7/2/25

Poema de Norma Etcheverry

 


Primavera

 

Setiembre se tendía liviano y tibio,

las plazas numerosas desbordaban

de flores,

los ciudad se desparramaba bajo los tilos,

la temperatura promedio era de 20 grados,

esa sumatoria de factores

daba por resultado

una estación espléndida.

 

De pronto estábamos entre pañuelos blancos

como en una cita.

 

© Norma Etcheverry

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9/9/24

Poema de Norma Etcheverry

  


Informe Rattembach


                                    A Gustavo Liss


Era invierno y la ventana ofrecía

un cielo azul,

pero abrimos los ojos y vimos el infierno:

cucharas avasallantes

como descargas de un rayo

relatos aterradores de niños

en la guerra,

ovejas atravesadas por el frío austral.

Nos dolían los miembros entumecidos

y nos quemaba la piel,

fregábamos en el piso nuestros propios restos.

 

Sentimos pavor cuando vimos de un golpe

la sombra de ese país.

 

Era invierno y la ventana ofrecía

un cielo azul,

 

en la cocina económica crepitaba la leña.

 

Nada, sin embargo, parecía real o suficiente

para volver de esa terrible noche

a nuestra tarde de junio.

 

© Norma Etcheverry

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24/4/24

Poema de Norma Etcheverry

  


Miedo no

 

Miedo no a la represión policial

miedo no a los gases lacrimógenos

miedo no a la saña con machete

sobre los cuerpos que corrían

buscando dónde refugiarse

miedo no a los caballos que se abalanzaban

sobre la gente

miedo no a desparramarse

como una luz de bengala bajo el cielo

miedo no a los golpes

al griterío, buscar

una puerta solidaria por donde entrar

y desaparecer

de los escudos y los perros.

Al final,

sólo quedaba la plaza vacía,

el rumor latente, vidrios rotos.

 

Un silencio pesadamente

desgraciado,

pero miedo no.

 

© Norma Etcheverry

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13/1/24

Poema de Norma Etcheverry

 


Divino tesoro

 

Noches calientes

las de la primavera del ochenta y tres,

noches apuradas,

desesperadamente  breves

no vaya a ser que sólo quede

una entelequia,

una promesa.

Firmábamos

pequeños armisticios en la lucha diaria,

peronistas y radicales como si fuera

una cuestión de vida o muerte.

Veinte años y el amor

y la política,

iban tejiendo una red inexplicable

de sensaciones encontradas.

 

© Norma Etcheverry

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17/7/23

Poema de Norma Etcheverry

  


Recuerdos de mi padre                                                                                             

                                            A Marcelo Ortale


Una caja de madera finamente tallada

que era de mi padre,

allí guardaba viejas fotografías.

En algunas aparecía joven y trajeado

con una mujer hermosa

y blanquísima, que era mi madre.

Luna de miel en Tandil,

con detalle

en la piedra movediza.

Un par de gemelos de oro,

varios pañuelos de seda,

un encendedor Carusita,

un reloj de plata que había sido del abuelo.

En el fondo de la caja,

atrapado y oscurecido por el tiempo,

un periódico de otras épocas.

Abierto en la primera página

se podía leer:

DERROCARON A YRIGOYEN.

 

Cuando murió mi padre la infancia era de escarcha,

la historia se leía en los manuales

y nuestras vidas se apretaban

todas juntas

en una caja de madera.

 

© Norma Etcheverry

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23/6/23

Norma Etcheverry comparte a Sinelli/Castillo/Espel

 


Paraísos

 

En la plaza desconocidos conversan sobre sus perros.

Recuerdan cómo llegaron a sus vidas, pequeñas  epopeyas.

Cuando el relato avanza sus ojos brillan

aparece un entusiasmo tal vez perdido para otras causas.

Se cuentan historias de lealtades, cuidados que esconden

el propio desamparo. Por un momento dejan

de ser extranjeros, los aloja una tierra común,

una tierra de solo nombres, sin apellidos.

