7/8/24

Homenaje a GUSTAVO SILVA en su fallecimiento

 Me entero del fallecimiento de Gustavo, querido poeta, luminoso y amoroso ser humano y es una tristeza. Nos acompañó en Mispoetas desde el 2014, siempre amable, siempre atento y respetuoso. Un luchador. 

Un abrazo enorme a sus familiares y amiges, Gus.




DIVINURAS

 

Dios no tiene ojos

y si un día los tuvo

andaba tan distraído

tan obnubilado

demasiado perplejo

o simplemente

miraba hacia otro lado

 

que no alcanzó

a guardarse en la retina

el espectáculo

de un dulce diablo

moviendo los hilos

en un celestial retablo

 

donde un títere

copula frenéticamente

con otra marioneta

forcejeando y engendrando

un hombrecito cándido

y devoto

con cada temor en su lugar

y potencialmente beato

 

un hombrecito completo

hecho y derecho

con todos los ingredientes

con todos sus huesitos

y su persistente latido de trapo. 

 

© Gustavo Silva

 

LA MUCHACHA DE LA PALOMITA PLATEADA

 

Quisiera declararle mi amor

a la muchacha

que viaja por esta cercanía

siempre suya

y de todos los vientos

delineando a crayón la fugaz ruta

del aliento y del desconcierto

 

la muchacha de la palomita plateada

en el alma

y una musiquita entrecortada como la mia

la de la tuba incendiaria o el fagot abstracto

esa muchacha con una traza azulada

de infinito en la piel

desnudando un aleluya triste en la lluvia

 

y a la luz de semejantes fenómenos

es que nunca supe bien

de fugas semifusas y corcheas

de colores y lejanías atonales

de muchachas que desarticulan

el círculo cromático del mundo

y la partitura hipnótica de lo cierto

 

y hacen volar palomitas de plata

al son de inusitados colores trasnochados

cuando el sol se fulgura

en chispazos de besos

al declararle mi amor

a la muchacha de la palomita plateada

aun a riesgo que su alma

alzara vuelo

y a este corazón en flor

se le entrecrucen los pétalos en espinas

o se le ocurra morirse crujiendo

vertiginosamente despacito

en sombras

una y otra vez ante lo incierto

y tiritando al ardor del silencio.

 

© Gustavo Silva


POEMA AÉREO

 

Habrá de doler

más de la cuenta este cielo

parido tan huérfano de horizonte

amarrado al sonido

con el que caen

las palabras derrotadas

y nunca

y nunca más exacto

al decir un sin sentido

 

solo un cielo

a veces clavado en cruces

varado en una estrella rota

disimulado entre constelaciones

que sin vos no entiendo

 

desmembrado de celestes

en hondas líneas de fiebre

un espantado firmamento

seducido y suicidado en tu ventana

 

demasiado frío

aunque granice fuego

tan temeroso

de que se avecinen fieros vientos

tan incrédulo este cielo

de que a esta espalda

una noche de tantas

le supuren alas.

 

© Gustavo Silva

 

Anubesado

 

Aquí está mi nombre

tiritando en su pellejo

tiznado de medianoche

con el último humo

de los tres últimos fósforos

tres maderitas chamuscadas

que no alcanzan

para arrimarle un pie de luz

al próximo día

 

Aquí está mi nombre

anubesado

o nublado qué más da...

no existe palabra tal

en ningún diccionario,

que ley de puro antojo

o caprichosa regla admite que haya

o que tenga que existir

sin decoro

ni principios

obligatoriamente,

la palabra triste

y que me calce tan a medida.

 

© Gustavo Silva

 

EL ECO ROTO DE RUFINA CAMBACÉRES

 

La brisa que llega del parque,

esa de aliento a azucenas

aquella como a talismán de enamorados

despliega sus manos

y como por arte de magia

con aquellas flores anónimas y secas

arma un molinete en ramillete

y se lo regala a Rufina

 

Ascenderá como sueño peregrino

hasta su corazón rasgado en alba,

esperemos que más allá

alguien la lleve de paseo

a trote lento por calles espejadas

por primaveras sin nombre ni apellido

cuando a esta hora y en esta muerte

hombres de paso apurado

devorados por otra niebla

se olvidan de rezarle

aunque sea en voz muy baja un lucero

para que juegue a las escondidas

y todo sea luz de encuentro en su cabello

 

Alguien vió a una muchacha dormida

a las orillas de un viernes jugar a ser navío

trasponer puertas y puertos

es que ella siempre imagina un mar

en las vetas del mármol

donde persiste todavía ese aún a beso

con frágil sentido de lo eterno

 

La ciudad grita entre sueños rojos

a puertas cerradas

su miedo y su olvido

hasta que un relámpago con arañazos de nácar

le arranca en un desfigurado dos por cuatro

el ala a un ángel,

Rufina percibe el resplandor del alarido

el eco en vano de su mano

tanteando desenmascarar un cielo

 

y despierta. 

