5/4/24

Homenaje en el fallecimiento de DANIEL TOMÁS QUINTANA

 Me entero del fallecimiento de Daniel. Un gran poeta, un gran ser humano. Luchó hasta que pudo, escribió hasta lo último, fue amable y amoroso siempre, hasta la despedida.

Una tristeza su partida. Un abrazo enorme a su esposa, a sus familiares y amiges, Gus.




 

a duras penas

se levanta la mañana

 

como puede

arrastra sus pies

por el pasillo

 

cuelga en el perchero

injurias nocturnas

ayes

imprecaciones

oraciones

 

sacude de su piel

mordeduras de dolor

la sierpe del insomnio

 

finalmente

como puede

aferra sus manos

al rayo de sol

en la ventana.

 

© Daniel Tomás Quintana

 

Árbol 

 

Hoy he despertado

con vocación arborescente.

 

Sí, quiero ser árbol,

liturgia de savia y clorofila,

refugio de la vida amenazada,

atalaya de la última esperanza.

 

Quiero ser árbol,

no importa cuál,

digo, por ejemplo:

corpulento y frágil eucalipto,

algarrobo obrero y musculoso,

áspera higuera prodigiosa,

chañar empavesado de guirnaldas,

austero tala generoso

o álamo flaco como espada.

 

Quiero ser árbol,

aunque más no sea

sangriento quebracho perseguido,

sauce que llora, fragante paraíso,

piquillín silvestre y dulce,

granado reluciente,

molle, brea o tilo.

 

Hoy necesito ser árbol,

convocar coyuyos,

reclutar un ejército

de pájaros cantores,

reunir un congreso

de loras bullangueras

y poblar la mañana de sermones.

 

Sí, amigos, quiero ser  árbol,

ofrecer mi corazón al viento

y acunar la lluvia

entre mis ramas.

 

© Daniel Tomás Quintana

 

A esta altura…

 

A esta altura de la vida

uno tiene el cuero

acribillado de recuerdos,

de voces, de gestos, de señales;

tatuado con palabras

de lumbre y tierra,

de agua y viento

y con una multitud

abigarrada

de silencios estridentes.

 

A esta altura de la vida

uno guarda en sus entrañas,

o en el alma,

una mágica bitácora de besos,

un mapa imprescindible

de abrazos y miradas,

un prolijo inventario

de esperanzas torrenciales,

de utopías derrotadas,

de naufragios y de balsas,

de intemperies y de abrigos,

de muertes  y resurrecciones

cotidianas.   

A esta altura de la vida

uno sigue deshojando

los caminos

y arrastrando sus baúles

colmados de cicatrices oxidadas,

algunos pocos milagros de juguete,

una vieja libreta borroneada

con olvidos imposibles

y memorias obstinadas,

una carta de plenilunios y de eclipses,

un derrotero de esquinas y de calles

jalonados de instantes imborrables.  

 

A esta altura de la vida

uno carga en sus espaldas

niños de todas las edades,

una legión de muertos

en acecho,

algunas mujeres sin olvido,

unos ángeles  procaces, indecentes,

un par de diablos entrañables

y un poema de amor

interminable.  

 

A esta altura de la vida

uno desangra días

y  gasta noches

con la piel  arada por los años.

 

© Daniel Tomás Quintana

 

GRITO

 

Esperar el grito.

Dejar que suceda.

Permitir que rasgue

la tela del silencio.

Y entonces,

atraparlo en el aire,

no dejar que se escape.

Tomarlo entre las manos,

contarle las costillas,

palpar los espasmos

de su carne hambrienta,

aspirar su aliento

de ángel o de fiera,

conocer la textura

de su piel sin tiempo.

Acunar su sonido

de clarín o de bomba,

discernir su vocación

de pájaro o de cuchillo,

desentrañar el color

que tiñe su estridencia

y enancarlo en el viento.

Apropiarse del grito

y convertirlo en bandera.

 

© Daniel Tomás Quintana


Más de Daniel:  https://mispoetascontemporaneos2.blogspot.com/search?q=Daniel+Tom%C3%A1s+Quintana

 

Daniel Tomás Quintana nació en Deán Funes, en el norte cordobés, el 10 de agosto de 1954.

Empleado judicial. Periodista gráfico. Poeta. Escribidor. Realizó también programas periodísticos radiales y televisivos en su ciudad natal.