 

Raquel Sinelli

 


FISHING IN THE BROWN RIVER

 

Hace frío y algunos corderitos rizan el agua.

El bote garetea al ritmo de la corriente

Y allá lejos, un carguero entra por la boca del canal.

Las boyas flotan en la superficie opaca del río,

Pero no pasa nada, ni el tiempo,

ni la desesperación de estar solo conmigo mismo.

Miro las mojarras que se oxigenan en la bolsa de plástico

mientras me asfixio en mis pensamientos:

Metafísica de los peces, de la pesca,

de la Nada inminente.

Nada de qué preocuparse,

sólo asuntos inconclusos, fracasos personales,

divagaciones propicias en las horas sin viento.

Hago silencio en busca de las flechas de plata

Y floto con mi soledad

Como esas boyitas inmóviles en la superficie del río.

 

Horacio Castillo (h)

 


De ESTO QUE A SECAS LLAMAMOS PATRIA

 

La escritura es un río. No hay corriente ni a favor ni en contra.

La corriente fluye. La escritura es un río que fluye; y que piensa.

 

No hay patria que no haya sido escrita, ni dicha; La patria fluye.

Los cantos que dicen la patria son cantos recién nacidos; fluyen.

 

Pero la memoria también es fluida. O debería serlo. O deberá.

En ese río  de afluentes que es la escritura la memoria es fluida.

 

No hay patria sin escritura que piense, que fluya; pensar es fluir.

Si pensar es fluir la patria agradecida. Y fluye la corriente del río.

 

El canto de la patria fluye. O debería fluir. Canto que no corre

no fluye. El río de la escritura es fluido; o debería serlo; o deberá.

 

Santiago Espel

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23/2/23

Poema de Norma Etcheverry

 


 

Amigo de al lado

 

Tenía un Winco y escuchaba Léon Gieco,

le gustaban los Beatles,

adorábamos la banda de caballos cansados

y a su padre campesino.

Nos robábamos besos entre los alambrados

sin saber.

 

En la puerta de su casa,

sentados sobre el tronco que hacía las veces

de banquito,

esperábamos

a que volviera a sonar el tocadiscos.

 

Todos se habían ido

con la música a otra parte.

 

© Norma Etcheverry

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8/1/23

Poema de Norma Etcheverry

 


 

El fin de la niñez

 

Una Estanciera que fue hasta el puente de hierro,

ahí doblaron.

Por el camino pasaron al matadero viejo,

las luces largas abrían un agujero

en el fondo del campo.

Que corran dijo,

que si corrían por ahí podían salvarse.

Diablos desnudos,

con las manos atadas a la espalda,

corrieron.

 

Escuchamos los disparos,

vimos

cómo caían los tres,

los vimos,

uno por uno al otro día,

en las páginas del diario.

 

© Norma Etcheverry

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5/8/22

Poema de Norma Etcheverry

  


El cementerio de Josefov

 

Ahora mi casa está cerca del embarcadero,

al norte del Puente Palacky.

Desde allí las embarcaciones de turismo

cruzan el Vtlava.

Los veranos me recuerdan la felicidad

pero en otoño

los paseos se suspenden

y el paisaje cambia.

Subimos hasta Josefov,

el antiguo cementerio es imponente

y sobrecogedor.

En el invierno, un bello manto blanco

se tiende sobre las tumbas,

y las piedras que los judíos dejan a sus muertos

en lugar de flores,

quedan tapadas por la nieve.

Las pisadas se funden en el hielo

y predomina

ese rastro palpable sobre la superficie.

Parece

que la vida caminara sobre la muerte.

 

© Norma Ercheverry

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10/3/22

Poema de Norma Etcheverry

 


Una estrella de cinco puntas

 

Entre las cosas de mi hermano

vi un símbolo que es así y así,

y dibujó una estrella de cinco puntas

como las que aparecían misteriosa

y regularmente pintadas en las paredes

de la única avenida importante

de ese pueblo que después

se llamó

del conurbano.

