2/9/23

Poema de Marcela Rosales

 


LAS MUJERES Y EL AGUA


                      Cerrados/certos

                      e certos/desertos

                      errados

 

                      Nicolas Behr

                      Poesília

 

Es temprano

pero ya el centro de la ciudad

es un infierno vacío.

La lluvia se demora en llegar

como en castigo

por tanto daño causado

(ojalá este pensamiento fuera

sólo un resabio primitivo)

 

Mi hija duerme

dejando en mi corazón

su llanto de ayer.

Lo que angustia

el virus

las secuelas

lxs amigxs aisladxs

la incertidumbre

el futuro amenazante

el cuerpo confinado

el anhelo sitiado. 

 

Mi madre se levanta conmigo

le coloco gotitas en el ojo

recién operado

se recupera muy lento

recuerda a su madre y su

bisabuela

sigue algo asustada

se aferra a las palabras

construye fortalezas

mezcla pasado y presente

en la argamasa.

 

Preparo la mesa del desayuno

le escribo a alguien que quiero,

que escriba,

suele perder de vista su deseo

(no puedo decirle todo lo que veo)

salgo a buscar el pan

por el camino que recorrimos

juntos

me arden los ojos en el silencio

de enero

 

(el nombre de este libro necesitaba

un poema, pienso) 

 

regreso

abro la puerta y escucho la voz

clara de mi madre

en un idioma que no conoce

está sentada en el sillón

leyendo a un poeta brasileño,

de entre muchos otros

de mi biblioteca

él ha sabido encontrarla.

A grandes letras

como graffitis

su poesía urbana le dice:

 

“Olhos cerrados

abertos

certos”

 

Como mi verso demorado

su visión ha vuelto,

reímos y lloramos.

Tal vez sólo eso

es lo que necesitamos:

cerrar los ojos

al bautizo materno

para volver a ver.

 

© Marcela Rosales

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14/7/23

Poema de Marcela Rosales

  


SIMPLICIDAD DEL FUEGO

 

              cuando stamus djuntus

              il fuego cayi

              sovri las ruinas

               dil sol

 

                    Juan Gelman, Dibaxu, XIX 

 

            II

 

Tomo de tu mano abierta

pan, reposo y

                      palabra

recibes de la mía

canto, piel y

                       lumbre

que enciende tu mirada.

 

De ambos toma la luz

     urna y dulzura

su resplandor de pájaro

                     su vuelo

como de fuego

              como de agua.

 

© Marcela Rosales

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4/5/23

Poema de Marcela Rosales

  

SIMPLICIDAD DEL FUEGO


             I


cuando stamus djuntus

il fuego cayi

sovri las ruinas

dil sol


Juan Gelman, Dibaxu, XIX

 

Curo la herida

de tu mano confiada

que alimenta

                la flor roja

que deslumbra

                los ojos

de animales y de niños.

 

Porque así nos miramos

cuando estamos juntos

en su rescoldo escribo.

 

© Marcela Rosales

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16/3/23

Poema de Marcela Rosales

 



HABITARÁS TU NOMBRE


“Habitaré mi nombre”, fue tu respuesta

a los cuestionarios del puerto.

 

Saint-John Perse, Exilio

 

El silencio es mi padre

mi hermano

y mi hijo

único árbol

de mi exilio

 

bajo su sombra añosa

de los inviernos

me amparo

y en los eneros

respiro.

 

© Marcela Rosales

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13/2/23

Poema de Marcela Rosales

  


OTRAS GUERRAS

            Por esa lengua otra que nos une

            más allá de idiomas

             y nos salva en todos los silencios.

 

Algunas tardes soy apenas

un cuerpo detenido en la otra

orilla de una ciudad ajena

de pie con otros cientos

que aguardan silenciosos.

Entonces pasa algo

un sueño sin niño, pasa,

un pájaro sin cielo.

Con el pecho descubierto

lo veo avanzar en zigzag

por la avenida, entre bocinas

y luces centelleantes.

Todo él un macizo

de tendones y de carne

trae consigo

la oscuridad del mar

hermano de sus padres

y sus hijos.

No es ya un hombre quien

camina, pienso.

Su mirada es alta

como un farallón sin grietas

-forjado a balsas, a balas

y a banderas-

donde la muerte se estrella. 

 

Algunas tardes

esa ciudad ajena

como una ola enfurecida

cruza hasta mí y golpea

mi corazón con una piedra

negra.

 

© Marcela Rosales

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27/12/22

Poema de Marcela Rosales

 


PAUSON(IA)


     Pausón fue famoso por su cuadro ‘Caballo

     rodando en el polvo’. La obra estaba ejecutada

     con increíble realismo. Pero Luciano escribió

     que Pausón simplemente había dado vuelta

     el cuadro.

