5/8/26

Poema de Mario Nosotti

  


El ramaje se orienta buscando las señales

y se apoya en los cables que se van.      

No existe dirección

para que lleguen cartas.

Él vino a revisar una pregunta,

kilómetros de auto para eso

que no sabe si hay.

 

El pueblo lo recibe en su celo constante

lo obliga a esquivar bultos

una casa en la sombra

de aquéllos pensamientos

como bolsas de arena que lleva hasta el umbral.

 

                                                     

Su horror a lo gregario

su ofrenda a ese silencio

¿cómo fue que empezó?

 

 

Al final de la tarde dibuja con un lápiz

el ruedo de lo abrupto         

calles de tierra, monte, acantilados,

raído imaginario del salvaje.            

 

© Mario Nosotti

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17/11/25

Poema de Mario Nosotti

  


La intención es tirar, ver hasta dónde llega.

El sol se desafila, poco a poco, en el muelle.

 

Un viento descosido va limpiando la costa.

Se acuerda que leyó que a veces accionar

es un éxito en sí.

 

Qué el mensaje regrese –transformado-  qué la botella dé

la vuelta al mundo

es eso a lo que hay que renunciar.

                

Ante la perspectiva de los días cercados

arrima sus errores al fuego. Lo que busca decir

arde en la combustión de un tiempo que no vuelve.

Doce meses conforman la unidad para que algo

perecedero y vivo, califique de rancio.

              

Tirar una moneda

restarle a lo que suma

falso brillo. Adiós a los espectros

que proyecta la tarde en la explanada.

Accionar es hacer el movimiento

dejarlo resbalar.

 

© Mario Nosotti

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8/10/25

Poema de Mario Nosotti

  


Azul como la tapa de ese libro

mi batalla se salda bajo un cielo inmóvil.

A ras del suelo veo las butacas de un cine,

los diversos zapatos, y en el fondo

la luz del mar, la playa establecida.

Cuento con el esmero inclaudicable

de un artesano inmenso. Vean esos parajes,

las olas reventando contra un viento torcido,

y a un costado el imperio de los espectadores,

su esfuerzo en modelar el tronco que se pudre.

 

© Mario Nosotti

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2/8/25

Poema de Mario Nosotti

 


Un ánimo concreto habita

la casa por un año abandonada

las fotos en sus marcos como flores de sal,

el alma suspendida, suponiendo.

 

Los álamos afuera cortajean el cielo

siguen su charla homófona

el vaivén de olas lentas

que los atolondrados leen como una negación.

 

Le pregunta a ese hombre que recoge unas ramas

y camina hasta el bar que abre apenas tres horas             

porque ya no hay turistas.

Los pocos que quedamos sentimos la mirada cómplice,

un poco sobreactuada, del esfuerzo común.

Es otra temporada que arroja sus recuerdos

como restos de vida que las olas traen del fondo del mar.

Otra vez olvidar y prepararse.

Ya no hay olor a frito ni bocinas,

no hay chicas de la mano, parejas

discutiendo, pibes ensimismados en un plan.                                      

 

Pasando una hondonada está la ventanita que chispea,

unos perros lo encuentran,                                              

lo incluyen en el susto y en cuanto lo rodean

le dan a conocer unos dientes blanquísimos,

pero mueven la cola, sólo juegan con él.

Ella hubiese querido estar acá, volver a verlos.

Son sus perros –los de ella- y ya no lo recuerdan.

 

Ahora espera en la cresta de la duna finita

decidiendo si entrar -al fin de un corredor

de materiales el sol tensa unos hilos

y se pierde otra vez en el mar-.                                     

         

© Mario Nosotti

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22/2/25

Poema de Mario Nosotti

 


Hace más de seis meses navega entre dos casas.

Ahora se detiene. Escucha.

En un cuaderno aplica

lo que juzga importante.

 

Apartado de todo lo que amaba

su desierto lo condujo hasta acá.

 

© Mario Nosotti

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15/1/25

Poema de Mario Nosotti

 


Partir como el que intenta desmontar

un conjuro

vérselas cara a cara

con ese mecanismo

el sol entre las ramas

el sonido envolvente

pájaros que se encastran 

en bloques apilados.                            

