17/7/20

Poema de Nara Mansur Cao



“Noviazgo (Dos desnudos en un bosque)”

El erizamiento del brazo que no toco
el labio prolongándose hacia el espejo
succiones de un vientre seducido y suicida
no decir nada y acariciarme
reír por débil
oír el goteo de una mujer de brazos lánguidos
y otra de falda y muslos transparentes:
lágrimas de vidrio y la luz mortecina
de la lámpara del techo
sombreada pelvis y mi padre
que no veas mi boca
adherida al espejo, de aire leve
que no oigas tu sable
la filosa hoja cuando deja
círculos de óxido en mi vientre
nada en la sombra
frágil
y todos esos abanicos
llenos de polvo.

© Nara Mansur Cao

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13/4/20

Poema de Nara Mansur Cao





“Autorretrato con peces y mariscos” 

Antes de que todo desaparezca
escribo con el viento que sopla sobre el cerdo y la rata
y ciertos huesos desnudos entre las hojas saltarinas. Con palabras
dirigidas a gente que no existe.
Enrique Molina, “Tarea inclemente”


El latido de mi patria en las langostas debajo del demasiado
sol sin errores; la Osa mayor que al repetirse me denuncia
en el largo crujido de la lluvia. La espuma de ese mismo latido
llena de pisadas, como las de quien regresa a dejar a sus muertos.
Sin repetir mi única alabanza me doy a beber leche con vainilla
en mi única casa, un continente del que sólo conozco gatos callejeros
que brillan. Sus cuerpos brillan bajo la lluvia y yo repito
la imagen anterior una y otra vez: el cuerpo de mi país alimentado
por la exquisita turgencia de atunes y mariscos.
Mi cuerpo y el cuerpo de ellos se vuelven apagados por erráticos
y los fósforos no nos encienden por estos días.
Negro --en otro paisaje sin iluminar lleno de sal--, se impone
mi gesto amable. Me satisface haberlo abierto y curado
debajo del sol, sin demasiados amigos viendo, opinando.
Plantas carnívoras mojadas por goterones de azufre:
allí encontré mi insensato romance, mi cobardía,
mi carnet de joven comunista olvidado entre las flores de vicaria
y hubiera pedido socorro y hubiera cantado entre sollozos
y mordiscos mal aprendidos.

Oh país de los mariscos, oh sol, oh cielo azul sin nubes,
Oh país de las murallas y las casas con guardavecinos,
casas repetidas como tumbas y medias de seda negras.

Qué lástima --me dije-- así con el sol ardiendo:
parezco un pájaro en su velatorio sin nido ni adherencias, sin migajas.
Quiero irme pronto como siempre me voy, a las corridas
como una acróbata que se abraza a su cuerda floja
después de los chiflidos.
No me veré agazapada mascullando nunca más;
voy a ser una luz encendida en la terraza, una cascada,
una begonia despegada para siempre, abierta, sin pesadillas.
Voy a ser hoy de naturaleza fallida, inmunda. Incluso
hombres minúsculos atravesados por la grasa oculta de la carne magra
y la perplejidad de la pena; mujeres minúsculas.
Ni siquiera un gato me he de llevar bajo este sol de junio a mi casa.
Qué fosforescencia en tu mirada. Cómo se puede
odiar tan poco y hundir este episodio en una lágrima
endulzada de fuego y maleficio.

El latido de mi patria en las langostas y en ese resto de peces
atrapados y vendidos sin previo aviso.
El latido de mi corazón encerrado, debajo del abrigo
que tejió una mañana de sol sin nubes, mi abuela, mi abuela, mi abuela.
En ese latido aparecen mis muñecas, mi abuelo y mi padre
aprendiendo la misma frase y olvidándola; y al detenerse
sin respiro, el viento se los lleva a todos, el viento
que empolva y deteriora mi sarcasmo.

© Nara Mansur Cao

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3/2/20

Poema de Nara Mansur Cao





“Madre, ¿por qué tu verso me parece raro” 

Y viene la madre con su gran culo fotográfico
y viene la madre con su olor a rancio, su soberbia
y viene la madre con los suspiros devorados por otras madres,
otras angustias, miserias como néctar de esa decencia
que es sólo suya. Suya la decencia que le amorata la cara allí detrás:
ahí donde el amor no le llega casi nunca ni el perfume
que hace tanto tiempo se evaporó sin pedirle permiso
a ella, a la madre.
Y viene la madre con sus compinches que la defienden siempre
y que no suelen ser los hijos que alumbró, los que trajo a este mundo;
vienen las orejas peludas a oírle todo o a pedirle consejo.

Nunca se sabe bien, oh madre, qué van a contar,
qué historia clínica se va a crear con tu nombre.

