3/7/21

Poema de Leandro Calle

 


Federico en Nueva York

 

Y ahí está la maricona

mirando rascacielos  y masticando soledades

soledad de las multitudes

calles repletas

sonidos y sonidos y sonidos

corazón al sol de la decrepitud.

Todos bailan al compás de los billetes

el rey de Harlem

-con una cuchara de palo-

no golpea ya ni a los cocodrilos

ni a los monos

ahora va directo a marcar la música del mundo

bum, bum, bum

suena tu corazón

bum, bum, bum

y el palo de la cuchara

huele a besos policiales

el río se emborracha con aceite de fábrica

y tu corazón

asume el ritmo frenético

de esta ciudad que sin ser tuya

es tuya.

Te falta solamente

traer la luna

y colgarla en el más alto rascacielos

la luna, tu  luna gitana

con polisón de nardos

…el niño, la mira, mira

el niño la está mirando…

De inmediato te das cuenta

que nada puede brillar

sino el dinero

y que tu luna

la luna de tu corazón

cabe solamente en el bolsillo

y la guardás ahí

te parás en medio de la avenida y gritás

con toda tu fuerza:

Oh Capitán, mi capitán

y él viene

barbado y hermoso

con la melena llena de algas y de flores

te abraza y te dice:

esto es América

y vos te das cuenta de que su mano te toca los testículos

y cuando querés darte cuenta

la luna, la luna de tu corazón

que estaba en el bolsillo

fue robada por tu capitán

que corre por la quinta avenida

mientras canta en inglés la marsellesa

…huye luna, luna, luna

si te vieran los gitanos

harían con tu corazón

collares y anillos blancos…

La maricona baila en medio de la calle

y una lágrima verde mancha el río de sombras.

En el callejón

entre tachos de basura y diarios apilados

una anciana lo señala con un dedo

y la maricona imagina

el sabor de la pólvora.

Por la noche

mientras mirás el río

se acerca el capitán

y cuelga la luna

por arriba del Bronx entre poleas de color celeste.

Su barba es transparente

Capitán, le decís, ¿cómo suenan las balas

cuando entran en un cuerpo?

El capitán cierra los ojos

imagina

bum, bum, bum, le dice,

suenan como tu puto corazón.

 

© Leandro Calle

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20/6/20

Leandro Calle recuerda a Elizabeth Azcona Cranwell





Signos Herméticos

I

La partera no pronunció mi nombre
               cuando nací.
Sólo gritó mi sexo
como un color
como una nota.
Luego se dedicó a trizar el abandono
con tijeras enormes
con una piel de ruiseñor
en sus hábiles dedos.

II

Yo no llamé a mi madre
no podía decir
no podía rezar
no podía cantar.
Veía un agua azul
un agua gris
verdosa
cosas que se borraban con su cuerpo
atavíos sin libertad para elegir.

© Elizabeth Azcona Cranwell
(Buenos Aires 1933-2004)



