2/12/25

Poema de Raimundo Rosales

 


Pájaros

                                    A mi madre

 

Ella junta pájaros como recuerdos

como sombras transparentes

los tiene siempre entre sus dedos de arena

los acaricia o los lame

y cuando se escucha esa música invisible

que sale de su vientre

ella toma los pájaros de a uno

y los pasea bajo la lluvia con orgullo.

 

A veces, es bueno decirlo, suele agarrar un pájaro

al azar y le clava unas tijeras bajo el cuello

y si bien esto tiene algo de aterrador o de furtivo

su rostro pareciera guardar la paz

de quien conoce exactamente el destino de los pájaros.

 

Ella junta pájaros como recuerdos

les pide que la acompañen de noche

que la cuiden cuando arrecian los lobos a lo lejos

les ruega que no se olviden de quien fue.

 

Ella mira levemente hacia el silencio.

Algunos lo llaman Alzheimer

pero para mí son pájaros.

 

© Raimundo Rosales

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1/8/25

Poema de Raimundo Rosales

 


Todos quieren

 

Estamos en una curiosa fiesta.

Todos parecen conocerse

todos repiten ceremonias y liturgias

con seca disciplina.

 

Sin embargo nadie parece estar a gusto

y todos quieren volverse a sus casas.

En el fondo se parece al teatro de la vida

si es que esta burda analogía todavía sirve

para explicar algo.

Al fin y al cabo del primero al último

conocen su papel y lo cumplen.

 

Aunque todos quieren volverse a sus casas.

Todos quieren volverse a sus casas.

Todos quieren volverse a sus casas.

 

Pero nadie empieza a despedirse.

 

© Raimundo Rosales

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30/11/24

Poema de Raimundo Rosales

 


Hilos de agua

 

Hubo un tiempo de hilos de agua.

 

Jugábamos a juntar los cabos

a estirarlos y llevarlos de una mano a una oreja

de un domingo a una calle cortada

o de un tren hasta una bandada de aguaciles.

 

Tomábamos los hilos a la manera de los peces

y corríamos por los cauces como niños

como la sombra del viento cuando resbala

en la cera de sus alas

o en las notas del primer rocío.

 

Apenas agua, hilos de agua.

 

¿Se secaron después del último diluvio?

¿Se evaporaron junto con los años perdidos?

 

Que alguien me diga dónde están

los hilos de esa trama inacabada

capaces de coser esta pena que me desgarra

como una gota de sangre sobre una mariposa.

 

© Raimundo Rosales

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7/8/24

Poema de Raimundo Rosales

 


Amo a esa mujer

 

Amo a esa mujer chiquita y gigante

y a sus brazos cuando envuelven

mi cuello y mis tormentas.

 

La amo cuando llega

como un barco en silencio

y se atasca en mi playa y no vuelve.

O vuelve, y me arrastra mar adentro,

y naufraga conmigo

y jugamos a ahogarnos

como si fuéramos algas,

o astronautas o nubes.

 

Amo a esa mujer cuando sopla en mi mano

y me crecen historias que creía perdidas.

 

Amo su milagro de besos y de panes,

el olor de su pelo

         su distancia,

             sus ofrendas,

su valor en la guerra

y sus banderas blancas.

 

La amo imperfecta, permeable, perdible.

Amo mi costilla en su vientre,

su panal de inconciencia

y su tregua entre dientes.

De tantas maneras que conozco de amarla

elijo todas y en especial cualquiera.

 

La amo cuando ríe, cuando baila,

cuando enciende los postigos

y arremeten sus alas.

Cuando evita perderse

en cualquier melancolía.

Cuando es frágil o blanda,

 

Y la amo también, cuando todo pasa

y se sienta a mi lado

con un mate, una estrella y un gato

y parece una reina en un trono de mimbre.

Y abarca los rincones

más abandonados

y me dice te quiero,

sin decirme nada.

 

© Raimundo Rosales

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3/7/24

Poema de Raimundo Rosales

 

Disección

 

Cuando abro de un tajo mi cuerpo

con furiosa sed de bucanero

suelo encontrar tesoros y celadas

esperando el momento preciso

de saltar hacia afuera para darse a la fuga.

 

Así, una vez expuestas las vísceras

y los circuitos nerviosos,

una vez apartados los órganos y todo el cablerío,

puedo extraer los más fantásticos arcones

abollados por el tiempo y la desidia.

 

Por ejemplo, una ventana ciega pero siempre abierta

por donde solía escaparme en los veranos;

una estrella de cartón señalando

el centro de alguna improbable

ceremonia pagana y guitarrera;

 

dos vagones de un tren que siempre

está partiendo hacia algún sitio

y una piedra en las vías demorando el viaje;

 

la palabra nunca, agrietada por la culpa;

el recuerdo de aquello que todavía no ocurrió

pero que alguien planea minuciosamente cada noche;

los tres naipes marcados de una indefectible decisión final.

 

Otras veces, las menos,

cuando el tajo con que abro mi piel y mis cerrojos

deja a la vista el milagro de mi estirpe,

suelo sacar de mis adentros a mí mismo

con un gesto de fina sorpresa,

con un grito rojo de innominable pena,

con las manos llenas de sangre

y la boca abierta como una ballena herida.

 

Entonces, simplemente me miro a los ojos

y lloro con una desabrigada congoja

buscando el paraíso que no habré de encontrar,

que perdí para siempre o que no tuve nunca.

 

© Raimundo Rosales



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12/6/24

Poema de Raimundo Rosales

 


Manos

 

Usaba las manos como nubes,

como silbidos en las puertas de las fábricas,

como trenes con soldados de regreso a casa.

 

Agarraba los amores como se agarra la lluvia

o los secretos de los viejos chamanes del invierno,

como se agarra el corazón de la ciudad que amamos y que odiamos

y que servimos en la cena, junto con las derrotas y los tangos.

 

Caminaba con las manos como caminan las mujeres y los hombres

que tienen algo para caminar.

besaba como besan los cínicos y los enamorados, con las manos.

Soñaba y puteaba con el puño abierto,

con los surcos como ríos, feroces y bellos.

 

Andaba por la vida con las manos por delante,

con sonrisa de manos, como un poeta de manos.

Dibujando palabras en el viento. Maneando entre las cosas.

 

© Raimundo Rosales

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