 

© Norma Etcheverry

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4/12/21

Poema de Norma Etcheverry

 


 

El día que murió Perón

 

¿Estábamos en cuarto o en quinto

cuando murió Perón?

Fue uno de esos días que caía una lluvia

vertical y sistemática.

En aquéllos tiempos, casi todas las calles

del pueblo eran de tierra,

nadie quería salir cuando el agua

borraba los detalles de la acera.

Camino al almacén podíamos ver,

por las ventanas abiertas de los vecinos,

brotar de las pantallas multitud de paraguas.

Al otro día, en la escuela,

bajaron la bandera a media asta,

hicimos un minuto de silencio y sobre el pupitre,

cantamos a capella.

 

Una sola vez canté la marcha peronista,

el día que murió Perón.

 

© Norma Etcheverry

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10/9/21

Poema de Norma Etcheverry

 


Ella

 

Imaginaba a esa mujer fantástica

que emergía de la historia:

su larga cabellera rubia

y los brazos repletos de paquetes dorados.

Toda ella,

esa mujer,

era dorada

y ascendía como un diosa hacia la luz,

en medio de las sombras.

 

© Norma Etcheverry

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21/8/21

Poema de Norma Etcheverry

 


Láska (Amor)

                                                                                  

                         A Sandra Cornejo

 

Él todavía bebe un último trago

y de su boca

el licor con sabor a bosques pasa a mis labios.

Puedo nombrar sin decir palabra

todos los árboles

que rodean a los montes Sumava:

las hayas y los pinos y los abetos rojos

y también

todas las especies de hierbas que crecen

en las lagunas pantanosas de Lednické

Rybniky, allá en el borde,

cerca de la frontera con Austria.

Tomadas de la mano cantábamos

y dejábamos

caer promesas.

Nunca imaginamos que el amor podría decirse 

alguna vez

en una lengua extranjera.

 

© Norma Etcheverry

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23/6/21

Poema de Norma Etcheverry

 


 

Alfonsina y nosotras

 

Ella de piedra miraba al mar,

y nosotras alrededor de ella.

Ella de carne entró en el mar,

como quien hace un camino con sus pasos

y simplemente se va.

Desmesurada loba la que talló en el aire

y se envolvió profunda,

en la voluptuosa seda del Atlántico.

Tomadas de la mano cantábamos “Estación”

y dibujábamos figuras en la arena.

Mis primas y yo

dejábamos caer poemas que todavía

no habíamos leído,

versos que la espuma se encargaba de asignarle

a nuestros cuerpos,

vacíos,

del verano.

 

© Norma Etcheverry

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23/4/21

Poema de Norma Etcheverry

  



El río                                                          

                                                                                   

                    A Horacio Castillo (h)

 

Entre todos rodeábamos la cámara

y nos manteníamos a flote.

El agua que corría por entonces,

limpia y clara,

nos recibía como un oasis.

Tocábamos un fondo de barro y piedras

con las alpargatas, y buceábamos oscuro.

Espiábamos el límite propio y ajeno,

para arriba y para abajo,

figuras a la sombra de los escasos clubes

de la ribera, con sus techos de paja.

Una puntada de luz nos revelaba el paisaje

del camping con sus carpas,

los turistas y sus radios con parlantes,

los asadores y el humo que subía,

feliz.

 

Los pescadores, en cambio, preferían la otra orilla

donde el bullicio no llegaba,

y por las noches, bajo el puente,

brillaban los faroles encendidos

como bichitos de luz en el medio de nada.

 

© Norma Etcheverry

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22/2/21

Poema de Norma Etcheverry

 


 

Camino de la escuela

 

Caminábamos casi diez cuadras

por inciertas veredas,

muy temprano, a la mañana.

El agua se escarchaba sobre la superficie

de las zanjas

y nosotros 

nos asomábamos

peligrosamente al borde

para quebrarlo

con la punta del pie.

