1/2/23

Poema de Camila Charry Noriega

 


 

Centro de la casa

 

Finalmente descubrimos que corremos en pos de sombras tan efímeras como inconsistentes y no podemos encontrar nada que sepa satisfacer a la nostalgia… 

Arthur Schopenhauer

La casa queda en la frontera.

El salitre sustituye la materia

que los ojos en otro tiempo

llamaron luz.

 

Sobre la piedra hundida

el salitre, por el peso de la hierba

se coagula.

 

Hemos olvidado todo.

 

Quisimos echar el río atrás,

devolverle a los huesos su peso,

recobrar el aire que los suspendió un momento

y los batió ahogados entre la carne que se hacía recia.

 

Pero la casa en la frontera

fue devorada por la hierba

y las fieras la habitaron.

Las vimos acomodarse,

abrir sus fauces,

tajar lo que quedaba.

 

Nos sucedieron y olvidamos.

 

La médula rebanada

bien adentro,

siempre fue el centro de la casa.

 

© Camila Charry Noriega

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11/4/22

Poema de Camila Charry Noriega

 


Fuego de los días

 

De espera en espera consumimos nuestra vida.

Epicuro

 

Por acá todo es casi fuego a diario,

el perro olfatea en la cocina

las cenizas de la luz;

eso es la desaparición

la ausencia de la lengua sobre el pan,

los ojos que desean lo que se hunde

en el misterio del mundo.

 

Yo no sé si es bueno nombrar,

yo no sé,

pero a veces

cuando amenaza el fuego lo más elemental,

uno se pregunta si de esa manera debe ser todo.

 

En la cocina

la tetera canta exasperada

y el olor a hierro quemado es el único vestigio

de un agua seca y reseca,

inexistente 

entre el fondo negro de la olla.

 

Otro día es un cigarro que encuentra entre silbidos

el blanco corazón de la colilla que se ahoga,

allí el fuego es pasado,

certeza limpia.

 

Así también pasa con el cuerpo

y uno sigue preguntándose

qué lo quemará:

una enfermedad en los pulmones,

un carcinoma,

un balazo, una traición.

 

Quién sabe qué extraño fuego

acabe esta espera.

 

© Camila Charry Noriega

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8/1/22

Poema de Camila Charry Noriega

 


 

Lección de vida

 

Un par de moscas

se frotan y copulan contra la luz.

 

Observamos

                   fascinados

el deseo en todo lo que existe.

 

Ayer apenas nacían.

 

En este instante luminoso

cuando arden

y sus alas se deshacen contra el cristal de la ventana,

sospechamos la vida.

 

© Camila Charry Noriega

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1/9/21

Poema de Camila Charry Noriega

 


Revelación

                      A Juan Guillermo y Camilo

 

Éramos tres y la calle,

pronunciábamos entre el vino

aquello que nos hace humanos:

el amor, la muerte, el tiempo.

 

De esquina a esquina

como si ese breve espacio fuera el mundo

y la ebriedad un útero oscuro,

nos mirábamos incrédulos

advirtiendo en el otro

la revelación de esa voluntad voraz,

fortuita

que lo mueve todo.

 

Se intuye el mundo en lo hondo que se esfuma

desde lo que tiembla vertiginoso en la palabra

lenta e incapaz de acercarse a esa vorágine.

 

Las calles del ebrio

en perpetua fuga

se caminan hacia el fondo y calladas.

 

Cuando sobrevienen la vigilia

la resaca, el hartazgo,

probamos otra vez

encajar como una vértebra

en el esqueleto del mundo.

 

© Camila Charry Noriega

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3/7/21

Poema de Camila Charry Noriega

 


Hueso suelto

 

Es el hueso suelto

una palabra sin nombrar

y en su tuétano

habita Dios de ojos turbados.

 

Su voluntad es equivalente a la de todo: el deseo.

Y aunque padece las ansias de la carne

más fiero que cualquier mortal,

se retuerce sobre los que aman.