Al entierro del perro va mi padre
y detrás de mi padre mis seis años
y arriba de nosotros va la noche
con su cabello lacio sin estrellas.
La linterna, la pala y el dolor
hurgan perdidos en la noche oscura.
Mi padre cava un pozo mientras lloro
y el perro ya no muere, se está quieto.
El pozo es hondo, la tristeza es honda
y el animal parece que flotara.
La tierra es una boca gigantesca
ávida al fin de su ración de carne.
El perro hecho un ovillo, ya en la manta,
se hinchó de lejanía y de sosiego.
Una hormiga se adentra en el hocico
y comienza su viaje temerario.
El perro entra en la tierra. Con mi padre
entramos a una zona de dolor.
A un costado, la pala tiene sed
la linterna, a tientas, busca el agua
que anidaba por los ojos del perro.
El pozo es húmedo y profundo. Duerme
el perro. Mi padre descansa. Lloro,
mi llanto es sin consuelo porque entiendo
que la muerte me espera al otro lado.
No se puede escapar. Nadie se escapa.
La tierra hace un trabajo de silencio,
come huevos de luz, bebe la sombra.
Llega el momento de tapar al perro
palada tras palada va mi padre
tapando las costillas de la muerte
escupido de dios va construyendo
una memoria de sal. Un ladrido
humano. Muñón de sol tierra adentro.
El perro vive en nuestros corazones
pero entonces, si vive y se despierta
¿cómo podrá salir de entre la tierra?
Mi oreja en el piso busca escuchar
el latido del perro que despierta
pero el perro está muerto y el silencio
lame mi corazón con su cuchillo.
Ya no hay nada que hacer, ha terminado
la labor de mi padre. Muerto el perro
enterrado en el centro de la tierra
resta cerrar los ojos y olvidar.
Volvemos con la pala y la linterna
nos lavamos las manos y la cara.
Un beso en la mejilla y a dormir.
Me duermo. Sueño y en el sueño el perro
me habla de las flores y los frutos.
Luego se pone serio y se pregunta:
¿Qué vas  a darnos tierra, tu silencio?
Yo lo miro correr entre las nubes
él repite preguntas, las responde
luego llega hasta mí y me amonesta:
este país se hunde tierra adentro
en tierra está enterrado, lo velamos
y el olor a podrido nos asusta.
Recoge la linterna, sin tu padre,
alza la pala y cava, cava un pozo
en el medio de la noche y llora.
Busca un hueso de luz. Deja la sombra
no es el momento de enterrar los huesos
ahora es el momento de buscarlos.
Toma la pala y cava. Cava, cava
hay un país adentro de la tierra.

                                                     Cava.

© Leandro Calle

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11/1/13

Poema de Leandro Calle


Antecedentes 

Toda mi vida académica
cabe en este bolso de mano
medianamente grande.
Allí entre papeles y papeles
títulos y cargos
libros y revistas
se encuentra mi CV
compendio detallado
de todo lo que he hecho.
Pero nadie sabe
del beso que me diste,
de esa primera noche
que condujo las tinieblas
hasta las babas del alba.
En ese bolso,
medianamente grande,
está el poema que escribí
pensando en vos.
En ese bolso
la documentación
el pasaporte
las referencias
las certificaciones.
Lo llevo como si llevara
mi propio ataúd
mis huesos
entrechocándose
raspándose la muerte
que todavía no tienen.
En ese bolso
viaja la mitad de mi.
Quise poner allí
algo de tu amor
y de mi amor
y fue imposible.
En ese bolso
solamente cabía
un puñado de papeles
algunas firmas
y un montón de sellos
olvidables.
 

© Leandro Calle

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25/12/12

Poema de Leandro Calle


 En cómodas cuotas 

He comprado una porción de dolor a futuro.
Tu amor se apagará con la muerte.
Me han vendido el deseo
como a todos.

 

© Leandro Manuel Calle

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21/11/12

Poema de Leandro Calle


Busco a dios en tus ojos
no lo encuentro
tampoco está en la tarde de domingo
descielado
bajo lentamente por tus piernas
y la zarza arde todavía 

© Leandro Calle

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10/10/12

Poema de Leandro Calle




Tu espalda es silenciosa
hundo mis dedos en la nieve caliente
y construyo paraísos para el tacto