El viento helado en los ojos nos hacía llorar,

la nariz y las orejas se nos congelaban,

pero nos divertía sentir el frío y nos gustaban

las sensaciones del invierno.

Como el mate cocido con leche

del primer recreo,

junto a los chicos de un barrio

donde todas las casas se parecían entre sí.

 

© Norma Etcheverry

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11/9/20

Poema de Norma Etcheverry




Leyendas de Bohemia

Si la casa está en silencio
puedo escuchar
los cuentos y leyendas de Bohemia
que la abuela de ojos transparentes
nos contaba para hacernos sonreír.
Decía que las brujas son capaces
de todo tipo de males,
como chupar las hojas de las plantas
hasta secarlas
o hacer que las vacas dejen de pronto
de dar leche.

Por eso los hombres de mi aldea
se reunían en la plaza,
disparaban al cielo con sus escopetas
y daban latigazos al aire para espantarlas,
colocaban guirnaldas verdes en las fachadas
o plantaban abedules en los jardines.

A la abuela le gustaba recordar
que si un muchacho
se enamoraba de una muchacha
debía plantar abedules,
como promesa de matrimonio
y para alejar los males de la casa.

© Norma Etcheverry

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26/8/20

Poema de Norma Etcheverry





Una película muda

Pasaban como imágenes
fugaces e inalcanzables
de una película muda.
Pasaban y mientras pasaban
se nos iba pegando en la retina
una mezcla efímera y escasa
de colores
de muecas y de ojos,
un vértigo de luces y de sombras
detrás de las ventanillas.
El eco de los vagones
anidaba en nuestros oídos
largo rato,
un repiqueteo suspendido en el aire
que insistía
cuando ya la formación había desaparecido
más allá de la curva.

© Norma Etcheverry

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27/7/20

Poema de Norma Etcheverry





El tren carguero

De vez en cuando nos topábamos
con algún carguero
y nos quedábamos largo rato
contando los vagones.
La cabeza se extraviaba imaginando
por qué lugares andarían
antes y después,
bajo qué soles,
por cuáles lluvias, con qué personas,
que tendrían qué historias
vaya a saber dónde.
Finalmente
perdíamos la cuenta de los vagones
y nos íbamos por ahí, pateando piedras,
hasta achicarse el horizonte.

© Norma Etcheverry

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12/6/20

Norma Etcheverry recuerda a Roberto Themis Speroni



Pregúntenle a una rosa...

Pregúntenle a una rosa por qué corre,
a un niño por qué arroja las ventanas,
a un muerto por qué ronda, a un argentino
por qué se manifiesta en las paredes,
por qué para reír tuerce la boca
y al sollozo lo cubre con espumas
de vino primitivo. Si, pregunten,
indaguen, no se duerman, no rehúsen
investigar la fruta vergonzosa
que se pasan los unos a los otros
detrás de las espaldas, a hurtadillas,
con la complicidad de los avisos
de la televisión y la tragedia.

Pregúntenle a las camas por qué el semen
siempre dibuja gotas de tristeza;
por qué los lustrabotas tienen caries,
y por qué las muchachas de noviembre
se masturban con discos bailarines,
en lugar de acostarse en la provincia
calurosa y feliz de los racimos.

Pregunten día a día. No reposen,
no relajen los tuétanos, no dejen
que se demore la verdad. Mañana
es muy probable que amanezca mudo
mi cuestionario intenso de poeta.
Me tienen que ayudar. Salgan ustedes
a preguntar por qué, casa por casa,
hombre por hombre, insecto por insecto.

©  Roberto Themis Speroni
(La Plata, 1922-1967)




Pincharse el alma

Mi madre era modista:
en el centro la Singer,
y en la cocina todo el tiempo
ese revuelo
de telas e hilos de colores.
Había que tener cuidado
con los alfileres…
¡Dios libre
se nos quede alguno perdido
y nos pinche el alma!, decía mi madre
afligida
y yo que me preguntaba
cómo haría un alfiler
para llegarnos hasta el alma.

© Norma Etcheverry

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