Texto de Daniel Gayoso
LA CITA
En la sala el silencioso espejo parece desdeñarte; apenas
una mancha que tu rostro ya ha violado. Pero es sólo un desaire y pronto se
arrepiente: desde un sitio apartado ves tus dedos, enormes, girando el anillo;
el botón desmesurado de tu saco; la comisura abismal de tus labios. El espejo
recuerda y lo admiras pasmado, anhelante. Como a esa mujer que se demora y tu
aguardas al fin, sin merecerla.
© Daniel Gayoso
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