16/9/26

Poema de Blanca Correa

  


Gitana


La gitana

grita triste

su dolor agudo.

Las líneas de la mano

no obedecen.

Su vida desvió la ruta.

 

La gitana

llora

y no hay pañuelos

para sus monedas

ya no lee líneas

no hay líneas,

no las ve.

 

Su vestido viaja por el río,

lunares de colores

agazapados

en los pliegues de su cuerpo.

 

Gitana hermosa,

tu vida es travesía

hacia rumbos etéreos.

Otro mundo leerá tu suerte.

 

Danzan al fin

las trenzas de la gitana.

Ella, mece líneas de manos ajenas.

 

© Blanca Correa

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15/7/26

Poema de Blanca Correa

 


Morfeo eligió a su preferida

y ella partió hacia su morada

secundada por duendes y hechiceras.

 

Ese domingo veinte

seis menos cuarto de la tarde

su extraviado cuerpo vistió hilos dorados.

 

Un trueno desnudó su voz.

Su nombre se expandió en porciones de silencio.

 

© Blanca Correa

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9/3/26

Poema de Blanca Correa

  


Palabras 

en tiempo de soles errabundos.

Alarido vertiginoso de una hembra

despereza el cielo

y cae la última respiración animal.

Cae

la piedra blanda

desde la espalda desnuda

de este otoño agónico.

 

La furia de los mares infértiles

despierta a los dioses

y un olor fétido,

habitante,

expulsa tu vida virginal.

 

© Blanca Correa

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10/11/25

Poema de Blanca Correa

 


El ropero


Chilla la madera y da un mordisco.

Dice que ya no va más

este juego de abrir y cerrar la puerta.

Que el reloj del abuelo

ya no está 

y que la puerta cae

y nadie se hace cargo.

 

Dice que el peso del espejo la venció

que ahí quedaron los rastros.

Quedó incrustada la historia.

Ahí

A veces aparecen,

desaparecen,

los rostros conocidos y desconocidos  

descoloridos.

Imágenes que deambulan

sin margen.

 

Siente que la llave ya no encaja

que está vencida, dolida.

Y que la puerta otra vez

no abre.

 

© Blanca Correa

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17/9/25

Poema de Blanca Correa

 


Desde el umbral


Desde los ríos sonámbulos

escucho al infierno agónico jadear

como un gran eco

y me aturdo.

 

Un cielo vacío de estrellas

lo envuelve

y yo sigo al filo de este silencio

 amoratado.

 

Suspendida,

sin instante en qué aferrarme

busco una luna inconsciente

en este descampado.

 

El infierno grita su última hora

en la penúltima gota de rocío.

Y sigue ronco

y atropella sílabas

en su garganta lastimada

y yo escucho su desvarío.

 

En silencio me acurruco

en este umbral y espero una señal.

Es tiempo de caricias este domingo de junio.

Federico me presta sus lunas

y me acompañan

hasta los márgenes de mis nuevos días .

 

© Blanca Correa

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