Co-fundador del periódico estudiantil “El Vigía”, periódico “Viento Norte” y Revista “La Posta”. Dirigió Ediciones La Posta de Ischilín, sello dedicado a la difusión de autores del norte de la provincia.

Fundador y coordinador del Café Literario “La Mazamorra”.

Organizador y coordinador del 1º Encuentro de Empalabrados, realizado en su ciudad entre los días 29 de abril y 1º de mayo de 2017.

Colaborador de la revista cultural Desterradxs.

Ha ocupado cargos en instituciones, deportivas, sociales y culturales, además de haber incursionado en la actividad social, gremial y política.

 

Publicaciones

 

“Elogio de la Patria” (Poemas) – 1996

“Versos cotidianos”  (Poemas) – 1998

“Ejercicios de la memoria” (Poemas – Cuentos) – 2006

“Ando con ganas de volverme viento” (Poemas) – 2015 / 2016

“Ejercicios de la memoria” (Poemas – Cuentos – Relatos) - 2017

 

Antologías

 

“Poesías del Norte de Córdoba – 1997”

“Antología de la Poesía del Norte de Córdoba – 2000”

“Letras del Face V” – Ediciones Dunken – 2014.

“Luna de Pájaros” – El Mensú Ediciones – 2015

 

Además ha sido distinguido en distintos certámenes de poesía y narrativa a nivel provincial, nacional e internacional.

Biografía Extraída del Blog –No actualizada-



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13/3/24

Poema de Daniel Tomás Quintana

 


a duras penas

se levanta la mañana

 

como puede

arrastra sus pies

por el pasillo

 

cuelga en el perchero

injurias nocturnas

ayes

imprecaciones

oraciones

 

sacude de su piel

mordeduras de dolor

la sierpe del insomnio

 

finalmente

como puede

aferra sus manos

al rayo de sol

en la ventana.

 

© Daniel Tomás Quintana

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2/11/23

Poema de Daniel Tomás Quintana

  


Reconstrucción


Puede ocurrir

que un día te disgregues.

 

Que suceda un cataclismo

inesperado,

un vendaval aullante,

un terremoto,

un tsunami impiadoso,

una tormenta solar inusitada

o una explosión nuclear

sin precedentes.

 

Puede ocurrir también

que esa catástrofe te mate,

te desarme,

te parta y te reparta .

 

Prometo no llorar, lo juro,

con pasión de orfebre

o de alfarero,

juntaré tus pedazos

con  mi boca,

cosecharé hasta la última partícula

de tus huesos y de tu carne,

recogeré  tus cabellos,

tus lunares, tus uñas, tus pestañas…

 

Entonces, reconstruiré

tu sólido esqueleto,

tonificaré tus músculos dispersos,

dibujaré los deltas de tu sangre,

trazaré las curvas de tus pechos,

amasaré tus muslos,

diseñaré tus latitudes inquietantes,

refundaré tu territorio

y emprenderé nuevamente

su conquista.

 

© Daniel Tomás Quintana

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7/10/23

Poema de Daniel Tomás Quintana

 


Pechos

 

En el suburbio azul

de la mañana

las temblorosas mariposas

de tus pechos

esparcen aromas de jazmines,

sublevan labios,

escriben versos

y vencen a la muerte.

 

© Daniel Tomás Quintana

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16/7/23

Poema de Daniel Tomás Quintana

 


Fuga


No sé si lo saben

pero hay días

en que la poesía

huye por los techos

como un  gato perseguido

por mastines asesinos.

 

En tales ocasiones,

las palabras

se quiebran,

se desgranan,

se diluyen,

se convierten en signos

desperdigados,  muertos;

apenas un puñado

de sonidos guturales

sin sentido,

sin pretensión alguna.

 

En esos días

la poesía se escribe

con la materia intangible

del silencio.

 

© Daniel Tomás Quintana

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13/4/23

Poema de Daniel Tomás Quintana

 


Árbol

 

Hoy he despertado

con vocación arborescente.

 

Sí, quiero ser árbol,

liturgia de savia y clorofila,

refugio de la vida amenazada,

atalaya de la última esperanza.

 

Quiero ser árbol,

no importa cuál,

digo, por ejemplo:

corpulento y frágil eucalipto,

algarrobo obrero y musculoso,

áspera higuera prodigiosa,

chañar empavesado de guirnaldas,

austero tala generoso

o álamo flaco como espada.