 

Armar una figura

en la tenue insistencia de intuir

sendas en la mirada

la luz entre las hojas

los ojos o el hocico

que convienen o no  

a los llamados

de una correspondencia

más cerca de la bestia

donde vive lo humano.

 

© Mario Nosotti

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9/12/24

Poema de Mario Nosotti

 

 

Me voy por unos días. A buscarlos.

Es un celo constante guardar                     

ese poco de sol en un pequeño espejo.

Voy a desenrollar mi indecisión en el silencio.

Calles de tierra, mate y animales.

Un ritmo imaginario. Real que se me imponga.   

Líbrame en este día de tener que elegir.

                          

Poco después se encuentra en el tembladeral

del tiempo libre. Se deja suceder.

La mirada atraviesa los exvotos leñosos

de una forma tronchada. De lo que fue la huerta

flamean unos trapos, atados a las cañas.

Un pájaro en la viga va desnudando el grano   

golpea la piedrita

y pudo ser el ruido donde alguien te llamaba

en el sueño de la noche anterior.                 

 

Acá no llegan cartas, no hay señal.

Entre los pinos sube el humo blanco

de los que cuecen algo.

 

© Mario Nosotti

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25/11/24

Poema de Mario Nosotti

 


sobre la tierra

escruto con un palo

la variedad de formas

la vanidad de todo lo que existe

el mundo de soslayo

lo ajeno en la cabeza                      

de alfiler.

 

© Mario Nosotti

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14/10/24

Poema de Mario Nosotti

 

 

Escribo en una especie de gran patio,

en el lujo espacial, frente a un estanque,

perplejo y aliviado,

por la alfombra de insectos transparentes

que esta mañana flotan en el agua y que hasta ayer

volaban. Son millones de alas

como los del poema Los Chayules en el lago

azul de Nicaragua. Los que están en el suelo

la brisa los ha ido amontonando

en un pequeño cerro quejumbroso

listo para barrer. Es octubre

y lo que ya tendría que llegar

no llega. Se cuaja la distancia

entre lo que amenaza y el poder

de esgrimirlo.

Uno no está impedido de vivir.

Justo antes de salir a consultarle

al que todo lo sabe

oyendo la dureza de los ciclos

supe encontrar mi fe.  

 

© Mario Nosotti

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25/9/24

Poema de Mario Nosotti

  

 

Llegué a la madrugada. La casa estaba fría

y dormí en la cocina. Tiré el colchón,

puse dos o tres mantas y prendí los mecheros.

Me quedé hasta muy tarde imaginando la

futura oscuridad, siguiendo su contorno.

Aunque los vidrios estaban empañados

supe que afuera helaba y bajo las estrellas

duras y relucientes, estaba yo.

Recién llego y ya empiezo a leer, sentirme

solo. No es la prueba, la que hago, ante al paisaje,

el hábito del monje quiero desarmar.

El teléfono suena en medio de la noche:

hiciste bien en irte.

Trato de ver su cara, entender lo que había,

detrás de mí ignorada decisión.

 

© Mario Nosotti


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26/8/24

Poema de Mario Nosotti

 


Todo lo que bajaba en la palabra Adán me pertenece

como el primer paseo de hombre por un bosque

en la primera noche de verano. Mira el cielo estrellado,

el vidrio roto, piensa, cómo se fue mezclando uno en todo.

 

Me tomo el té, callado, primera vez que alguno toma

té. Unas nubes deshechas avanzan diligentes,

se enganchan en las ramas, los techos puntiagudos,

llenando de humedades transparentes, este símil edén.

 

Las copas de los árboles se alzan, como queriendo abrirse

a luces adivinas. Las casas, su luz atravesando las hojas

de las ramas, cada una es la forma que desciende

de la palabra Adán.

 

Cuando la oscuridad me apaña por lo bajo

el cielo se descubre: una explosión de esquirlas que

titilan heladas. Me veo en las sandalias que siguen sin orgullo

por la calle de arena. Son las pisadas viejas de

algo nuevo. Acaban de salir a la existencia por el mismo

agujero donde sale todo. Todavía no hay bosque, pueblo

costero, nada, siquiera parecido a un pedestal.

 

© Mario Nosotti

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