bajo las pisadas

hay tanta hermosura en eso

que no cabe morir a deshora

ni hoy ni cuando llueve

o el viento rompe el perfecto silencio

¿habrá una hora mejor?

es posible esa hora

en que morir esté bien

que no moleste

que se vea bonito.

 

© Irene Scalabrelli

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2/12/21

Poema de Irene Scalabrelli

 


Me acuerdo de los boletos capicúa

no sé por qué me acuerdo

pero yo juntaba

y junté como diez

a lo largo de un tiempo de certezas.

Calculaba las probabilidades

de que eso sucediera

y siempre era fantástico

que me pasara a mí.

Entonces

sólo los juntaba y los dejaba por ahí

en un libro, el bolsillo, un cajón

no era importante guardarlos

porque no servían para reclamar

los boletos capicúas

otorgan suertes efímeras y nunca se sabe

cuándo van a suceder.

Podría estar ocurriendo ahora mismo

una suerte

o mañana

o capaz que ya las gasté todas.

Nunca se sabe.

 

© Irene Scalabrelli

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14/10/21

Poema de Irene Scalabrelli

 


Hay algo que habla dentro del viento

no entiendo lo que dice

sin embargo, lo que sea que en el viento hable

se me parece

cuando una fuerza brutal me azota contra todo

y grito

en otro idioma.

 

© Irene Scalabrelli

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15/6/21

Poema de Irene Scalabrelli

 


Ese hombre puede con su miedo más oscuro

acude con su abrazo y la refugia

sin palabras.

Ella quiere irse,

huir de todo por un rato.

Pero él sabe, o parece,

la abraza callado.

Ella se queda.

 

© Irene Scalabrelli

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16/3/21

Poema de Irene Scalabrelli

 


 

“el exilio es a veces la muerte que uno elije

para reinventarse”

Darío Oliva

 

En el mismo lugar de la memoria

donde guardo los motivos

que hubieran servido

para quedarme

he guardado las razones

que importaron para irme.

De cada sitio recuerdo

lo indispensable

en cada casa tuve un patio

o macetas con plantas

para poner las manos en la tierra

en cada lugar anduve calles

y en todos lados hice amigos

que vienen a rescatarme

cuando necesito

poner entre sus manos

mi corazón,

para salvarlo.

 

© Irene Scalabrelli

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30/10/20

Poema de Irene Scalabrelli

  


Dobla el frío en la esquina

sube por la calle su color de tierra helada

el aire tiene agujas

duele estar vivo

hace mucho que esto es todo

los veo pasar como si nada,

con la cabeza gacha

tenazmente andando por sus cosas

el trabajo, los hijos, el almacén, la rabia

pasamos la vida apretando los dientes,

empujando,

arrastrando el peso que nos toca

vivir sólo cuesta vida, dijo alguien

a mi hijo le gusta recordarlo,

los hijos con su propio invierno, pienso

y estas manos mías

que se han enfriado.

 

© Irene Scalabrelli

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9/9/20

Poema de Irene Scalabrelli




Con cuchara de palo revuelvo el año
para que no se oxiden los recuerdos
y floten.
Somos muchos
el guiso no alcanza para el hambre de todos
hay que raspar el fondo
sacar la costra quemada
masticar sin cobardía
apretar las tripas
tragar mirando lejos
en dirección a un tiempo que vendrá al rescate.
Aquí la inocencia no tiene cabida
los chacales advierten su olor a talco
en cambio, le temen al hambre organizado
tienen miedo los perros,
gruñen, pero retroceden
nos quitan la mirada
cuando los vemos a la cara
no pueden, no saben,
no tienen ojos que aguanten
la luz.

© Irene Scalabrelli

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7/8/20

Poema de Irene Scalabrelli




Estoy aquí
con menos locura que razón
en el sitio más ignorado
repartiendo trozos de pecho para sujetar divisas
haciéndome carne barro sangre
aquí, donde nadie me vio
regresar de la escuela
o jugar en la vereda
donde siempre fui lo mismo
desconocida entre extraños
estoy aquí,
aprendiendo vaya a saber qué cosa
en nombre de qué destino o dios
y aquí seguiré, aunque no me vean
quienes se erizan en el lomo cuando digo causa
y salgo a romper lanzas
salpicando la armonía
de los que viven en paz
respiran hondo
y rezan por el mundo.

