24/8/26

Texto de Daniel Gayoso

 


EPIFANÍA

 

Nunca había visto tus alas. Sólo en la penumbra del silencio se mostraron en tu espalda. Aéreas, como un ave que volviese a la mano donde nunca llegará. Aéreas y terrestres, con estrías de colores, que la mirada asedia vanamente. Amor: cada uno habita un cielo y apenas la bondad vence, un instante, los años luz que nos guardan.

 

© Daniel Gayoso

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21/2/26

Texto de Daniel Gayoso

 


LA CITA 

En la sala el silencioso espejo parece desdeñarte; apenas una mancha que tu rostro ya ha violado. Pero es sólo un desaire y pronto se arrepiente: desde un sitio apartado ves tus dedos, enormes, girando el anillo; el botón desmesurado de tu saco; la comisura abismal de tus labios. El espejo recuerda y lo admiras pasmado, anhelante. Como a esa mujer que se demora y tu aguardas al fin, sin merecerla.

 

© Daniel Gayoso

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2/1/26

Texto de Daniel Gayoso

 

 

CINE

 

Desde la última fila vuelve a ver, indiferente, la historia de su vida. Glacial, su mirada busca las espaldas, los rostros negados, sus pálidas uñas. Sólo un detalle, por nuevo, le interesa. Es un lugar vacío en la platea. Se incorpora despacio, como si algo en su misterio lo llamara. Allí va y en él se ubica, silencioso. Entonces sucede lo que ansiaba: las grises imágenes lo rozan con su luz entrañable, y ya es otro, que suspira y llora. Al fin está solo en ese cine y ve su rostro vivo en la pantalla.

 

a Alfredo Gayoso

 

© Daniel Gayoso

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21/11/25

Texto de Daniel Gayoso

 

EL ESPERADO 

    Aún, en el ardor del día, te ves llamando a esa misma casa, fresca de jazmines. Uno a uno, los rostros aparecen sonriendo levemente y una mano te guía al diáfano interior. Nada más sucede, porque al instante la visión se esfuma. Pero algo, una vaga dicha, se demora. Como la íntima fe de que otra vida, misteriosa, nos es dada.


© Daniel Gayoso

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14/8/25

Texto de Daniel Gayoso

 

CANCIÓN

Si no la voz escrita, su carnal metonimia. Ese fruto codicio. Robar la luna grave con que abres o cierras; y que calles y ruegues en silencio. Para después cederla, sólo porque alumbres mi vuelta a salvo. Mira: hemos sido buenos. Aguárdame en tu silla la próxima -y no es sarcasmo. La tentación es, de caer como una jarra frágil y preciosa. Caer afablemente, inclinándose más, un poco más aún. Que tales cosas son la desmesura.

Habrá niebla a mi vuelta, niebla azul que el viento disperse. Al fin, lo sabes, él nos llevará.

 

© Daniel Gayoso

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23/7/25

Texto de Daniel Gayoso

 


SAXO O CASI SOLO

 

El aire que respiras es voluntad; quién lo creería siendo tan libre. Volutas invisibles del deseo, que declina renuncias.

Hace mucho atardeces: errores y pecados te fueron legando ese rincón. Pero también aquí, donde inhalas o exhalas, puedes soplar y echar el resto.

Mírate acunando un bebé dorado, plegado de luz última. Él te rogará sin compasión, más de lo que guardas. Y tú se lo darías (la astucia juega al bien cuando es preciso).

De nuevo mírate: eres el público...Y empiezas a vibrar si desafinas, para no defraudarte.

 

© Daniel Gayoso

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29/3/25

Texto de Daniel Gayoso

 


VERBIGRACIA

 

Le hablas a unas ropas que ya nadie usa; alzas por instantes una u otra y balbuceas del mismo modo. Frases prendas las tuyas, usadas y raídas. Pero luego ves que el ánimo del pensamiento las torna cambiantes y volubles. Tarde o temprano algunos hablamos así, a boca chiusa lo que en verdad importa. Hablamos por la gracia de las cosas, de esta Cosa que fuimos, que lentamente somos y tal vez seremos, si la voz del relámpago no llama a otros deberes. Y a veces fugamos de súbito a su encuentro. Pero no; Algo decide cuándo y cómo. Y así es el desierto, donde nada ni nadie es digno de asirse. Menos aún en palabras.

 

© Daniel Gayoso

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21/2/25

Poema de Daniel Gayoso

 


RESPONSO


Dónde están los vientos ahora

y dónde quien reclame

su potestad.

Mira, son la arenilla

que me nubla los ojos

y nos vuelve a nacer

en este llanto.

El lento paso del amor

siempre está cerca.

 

© Daniel Gayoso

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18/12/24

Poema de Daniel Gayoso

 


LOVE DELAY

 

Dos o tres veces,

y no una sola,

para escuchar de veras.

Así vuelvo a la "frase

musical" que has sido y serás.

