2/3/22

Poema de Teresa Gómez

 


VIGILIA


Vigilia se desliza

por mi espalda.

Vigilia.

Relámpagos escriben

historias.

Arboles enhiestan

ramas.

Tigres celan

callados.

Sábanas tensas,

yo en vigilia.

Cuerpo,

alga sigilosa

de sensible corteza.

Voz,

aullido que silencia

cardúmenes de palabras

veloces y afiladas como peces.

Superficie tendida,

prieta, entera,

combada en vientre fértil

que duele de maduro…

Todo está

menos tú.

 

© Teresa Gómez

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27/10/21

Poema de Teresa Gómez

 


0RACION

 

Tú sabes. Sabes del alto grito,

de la pequeña muerte repetida.

Sabes palabras grandes

y sonidos apenas musitados,

y sabes de la turba que hace voces

dentro de mi cuando no digo nada.

Sabes del pájaro blanco

que alguna vez habitó en mi frente

y también de la forma

que aún no he alcanzado.

Sabes de mis jornadas

-los tránsitos, los soles, los eclipses-

y el miedo, siempre el miedo.

Sabes de los días en que mi sangre

se quemó como incienso

en altares prestados,

y de todas las vestiduras amargas

que cubrieron mi verdad recién nacida.

Sabes que muchas veces

llagas de cal viva estallan debajo de mi piel,

y que otras muchas

quisiera abrir mi garganta

y respirar hasta el hartazgo

el aire luminoso de éste,

mi territorio arduamente conquistado.

Y te encuentro cada vez,

quizás más lejos cuanto más me acerco,

quizás más cerca cuanto más me alejo.

Pero tú sabes.

Porque con tanta noche

escribiste ni día,

con tanta oscuridad

hiciste mi luz,

con tanta flor marchita

tejiste finalmente mi corona.

 

© Teresa Gómez

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23/8/21

Poema de Teresa Gómez

 


AMANDO A BING CROSBY

 

Mi padre atesoraba viejos discos de pasta.

En uno de ellos, Beniamino  Gigli

le cantaba a su madre asegurándole

que nunca más la abandonaría.

En otro, Azucena Maizani o quizás Mercedes Simone,

con voz quebrada lanzaban

su DONDE ESTAS CORAZÓN…

Pero papá, merodeador de casas de remate,

un día volvió con ése entre las manos.

Y desde entonces, con prolija mesura

lo depositaba en la bandeja del lustroso combinado,

y la voz de Bing Crosby surgía

derramando velas rojas en el crepúsculo

de nuestras tardes los domingos.

 

De 78, de 33, de 45, un día

los discos de papá se fueron yendo

quien sabe hacia adonde…

Hay algo más triste

que desarmar una casa muerta?

Fragmentos se dispersan,

cuadros, muebles, libros y vinilos

parten con rumbo desconocido.

No pueden recuperarse,

se han mudado a una patria inaccesible.

Solo su perfume persiste

encerrado en el misterio de las neuronas,

se filtra como un gas tibio y adormecedor

y reivindica sin pausa su absoluta eternidad.

Desde allí, todavía escucho a Beniamino Gigli

y suena el estribillo de ese tango

que no sé cuál de las dos grabó.

Desde allí, la voz de Bing Crosby,

como una herencia sólo a mí destinada,

sigue derramando

la luz de sus velas rojas

en el crepúsculo de mis domingos perdidos.

 

© Teresa Gómez

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19/6/21

Poema de Teresa Gómez

 


EL CUADERNO

 

Hoy encontré el cuaderno, tan guardado,

tan sagradamente conservado.

Sobreviviendo al tiempo,

allí están tus números prolijos de maestra

poniendo en línea los gastos cotidianos,

tus desvelos, el esfuerzo ilusorio

de sostener la exigua economía

sobre renglones débiles.

Allí también, desolada y presente,

está la fecha cruda,

el absurdo  momento en que  grabaste

el último gasto de tus días.

Todo está allí.

Pero el cuaderno es tan grande,

tan hambriento está aún

de letras y de números,

tiene tantos espacios disponibles,

tanta cuadrícula solitaria y estéril…

Dame tu ayuda, dame tu permiso,

que se anide tu acuerdo entre mis dedos.