 

© Gustavo Silva

 

Gustavo Silva nació en Buenos Aires el 20 de agosto de 1960. Es ilustrador y diseñador gráfico. Durante el período 1977-1984 participó como co-ditor de la publicaciones Cordón Umbilical, Merlina y Antimitomanía. Dibujó en diversas revistas alternativas de aquellos años. 

Cómo poeta publicó: Papelespacio (1978), Reflejos nocturnos (1981), El riesgo al infarto de miocardio debido a la prolongada contemplación de la lluvia (1995) y las plaquetas: Uh! (1996), Little red rooster blues (1996), Un viejo, muy viejo colgado de una guirnalda (1997), Un agrio perfume a sirenas (1997), Crónicas del último cielo (1997), Pequeña antología de las peores serenatas (1999), Aquella mañana en que fusilaron a Mata Hari (2001), De arañas, mariposas, gusanos, mujeres & otras alimañas (2004). Participó en la antología Poesia y Poetizar (2010). En 2012 publica el libro de poemas Milonga Triste o Blues de la isla Maciel (79 poemas y un esperpento) para ediciones del Último Sábado, colección poética dirigida por Daniel Serra.


Biografía extraída del blog (no actualizada)


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17/1/17

Poema de Gustavo Silva




DIVINURAS

Dios no tiene ojos
y si un día los tuvo
andaba tan distraído
tan obnubilado
demasiado perplejo
o simplemente
miraba hacia otro lado

que no alcanzó
a guardarse en la retina
el espectáculo
de un dulce diablo
moviendo los hilos
en un celestial retablo

donde un títere
copula frenéticamente
con otra marioneta
forcejeando y engendrando
un hombrecito cándido
y devoto
con cada temor en su lugar
y potencialmente beato

un hombrecito completo
hecho y derecho
con todos los ingredientes
con todos sus huesitos
y su persistente latido de trapo.


© Gustavo Silva

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9/12/16

Poema de Gustavo Silva


LA MUCHACHA DE LA PALOMITA PLATEADA

Quiesiera declararle mi amor
a la muchacha
que viaja por esta cercanía
siempre suya
y de todos los vientos
delineando a crayón la fugaz ruta
del aliento y del desconcierto

la muchacha de la palomita plateada
en el alma
y una musiquita entrecortada como la mia
la de la tuba incendiaria o el fagot abstracto
esa muchacha con una traza azulada
de infinito en la piel
desnudando un aleluya triste en la lluvia

y a la luz de semejantes fenómenos
es que nunca supe bien
de fugas semifusas y corcheas
de colores y lejanías atonales
de muchachas que desarticulan
el círculo cromático del mundo
y la partitura hipnótica de lo cierto

y hacen volar palomitas de plata
al son de inusitados colores trasnochados
cuando el sol se fulgura
en chispazos de besos
al declararle mi amor
a la muchacha de la palomita plateada
aun a riesgo que su alma
alzara vuelo
y a este corazón en flor
se le entrecrucen los pétalos en espinas
o se le ocurra morirse crujiendo
vertiginosamente despacito
en sombras
una y otra vez ante lo incierto
y tiritando al ardor del silencio.


© Gustavo Silva

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8/11/16

Poema de Gustavo Silva


POEMA AÉREO

Habrá de doler
más de la cuenta este cielo
parido tan huérfano de horizonte
amarrado al sonido
con el que caen
las palabras derrotadas
y nunca
y nunca más exacto
al decir un sin sentido

solo un cielo
a veces clavado en cruces
varado en una estrella rota
disimulado entre constelaciones
que sin vos no entiendo

desmembrado de celestes
en hondas líneas de fiebre
un espantado firmamento
seducido y suicidado en tu ventana

demasiado frío
aunque granice fuego
tan temeroso
de que se avecinen fieros vientos
tan incrédulo este cielo
de que a esta espalda
una noche de tantas
le supuren alas.


