20/12/23

Poema de Jairo Rojas Rojas

  


Y un tal, hijo de tal, hombre pobre,

adquiere el poder de los signos y los sueños

Saint-John Perse

 

usted   DEBERÍA         bajarse de ese filo

y hablar de lo que ve  

vaca debería ser

         pastar

            volver al hueco solo   sin equipaje

 

mírese, sea serio

 

no se enamore completamente así                 Anacrónico

vaca con blanco y negro debería ser

de las que no tararean canciones raras frente a la mujer

que lo ama         en la noche en la punta de un nuevo día de un nuevo año

defienda lo suyo, debería,

LO—DE—SU—PROPIEDAD

repetir la queja obvia      no sea necio  

 

óigame: Rojas Rojas          

 

esconda esas risas de niños

estírese un poco más    crezca por amor bovino

y ya debería          Escucharme,

hacer caso alguna vez porque la palabra “debería”

sí existe       míreme futuro vaca con blanco y negro

                por al menos una vez,

no se vaya así tan lejos, adentro

 

© Jairo Rojas Rojas

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21/8/23

Poema de Jairo Rojas Rojas

  


11PM

 

Rostro al cenit

como aquel que mira el nacimiento de un astro;

lento/ para que oigas la lluvia

del primer día           del mundo;

que tus manos titilen luz, de nuevo; cierra el ojo

para que el cuerpo sea de agua

que se pliega y repliega —viva—

alza los brazos como las olas

al momento de revelar sus secretos

mueve la muñeca de loca

como la primera constelación que apareció en el agua,

escucha el repique de los tambores más allá del corazón

que ya no sabe si habrá porvenir /

(la idea es unirlo todo)

(con la espiral de tu pecho)

 

Y aúlla

 

para que venga tu familia,

intenta no llorar cuando vacíes tu cabeza.

No ahorres.            Sin miedo.

Baila para que el esqueleto se cubra de oro

porque tu venganza es no dejarlos dormir / tranquilos

a los vencedores

percutiendo la luna llena con tus dedos extasiados;

 

acá no interesa las polaridades   eres lo lejano

 

aquello        ahora bulle en tu sangre

en tu cuerpo boga,

la sangre es otro río que delira

para que se estremezca el corazón de los árboles y las estrellas

y de los muertos, aún más,

del ángel que ya tuvo altar

no esquives los fantasmas, sino baila       en ellos

                                         con ellos

                                         dentro de ellos

que te arrinconen,     lleva tus sombras

a la esquina y

da las gracias por meterte

en la grieta de sus corazones

que cuelgan desde el cielo pidiendo

contacto contacto

y ábrele las manos como flores matutinas

que te añoran

llénalos de letras

esa será tu ofrenda a la orilla de la laguna

y gira gira gira gira gira gira gira gira gira

gira como la constelación que te imita

que es la forma más bella de violentar el desgano

y la manera más divertida de ampliar los círculos

que abren el cielo.

 

Forma un puente con tu cuerpo

 

y después no te olvides de zapatear           en el tierrero

para que el sol oficie uniones perdurables

y de paso a la lluvia en la ciudad del cielo quebrado

zambúllete en el aire lleno de gritos y lamentos

con todo y alpargatas

y besa con el cuerpo que así se dibuja el halo

que te identifica, pero hazlo ya

para que corcoveé la muerte

dibuja tu verdadero nombre en cada movimiento

que tanto solicita el Santo Negro

que ya pide el añejo y la llamada de los espíritus

los mismos

que tanto le gustan cuando meces el mar:

 

así se borra el mundo

y es su más bello homenaje

 

© Jairo Rojas Rojas

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10/7/23

Poema de Jairo Rojas Rojas

 


(…)

a veces me quedaba días enteros escuchando los círculos

que abrían el cielo

no era casual que me golpearan en la frente con un escupitajo

que volvieran a tirar piedras a mi sien

o a mi centro feroz que no escuchaba del todo

mi madre hablaba con Dios para que hiciera algo

persignándose para que el supremo volteara

ante una montaña de huesos

pero Él me miraba como los atardeceres y sonreía

como sonríe el mar cuando lo besas

no pude verle los ojos con tanta luz

no pude hablar

ante el terror solo canté por desesperación

no sabía que eso era la magia

sufría   madre       ella

porque no lograba oír la constelación

debajo de mi nombre    

la música que ella soñó cuando creyó que moría

porque yo caminaba lento en la noche

sojuzgado por lenguas parecidas al fuego desatado

rodeado de monstruos sabios

que amedrentaban contra el habito

sufría                    la rezadora

cuando yo [encerrado] torcía el curso de mi herencia

tan pequeño

bestia comida por la luz de la cúspide

en ese entonces sentí odio y aprendí a escribir sobre el agua

yo escribía y no sabía

escribí mal y caían semillas de mi boca

jamás pude explicarlo

odiaba el hambre y se lo dije a cada gota de lluvia

escribí la primera letra de mi nombre e inicié una guerra

la hoja se llenó de sangre

que luego bebió la gente sola

hice una raya en el río y mi hermano miró su nombre en el cielo

escribí mal mi segunda letra y el cuerpo se diluía

el corazón crecía con cada vocal pronunciada

escribí erre o jota a ese

y me entraron a golpes con huesos recién sacados del camposanto

escribí mal porque escribí con barro, con oscuridad de campo,

con lágrimas del que se muere

me dejé intervenir por las historias que me contaban los árboles

las historias hechas de ritmo

que siempre amé porque no imitaban mi lengua

así empecé a besar a toda la humanidad en la boca

y a escuchar los muertos que llegaban

cantando desde las carreteras del cielo

que están en el otro cielo con otro cielo con otro…

sacudiéndose la tierra de los pies

mi infancia fue un mensaje para este día

los árboles me lo recuerdan cuando llegan a bailar

el viento también

(otra vez)

uno vuelve del indecible oscuro por los abrazos

(otra vez)

aunque siempre te hable de lo mismo

(otra vez)

te lo cuento porque yo no lo recuerdo

no sé hablar

te lo canto por necesidad

otra vez

me fui muy lejos sin despedirme

empecé a caminar por los bosques más viejos de este país

en el oriente

llamado por diamantes, polvo de oro solar

que luego dejé en chozas cayéndose

un vacío que me llamaba

luego huiría porque sabía que nada de eso me faltaría

al toque del alba

en un largo camino de tierra me recibieron

con un reguero de niños muertos de hambre

de sus vientres abultados salían pequeños cactus

donde dejé parte de mi sangre

los pequeños cadáveres se fueron confundiendo con la tierra

era el reino del oro que pocos podían beber sin odio

el sol iracundo hacía nido en el cielo de zinc herrumbrado

con hambre ahí nadie podía leer me dijeron los ancianos moribundos

entonces me adentré solo buscando mi lengua

detrás de mí venían serpientes embobadas

por mi sudor esparcido en el lodazal

jamás pensé que ese camino me llevaría a ti

ya te conté que una boata serpiente durmió en mi pecho

pero la dejé en su nido

le canté algo mientras se enroscaba a mi cuello

mientras me desmayaba en el boquete del árbol más grande

caminé muy lejos buscándome

me volví lector por ello

volví a escribir sobre el agua

 

© Jairo Rojas Rojas

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