 

     Pascal Quignard, Los desarzonados

 

Él atraviesa el pasillo desnudo

como un animal sin tiempo

mientras la casa oscila

en un vaivén marino

que mi cuerpo hace propio

en cada clímax.

 

En la habitación, yo

animal de tierra

que poco sé del mar

como un cuadro invertido

cabeza abajo tendida

lo espero.

 

Allá en lo alto

Faetón suelta una

y otra vez

las riendas.

Se oye a Bill Evans

Tú y la noche y la música.

 

 

El vaho del cuarto

sobre el ventanal proyecta

un desplome de cascos

un barboteo de crines

arborescencia anticipada

de sumergidas Atlantis.

 

Él se desliza hasta mí y me besa

con precisión de molusco cada poro

mientras cava en la arena

el húmedo hueco

al que me arrastra

como a una mariposa ciega.

 

Entonces se detiene

y entra en pausa.

Piensa cómo asimilarme:

cupidine praedae.

En ambos, imperturbable,

prosigue su marcha la materia.

 

Lo dejo hacer.

 

Desde pequeña

sé quedarme

quieta en la oscuridad

hasta el ayuno de luz

del que nace el poema.

 

© Marcela Rosales

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9/12/21

Poema de Marcela Rosales

 


    There is you


 In this world of ordinary people

 extraordinary people...

 by Sarah Vaughan 

 

Qué tienen el jazz y la lluvia

que nos reencuentran con tardes olvidadas

cuando nada sabíamos del amor o la muerte.

Cuando el tiempo era ese espacio azul

de los juegos o la agridulce tragedia

de quedar sin amigos hasta que escampara.


Qué tienen el jazz y la lluvia

que nos aíslan de la gente asustada,

rencorosa, pálida, que se desliza por la acera

como si flotara y se confunde a nuestros ojos

con las nubes cargadas, que acechamos

vagamente tristes desde la ventana.


Qué tienen el jazz y la lluvia

en su cadencia mansa como el roce inicial

de tus dedos sobre el piano que nunca

has tocado con ese lento compás

que cada noche me desnuda

en un réquiem de murallas.

 

© Marcela Rosales

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28/7/21

Poema de Marcela Rosales

 


Canela y durazno


 y cumplimos con olvidarnos

 Martín Maigua


Desde ambos lados de la mesa

tendimos al unísono

las manos

      -¿o era la boca abierta?-

hacia la taza

y aferramos aire.


El adjetivo ‘aire’

       -absoluto, sin complemento


Tras la ventana

llovía parque:

‘otra vez’, pre-puse

‘lento’, sustantivaste

          -nos miramos a-tiempo


Cuando la ‘piel’ fue verbo

‘olvidarse’ es un artículo

           -perecedero-

 

© Marcela Rosales

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27/6/21

Poema de Marcela Rosales

 


Cadena (in)significante


 le jour ressemble à un visage

 Jacques Ancet


El día se parece a un rostro


el rostro a un pañuelo

el pañuelo a un viaje

el viaje a un silencio

el silencio a un puerto

el puerto a una sombra

la sombra a un miedo

el miedo a una ausencia

la ausencia a una muerte

la muerte a una guerra

la guerra a un cadáver

el cadáver a un foso

el foso a un huérfano

el huérfano a un náufrago

el náufrago a un cuchillo

el cuchillo a una herida

la herida a una isla

la isla a una madre

la madre a una boca

la boca a un grito

el grito a una tarde

la tarde a una música

la música al padre

el padre a un infierno71

el infierno a un exilio

el exilio a un desierto

el desierto a un goce

el goce a la letra

la letra al poema

el poema al sexo

el sexo a un cuerpo

el cuerpo a un espejo

el espejo a un verdugo

el verdugo a un hacha

el hacha a una encina


La encina a un incendio


el incendio a un cielo

el cielo a una noche

la noche a un sueño

el sueño a tu rostro


Tu rostro al día.

 

© Marcela Rosales

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31/3/21

Poema de Marcela Rosales

 


Yuyos del centro


 sólo las grietas de la calle

 dibujan vida en la tarde

 Cielo Razzo


Inmunes a toda primavera

acomodamos el gesto

a la fugacidad del encuentro.


Él vende palabras en la calle

(yo también)


-Llevala, por favor, es la última, me pide.


Quiere irse de aquí

(lo sé bien, porque es mi frase favorita

desde que llegué)


“FE Y FUTURO”, leo en la tapa

y rebusco en los bolsillos

no tengo, pienso, dinero sí.


Se lo entrego. Igual no sirve.

Los dos sabemos que las grietas

no dan revancha

apenas una oblicua superficie

propiciatoria de malezas ralas.

Y aun así…

 

© Marcela Rosales

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20/2/21

Poema de Marcela Rosales

  


Alabadas

 

África sostiene al mundo

sobre tu testa digna

bajo el tiesto de agua

 

(tu cabello velado

lo ignora)

 

ríoleche

carnebrea

 

desde el naciente al poniente

te ofrendas en el pan,

en el hilado, en el cayado,

en el tasbih:

 

Tus nombres, mujer

-alabada seascomo tus cabellos prohibidos

no son 99.

