Poema de Alejandro Méndez
Bajo los
tilos
Me mostró
la carta del cementerio:
había que
levantar tus huesos
ya vencida
su estadía terrenal.
Ella había
asegurado el pedazo de tierra
con una
hilera de tilos, sin imaginar
los actos
que íbamos a representar;
tu nueva
categoría de insepulto.
La casa
estaba helada
y una sola
lámpara encendida.
La
impaciencia nos llevó
hacia el
muro detrás de las vías.
Un cicerone
municipal señaló la cruz
apoyada en
la tumba vecina.
Cerré los
ojos y busqué refugio
en la
avenida bajo los tilos.
Se escuchó
el estruendo de la pala
en la
madera podrida del cajón.
Por fin te
iba a conocer.
El empleado
separó la osamenta
y extrajo
una media negra.
La exhibió
a la luz del sol.
Ella me
tomó de la mano;
por las
dudas te negué tres veces.
El
montículo de tierra, las flores secas.
Todo daba
vueltas.
El centro
del mundo
en la
avenida bajo los tilos.
© Alejandro Méndez
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