© Gustavo Silva

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4/9/16

Poema de Gustavo Silva



DESAMAR

una mujer se rompe
al llegar ilesa
de amarillo
y de viento
contra el paredón
donde empiezan los sueños

queda alguna esquirla aturdida
de su perfume
un destrozo en el aire a su voz
una esquina desencontrada
y a mañana en luz postergada

una mujer se arma
de tristezas colaterales
de veredas sin verbo
y de caricias reincidentes

y siempre sonríe
al desamordazarse
en eso de llegar
y desarmarse
al desnudarse

una y otra vez
vuelta a desarmar
y a desamar
en esa peripecia
con insistencia de humo
en esa apariencia
de mujer que nace
y se deshace
suicidada en el abrazo.


© Gustavo Silva

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10/8/16

Poema de Gustavo Silva


AMPLIO SURTIDO EN LUNAS

Por aquí han marchado
todas las lunas
lunas en naciente
lunas en muriente
todas tan llenas
a punto de reventar el aire;
la luna del ahorcado
la luna en bruma del loco
la luna para jugar al estallido
la luna a lengua rota
para jugar a no decírtelo nunca

Por aquí han desfilado
todas las noches y todos los días
lunas de agonía para la risa
lunas a días enteros
y tan de niebla
todas a punto de ser atrapadas
por un eclipse de sábanas

la luna
mojada en saliva
la luna
endemoniada de rezos
la luna
beso secreto de los encuentros
la luna redonda
en un beso para sobrevivirle al mundo
la luna
enajenada por un cielo
la luna
a la que se le desmigajan los labios
y aún así a tientas
busca
entre todas las miserias
de la medianoche
volver a nacer en tu boca.


© Gustavo Silva

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3/7/16

Poema de Gustavo Silva


LUGAR

Buenos Aires es una ciudad postiza,
clavada sobre una pared castigada
falsificada sobre el desmayo de un mundo,
y no tiene ni la más remota noción de que existo

sin embargo,
a veces la noto compungida
cuando se le desfigura el otoño
triste a más no poder;
cuando no tiene ni a este pedacito de mí
para contarle
que falleció un buzón jubilado
o que resucitó el antifaz del carnaval perdido;
asunto que me hace reconsiderar la loca idea
de que
sin mi sombra en su olvido,
esta ciudad sería sólo una espectral postal:
una prolija salpicadura de luces descabezadas
una sonrisa carbonizada en la comisura del cielo

y cómo será de porfiada
que viene con una tontería en papel de regalo
para compensarme de todo lo que me pierdo

pasa lista por mis detalles:
mis huesos pintados de alarido
mi colección de desaciertos repetidos
mis cordones desatados de distraído
los puentes que no he cruzado
esa luz de gorrión partida en vidrio
y hasta de la puñalada que se hace madrugada
sobre el pecho así nomás y por instinto

y como será de estrafalaria,
de loca linda en su conjuro
con guiños de neón y besos de engrudo;
promete y jura desde el arrabal del insomnio,
que a la vuelta de la noche
del lado del revés y del asombro
cruzando la calle
y doblando en esa esquina
ni bien tararee su nombre en tu nombre
me acompañará calle por calle
sin contar las avenidas
las plazoletas y los gatos negros

me besará la espalda toda su garúa
me besará de festejo y a contramano
hasta aquí nomás,
hasta el umbral de una palabra
y su inmediato infinito

hasta aquí nomás
cerquita
hasta el último patio de su cielo
hasta la emboscada de un recuerdo
y dos o tres baldosas
más allá.

© Gustavo Silva

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9/12/15

Poema de Gustavo Silva


Lina Cavalieri canta desde un billete
de cinco dólares

Otoño; septiembre 26, de 1931
Salvatore Chialdotti,
ácrata y tipógrafo de profesión
experto falsificador de cuanto papel moneda
exista y pueda llegar a existir,
conocedor de cada retorcido arabesco
e hipnótico vericueto gráfico,
diestro en orlas, volutas y filigranas,
siniestro causante de la estrepitosa caída
de los principales mercados europeos;
maximalista y máximo responsable
del crac financiero y crisis del año veintinueve

Salvatore Chialdotti,
el terror de la Reserva Federal
hoy preso, incomunicado y pudriéndose en vida
y a la sombra en el presidio estatal de New Hampshire
por adulterar en billetes de a cinco
novecientos noventa y nueve millones de dólares