 

© Marcela Rosales

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2/1/21

Poema de Marcela Rosales

 


Cadena (in)significante


 le jour ressemble à un visage

 Jacques Ancet


El día se parece a un rostro


el rostro a un pañuelo

el pañuelo a un viaje

el viaje a un silencio

el silencio a un puerto

el puerto a una sombra

la sombra a un miedo

el miedo a una ausencia

la ausencia a una muerte

la muerte a una guerra

la guerra a un cadáver

el cadáver a un foso

el foso a un huérfano

el huérfano a un náufrago

el náufrago a un cuchillo

el cuchillo a una herida

la herida a una isla

la isla a una madre

la madre a una boca

la boca a un grito

el grito a una tarde

la tarde a una música

la música al padre

el padre a un infierno

el infierno a un exilio

el exilio a un desierto

el desierto a un goce

el goce a la letra

la letra al poema

el poema al sexo

el sexo a un cuerpo

el cuerpo a un espejo

el espejo a un verdugo

el verdugo a un hacha

el hacha a una encina


La encina a un incendio


el incendio a un cielo

el cielo a una noche

la noche a un sueño

el sueño a tu rostro


Tu rostro al día.

 

© Marcela Rosales

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19/9/20

Poema de Marcela Rosales

 


Parking

 

                                       Detenida

en el tumulto de cuerpos ambulantes

no hago más que desovar en cada hueco

un mudo que crece demasiado rápido

y me enfrenta

            con ojos como puños.


Un maldito ejército de salvación

                         sin piernas

prisionero en el cadáver de otro.


A veces no hay nada que salvar

                            me digo

uno sencillamente se deja caer en la cuneta

                        o en la cama, da igual.


La boca apenas una válvula fallada

contra la charca ácida de lluvia y gasolina

que avanza

                     desierto adentro


abriéndose paso entre las vísceras

preñando soledades y pariendo un tráfago

de mutilados en sordina.


Arriba

                        algunas noches

otra boca se abre como un fokker

calculando el blanco

pero por más que le rogamos

                       no nos traga.


Se limita a mascullar lo suficientemente bajo

como para que mi prole y yo creamos

                               por un instante

que alguien, algo, vendrá a decirnos basta.


  No sé

             -cuando uno aparca

se tiene mucho tiempo para pensar- 


tal vez

                       es ella

                 la que pide ser salvada

de nuestra inevitable

                           detonación.

 

© Marcela Rosales

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28/7/20

Poema de Marcela Rosales


Alabadas

África sostiene al mundo
sobre tu testa digna
bajo el tiesto de agua

(tu cabello velado
lo ignora)

ríoleche
carnebrea

desde el naciente al poniente
te ofrendas en el pan,
en el hilado, en el cayado,
en el tasbih:

Tus nombres, mujer
-alabada seascomo tus cabellos prohibidos
no son 99.

© Marcela Rosales

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13/6/20

Marcela Rosales recuerda a César Vallejo


Un hombre pasa con un pan al hombro

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

© César Vallejo




Too many chiefs 
                           

             filled with canteens and tear gas 
                      from the last voyage of us 
                            Jakob Dylan                                                         

Él no tiene otra cosa 
que una espalda destruida. 
Peleó en una guerra. 
No recuerda bien 
si mató a alguien. 

-Estaba muy oscuro, dice. 

Las guerras, sobredosis 
de heroísmo alucinado 
galopando por las venas. 
Bajo un cielo de múltiples 
detonaciones viajarás 
hasta el nirvana 
                   (o la ceguera). 

En el desierto 
en Al Kafhji 
en un fumadero en Kabul 
en la cubierta de un Pasadena 
en el sótano arrendado 
de un edificio en demolición 
en el coro de la iglesia 
en el Pentágono 
o en el póster de la bandera 
de tu pieza. 

El lugar no es importante. 
Guerra o amor 
siempre el mismo juego 
entre vencidos. 

-Apuesta a tu chica 
total ya estás desnudo- 

Ella bebió un líquido azul 
y se aferró a la puerta 
mientras golpeaban su vientre con un bate. 
No evitó mirar los trozos de carne 
resbalando entre sus piernas, 
no tenían los ojos claros de su padre. 

-Tal vez hubiera sido mejor 
                             que los tuvieran- 

Él recarga la jeringa 
y se quita el pañal 
en un rincón del cuarto. 
Ella lo llama tiritando 
desde el colchón. 

-Oh, mi dios, no siento las piernas. 
¿Apagaste las luces? 
¿qué vamos a hacer? 

-No sé, responde él 
mientras se tumba a su lado, 
ya hay demasiados jefes en el mundo.


© Marcela Rosales

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