Tal vez no sea profanación

ni absurda discordancia 

y hasta quizás suavice

el infinito y áspero camino de la ausencia.

Contestame por  fin esta pregunta

que tantos años me guardé en silencio.

Respondeme al oído, suavemente:

Podría yo, de tu mano

llenar este cuaderno con poemas?

 

© Teresa Gómez

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4/4/21

Poema de Teresa Gómez

 


EL ABRIGO

                                          …esas silabas rotas en la boca

                                          fueron por un instante la palabra…

                                                                          Olga Orozco

Quiero hacerme un abrigo

suturado con hilos de palabras,

amarrando retazos

de letras ensambladas

y lienzos recortados en silabas pequeñas.

Quiero hacerme un abrigo

que cubra la intemperie del invierno

pero después persista, persevere,

que no caduque como ropa usada.

Quiero hacerme un abrigo

paradojal, contradictorio, extraño,

que me aísle del frío

y sin embargo

tenga la sutileza de un encaje

invisible y liviano como el aire.

Que me cubra las alas mas no pese

cuando se trate de intentar un vuelo.

Quiero y no puedo.

Tal vez es imposible

tejerse algún abrigo con retazos

que sólo buscan esconder el alma.

 

© Teresa Gómez

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27/1/21

Poema de Teresa Gómez

 


 

MI ABUELA                                                

…fue como mirar un pájaro ausente que seguía cantando…

Mónica Angelino

                                                                                                 


Con su criolla dignidad

mezcla de guaraní y de señorío,

ella bajaba por la planchada

jazminada de aromas,

azaharosa de naranjas florecidas.

Mi abuela correntina llegaba al puerto

después de casi cuatro días

de recorrer el Paraná en aquel barco,

jangada rumorosa de voces y esperanzas.

Mi hermana y yo, con tapadito rosa

y capota haciendo juego, 

éramos el testimonio de la opción capitalina de papá,

que en tránsito estudiantil de Goya a Buenos Aires,

del muelle flotante al puerto firme,

se enamoró de una porteña

y se quedó en San Telmo.

Vestida de negro, con su tez cetrina,

 su mirada bruna y su pequeña trenza

apenas entrecana arrollada en la nuca,

mi abuela correntina respondía

con leve sonrisa a las bienvenidas.

 

Eso me queda. Hoy su inasible sonrisa

titiló un instante, se recortó presente y luego,

como siempre, naufragó hacia la sombra.

Brilla y se desvanece.

Adónde se refugia lo vivido?

Adónde espera con paciencia

para ser convocado?

Desde que sitio sin cesar nos nombra?

Adónde, en blanco y negro,

están las nenas de tapadito rosa,

tomadas de la mano de su abuela goyana

de pie en un puerto que ya tampoco existe…

 

© Teresa Gómez

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27/10/20

Poema de Teresa Gómez

 


PERFILES

 

¿De dónde vienen? Son como medallas,

como monedas de una sola cara

que las olas sin pausa van dejando

apenas esbozadas entre algas y conchillas.

Brotan inesperadas en el borde

sutil de la marea

y son como inocentes rebeliones

impresas de perfil sobre la arena.

¿De dónde vienen?

¿Es el mar un refugio

ferozmente piadoso de la muerte?

¡Cuántos cuerpos que nunca regresaron

buscan hacerse ver en la rompiente!

Mártires de guerras y naufragios

de todas las banderas,

pescadores envueltos en sus redes,

migrantes que se hundieron en sus balsas

abrazando sus sueños,

acunados tan sólo en una patria

hecha de insoportable piedra dura.

El mar es una tumba que ensordece

el silencio de todas las palabras.

Antes de que anochezca,

algún paseante demorado

quizás se apiade,

ponga rodilla en tierra,

a ese perfil sin gloria le diseñe

una boca entreabierta

y más allá, debajo de la frente,

hunda su dedo y le regale un iris

a la cuenca vacía.  

Tal vez entonces todo sea posible,

tal vez al fin el rostro amanecido pueda

gritar por esa boca liberada

y llorar por los ojos dibujados.