 

Nada lo conmueve,

quizá la piel brillante

de las jóvenes que tiemblan bajo el temporal

o la incrédula mirada de los que mueren en la guerra,

no los niños, ni los perros

no las madres desgarradas de dolor,

no.

 

Por eso dicen los que saben:

mejor cantarle a la tiniebla en la montaña

al cardo en el camino

al sol que enciende el hocico de las hienas.

 

Nada lo complace más

que los hombres hincados

por desear la pulpa abierta,

la víscera rasgada de los otros.

 

Y cuando todos imploran se hincha;

es el hueso que se llama como él.

 

Nada hay que más le alegre

que en los templos los hombres

incapaces de humana soledad,

de dolor humano en lo humano.

 

© Camila Charry Noriega

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17/4/21

Poema de Camila Charry Noriega

  


Apariciones


Qué mueran los dioses, pero no ese temblor de las hojas donde nacen.

 Nicolás Gómez Dávila


Como signos los dioses,

su voz sin polvo en las palabras

su voluntad que se vacía y reverbera sobre la vegetación

después de la lluvia;

su ardor en el corazón de mi perro que palpita;

en el reverso de un derrumbe

que quiebra la razón de lo dispuesto a caer.

 

Están los dioses en las cosas más sencillas.

 

En la tenacidad del sol

que incendia la tarde y muere trágico

sobre la carne y en los ojos.

 

En el cuerpo que se hunde entre la hierba

agitada por el viento que ondula;

en esa limpia ceremonia

que es abrirse el pecho y pasar

lenta la lengua

hasta que ese tentáculo prodigioso

de las entrañas descosa la canción.

 

© Camila Charry Noriega

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2/12/20

Poema de Camila Charry Noriega

  


Lo desaparecido

 

Ahora que ha bajado la marea

nombramos estos huesos

pulidos por la lengua de la sal.

Son vértebras que el oleaje no sorteó

y brillan sobre la arena calcinada.

 

Lejos, en el litoral,

la carne flota 

resplandece también,

pero su claridad 

es la de una flor crepuscular

que aprecia del fondo

la certeza de lo desaparecido.

 

© Camila Charry Noriega

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28/10/20

Poema de Camila Charry Noriega

 


 

Cuando caiga la última palabra

bajo el puente y entre los animales muertos

puertos que hemos olvidado,

aun existirá el recuerdo de la juventud

para constatar que se ha dejado la piel ante el templo.

 

El amor como el más fiero de los mares

nos devolverá a los pies el esqueleto tibio

de lo que la vida reclamó

para que la felicidad o el tedio

hicieran de nosotros.

 

© Camila Charry Noriega

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16/9/20

Poema de Camila Charry Noriega




Actos renovados

Se deshila el pellejo
se arranca y asoma
la carne que deslumbra los ojos.
Se sosiegan los nervios
se los hace cantar como a raíces
de un árbol enterrado en el cuerpo.

Los cuchillos se acomodan boca arriba
sus aristas recuerdan las costillas de un mal amor.
Luego se lame el filo
el pasmo
y sobreviene el crujido de la carne rasgada;
lo crudo que se olvida con la primera mutilación.

A los tenedores hay que agarrarlos por los picos.
Tres dientes
tres astillas afiladas que espantan a la presa
y viven famélicos,
plenos de hambre.

En la penumbra las cucharas eran
peces extraños de cola esbelta;
las vimos otras veces
encima de algún plato,
animales satisfechos en plena digestión.
Entonces era mejor no tocarles la panza de metal
pulida, como una bella retocada.
En su cóncavo estómago podía uno contemplarse:
un ojo alargado,
deformado por el metal que escarba el rostro.

Sencillo despojar del pellejo,
salvar la carne que late a la espera.

A veces había luz
porque el cuchillo cambiaba de lugar
y su destello cortaba la sombra.

No sabíamos mucho sobre objetos de cocina
apenas de las ollas y los platos,
de las tazas
donde el agua es oscura.

© Camila Charry Noriega

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