12/8/20

Poema de Silvia Arazi



Conversación 2

Bordeamos en silencio
la blanca costanera.
Tan solo nuestros pasos,
latidos negros sobre las piedras.

Hubiera querido decirte que
contarte los
cuando mis manos se
mientras sangraba por

Te dije: Qué sereno está el río, ¿no?

© Silvia Arazi

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13/6/20

Silvia Arazi recuerda a Alfredo Veiravé




EMMA BOVARY

Emma te equivocaste
cuando saliste de tu casa en un carruaje con grandes ruedas que corrían hacia atrás como en las películas del Oeste
porque tu soledad era algo que debía ser solamente tuyo
y porque era fatal que
nadie te comprendiera en ese pueblo de provincias
ni siquiera tu marido
el pobre hombre gris herido de amor
Bueno no me hables ahora de tus taquicardias
o de los vestidos con enaguas y encajes
déjame explicarte
que me conduelo solamente
porque te perseguían furiosamente
los vecinos ineptos en el juego
de tu corazón virgen
y tu siglo era un cambio
lentamente mirado a través de las celosías
de la villa
más bien ponte el anillo o los collares de los hippies
y piensa en Carnaby Street en cómo lograr la infidelidad
sin que tengas que recurrir a tu conciencia
de pobre muchacha provinciana
Yo pienso que buscabas saber solamente
cómo te desnudarían los otros
y estos otros cretinos te traicionaron
Emma

Dame la mano y no llores más
quédate en silencio
y escuchemos juntos estos discos de los Beatles


© Alfredo Veiravé





Punto atrás

    dos mujeres bordando en un jardín de piedra           
    dos mujeres bordando
punto cruz punto atrás punto piedra
    dos mujeres bordando
punto cruz punto atrás punto piedra
punto cruz punto atrás punto piedra
   en un jardín de piedra dos mujeres
dos mujeres bordando dos mujeres
punto cruz punto atrás punto piedra
punto cruz punto arroz punto madre
punto madre punto atrás punto madre
   en un jardín de piedra dos mujeres
dos mujeres dos madres dos mujeres
dos mujeres dos niñas dos mujeres
punto atrás punto atrás punto atrás

© Silvia Arazi


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16/1/18

Poema de Silvia Arazi

  

LA GATA PEQUEÑA

Ana María Ludueña
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Tan pequeña es esta gata
que se esconde en una lata

Sabe hablar bien italiano
ruso latín y rumano
baila en todos idiomas
y camina en una mano

Ana María Ludueña
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Tan pequeña es esa gata
¡que algunos la creen rata!

Ella no escucha esas cosas
-es gata muy orgullosa-
y aunque es un poco bajita
sale a pasear en cajita

Sueña con ser una estrella 
de cine y televisión,
usar pestañas postizas  
y botitas de visón

María Laura Ludueña 
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Hay quienes la creen rata
porque duerme en un cajón
su cuerpo cabe en la lata 
pero no así su ilusión



© Silvia Arazi

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13/8/16

Poema de Silvia Arazi




POR CULPA DE SU SOMBRERO MALVA

El hombre que le vende flores
a Claudine
se parece a los ogros de los cuentos.
Redondo y atroz.
Al llegar María Luz con un sombrero malva,
nos reímos todos. Luchi también.
Parece que el mediodía
se hubiera derramado de nosotros,
al bies,
como un palacio solar, como un designio.
Adheridos a esa alegría inútil
nos reímos:
temblamos en el cuerpo,
humedecemos,
(es como si lloráramos)
La risa se debe al sombrero de Luchi,
a la cara del ogro de las flores.
¿O tal vez a otra cosa?



© Silvia Arazi

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10/7/16

Poema de Silvia Arazi



TÉ PARA DOS

Dos tazas blancas sobre la mesa,
dos cigarrillos y el diario de ayer.
Ella quiere que escuchemos a Los Beatles.
Penny Lane, insisto yo,
trae alegría.
No. Campos de Frutillas
para siempre, dice Claudine.
-¿Para quién?
-Para siempre.
Nada es real, dice,
acostando sus manos sobre el mantel.
Y un sol oblicuo
perdiéndose en la tarde,
mientras las horas
se inclinan de color té.