 

© Teresa Gómez

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17/7/20

Poema de Teresa Gómez





MOMENTO

En el momento victorioso,
en la raíz única y exclusiva de la luz,
en el instante fugaz en que el horizonte
calza su corona,
aquí, clara y resuelta,
alimento la hora florecida de la promesa.
Desposaré el día con los rojos azahares
de mi vigilia, todas mis apetencias
servidas para los otros
sobre el mantel del alba.
Con mi disfraz de carne viva
seré otra vez una hembra multiforme
y me mirará sin asombro
un viejo sol acostumbrado a mi artificio.
Dejaré las dudas colgadas
como trapo inservible
en el umbral inaugurado de la aurora,
y después me pondré, como los chicos,
la ropa de jugar a las visitas.

© Teresa Gómez

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21/6/20

Teresa Gómez recuerda a Delmira Agustini


Visión

¿Acaso fue en un marco de ilusión,
En el profundo espejo del deseo,
O fue divina y simplemente en vida
Que yo te vi velar mi sueño la otra noche?

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
Taciturno a mi lado apareciste
Como un hongo gigante, muerto y vivo,
Brotado en los rincones de las noches
Húmedos de silencio,
Y engrasados de sombra y soledad.

Te inclinabas a mí supremamente,
Como a la copa de cristal de un lago
Sobre el mantel de fuego del desierto;
Te inclinabas a mí, como un enfermo
De la vida a los opios infalibles
Y a las vendas de piedra de la Muerte;
Te inclinabas a mí como el creyente
A la oblea de cielo de la hostia...
-Gota de nieve con sabor de estrellas
Que alimenta los lirios de la Carne,
Chispa de Dios que estrella los espíritus-.
Te inclinabas a mí como el gran sauce
De la Melancolía
A las hondas lagunas del silencio;
Te inclinabas a mí como la torre
De mármol del Orgullo,
Minada por un monstruo de tristeza,
A la hermana solemne de su sombra...
Te inclinabas a mí como si fuera
Mi cuerpo la inicial de tu destino
En la página oscura de mi lecho;
Te inclinabas a mí como al milagro
De una ventana abierta al más allá.

¡Y te inclinabas más que todo eso!

Y era mi mirada una culebra
Apuntada entre zarzas de pestañas,
Al cisne reverente de tu cuerpo.
Y era mi deseo una culebra
Glisando entre los riscos de la sombra
A la estatua de lirios de tu cuerpo!

Tú te inclinabas más y más... y tanto,
Y tanto te inclinaste,
Que mis flores eróticas son dobles,
Y mi estrella es más grande desde entonces.
Toda tu vida se imprimió en mi vida...

Yo esperaba suspensa el aletazo
Del abrazo magnífico; un abrazo
De cuatro brazos que la gloria viste
De fiebre y de milagro, será un vuelo!
Y pueden ser los hechizados brazos
Cuatro raíces de una raza nueva:

Y esperaba suspensa el aletazo
Del abrazo magnífico...
¡Y cuando,
te abrí los ojos como un alma, vi
Que te hacías atrás y te envolvías

En yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!

© Delmira Agustini



SOLDADO ARGENTINO

Tal vez murió de frente, 
sin demora. 
O quizás sólo cerró los ojos 
y el viento helado, de mucho tiritar, 
le congeló el suspiro entre los dientes.
Ya no lloró. 
Fue evaporando el miedo que pesaba 
mas que el fusil 
sobre su espalda provinciana. 
¿Qué grito agonizó en su garganta? 
¿Por quien clamó su voz, 
liviana y única, 
en la tarde sin sol del archipiélago? 
Tal vez murió de frente, 
o quizás de perfil como el Camborio.
Sin embargo 
ningún angel marchoso sostuvo su cabeza. 
Nadie encendió un candil 
en el crepúsculo de la tierra perdida. 
Nadie, nadie de nadie, 
pudo velar su muerte adolescente.

© Teresa Gómez

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27/4/20

Poema de Teresa Gómez



RENACIMIENTO DEL CREDO

Una baldosa en lo escondido,
 un hueco.
La limosna de tierra que hace falta
para el abecedario cotidiano,
para la reducida muerte diaria.
Un punto donde quepa
yo con mis cruces, mis ausencias, 
con la devanadora que cada tanto
me viste a nuevo la esperanza antigua.
Un rincón en el área del destierro,
un estrato que encima o por debajo
de otra napa se nutra.
La realidad, la guerra,
el armisticio todos los días sellado.
Mi porción de planeta.
Mi parcela de sombra.
Y otra vez este anhelo que florece
simple como una rosa.