Como un vaivén

del ruido a un susurro anónimo

y por fin a la voz.

Rompiste largos años,

que fueron pocos,

para decirte.

Háblame entonces;

ya estoy aquí.

 

© Daniel Gayoso

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26/6/24

Texto de Daniel Gayoso

 


DOMINGO O MERRY CHRISTMAS 

 

10-XII- 2023

 

La Noche avanza con sus huestes vacías para colmarse de las vidas ajenas, tan nuestras. A fundar fundiendo la novísima Roma vienen soñando, los libertos. Y amplias sonrisas redobladas, tan suyas, hoy se besan en público con la moral distancia.

  Mira cómo firma el doble César un vano epitafio ya borrado. Y al paso  mordisquean la hierba púrpura de sus ancestros, la casta hierba.

  Por fin the Creature ha nacido. Su nodriza, la blanca y aromada sombra de los volátiles. Acerados volátiles en bocas abortivas. ¡Mira! Si aún rugen entre las nubarrones, maniatados de noes, y afuera los beatíficos.

  Contra uñas y dientes, va el cortejo. Pero de quién y quiénes, sus deudas hablarán. Esas que caen, creciendo, rumbo al vórtice. Oh el mismísimo de toda expoliación; de otros noes clonados en los cielos de fuerza. Es ella o el trago de cicuta, mientras los vivas se exaltan por sus muertes.

  Sean libres carajos de las naves famélicas, que arrojarán del limbo más frutos sombríos. ¿Y cuáles? Ya no importa, porque un bastón los impondrá en sus labios. Ja, óyelos ladrando en la escudada punta.

  Y avanza, ciega, la Noche al mediodía.

 

© Daniel Gayoso

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24/4/24

Poema de Daniel Gayoso

 


LA HERIDA EN BLANCO

 

Nadie intente cerrarla con maquillaje de años o crayón infantil. Y menos escribirla, porque crece al punto de olvidar sus bordes. Ya no la ciñen vendas, ni el hilo alcanza. Mas tampoco hay vacío, aire respirable. Es nada cruda y dura. Si hasta finge de veras sus pliegues y matices. Finge también que ofende las yemas de los dedos o se agrava de todos, siempre impuros. Y que será algún día más grande que nosotros.

 

© Daniel Gayoso

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19/2/24

Texto de Daniel Gayoso

 


Fra Angelico

 

La filigrana espejada en unas baldosas. El discreto florecimiento del musgo. Dos o tres peldaños silenciosos. Las grietas en el pie de una columna. Algún ave opaca, dos, o un guijarro entre otros… Estas cosas prefieren el lado inferior de tus estampas, casi olvidados por la Gloria. Como migajas de cielo que siempre están en riesgo de caerse aún más. Pero no; la beatitud las necesita y retiene. Allí mismo es que busco un lugar, donde apenas se oye la maledicencia o ciega el resplandor. Una de esas manchitas, que acaso fueron estrellas. Última luz de la Luz.

 

© Daniel Gayoso

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6/12/23

Texto de Daniel Gayoso

 


CUERPO PRESENTE

Eran cardos rusos pero de luz, bajando por un prado donde el alba se había arrepentido. Y yo la sombra vertical de nadie, corpórea en lágrimas pues las luces, que vuelan sin rozarla, no saben de bondad. Eran luces creciendo aun con viento y desdén, donde el alma se había arrepentido. Cardos luz para esta sombra que ya no arde ni arderá. Y era todo un velorio su caer gigantesco.


© Daniel Gayoso


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21/10/23

Texto de Daniel Gayoso

  

 

DAR FE  

Doy fe de la unción por los escondites. Ah ésta, mi gruta para un cuerpo fantasma. Cerca los ojos de la piedra y, más, el aliento. Piedra azul y angelada, ya brumosas. A salvo, a salvo. Casi un ángel velando su décima luna. Vacía, donde mal venido y madre precian el coraje. Ahora, y en las grutas que la añoren, y en su vientre final, que peor el lago bajo un piélago.

 Doy fe de la paz, sin saber que sabía. A salvo, a salvo. Y en estrecha abertura, visos de celaje, vaivén de pétalos. Las noticias del mundo. Pero, ¿había un Afuera? O la magia: Parpadeo y me olvido. Al hombro la morada invisible. Fortuna y cruz. Mira en los ojos la sonrisa del agobio si derramo el vino. Allí, conmigo y Dios, Ella y su niño me era dado soñar la vida. Ramo de murmullos, ofrenda que alumbraba.

 Y doy fe del exilio. De que el viejo Sello fue abierto cuando otro, mendaz, se cerraba para mí. Y no -clamé-, yo no vivo sin extraviarme. Pero labios mordientes alzaron sombras de palabras. Y entonces estalló mi escudo, el invicto en leyendas. ¿Gloria, bautismo de fuego, verdades? Nada por doquier. Aire ajeno y desalmado. Y dónde mi roca imaginaria; dónde el escondite, vientre o tumba. Y qué haré de mi día esta noche. Y cuál me dirá la endecha para bien dormir. 

