Naciste
abrumando toda realidad anterior.
Quebraste el eje día-noche las horas lo que
antes presuponía que era el tiempo
Tus ojos mirándome durante la succión
(pulsión puerta siempre abierta
vértigo primitivo)
me hacen cruzar el temblor, las pesadillas
de perderte.
En la orilla de mis fuerzas,
ruego templanza para sostenernos.
Las gotas de leche cayeron
en los azulejos.
No soy mi herida.
Soy la miel, la leche.
Tuya, hijo mío, será la palabra.
Tuya, niño de ti, niño de mí, niño nuestro,
será la escritura.
Lauri García Dueñas
Imagínate cómo besa, XIV
Yo creo en las abejas, creo.
Creo que mi cuerpo es de ellas polen,
que en sus vientres llevan de mí el
recuerdo,
que moro en su interior y lo beso beso
beso,
dentro de ellas beso, sus entrañas beso,
creo, creo en las abejas, en su dulzu la
dulzura, en su tierna la ternura,
creo en su largo vuelo,
en que de mí el polen esparcen en de ti los
labios,
que te llevan, dentro de mí te llevan,
a me llevan, muy, muy dentro de ti, a me
llevan.
Creo, creo, en las abejas yo yo creo,
en su miel y su mélica terneza, en su miel
y mélica dulzura,
creo en que desprendo abejas y a te visitan
te visitan,
de ti ellas liban, las abejas, las mis
abejas de tu cuerpo y tus labios liban,
creo en tus abejas que de mi cuerpo liban,
en su vuelo y su entraña que carga de mí
los besos,
en las de las abejas las abejas,
en que tú desprendes las abejas, tú,
en que tus abejas me visitan, ellas me
visitan,
de mí el polen toman, de mi cuerpo se
alimentan.
En las abejas yo creo yo, en su continuo
beso:
el destino a besar las puso,
el destino a besarte a me puso.
Soy de ti abeja, de ti la que ronda, la que
sobrevuela.
Me alimenta tu ternura, de ti la ternu la
ternura,
me alimenta tu dulzu la dulzura,
soy abeja que te ronda, te sobrevuela,
soy abeja que de ti bebe néctar, polen,
abeja que cree en ser abeja, abeja que en
el polen cree, en el néctar,
abeja que necesita de ti ser abeja,
abeja que en el destino cree.
En las abejas creo, creo, yo en las abejas
creo.
Janitzio Villamar
El canto de las estaciones
ABRÁSAME, Ternura mía.
El amor, si no quema no ciega.
Más que lluvia lacerando cristales.
Yazgo sin Ti Mirando la ventana…
Vendrá la blancura de mármol sobre mi
cuerpo.
¿Habrás equivocado la puerta del hotel
o fui yo?
El estío en octubre todavía.
Quizá nuestro amor haya caído.
Saldré en tu búsqueda,
aunque el frío enardecido baje a mis venas,
trepidando.
Aún me quemas, Ternura mía,
y estoy en pleno invierno.
*
Oh, amigas, en cada amanecer
yo busco al que me hizo florecer como una
cactácea.
Horas,
días,
semanas.
meses… no sé…
Y he aquí que lo siento mirándome:
¡Hermoso como Cloe en los ojos de Dafnis!
Martín Jimenez Serrano
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