2/11/20

Poema de Paura Rodríguez Leytón

  


Privilegio

de admirar

las estrellas

y deshojarlas

como dalias secas

en un baile difuso.

 

Intuyo

el desgarro

de la luz agonizante

cuyo grito aún se reparte

más allá de las aguas

que aquel loco navegante nunca temió.

 

La oscuridad se muestra larga,

su voz es un ladrido.

Un vicio por lo oculto

cubre los desvelos del día.

© Paura Rodríguez Leytón

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11/9/20

Poema de Paura Rodríguez Leytón





Tiempo dado que ejerce la frescura de un cuenco
/de agua.
Agua que se vacía sobre las manos:
tarea inacabada,
distante reflejo del pasado
en el que no fuimos
ni héroes ni testigos.

Un hueco
horadado
de tanto gotear
al cielo
se hunde
como velo gris
de humo.

El alma ciega
sabe cómo
abrir un candado,
palpa
el borde
de la vida,
teje los caminos a punta de huellas.

© Paura Rodríguez Leytón

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29/8/20

Poema de Paura Rodríguez Leytón




Nombres
atados
en extraños nudos,
hijos de cuerda floja.
Y cae
el Verano
saturado
de abalorios.

Del antiguo mar
llega el impulso
de abrazar
una suave prenda en el recuerdo,
una calidez en peligro de extinción.

Y secretamente ruegas,
reclamas lo divino.
De un antiguo mar
nos queda la sal
que viene
a escribir
los nombres.

© Paura Rodríguez Leytón

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25/7/20

Poema de Paura Rodríguez Leytón





Pequeñas mudanzas 

¿Será la desmemoria perpetua
la que nos lleva de la mano,
tanteando los abismos?

Morar este pequeño espacio
es ser un amasijo de almas.

Cavar y cubrir
el hueco
con la misma sed
nos hace brillar con aura de animal herido.
Las breves
muertes
de cada día
marcan
la distancia
entre nosostros
y nosostros.

¿Cómo cavar mudamente la atmósfera?
¿Cómo desandar estas pequeñas mudanzas?

Esta cueva
insondable
será la amnesia,
el engaño
de habitar recuerdos
de remoto origen.
© Paura Rodríguez Leytón

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20/6/20

Paura Rodríguez Leytón recuerda a Juan Rodríguez-Meras




Epílogo a un sueño soñado en vigilia

De donde yo vengo
no traigo
sino
cantares
cantares
con sabor a yerba mate
y olor de agua turbia

Canto
canto en el interior
azul
del instante
que cae
una hoja recién
desprendida del otoño

Una bandada de aves
eternamente en fuga
es el lugar
de donde vengo a encontrarme
conmigo mismo

 © Juan Rodríguez-Meras



Destejer
equivoca
el curso
del tiempo,
enturbia
el agua.
Un nombre pretérito
moldea el contorno de tu rostro.
La epidermis de los días
no se resquebraja fácilmente.

Al final,
transaremos con lo desconocido
como ilusos viajeros
piaremos
si es que el hambre no deja un hueco en la memoria.
Nuestra frente será dichosa.

¡Ya
trina
el cielo!

© Paura Rodríguez Leytón

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21/7/19

Poema de Paura Rodríguez Leytón



Privilegio de admirar las estrellas 
y deshojarlas como dalias secas 
en un baile difuso. 

Intuyo el desgarro de la luz agonizante 
cuyo grito aún se reparte más allá de las aguas 
que aquel loco navegante nunca temió. 

La oscuridad se muestra larga, 
su voz es un ladrido. 

Un vicio por lo oculto 
cubre 
          los desvelos del día.


© Paura Rodríguez Leytón

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7/5/19

Poema de Paura Rodríguez Leytón



Tiempo dado que ejerce la frescura de un cuenco de agua.
Agua que se vacía sobre las manos:
tarea inacabada,
distante reflejo del pasado
en el que no fuimos ni héroes ni testigos.

Un hueco horadado de tanto gotear al cielo
se hunde como velo gris de humo.

El alma ciega
sabe cómo abrir un candado
palpa el borde de la vida,
teje los caminos a punta de huellas.

© Paura Rodríguez Leytón

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17/4/19

Poema de Paura Rodríguez Leytón





Nombres atados en extraños nudos,
hijos de cuerda floja.
Y cae el verano
saturado de abalorios.

Del antiguo mar llega el impulso
de abrazar una suave prenda en el recuerdo,
una calidez en peligro de extinción.

Y secretamente ruegas, reclamas lo divino.
De un antiguo mar
nos queda la sal
que viene a escribir los nombres.


© Paura Rodríguez Leytón

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20/3/19

Poema de Paura Rodríguez Leytón





Pequeñas mudanzas

¿Será la desmemoria perpetua
la que nos lleva de la mano,
tanteando los abismos?

Morar este pequeño espacio
es ser un amasijo de almas.