Y viene la madre que es toda sonrisa pero que no sabe jugar,
la que lo hace todo didáctico, borradura y tachadura
a un mismo tiempo, la madre que confunde y desorienta:
tanta madre que oprime y abraza y estruja y sacude y delata.
Y viene la madre toda sospecha, asomada al balcón esperando la estocada,
el beso del extranjero en los labios que parió,
los labios todos los labios para amar los labios de los hijos,
de todos los hombres.
Y viene la sacudida, la madre sacudida a reventar la buena suerte,
a empeñar otra vez la palabra, el iluminado momento de servir los platos.
Y viene la madre con su gran culo fotográfico, oh
con sus peores pensamientos, oh
y dice que ya no tiene miedo, que sabe que es así: la vida y la muerte
y deja entrever otra ansiedad distinta a la que heredó:
hambre de tus hijos, desconfianza infinita, pocas ganas de jugar.

© Nara Mansur Cao

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8/1/20

Poema de Nara Mansur Cao



“Retrato de mujer en su cuarto”

Son las seis de la tarde
otra vez
Ensayo infinitas posibilidades de salir a escena
a ser
metáfora visual
muchacha decente y unos espejuelos
unos escarabajos de oro
puntiagudos
Mi cara en el espejo no es mi cara
Mi casa en la memoria no es mi casa
Ahora
no tengo cuerpo, no me quejo
El muslo dulce lo destiendo
y goticas de sangre alumbran mis dientes
Un mantel marrón a cuadros
y tu sabor atardeciendo
Una ligera movida, una ligera mueca
Son las seis de la tarde
otra vez
otra vez más
Pero me he dormido antes
incrustada, detenida
en el tibio centro de esas silenciosas
candilejas.


© Nara Mansur Cao

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30/8/19

Poema de Nara Mansur Cao




“Diego en mi pensamiento” 

No veo las formas... arañas decapitadas
Vendería todo por nada. Nada tiene espacio:
vidas ensalivadas. Los niños son los días
que no soy yo... no ahora, tampoco las niñas
No escribí una carta a Diego. No oí a nadie
Un día sin bocas perdí mis retratos
Diego es un niño. Yo soy la gran plaza pública
un árbol otoñal, las cortinas que arden,
Sin ilusiones
... y la gente quiere palomas.

© Nara Mansur Cao

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29/5/19

Poema de Nara Mansur Cao



“En la raya”                              

Que me mantuviera en la raya
con cuidado de no desear más de la cuenta,
con cuidado de no confundir utopía con fría acumulación
de zapatos, por ejemplo.
¡Ay!
pero qué magníficas sandalias rojas y ballerinas
y qué tacos agujas y boquitas de pescado. (Y se reía.)

Que no me olvidara de la sonrisa inalcanzable y del cuello
erguido de la bailarina, del sacrificio que me daba la paz
del sueño fácil, de las begonias florecidas del portal.
Que le dijera si había visto a alguien esperando con la cara
demasiado triste como para imaginar la hambruna o la violencia
o las ganas desaforadas de comprar
o las de salir del camastro desaforados los dos.
Que no dejase escapar los fugaces momentos de felicidad,
los besos principalmente, ser uno mismo y otros cuando besas,
(no decir más: “Ni esta boca es mía” o “Esta boca es mía”).
“No son ruinas” --le digo--, es mi boca abierta, mi parque,
algo necesario para mostrar algo después del sacrificio,
algo como un lúcido espejo que te habla sin parar
y te dice algo,
algo de todos nosotros, de nuestros errores el aliento.
Consagrados a la espera nosotros, pero con un amor
y un desacato cómplice, combativo e inútil, ustedes.
Y llega la hora de encender el fuego y poner la cazuela
con el arroz, el pollo y todo lo que encontraste tirado en el pasto
y también en aquel beso detrás de los árboles.
Y llega la hora y nos servimos en un plato hondo de cerámica
y buscamos los ojos y las bocas, la sal, los cubiertos buscamos:
el hambre del vecino, el hambre en el plato del otro, del extranjero principalmente.
Con cierta euforia contenida nos servimos, con cierta cobardía.

© Nara Mansur Cao

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10/4/19

Poema de Nara Mansur Cao





 “Reinventando persona y personaje”

En ese momento en que hemos sido más que nada rutina:
violación aplazada, sin plaza y sin palacio.
En ese hueco de sobriedad y grisura
sin miramientos ni lugares para la duda,
en el instante del desamor
profundo,
como el mar que nos ahoga en la foto
aun sin sumergirnos.
En ese momento cuando lo dimos todo
equivocadamente,
como una limosna grácil y burguesa,
con un leve aire de superioridad:
algo así como un par de zapatos usados
ya levemente deformados en la empuñadura.
¿Serían armas eficaces nuestros zapatos,
aquellos zapatos que me regalaron, que yo misma regalé?
Algo así como un vestido que nos adormece
de tan abrigado y sólido. En esa hendidura
se fragmenta el frío gesto de la dádiva,
el diálogo y el sigilo.
En ese vuelo sin plumas ni globo me desintegro un poco:
en este globo agujereado y triste que nos deja caer ahora,
en el instante borroso, irrepetible,
que la foto no supo testimoniar ni yo
contarle a Guillermo con suficiente claridad.

