Poema de Cintia Eleonora Ceballos
Mientras aquel zorzal bebe el agua de la
fuente
dejo que el dolor salga, provoque
un sacudón violento
sobre mi cuerpo que no deja de luchar
contra mí. Sumerge sus patas en el agua
y el sol inventa una luz
que apenas unos segundos antes no existía.
El zorzal inclina su cuerpo y lo levanta
una y otra vez. A cada vez
un nuevo sorbo y una nueva habilidad del
sol
que me toca también a mí. Como una falla,
un error en el cálculo que agradezco.
Qué voy a hacer cuando el zorzal se vaya
levante vuelo para seguir
el camino del deseo
que tan bien parece conocer.
Qué hago si el sol sigue despuntando su
vicio
de inventor irrefrenable y se queda un rato
más
para pintarme con su luz.
Cómo le digo al cuerpo que no luche
que ahora se calle la cabeza y
ritme suavemente el corazón.
© Cintia Eleonora
Ceballos
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