© Silvia Arazi

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14/6/16

Poema de Silvia Arazi

                      
                                   
                ENTRE SÁBANAS 

Dice Claudine desde la cama,
Blanco, el color más temible.
Blancos los huesos,
las vendas, las mortajas.
Blancos rosarios y blancas
esperanzas.
(Los papeles vacíos, a veces,
son tan blancos).
Blancos tules de novia y blancas
ambulancias.
Blancos azahares,
nardos,
los perversos jazmines. 

Los hospitales blancos
con sus
blancos pasillos de azulejos
tan blancos. 

Blancos los ojos de un hombre
que ha olvidado,
blanca la espuma de la rabia,
las gélidas estatuas,
el sexo de los santos.
Blanca la espera, la nada
y el silencio.
Blanco, tan blanco,
el corazón del sueño.


© Silvia Arazi

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6/4/16

Poema de Silvia Arazi


El llamado

(Habitación. A oscuras)

–Vamos al río, dice Claudine.

–¿Al río?, repite mi voz desde la noche.

–Sí, vamos al río. El agua tiene hoy
manos de nácar, murmullos, aullidos –son secretos de
alcoba–. ¡Hay tanto cielo hoy!
Llevemos flores frescas,
un mantel a cuadros donde apoyar los sueños
y un saquito de lana para las noches frescas.

–No. Hay miedo allí, pájaros negros,
Hombres-lobo, cruces, puñales, sauces que lloran,
sospechas... ¡Hay cadáveres! 

–No temas, dijo Claudine. Nuestra sangre es amarga
y escucho un grito oscuro, a lo lejos,
que nos llama y nos dice: “ya es hora de partir”.
Vamos, vamos al río...


© Silvia Arazi

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18/3/16

Poema de Silvia Arazi




Un bello matrimonio

Una de las cosas buenas del matrimonio,
es que uno no tiene que hablar  (tampoco tiene que mirar)

Lo ideal es usar una venda blanca
que cubra correctamente los ojos,
de manera tal que no deje pasar ningún resquicio de luz.

El se levanta y no te mira.
Ella está serena, el pelo revuelto y un camisón raído, invisible, pensando en el día que le espera.
(tampoco ella lo mira)

Pero sabe que él está allí. Está. Lo cual es importante. Llueva o truene, está. Si aparece un murciélago,
un ladrón o el cobrador de impuestos: está.

La vida se va poniendo difícil,
es bueno recordarlo.

Estamos el uno para el otro,
lo cual es reconfortante y práctico.
A veces, algo te recuerda al poema de Prevért
que tanto te impresionaba de chica.
(¿aún soy chica, mamá?)

Él no sabe si te pusiste una blusa verde o amarilla.
(el hombre de barba, sí)
El hombre de barba y muchos dientes,
sabe que tu blusa es amarilla
y te quiere lamer la piel que está debajo de la blusa amarilla.
Ese hombre, sabe que en vos hay un cuerpo
y un corazón adentro del cuerpo. Y un alma.
Amarilla, también.

El marido, no. El marido está.
Un buen marido no espera que termines de hablar.
(cree que fue un ruido de la heladera) 

Al terminar la cena, la mujer piensa en encender la tele.
Luego, a veces, se pone la venda y se visitan, se tocan.
Otras veces ella le pide que llame al plomero,
lo acompaña al cardiólogo.

Él le pone filtro solar en la espalda
y ella le recuerda que hay que renovar el pasaporte.

Es un buen marido.
Ella compra tomate perita porque al buen marido
no le gustan los tomates redondos
y le pone poca sal a la comida.
Es una buena mujer. Lo lindo
es que siempre duermen juntos. Juntos,
miran por la ventana, qué hermoso día,
¡qué sol!
disfrutan viendo florecer el jacarandá,
viendo florecer a los niños. (con asombro y horror)

Dormimos juntos, nos levantamos juntos,
vamos al cine juntos, desayunamos juntos
y soñamos por separado.
Es lindo ir a las fiestas de fin de año,
juntos, y a la playa y al cine.
En pareja nos sentamos en el restaurante y
pedimos pollo, porque nos gusta el pollo
y hablamos en plural.
La habitación de nuestra casa tiene
cama doble y ventana a la calle.
El carga la valija más pesada.
Yo acomodo la ropa en su Placard.

Sabemos que el otro está,    siempre,
para no mirarnos, para no escuchar,
para no saber.
Pero es lindo estar juntos,
uno al lado del otro. Muy juntos,
así, hasta la muerte.


© Silvia Arazi

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