© Teresa Gómez

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17/8/19

Poema de Teresa Gómez



DESCANSA, NIÑA…

Descansa, pobre niña,
de tu duelo joven,
de tu esperanza infecunda,
de tu razón quebrada.
Descansa de tu viaje
a la violencia y al escarnio
que no tuvo regreso.
Descansa de tu larga despedida,
de la mano feroz y nauseabunda
que inauguró el adiós
sobre tu cara.
Descansa ya de ser
noticia pródiga, una imagen
sonriendo en las pancartas,
descansa de las flores y las velas
que derriten su llanto
en el feroz umbral de tu tormento.

Descansa. Ya no serás
foto de novia en vals interrumpido,
ya no verás crecer
un vientre grávido,
ni beberán tus hijos
la savia de tus pechos injuriados.
Y después, más después,
nunca tendrás el privilegio
de ver tu primera arruga
en los espejos.

Hoy, con un leve gesto
de tu mano en defensa enarbolada,
hoy, irónico bosquejo.
estupor que no cesa,
con semen en la boca,
tierra en el pelo
y grito en las entrañas
estás abierta en cruz sobre la hierba
en un sitio a la orilla de la nada…

Ahora y para siempre
descansa, pobre niña
en tu lecho soñado,
en la tibieza inútil de tu sábana
que fue rasgada en dos
como tu alma.

© Teresa Gómez

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27/4/19

Poema de Teresa Gómez


    


   GLENN

Glenn, importado alguna vez
de Surinami
atraviesa la puerta y sale a la intemperie
acaso feliz de la vereda.
Va empujando la silla
vacía de pasajero,
sin discapacidad alguna transportada.
Cuando sonríe
parece que lo hiciera
con toda la dimensión de su negrura,
con su calva coronada
por los grises encanecidos de su alma.
Luego, al sol cansino
de una mañana tibia
se acomoda
 en el hueco vacío de esa silla
que sólo estaba destinada a su nostalgia.
Saluda mostrando como propio
un rubio idioma holandés,
y entonces me pregunto
quién fue su ancestro,
de qué playa llegó,
cuál fue su tiempo…
Y en un tonto mezclar de la memoria
se me hace imaginarlo
en la clásica foto de migrante,
con su valija de cartón
y toda su esperanza
empuñada al costado de su miedo.
Pero es inútil. Fatiga mis oídos
un ruido de cadenas que me dice
que cuando Glenn recuesta
su tierna oscuridad sobre las sábanas,
aún pasados los siglos todavía 
la vieja esclavitud duerme en su almohada.

© Teresa Gómez

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5/1/19

Poema de Teresa Gómez


  

Y tú, de pronto, acaso
me dijiste otra cosa.
No fueron tus palabras de hoja
recortadas de sol antiguo.
Fue como un salmo.
No. Fue como un rezo.

Tus palabras entonces fueron todas
un juego de cristales en el aire
y me encerraste en una gran vidriera,
una gran catedral,
una gran lágrima…

Tiempo de espera y Dios.
 Y me rodearon
 guirnaldas y sonrisas por la tarde

© Teresa Gómez

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12/12/18

Poema de Teresa Gómez




Mi tía en Corrientes
restauraba imágenes,
viejos santos de iglesia pueblerina.
Lucía ojos verdes
en medio de una familia
morena y guaraní,
quien sabe
de qué ancestro español heredados.
Tal vez por eso su mirada tenía
un poco de tristeza en las orillas.
En siestas calurosas,
tendida en un mantel sobre el mosaico
de un patio goyano con azahares
me hablaba de leyendas y gualichos
llenándome de un miedo casi dulce
que nunca me ha dejado.
Era suave y sonriente,
cuidaba su jardín y un día,
arropada en un mundo sólo suyo,
al estilo de la más inocente de sus plantas
se disolvió en un brote,
para después volver
un poco más herida
a sus quehaceres.
Mi tía una tarde partió sin previo aviso
dejándome una carta
y su pequeña herencia luminosa.
Y ahora yo no puedo evocarla
abundando en metáforas y lírica poética
para el caso inservibles.
Mi tía era, toda ella,
el poema quizás mejor escrito.

© Teresa Gomez

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