Marche una ración de silla eléctrica para uno,
y dos mil cuatrocientos cincuenta voltios
en tan sólo quince mezquinos segundos
y al mejor estilo del foxtrot o del charleston
para Salvatore que prefirió la tinta,
el papel y la minerva al devastador instinto de la bomba

Marche una morgue fría y un bisturí express
sobre el pecho de un hombre que fue descubierto
por esa utópica torpeza de trastocar
el ceño fruncido de Abraham Lincoln
por el encanto inconfundible e imperecedero
del azul verdoso en la mirada de Lina Cavalieri,
soprano que hacía las delicias del cielo y del infierno

Salvatore Chialdotti,
el anarquista que adulteró la ridícula barba
del presidente Abraham Lincoln
por la desnudez alucinada de un cisne en fuga
como el cuello de Lina Cavalieri
en el frente de los billetes de cinco dólares

Salvatore,
el que mancilló la frase “In God We Trust”
por el irreproducible y antiamericano
“Ni Amo, Ni Dios, Ni Patria”
en el dorso de los billetes de cinco dólares y cero centavos

Y hoy, los encantos de la soprano
empapelan los cuatro costados
y el cielo hermoso y raso de su celda
y Lina Cavalieri canta,
canta sobre el plateado espectro del último instante
canta sobre el rojo otoño de hojas moradas
canta sobre el ajado pasado de cada rostro
canta un aria de ópera y sin coro
un aria vindicadora y sin responso
canta la más evocadora de todas las fiebres

Canta, y le inculca alas de mariposa
a la tozuda epopeya de una polilla,
canta y le escarba un amanecer de luz
a la llama mortecina del desespero
canta desde un empapelado de billetes falsos
canta Lina Cavalieri,
canta la autenticidad de aquellos sueños
que nada compran,
nada venden;
les sobra valor
y no tienen precio.


© Gustavo Silva

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21/9/15

Poema de Gustavo Silva


Ceniza

Uno frente al otro
ante el abismo de sus pupilas
se miran,
arrodillados recogen los restos
las cenizas de un beso carbonizado
de común acuerdo
resuelven echarlas al viento
al ocaso
la ceniza resiste en partir
se acurruca como un perro
se agazapa gira en círculo
muestra los dientes
sus mañas
afuera otros perros gruñen
ladran, se sacan las pulgas
otros besos se incineran
otros abismos parten por la mitad
la comunión de dos pares de ojos
que se buscan a tientas
entre la ceniza blanca
ya fría
en pos de un vértigo ciego.


© Gustavo Silva

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6/8/15

Poema de Gustavo Silva



Cristalitos

En una época yo tenía lágrimas
como puertos
me las olvidaba o se iban para siempre
o volvían hacia nunca
en barcos sin patria ni bandera

Hoy tengo estas dos tan solas
tibios arañazos de madrugada
como cristalitos que se caen,
golpean en el suelo
y sin demasiadas descripciones
te rompen el alma.


© Gustavo Silva

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24/7/15

Poema de Gustavo Silva


Poema de febrero

Qué no daría por devorarme el viento,
sentirlo crujir crocante de truenos
de hojas atormentadas
de horizonte rojo y abierto;
de nubes que maniataron
cada uno de estos días
de lejanías repartidas entre estos,
aquellos y tantos olvidos

qué no daría yo
por preñarte la risa de pájaros
que vayan haciendo justicia
en voraces aleteos
devaneos del mar en celo
contra estos muros de silencio
alzando esta bandera
aunque ya no exista el cielo;
y qué no daría yo
para que el poema se despliegue
remonte a voz en cuello
abandone la horca de la lógica
haga nido, febrero y barricada
desde tus hombros
hasta la punta de la estrella
que la madrugada es invencible,
sin ir más lejos...
la gota de rocío canta su himno de fuego.


