17/12/21

Poema de Daniela Lourdes Bastías

  


TODA LA LUZ DEL MUNDO

 

no ví sus rasgos

 

mi tío perseguía la luz encima

del techo y lo alcanzó

la bruma, un cielo denso, tan joven

 

tan joven era, perseguía

eso que clareaba encima

del techo, abría

la noche, la encendía

negra, incandescente, nadie podría

explicar lo que era

 

no ví sus rasgos, me besó

su existencia mítica, tremenda,

como nacida en un rayo

 

mis ojos se abrían, de niña

 

queria preguntar

mamá ¿qué es lo que vio, qué es lo que vio, acaso todos lo vieron? ¿esa noche

el cielo era más claro, los animales hacían

un silencio distinto? ¿había paz

alrededor de los vasos, alguien sonreía, hablaba en voz baja?

 

¿qué es lo que vio? acaso

un venado entre los árboles

su lomo azul tendido,

asoleándose, o tal vez

un ave inmensa, oscura, toda

su espesura alzándose

 

en la noche, o no, la pantera

brillante, perdida en los tejados,

en la noche de todos, perdida

mi tío subiendo, su cabeza

asombrada

 

toda la luz del mundo

oculta en los tejados

lo golpeó, lo expulsó

de sí mismo

 

oculto de sí mismo

 

toda la luz del mundo, o tal vez

nada, tal vez, las manos de un hombre,

un agujero, criaturas del agua

 

no ví sus rasgos, yo también

tengo veinticuatro años

 

mamá ¿será lo que clarea

en los tejados, un campo abierto

los ojos de todos

abiertos?

 

© Daniela Lourdes Bastías

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16/11/21

Poema de Daniela Lourdes Bastías

  


UNA VEZ FUI UN MUCHACHO

 

Una vez fui un muchacho, me ví

como en un sueño claro, yo

caminaba, mi camisa tenía

los colores de la tierra, yo mismo

iba hacia la tierra junto al sol

de la mañana caminaba

el sol

era distinto, suspendido,

quieto sobre un fondo de aire, yo

podía ver las marcas que los rayos dejaban

a su paso, lilas, naranjas, hambrientas de

la luz por la luz en su lenguaje de piedras.

Esta imagen no podía cambiar, sólo

expandirse, nacerse a si misma, no podía

cambiar, era tan diáfana que podía yo hacer con las partículas

un collar de perlas, ¿amaba yo a una mujer,

sufría o abrigaba en mi interior alguna

esperanza?

el mundo era brillante, tenía

la sonoridad de los pájaros, de esa curva

que forma como el gesto de una mano sus delicados vientres.

Todo el monte se abría a ambos lados

del camino, mi vista alcanzaba los techos

de pequeños poblados, yo

caminaba, una música familiar embriagaba

mi pesada cabeza, también entonces lo beatífico de vivir

era haber nacido en esa misma tierra que veían mis ojos, ella me había dado

un carácter y un nombre y por fin

comprendía yo cabalmente que no importaba

el futuro ni el presente sino

el pasado, un pasado común

como un animal pequeño.

Una vez fui un muchacho

llegaba yo sereno a los bordes de una enorme laguna, unos débiles

juncos se movían levemente, circularmente, yuyitos

verdes y amarillos

me hacían la señal, abría mis manos,

las semillas de fresno

tocaban las aureolas de luz y yo

me sumergía en las aguas.

 

© Daniela Lourdes Bastías

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9/10/21

Poema de Daniela Lourdes Bastías

 


AGÜITA DE NIEVE

 

try to save your house

try to save your songs

try to run but it follows you up the hill

 

THOM YORKE 

 

Abriste con tus manos una roca y saltaron esmeriles, todavía,

lloraste con su luz, sí, deseaste

recuperar su enorme fuerza.

¿Hubo un sólo día en que tu voz tuvo

la confirmación de los lugares en la altura, un sólo día

en que su voz te sostuviera en los brazos?

La tarde en que gritaste y no fuiste capaz de desaparecer

ni convertirte en un animal con gracia, con un pico delicado

con una clara morada en el sol, pensaste que morirías

pero viviste por fe. Como tu madre que pensó y oró y dijo

cada mañana que moriría pero vivía por fe y por fe alimentó a sus hijos

y apagó la brasa de su propio corazón para que otros tuvieran una rama,

una piedrita, un débil canto por el que vivir.

Nadie muere por las razones por las que desearía morir. Todo lo que querías

era una casa en la luz, y qué, ¿qué tuviste? una roca ahuecada por una fuerza

más grande que la tuya en un mundo que desconocías.

Cada año, en verano, con las luces que recogías y que ardían en tu frente pudiste ver

a esa fuerza arrasar con todo lo que amabas, y ya no gritaste, ni esperaste sino

que te llevara, dejaste secar los pequeños brotes que nacían en tus extremidades y con ellos

hiciste una ofrenda, la sostuviste en tus manos, y nada te llevó pero te tuvo

y un enorme campo de agua de nieve se manifestó ante tu asombro.