 

Quiero ser árbol,

aunque más no sea

sangriento quebracho perseguido,

sauce que llora, fragante paraíso,

piquillín silvestre y dulce,

granado reluciente,

molle, brea o tilo.

 

Hoy necesito ser árbol,

convocar coyuyos,

reclutar un ejército

de pájaros cantores,

reunir un congreso

de loras bullangueras

y poblar la mañana de sermones.

 

Sí, amigos, quiero ser  árbol,

ofrecer mi corazón al viento

y acunar la lluvia

entre mis ramas.

 

© Daniel Tomás Quintana

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1/3/23

Poema de Daniel Tomás Quintana

 


Materiales


Para escribir

a mí me basta

echar mano a lo cercano:

algún ángel desterrado,

un demonio arrepentido,

un beso suspendido,

unos ojos atrevidos,

un gesto  inacabado,

una tropa de delirios,

un caballo desbocado,

un borracho, una guitarra

un juego de payana,

un aguacero, una fogata,

una plaza solitaria,

una casa abandonada,

algún perro callejero,

un atisbo de ternura

o alguna escueta

noticia de la muerte.

 

Para escribir

a mí me bastan,

una hoja de papel inmaculado

o una sencilla servilleta

con un beso de rouge en el orillo,

un alfabeto completo,

un par de comas, algún punto

y unas barras inusuales.

 

Así escribo

palabras oxidadas,

sonidos mojados de placenta,

pausas de todas las texturas,

unas cuantas metáforas

de barro, luna o árbol,

unos versos con ecos de madera,

una liturgia profana,

un salmo, una oración,

un himno simple

con aromas de pan

o de mujer.

 

Con esos materiales,

escribo,

soplo el fuego,

enciendo farolitos,

despliego banderines,

golpeo los tambores

y dibujo estrellas

en la cara del silencio.

 

© Daniel Tomás Quintana

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7/1/23

Poema de Daniel Tomás Quintana

 

 

Andar la vida

Uno anda por la vida 

construyendo sus sueños 

con corazón de niño 

y el alma encendida.                             

 

Desanda los caminos 

descubre soles nuevos 

y la fragua del tiempo  

donde crece el destino. 

 

Y se gasta los días 

con la niñez a cuestas 

y su simple liturgia 

de cometas y rayuelas.  

 

Y recorre la vida 

con el alma preñada 

de ángeles sin prisa 

y asombros de lata.  

 

Uno anda por la vida 

y a la muerte camina 

con el niño que ha sido 

conversando en silencio. 

 

Va quemando utopías 

en trajines y urgencias, 

soportando caídas 

en plurales sentencias. 

 

Y una noche de tantas 

clausura la mirada 

y se queda muy solo 

con la muerte a su lado.

 

© Daniel Tomás Quintana

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15/10/22

Texto de Daniel Tomás Quintana

 


 

Esa palabra… 

Casi estoy seguro / que alguna vez / la tuve y la perdí.  / Tal vez fue en un recodo / del camino / o en uno de los tantos / bolsillos con agujeros / del traje de vivir.  

Lo cierto es, / amigos míos, / que he perdido / esa palabra, / no cualquiera / sino ésa, / la rotunda, /  la crucial, / definitoria, / piedra basal / del poema redentor / que podría salvarme / del naufragio / y rescatarme  del abismo / insondable de la nada. 

Si alguien la ha visto / cruzar alguna esquina / o esconderse  clandestina / en un zaguán  / o conoce / por boca de terceros / su exacto paradero / o su destino temporario, / sepan que ofrezco / cuantiosa recompensa.  

Sólo diré, / si me preguntan, / que es una palabra / tibia y fría, / suave como un niño, / rugosa como un viejo, / con cierto sabor / dulzón y amargo, / increíble mixtura / de ángel y demonio. 

Concluyo entonces / estoy buscando / una palabra total, / especie de aleph, / de mágico resumen, / único y múltiple inventario, / en fin, una simple palabra / donde caben todas las palabras. / Si no la encuentro, / amigos míos, / será imposible / fundar aquel poema, / ese puñado de versos / que me salve / y me redima.

 

© Daniel Tomás Quintana

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26/9/22

Poema de Daniel Tomás Quintana

  


Viento

 

De tanto sentirlo  

rasguñar las puertas,  

silbar por las rendijas,  

enarbolar las faldas   

y escandalizar la fronda,  

ando con ganas  

de volverme viento.   