© Leandro Calle

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12/9/12

Poema de Leandro Calle


Ecuador

................................A Carlos “chino” Vargas

Es ahí donde ellos aparecen. Comienzan a salir por todas partes.
Aparecen en las junturas del lavabo, sobre las chimeneas,
corren enloquecidos por los tejados de la ciudad.
Llueve. Pero en Quito siempre llueve de alguna u otra forma.
Ahora corren por el aire con su aliento pardusco
estos caballos míos que esta vez no son azules.
Atraviesan mis sueños, pululan por el tiempo, se disuelven,
pulverizan la atmósfera. No sé qué hacer con ellos.
A veces los derribo cuando cierro los párpados
Entonces, ya no están, se vuelven silfos de color celeste
pero son caballos del color del maíz.
Tropilla loca, Vargas, enloquecidos saltan por este hotel
que celebra mis huesos de una manera extraña.
-tal vez sea la altura- 2800 metros sobre el nivel del mar.
Tropilla loca, decía, se suben a los ascensores,
desayunan y almuerzan en el bar. Pero las noches no.
Allí prefieren irse por los bodegones a beber aguardiente
aunque en mi tierra prefieran vino tinto,
mucho mejor si se trata de un malbec.
Caballos amarillos y parduscos, Vargas,
Más que salvajes, poseen una refinada compostura
hasta para pedir la llave a los conserjes.
Créame, Vargas, que esta tropilla que me habita
desde el momento justo de haber colgado el tubo del teléfono
son caballos que tienen el color del maíz.
Usted me comprende
siguen a esa yegua reluciente que galopa
esa yegua terca y amarilla que llamamos amistad.

Doce años, Vargas, para llegar a esta ciudad y el tiempo no ha pasado.


© Leandro Calle

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14/8/12

Poema de Leandro Calle



826 ok

Cada vez que poso mi mano en el detector
la pantalla líquida y verdosa
me dice
OK 826
y entonces yo entro tranquilo a mi trabajo.
Cuando me voy acontece el mismo rito
pero esa máquina, ni siquiera imagina
la mudez de tu espalda,
la mudez de tu espalda cuando poso mi mano.
Para ella soy 826
número que he jugado a la quiniela
número que he memorizado
número ofrecido y recibido sin queja alguna.
¿Un ladrillo más en la pared?
¿Una marca más en el ganado?
826
No hay números impares
no hay décimas ni centésimas
y sobre todo no hay ninguna letra
que me corresponda.
Soy 826
mi nombre es apenas la brisa en unos labios,
mi mano en tu espalda
es el único atajo
la perfecta salida
el motín preciso
la libertad de a ratos.


© Leandro Calle

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28/7/12

Poema de Leandro Calle



Todo incluido

Mi número era el 178776
el tuyo terminaba en 74.
El mar cantaba la misma canción de siempre
parecía una advertencia
como si su libertad no pudiese salir
del marcado ritmo de las olas.
Vos y yo, tampoco podíamos salir.
Todo incluido
también, la libertad.

© Leandro Calle

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8/6/12

Poema de Leandro Calle


Germán
es pintor.
Me dijo que
nunca se aburrió
que siempre pinta
que le gusta viajar
que se hace diálisis
3 veces por semana
Me regaló un cuadro
que colgué directamente
de mi lengua
para no quejarme más.

© Leandro Calle

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26/5/12

Poema de Leandro Calle


Después de la fiesta

En el vaso una marca de rouge
vestigio de tu boca en el cristal.
El beso
difícil de lavar.


© Leandro Calle

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10/8/11

Poema de Leandro Calle



¿Adónde vas país
país dolor
país amordolor
país olvido?

Adónde vas
entre aguarales secos de las lágrimas
con tanta tierra esparcida
en las escaleras del alma.
Adónde vas país
adónde.

Adónde vas con el plástico grito
que mortalmente oímos
en la sagrada historia de la sangre
sedienta hidrografía
en los pliegos terrosos de la piel
endurecido grito que es aullido
lobo feroz del hambre
sagrada libertad que es sólo historia
y el oh juremos con gloria matar.

Adónde vas con la sordera enarbolada
adónde vas con grillos y cadenas
en qué mazmorra se entregó tu gloria
al ultraje de los perros nocturnos.
Adónde vas con la igualdad en sangre
y el oxidado tiempo de los tronos
descolorido ascenso a la bajeza.

¿Adónde vas país?
Y los libres del mundo responden:
¿Adónde vas país
adónde
país dolor
país amordolor
país olvido?

© Leandro Calle

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