 

© Daniela Lourdes Bastías

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22/8/21

Poema de Daniela Lourdes Bastías

 


 

IMPRESIÓN DE UN MOMENTO

 

siento ahora la vida de los árboles, todo

es ahora más claro

un molle me contesta

la vida engendra la vida

tu muerte también

duerme en la vida

puedo verla

la saludo

agradecida

en todos los árboles de todas las tierras de

todas las provincias de todos los mundos

en los llanos en los mares rocosos

en las casitas construidas sobre pendientes

sobre piedras sobre caminos polvorientos

en todos los lugares la vida engendra la vida

y tu muerte duerme

puedo verla, sí,

de todos los árboles de todas las tierras de

todas las provincias de todos los mundos

aprenderé los nombres para poder llamarte

y que me llames

con tu zumbido cariñoso

la muerte es feliz, también

el sueño es feliz, claramente,

los árboles también pueden soñar

y reírse

hacer con sus nudos nuestro nudo

para darle una preciosa materialidad

al corazón, al pensamiento del corazón,

su vapor celeste

la vida no es ciega ni tonta tampoco

es inocente

es fiel en su intención su pasión

de hacerse a sí misma

la muerte es su hija pequeña, amada de sí

cuidada para siempre

 

© Daniela Lourdes Bastías

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23/7/21

Poema de Daniela Lourdes Bastías

 


DAWN CHORUS

 

Si existiera un paraíso sería este.

Estoy segura. Vos no podes verlo pero yo,

si fuera posible, volvería a este lugar.

Mentí cuando dije que me incliné a la poesía

para inventar los límites de lo posible.

Algunas cosas no pueden ser. Mentí

muchas veces. Ahora

abriría el hielo con mi manos. El páramo

de hielo que se extiende bajo mis pies no es todavía nada

dentro de los márgenes de lo vivo. Cristales

de nieve hacen una danza espiralada en torno de tu

largo camperón azul, tu expresión de estar

a un lado del mundo, antes

del mundo. Sí. Te veo enterrar tus pies

en la nieve y mover los brazos, de una manera

pura pero decidida, nada inocente,

nueva, ¿si hicieras una bola de cristal de nieve podría ella

alcanzarme? ¿cómo estás tan seguro?

Los sonidos parecen encerrados dentro de

un gran sonido. Este fondo, blanco, denso.

Todo se vuelve leve, tus movimientos

ya no son familiares. Pienso que aún

si fueras indivisible, si te perdieras en lo último

de esta escena blanca llevada por la nieve, aún,

volvería, sí, construiría una casa

de piedra y madera en este lugar. Inventaría

el viento. ¿Podés

oírme? Oigo una música, un sonido cubierto

por un gran sonido que le envuelve, como si los

cristales pudieran caer y quebrarse, caer

y quebrarse

en el centro de una esfera, también de cristal,

hermosa, brillante.

Algunas veces, en mis días lúcidos, miro hacia otro

lado intentando velar esta escena, encenderla hasta

hacerla desaparecer por completo o sino

guardarla en un punto de mi corazón que yo misma

no conozca.

Pero en todos los puntos de mi corazón a donde miro

ella relumbra, arde como los cristales en las rocas

durante el ascenso. Tengo miedo

de estar perdiéndome ¿sabes?

Si tan sólo pudiera quedarme o sino, volver

la imagen apenas algo que brilla encima de

las cosas, su carácter natural,

todo sería distinto. ¿Podés

siquiera pensarlo? un día en que tú imagen se pierde

dentro de los cristales de nieve, gira, y gira, no

de una manera desorientada, sino

tomada de una misteriosa determinación, gira y gira,

entierra los pies, el torso, más tarde, la cabeza, gira, se

pierde, se vuelve

cristal de nieve.

 

© Daniela Lourdes Bastías

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2/6/21

Poema de Daniela Lourdes Bastías

 


EL SOL

 

Es la mañana.

Miro hacia afuera y digo: creo

en la poesía. No requiero

que ella crea en mi.

Esto es la fe.

A veces tengo la sensación

de haber olvidado cómo vivir. Las flores

silvestres tienen un don. Me quedo

observándoles de manera que

viva en mi su don.

Hemos perdido los dones. La posibilidad

de entrar en el lenguaje de las cosas y no

explicarlo ni desear

explicarlo.

Hablar es inútil siempre que no se esté

en un estado de profunda fascinación.

Todo lo que he visto en mí es inútil, lo que he tocado

también lo es. He visto a una mujer peinar

la pequeña melena de su hijo mientras él duerme

en una profunda comunión con su

respiración, usa su voz en un canto

ligero, es blanco, apenas

audible y sin embargo

nace en el aire, se mueve, sí, he visto

qué pocos están en la vida y yo

no he estado en la vida. Apenas de una imagen

tengo memoria, una impresión física, un

color: los rayos

abren mi piel sobre una cuesta.

Una forma conjunta del mundo

se mueve entre los montes azules

en tierna floración. ¿Has observado

la luz del mediodía y te has

preguntado si existe todavía un mundo

capaz de tolerar tanta voracidad, tanto amor

de nosotros por nosotros, pasión

de tontos, te lo has

preguntado?

Toda luz, también, tiene un don. Observo

la luz del mediodía de forma

que viva en mi su don. Yo pasaré pronto.

Esta luz que experimento ahora y que

también mis órganos experimentan

me trae cierta paz, cierta certeza, ligera, quizás,

como ese canto movible, hermoso, similar

al vapor del hielo cuando se eleva

en el aire, lejos de nosotros, muy,

muy lejos de nosotros

cuando al fin seamos olvidados, y de nosotros

queden apenas algunas imágenes

vívidas, impersonales

y cada cosa permanezca

en su don.

 

© Daniela Lourdes Bastías

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