 

Entonces,  pienso  

que sería hermoso  

asumir el liderazgo  

del aire y sus corrientes,  

ser el capitán de tenues mariposas,  

el adalid de palomas y jilgueros, 

el sabio perito en barriletes  

y el gallardo abanderado  

de los pájaros guerreros. 

 

Amigos, ando con ganas  

de volverme viento,  

brisa sutil y perfumada  

o vanguardia furiosa  

en las tormentas.   

 

No es mucho lo que pido  

sólo quiero ser el presidente  

de esa nación que crece  

en las alturas.

 

© Daniel Tomás Quintana

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24/8/22

Poema de Daniel Tomás Quintana

 


A esta altura…

 

A esta altura de la vida

uno tiene el cuero

acribillado de recuerdos,

de voces, de gestos, de señales;

tatuado con palabras

de lumbre y tierra,

de agua y viento

y con una multitud

abigarrada

de silencios estridentes. 

 

A esta altura de la vida

uno guarda en sus entrañas,

o en el alma,

una mágica bitácora de besos,

un mapa imprescindible

de abrazos y miradas,

un prolijo inventario

de esperanzas torrenciales,

de utopías derrotadas,

de naufragios y de balsas,

de intemperies y de abrigos,

de muertes  y resurrecciones

cotidianas.    

A esta altura de la vida

uno sigue deshojando

los caminos

y arrastrando sus baúles

colmados de cicatrices oxidadas,

algunos pocos milagros de juguete,

una vieja libreta borroneada

con olvidos imposibles

y memorias obstinadas,

una carta de plenilunios y de eclipses,

un derrotero de esquinas y de calles

jalonados de instantes imborrables. 

 

A esta altura de la vida

uno carga en sus espaldas

niños de todas las edades,

una legión de muertos

en acecho,

algunas mujeres sin olvido,

unos ángeles  procaces, indecentes,

un par de diablos entrañables

y un poema de amor

interminable. 

 

A esta altura de la vida

uno desangra días

y  gasta noches

con la piel  arada por los años.

 

© Daniel Tomás Quintana

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21/7/22

Texto de Daniel Tomás Quintana

 


Destino

No sé bien si alguna vez lo dije. / Pretendo ser poeta /  o al menos / sencillo escribidor,  / porque no tuve otra salida. / Ahora les explico. 

Mi viejo fue poeta / aunque nunca escribió /  ni siquiera / un verso huérfano . /  Para él, la poesía /  era un ondear / de pendones celestes / en las húmedas almenas /  de sus ojos, / un par de mates / y los codos apoyados / en la mesa de madera / fuerte y noble, / un tango musitado quedamente / y un elocuente silencio / preñado de palabras inasibles.

Mi madre, por su parte, / amamantó mi carne / con la mágica leche / de los sueños / y me enseñó el arte / de parir metáforas sencillas / con su extenso catálogo / de milagros cotidianos / y su sonrisa esperanzada.

Ya lo ven, amigos míos, / devine escribidor /  porque no tuve otra salida.

 

© Daniel Tomás Quintana

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18/6/22

Texto de Daniel Tomás Quintana

 


Credo

Creo en el vino barato / de los borrachos pobres / y en su rojo sino de locura; / en los chiquilines  adictos / y en sus neuronas ateridas de vacío; / en el hambre y en la sed de la pobreza; / en la basura convertida en alimento / y en la turbia obscenidad / de la intemperie, / en las camas de cartón / de los umbrales / y en las frías estrellas del invierno.

Creo en los hombres y en las mujeres grises; /  en las putas amigas de la aurora /  y en sus ritos de ojeras y de hastío; / en las dulces muchachas / agrietadas por la vida; / en la soledad insolente de los viejos / y en sus ojos empañados de silencio; / en la legión innumerable / de los ángeles caídos / síntesis de paraíso celestial / y averno humano.

Creo en los perros vagabundos / y en su cuero domesticado por las pulgas;  / en los filosos caballos harapientos  / uncidos a los carros miserables; / en las calles dormidas del suburbio / y en sus escuálidas luces mortecinas; / en el oprobioso barro de las villas, / y en sus habitantes exiliados del destino.

Creo en los campos devastados, /  en las claras aguas denigradas, / en los montes y en las selvas destruidas, / en las ancianas montañas horadadas, / en la tierra extenuada y sometida / y  en el cielo herrumbrado de tristeza.

Creo en la vida /  numerosa y frágil.

 

© Daniel Tomás Quintana

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