Estoy de pie, solo, entre las ruinas; siquiera recuerdo el nombre antes impuesto. Dios es mi juez… Pero será otro dios, recién nacido.

 

© Daniel Gayoso


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29/9/23

Poema de Daniel Gayoso

 


TRANSFIGURADOS

 

Seres y cosas

de tan diverso modo 

saben callarse.

 

Unción del aprendiz, 

me sueño adivinando 

alfabetos ocultos.

 

Y así hasta el límite 

de los transfigurados.

 

Enmudecer contigo 

para el resto del mundo.

 

© Daniel Gayoso

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25/8/23

Poema de Daniel Gayoso

 


ASCETA

 

Un pasto ralo,  

las ásperas cortezas,

las ramas altas.

Nada que asir.

Y un ayer, que me suelta.

 

© Daniel Gayoso

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8/7/23

Texto de Daniel Gayoso

 


ELEGOS    

Una vida también se decolora y fuga hacia atrás, a su historia y el regazo de un alba. Pero queda el guardián de la puerta. Fantasma, que aún honra la fe y algún día nublado será vanos reflejos. Mira cómo, a pesar del destino, se exaltan los queridos restos. Siempre es algo lo ínfimo, y algo ya es mucho, y mucho todo. Así lo manda el corazón. 

Nos iremos más bien, pero a cambio sabrán: lo real está hecho de pájaros y es amor cuando vuelan. 

 

© Daniel Gayoso

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24/5/23

texto de Daniel Gayoso

 


DUERMEVELA 

 

  Entre las sábanas blancas y solas, te despiertas otro. Tanteas el metal de la forjada cabecera y vuelves sin nada en la mano borrosa. “Cabecera”, “mano” aún no son palabras; no hay luz para que las veas. Y entonces remedas torpemente: No tengo el mando de mi cabeza. Pero quién lo tiene. Buscas, luego, los cuerpos amados. Ah, sí. Sólo sábanas y espinas. Se aleja el vaso de la última gota, y tu ropa más fiel te aguarda lejos, en el frío y el pudor. Duerme, duerme. Hay más despertares antes de la luz.

 

© Daniel Gayoso

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4/3/23

Poema de Daniel Gayoso

 



LECCIÓN DE ANATOMÍA

 

Inclinar la cabeza

hacia atrás,

hacia muy atrás,

hasta perderla,

hasta que caiga por la espalda

y quede en el suelo

simulando un hombre

que ha sido enterrado hasta el cuello.

Después sentarnos sobre ella,

y comprender así

los oscuros vientos del amor.

 

© Daniel Gayoso

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14/12/22

Texto de Daniel Gayoso

 


FINAL DE LA SAGA

 

            a Daniel Ponce, a nuestra generación perdida y recobrada

 

  Soy mi madera, soy el alto roble del que fui cortado una y otra vez. Y soy también el débil yacente que dice Soy mi madera; y ambos, al fin, volamos aguas abajo. El aire silba, sangra en los remos dormidos. Todos, menos esto que aún sueña, se han rendido: desgarradas frases, bocados en voces, migajas de letras… Y otros cenan, ahora, en el lecho fluvial. 

  Allá voy…, vamos... La herrada cabeza bajo el timón de popa que vacila y no aprueba; que nunca me dará su bendición.  

  Soy también mi espalda rota, mis largas piernas señalando el rumbo y esta mano, ayer diestra, sobre las contadas posesiones. 

  Soy mis ojos crucificados por la visión. ¿Mas hoy quién se apedrea en las guerras divinas? ¿Quién vive tan alto para morir en ellas? 

  La mano ansía el borde dentado del hacha, impreca el basto hierro de las espadas o agita unos abalorios sin sonreír por ello. 

  Aguas abajo. No has mezquinado ni una gota de sudor.

Pacientemente escuchaste al Idiota que reencarna incesante entre pares e impares. Tu alma desovó en el origen… ¿Qué más de lo efímero? 

  Soy roble y me acompaño; parto conmigo la suerte de los olvidados. Soy el veloz tajamar y la serpiente de proa, maldita ya por las verdades. Pero ¿no había a mi lado otro guerrero, su torvo espectro o su nada? De él será sin duda la mano siniestra que escancia el alquitrán, su roja ira. Oye a tu vela, feliz como esa luna, lamentándose. 

  Aguas abajo, nada nos importa. Esos peces que vuelan de babor a estribor; el salmón de los rápidos aleteando al fin en el río turbado… Óyelos balbucear: “Olvida, olvidalas palabras importantes.”  

  Ardemos hacia abajo. Mira cómo acuden los brazos de las diosas. Allí, entre las cenizas… ¿Pero nadie las ve?... 

   ¡Diablos!, ya libramos la batalla perdida.

 

© Daniel Gayoso

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