© Irene Scalabrelli

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17/7/20

Poema de Irene Scalabrelli



Un frío guardado en el color del día
me retiene adentro
hurgando en los rincones
abriendo cajones y cuadernos
como si hubiera algo más
que este andar a tientas
por si acaso los dedos
o los ojos
den con algo.
Hay un mundo afuera, digo
grito un poco
para sonar segura
necesito sentir como antes
la autoridad de una voz que ordene la vida
mi madre en sábado de limpiar la casa
el malhumorado empeño en que todo brille
o su amor por las begonias
ese modo de regarlas y hablarles bajito,
mi madre y sus macetas en la galería.
La voz de la maestra
que enseñaba regla de tres
simple y compuesta
planteo y solución
la equis dibujada al final de una raya
descubrir el contenido
de su disfraz de incógnita
como se abre un queso
y ahí el agujero
que no es queso
pero guarda el olor y la respuesta,
piedra libre para la equis
que al final era noventa y siete manzanas.
Una voz necesito, que me organice el día
para salir del encierro
a pasparme la cara con el frío.

© Irene Scalabrelli

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22/6/20

Irene Scalabrelli recuerda a Glauce Baldovin




No eligió el silencio.
Quizás desde niña alguien la fue empujando.
Alguien que dijo no te tires al suelo no saltes a la soga
                                     No toques ese gato.
Alguien que hablaba mucho. Que no escuchaba
¿Quién sabe?
Sólo ella lo sabe. O no lo sabe.
Y deambula por los puentes
Se para en las estaciones a ver pasar los trenes
Traza espirales en el aire.

Nadie conoce el fondo de sus ojos. Ni su espejo.
María ha pasado las manos por él y lo ha dejado ciego.

© Glauce Baldovin





Dicen los registros notariales
que mi abuela nació
en la mitad exacta del río
sobre una isla de piedras y arena
en la que su madre se detuvo a parirla
una siesta de junio
al sol.
Los pueblos que bordeaban el río
se apuraron a dejar constancia
de su nacimiento
y ella creció orgullosa
de su doble pertenencia ciudadana.
Yo vengo renaciendo
en tantos sitios
que se me hace difícil
reconocer las marcas
el sentido de raíz en los abrazos
esa luz en otros ojos que me espejan
la misma lluvia mojándome la cara.
Busco las palabras que lo expliquen
aunque no pueda decirlo,
todo parece lo mismo
pero adentro de la sangre
hay un río y dos pueblos,
y mi abuela, y yo
que voy.

© Irene Scalabrelli

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23/5/20

Poema de Irene Scalabrelli



Como si nada, el domingo se despliega
por cada sitio de la casa,
llovió toda la noche
el monte enseña su cara lavada
ha salido el sol para más ventura
y la luz es una fiesta a esta hora.
Me gustan los árboles
nombrarlos despacio cuando ando el patio
el olor después de la lluvia
la lluvia antes y después y siempre
la radio suena en la cocina
la escucho al descuido.
Como si nada, el hijo menor que estuvo de visita
trayéndome a su niño de la mano
ha mandado una foto y una frase breve:
capaz que viva, dice
el gajito rojo que se llevó de casa
flaco y derecho en la maceta
capaz que viva, repito
y se lo digo,
tal vez se salve
después del largo viaje hasta su casa
la casa del hijo menor, tan lejos de la mía
mi hijo y su niño que saben de plantas
de árboles, de perros y de peces
y que cada tanto vienen de visita
se llevan gajitos para sus macetas
y me mandan fotos para que yo vea,
como si nada. 

© Irene Scalabrelli

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21/3/20

Poema de Irene Scalabrelli


Amanece en la cocina
el olor al guiso de la noche
hay que abrir la ventana
dejar que el aire entre
y empuje
y limpie.
Pasa un hombre
que canta fuerte
porque no sabe que lo escucho.
Los perros se han dormido
y es perfecta la luz en todos lados.
Me voy con la mirada 
hacia dónde va la calle
y no quiero decir nada
que ponga en riesgo 
a la mañana.

© Irene Scalabrelli

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