4/9/26

Poema de Nahuel Barrios

  


Niña colgante

                                                                                    

"Un cuerpo invertido ha olvidado

como cerrar los ojos”

Mónica Licea 

 

Imagino la cicatriz de un pájaro.

Sus alas calcinadas.

 

A la intemperie de algún cementerio.

Salgo a la calle y miro hacia arriba.

Pero no está. No hay ningún pájaro.

 

Aprendo a cerrar los ojos.

 

© Nahuel Barrios

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29/8/26

Poema de Nahuel Barrios

  


AFUERA TAN TARDE

 

¿Qué ojos pueden seguir el vuelo infinito de una canción?

HENRY WADSWORTH LONGFELLOW

 

Una dosis diaria de promesas un paso

entre cada mundo de nosotros

 

y con todo eso busco

la canción

que me acompañe cuando te vas…

 

a tu infinita sonoridad de sombra

 

© Nahuel Barrios

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10/7/26

Poema de Nahuel Barrios

 


INOCENTE FEROZ CELEBRO

 

                                 Todo tiempo pasado fue mujer.

                                                                         GABO FERRO 

 

Voy hacia la víspera más húmeda, alcanzó aquel

árbol

y sus naranjas,

que no son más que vidas ahí

sostenidas

por colores.

 

la rompiente del cielo no es solo lluvia, también está

sobre esos colores

y su árbol,

partituras desperdigadas que nadie

advierte.

 

sé que todavía soy aquel chico tímido, con su ardor

pálido en las mejillas que cree volver a estar cerca

de aquellas piernas del colegio.

 

Y entonces sí, por fin,

ella se dé cuenta que estoy acá, y me

sostenga la mirada, aunque sea un

momento

 

© Nahuel Barrios

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21/6/26

Texto de Nahuel Barrios

  


LA CASA DE NORIEGA

 

Es la palta madura de aquellos veranos, la que recuerdo ahora, esa que mi madre abrazaba en la cocina de “La casa de Noriega”. Yo veía en esa palta todo el rumor silvestre en colores. Con el dulce sabor de mi tostada blanca y un tazón gigante de café con leche.

Era niño y todo me parecía tener olor a temprano, como si las cosas salieran todas juntas con el sol de la mañana. Una vez le pregunté a mi madre: ¿Por qué guardas esos carozos, mama?, mi madre, seguramente tejiendo algo en su mano, me respondió: lo que sale de adentro siempre se guarda. Y un día, sin darme cuenta, cuando menos lo esperaba, y la tierra roja del fondo

de “La casa de Noriega” estaba húmeda a borbotones, mi madre me agarró de la mano y me pidió que la acompañara a ver las plantas. Vení hijo, tomá. Y me entregó dos pelotas marrones con algunas hojitas que le salían de las puntas. Enseguida entendí que eran los corazones de aquellas paltas de mi tostada blanca.

Hicimos juntos algunos agujeros en la tierra roja y dejamos ahí los corazones. Mi madre los cubrió de tierra y yo les ofrecí un poco de agua. Finalmente, ambos aplastamos los agujeros y pusimos unas piedritas alrededor para identificar el lugar. ¿Cuánto tardan en crecer?, pregunté ansioso. Mi madre, con una sonrisa, me miró de cerca y me abrazó, al soltarme dijo:los veranos siempre son cortos, hijo, pero el próximo siempre llega.Y volvimos juntos a la casa.

 

© Nahuel Barrios

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20/5/26

Poema de Nahuel Barrios

 


COMO DOS ALIADOS

 

Un viento silencioso en esta historia. Como si

alguien tratase de empuñar un rifle descargado,

un arma antigua, rota, que tiempo

atrás,

juntaba mugre en un viejo cajón apalancado.

 

Sentado en mí sala:

el arma y el viento ya no están,

y las luces que hasta ayer estaban prolijamente

encendidas,

se apagaron como un órgano sin pilas.

 

Prestar atención

no es igual a interesarnos por algo, ni mucho

menos, involucrarse.

Son actividades diferentes, absolutamente

opuestas

Por eso, no doy cuenta de los ruidos que vienen

de la calle,

solo oigo unos segundos, y ya.

 

Después de todo, lo único que me importa es este

silencio que guarda mi casa.

Yo y él solos, como dos aliados en una misma guerra, combatiendo

sin tregua,

y sin ánimos de colgarnos ninguna medalla.

 

© Nahuel Barrios

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