Este momento es el de la mano que se levanta pero no asiste
a la revelación anunciada.
Sólo el hábito la recibe --a mi mano--
dulce el hábito
que me adormece nuevamente y me viste de largo
para irnos juntos de fiesta.

© Nara Mansur Cao

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15/2/19

Poema de Nara Mansur Cao





“Tratado de mecánica celeste”

Flor doméstica, beso que besa triste a una amiga;
inocultable paz, vergüenza casi —tu nombre pegado a
mi boca—
mi boca diciendo que esta boca no es tuya ni mía;
un ritmo insalubre, un ritmo otra vez y otra vez
malhumorado, que siente vergüenza de sí mismo,
y me digo y me dices: «no me acuerdo». Qué palabras
son esas.
«No niego esa pequeña f lor en mi balcón
doméstica» —dije. «Domesticada» —dijiste,
no sé de dónde vino semejante f lor:
si la pesqué o la cacé o la maté de algún modo
a esa f lor antes ajena y libre
(la maté de algún modo para poseerla,
para dominarla con cierto criterio de belleza
más salvaje aun que su condición).
Qué banal, qué venática, qué vena abierta,
qué ventolera:
cómo enseñar a jugar a una f lor,
cómo enseñarle a jugar con los demonios de una casa.
Qué decirle cuando nos quedamos solas.
—«¿Me vas a enseñar a jugar?» —le digo yo a la flor salvaje.
Qué voz es esa:
¿la de mi madre afónica por la tiza o es Emilia otra vez?
¿quién amenaza, quién provoca, quién quiere entretenerse?,
blanca mi madre, blanca Emilia, yo verde.
Qué cosa inmaterial su voz, qué alegre la voz de mi madre
después de tantas horas de clases,
qué tierna revancha al paso del tiempo.
La voz de mi madre qué cantarina —dice mi padre.
¿Y ahora soy feliz?
Ahora y después o mañana y antes incluso quizás.
Ayer mientras llovía quizás estaré lista para ser feliz.
Me quedaré tranquila un rato ayer. Hablaré
más bajito y más despacio ayer.
¿Me vas a enseñar a jugar, mamá?

© Nara Mansur Cao

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16/1/19

Poema de Nara Mansur Cao




“Hombre vertiente”

A fuerza de dentelladas, a fuerza de apalearme;
con el desorden en la boca y los malos arreglos,
voy directo a comer y de una zampada digo adiós
y tiro la trompetilla final:
me acuso y me perdono a un mismo tiempo
y no se sabe más nada de mí, más nada de mi vértigo,
más nada del régimen de lluvias, más nada del salto.
Sólo agua y silencio, sólo cuerpos sin orden:
hombre aislado en la muchedumbre —diríamos ahora.
Hombre a secas, hombre piedra dentro de las piedras,
piedra dentro de la bota de otro hombre, orín ya seco en el pantalón;
hombre molestia, hombre que se acobarda
—eso dijeron entonces—, de eso me acuerdo.
© Nara Mansur Cao

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7/12/18

Poema de Nara Mansur Cao



“Guillermo en mi pensamiento” 

En la saliva en mis camisas huecas
en la blanda caricia de su vientre
en los nervios crayolas anaranjadas
en todos los jarros células
en mi casa mis horquetillas
en las no miradas de sus no ojos
en mis manos eclipses escapando
en la abertura de mis labios siempre
en la historia en mis orines de encaje
Guillermo en mi boca en la punta de mis cejas
en la gelatina azul sus dientes
Guillermo enfermo roto sin solapas
Guillermo lavando mi pelo con espejos
Guillermo mirándose en mi nuca desnudo
Guillermo y yo y mis pechos tan blancos
más grandes una península y mi paisaje vegetal
Guillermo el embrión mi madre mi padre
mis tres hijos todavía
Yo.

© Nara Mansur Cao

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18/11/18

Poema de Nara Mansur Cao



“La columna rota”

Tengo la espalda desnuda y la columna rota
de frente al sueño. Tú miras mi piel cuadriculada
esparcido en un sofá de porcelana azul
duermo con los labios estirados hacia arriba
tensos, agarrados con presillas
o florecitas nerviosas que se asustan
Bajo mis pestañas tus dientes arden
pero yo tengo el pelo corto
y no quiero que llegue nadie
Ya no crecen las siluetas húmedas del techo
ni corres a prevenirme --Gran Jinete Rosado--
No tengo memoria sino azulejos con cenefas
y tú estás sentado encima de mis orejas
sin pendientes. No quiero que llegue nadie
Oigo los caballos lilas
y los espejuelos sin gloria repicando…
Ojalá y te adorne la cabeza los domingos
aunque si es de noche tú prefieras el silencio
… y mis tijeras.

© Nara Mansur Cao

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