Cavar y cubrir el hueco con la misma sed
nos hace brillar con aura de animal herido.
Las breves muertes de cada día
marcan la distancia entre nosotros y nosotros.

¿Cómo cavar mudamente la atmósfera?
¿Cómo desandar estas pequeñas mudanzas?

Esta cueva insondable será la amnesia,
el engaño de habitar recuerdos
de remoto origen.


© Paura Rodríguez Leytón

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27/1/19

Poema de Paura Rodríguez Leytón




Pez de piedra tres

Este es un intento
de caer al fondo de la soledad más pura:
el de no hablar.

La forma de los atardeceres me hiere,
me alegra su color tardío
cercano al vientre,
cercano a cada latido que comienza a encenderse
por las calles
extrañas y propias.

Sueños remotos me llaman,
esperan.

Tendrás tiempo para tomar el té,
vendrá el calor,
vendrá la lluvia,
vendrá el olor a tierra mojada.

Tus flores
se duermen
en pequeños sueños
                                                eternos.

Los días son como un pañuelo bien planchado
donde las moscas no se atreven.

Busco algo que ocultan mis manos:
una pequeña pieza de relojería
anterior a nuestros huesos
que ahora sólo existe en el paladar,
como alguna melodía,
como voz providencial.

Los musgosos tejados consumen la ventana.

Hablas sin repetir los miedos,
sin mencionar las treguas
que nos damos
cuando el río ya no llega,
cuando hay un montón de piedras para jugar,
para imaginar tormentas,
para esperar la hora del té
con trozos de pan
de las manos de un ciego.

Es el olor a libros,
(a polvo de antes)
el que ya no está,
el que ha desaparecido para siempre.

Amo los geranios,
las piedras,
la luz temprana que guarda los silencios.

Después de los rumores:
una hoja muerta,
unos pasos confusos por andar y desandar,
unos fuegos apagados,
una silenciosa partida.

Ahora, un miedo remoto cosquillea en mis oídos.

Y habrá poesía
para tenermos de nuevo en el fondo de un jardín
amarillo,
jugando al olvido,
a los viajes continuos.

Lo días retornan de un lugar intacto,
como frutas dulces que acarician tus ojos.

¿Qué será de estos huesos que ignoro,
que no veo,
que son como mi alma?

¿Qué será de mi alma que ignoro,
que no veo,
que es como mis huesos?

¿Acaso habrá una forma de llegar al agua,
de romper los muros sin estruendo?

Huye la palabra como un pájaro asustado,
desaparece,
como desaparecen sus huesecillos misteriosos.


© Paura Rodríguez Leytón

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1/11/18

Poema de Paura Rodríguez Leytón





Pez de piedra uno

Sé que estos huesos
serán ajenos de pronto
y me son ajenos ya,
ahora, cuando estoy más lejos de mi voz. 

Para hablarnos,
para escarbar nuestras llanuras,
para rogar nuestras lluvias,
para dejar de ser un momento:
se quedará mi almohada
ligada para siempre
a tus pálpitos.

Los pasos se hacen cotidianos
de tanto ser verdes en pequeños recuerdos.

Cuando nombro,
hay un olvido que fluye.
Cuando escribo,
transito sin nombre
por un recuerdo sin vestidura
que cubre mi tiempo. 

Estos pequeños sucesos
cada día suscriben en tu alma
profundas
hendiduras.

Son aquellas sombras,
las que no estarán conmigo
cuando abra las manos para tocarte
y desnudar nuestras voces tempranas.

Ceniza que pronto se hace ritual,
pronto se insinúa viento,
pronto es aurora roja de sangre
ansiosa de ser
y de cambiar las rutas de nuestro parabrisas:
auténtico solitario.

¿Cómo ser ahora de repente,
de nuevo,
de memoria?

De las ausencias cotidianas,
llegó un inexorable murmullo.

Perpetuo acariciar de viejos papeles,
viejos papeles que callan.
Y naciste una vez más con las manos llenas de lirios.

Persiste el zumbido
en el que caigo
buscando la palabra silencio,
que luego me asusta.

Una luz lejana invade los retratos de mis muertos,
me acongoja el paladar,
me florece la triste sílaba que no alumbra mi cabello,
me digo a mí misma estas cosas
que no son siempre las mismas,
y son casi siempre el agua.
Cosas,
con las que voy a caminar por alguna calle reciente en mi memoria.

No hay tristeza ni alegría:
hay un estar extraño que hace conmigo
lo que las migas de pan
cuando estoy lejos de casa.
Son los dones que quiebras las horas:
solitarias a veces,
solitarias nunca.

¿Qué vendrá luego
de estos trechos pulidos
de siempre y de nada?
¿Qué hay luego de mis latidos,
resquebrajados gemidos de voz mineral
 de vidrio empañado? 

Vuelvo a mirar mis manos,
digo algo incompresible para mis lejanos huesos.

No podré verte esta tarde
cuando transcurra mi sombra entre flores que aman los niños.


© Paura Rodríguez Leytón

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