© Gustavo Silva

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13/5/15

Poema de Gustavo Silva


El borde de mi ser

Aquella mujer era una colección de sinónimos errantes
daba voz a su luz y el día hablaba
se hacía entender mediante el dialecto de las gotas
para decir te amo, eran de lluvia
de llovizna para contar un sueño
y las del rocío francamente no me acuerdo

Tenía también aquella mujer una bitácora de etcéteras
donde anotaba todos los fuegos, los de San Juan,
los del crepúsculo rabioso y los de mi corazón,
pero por fortuna nunca existieron
los sin embargo ni las aclaraciones al margen;
siempre había un ruiseñor dibujado a crayón e intemperie
a membrillo y a canción que transmutaba en cielo
en luna o en romanza nueva
y ahí siempre estaba ella en esa cuestión de abrir los ojos
con esa música de organito querendón
que le brotaba en cada despertar
y el sol se orientaba en la inmediatez de su perfil
y todo un submundo de esperanzas
liberaba una fauna funambulesca;
hipocampos al tribal ritmo de su estrella;
si hasta las palabras abandonaban su insomnio
y se iban a dormir para soñarla
con sus labios en verso y sonámbulos
rimando ilógicos al compás del beso
y ahí siempre estaba ella
con esa aureola en sus pasos
como las de un niño perdido
dos risas hacia el oeste,
un jazmín arrancado a la tarde
medio caramelo hacia la izquierda
y un sexto sentido
justo, justito hacia el borde de mi ser
para descubrirla en bienvenida.



© Gustavo Silva

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22/4/15

Poema de Gustavo Silva


Dos papelitos

Algunas veces a Rita
se le daba por escribir poemas
algunas veces entre vetas de lluvia
y tantas otras en no sé qué silencio

Pero había uno,
de lo más parecido al viento:
un par de papelitos sin recuerdos
azotados por algo muy parecido al viento
y dándose besos se navegaban
enajenados entre luces y cables

Se naufragaban el uno en el otro
entre convulsiones o distancias varias
cuando la tarde se venía cayendo
desde anoche sobre el empedrado

Cuando la ciudad se traía de regalo
goteras en la mirada
cuando un nene con un silbidito
llamaba a la alegría
a que viniese a lamerle la sombra

Cuando un nene con un silbidito
llamaba a la alegría y nadie venía

Un silbido lleno de agujeros
por donde se confundía el viento
o algo de lo más parecido
a dos papelitos blancos
con sus ojitos de ciego.


© Gustavo Silva

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4/3/15

Poema de Gustavo Silva



Pretextos para inventar a Liliana

Liliana tiene las seis de la tarde
en su bufanda roja
un agujero en la media
y la boca pintada
de un rojo mareo aéreo
como la negra sangre
parecida casi idéntica
pero no tan oscura
como la madrugada de hoy

Liliana tiene los ilíacos marcados
y una desnudez que no será
nunca mía
y mil centellas
y un rayo en dentellada
bajo su almohada
con el que me arrancaría los ojos
si supiera
que desde la otra mueca de la ciudad
un olvido se volvió mirada
una alegría miseria
y lo demás no importa mucho

Siempre queda el humo
de un cigarrillo que la dibuja yéndose,
siempre hay un atajo
para perderme en su nombre
siempre hay una mujer
o el pretexto de una Liliana
para irme antes de las siete de la tarde
morado y frío
como quien cuelga un presente
ausente y sin recuerdos
a tal extremo y del extremo
de una bufanda roja.


© Gustavo Silva

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18/11/14

Poema de Gustavo Silva


EL ECO ROTO DE RUFINA CAMBACÉRES

La brisa que llega del parque,
esa de aliento a azucenas
aquella como a talismán de enamorados
despliega sus manos
y como por arte de magia
con aquellas flores anónimas y secas
arma un molinete en ramillete
y se lo regala a Rufina

Ascenderá como sueño peregrino
hasta su corazón rasgado en alba,
esperemos que más allá
alguien la lleve de paseo
a trote lento por calles espejadas
por primaveras sin nombre ni apellido
cuando a esta hora y en esta muerte
hombres de paso apurado
devorados por otra niebla
se olvidan de rezarle
aunque sea en voz muy baja un lucero
para que juegue a las escondidas
y todo sea luz de encuentro en su cabello

Alguien vió a una muchacha dormida
a las orillas de un viernes jugar a ser navío
trasponer puertas y puertos
es que ella siempre imagina un mar
en las vetas del mármol
donde persiste todavía ese aún a beso
con frágil sentido de lo eterno

La ciudad grita entre sueños rojos
a puertas cerradas
su miedo y su olvido
hasta que un relámpago con arañazos de nácar
le arranca en un desfigurado dos por cuatro
el ala a un ángel,
Rufina percibe el resplandor del alarido
el eco en vano de su mano
tanteando desenmascarar un cielo

y despierta.


© Gustavo Silva

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