Poema de Gabriela Delgado
Era de sal y espuma
Ha guardado todas las sombras
bajo su cabellera de cobre en llamas.
Ha regateado la luz de cada estrella
para tender un nuevo cielo.
Aguamarina, el soplo de sus ojos,
descifra la escala de los grises
en el caudal del viento.
Una cruz de pájaros
marca su rumbo de pálida pisada.
Era de sal y espuma,
de olas despeinadas
donde los sueños transbordan
de quietud a tormenta,
de invierno a verano
como trompos de melancolía.
Ha acumulado todos los relámpagos
bajo el ruedo de su falda
Sin ajarlos.
Espera, inmutable,
el momento de nacer.
© Gabriela Delgado
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