20/8/26

Poema de Néstor Fenoglio

 


A su tiempo, todo en mí, sangre, lo sabrás.

 

La noche volverá entonces

con sus ardidas cadenas.

 

Sabrás, cuando un tiempo de pájaros

nos presienta a los vuelcos,

que el alba nace en el límite extendido

de los cuerpos.

 

Sabrás igualmente cómo regresa la sangre,

cegada por el sol ya alto,

ebria de luz y gritando por el sendero.

 

A su tiempo todo lo sabrás.

 

Sabrás por qué cae un hombre

desde el sitial de sí

hasta donde ya no se llama,

hasta donde un fuego finge su aliento

desteñido en otras alas.

 

A su tiempo te será revelado:

el color de la tierra cuando es vivo párpado

sobre los ojos, cuando mariposas lúdicas

claudican piel adentro

y cuando, exhaustos,

somos suspiro tenue que no vive,

aire remoto ido de nosotros,

leve ceniza atravesada por el tiempo. 

 

© Néstor Fenoglio

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28/3/26

Poema de Néstor Fenoglio

 


Quiero ser este temblor

y este inclinarme

definitivo,

quiero pasar

como una espada

de luz

entre los inocentes.

 

© Néstor Fenoglio

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20/10/25

Poema de Néstor Fenoglio

 


Dejarás libres

a los muertos,

el secreto tramado

de sus voces,

sus lenguas hostiles,

sus terrones,

sus apretadas lombrices.

De cada muerto

mío

tengo noticias

y lato

por el niño

que se apaga

en cualquier parte.

Por cada pie erguido

hay un pie profundo

que camina

y persigue sueños

de polen,

escándalo de abejas,

vientos redentores,

voces pequeñas

rescatadas

por pequeñas voces,

oídos puestos a oír

el secreto

de todo lo muerto

que nutre todo lo vivo.

 

© Néstor Fenoglio

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19/3/25

Poema de Néstor Fenoglio

 


ábrete 

en medio 

de todo 

fruta madura 

pájaro en vuelo 

ábrete 

ventanas 

al alba 

mujer 

alas 

ábrete 

desmesurado 

y sólo 

sé lugar 

de paso 

ábrete 

temprano 

y violento 

un rayo 

rasgando 

el cielo 

ábrete 

semilla 

viento áspero 

vientre 

ábrete 

para que todo 

salga 

y todo entre


© Néstor Fenoglio


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27/11/24

Poema de Néstor Fenoglio

 


Para cazar al armiño

lo espantan hacia la ciénaga:

el animal nunca ensuciará

su piel blanca.

Veleidad,

supervivencia,

el mandato oscuro

de lo claro,

de lo profundo,

de lo que no puede mancharse,

¿quién de ustedes

puede cuestionar

las razones del armiño?

 

© Néstor Fenoglio

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11/9/24

Poema de Néstor Fenoglio

 


Avanza desde el fondo de mí,

inevitable,

el fantasma de mí mismo.

Vengo desde mi guarida,

con dientes filosos,

cortando el pasado,

ese aliento húmedo,

ese vacío de maderas y peces.

A dentelladas

como un perro salvaje,

vengo derrumbando rostros,

uno a uno caídos

bajo mis garras.

Vengo desde el fondo,

puro latido de fuego,

y traigo el aire atrapado

de la oscura caverna,

donde moran murciélagos

y nombres olvidados.

Traigo también, recién alumbrada,

mi cara más reciente,

arrastrada por corrientes subterráneas,

derramada y fresca,

suave guiñapo de sangre

que la fiera ofrece redimida.

Después me vuelvo

hasta el fondo de mis ojos,

me repliego saciado

y repaso prolijo las heridas

que yo mismo abrí con mis dientes.

 

© Néstor Fenoglio

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20/1/24

Poema de Néstor Fenoglio

 


Madre oscura

que vagas con un zapato solo

por todas las habitaciones,

dueña del rouge en la cara,

apaga ya las señales

que te persiguen

y toma como entonces

a este niño

que vuelve cansado.

Apaga las luces que tienen mensajes,

deja de amenazar a las sombras

y recógeme

partido y pequeño

pues ahora te necesito

porque estoy solo en el mundo.

Madre original

que corres por los pasillos blancos

seguida de enfermeros y fantasmas,

tómame ahora

y júzgame piadosa

porque ya no tolero los reproches,

dime que he sido bueno

y sostén mi cabeza con tus manos.

Madre sola refugiada al borde de todo,

yo descorreré las cortinas pesadas

para que puedas verme mejor,

para que me digas que he crecido poco

y qué débil

y qué blanco está tu niño solo.

Madre azul de oración inversa

espera por mí en algún lado,

soy el que regresa hastiado de juegos

y de hamacas.

No digas más que no sabes quién soy,

que no me reconoces

que tu bendición no llega

hasta la frente del carcelero.

Soy el que te pide que gimas

despacio

el que cuida

tu prematura cabeza blanca

el que se entierra en tu falda

esperando la suave caricia,

el perro que apaleas

porque adentro te ordenan que odies,

que inventes cadenas,

que hables a los espejos,

que golpees la inmensa cuchara

contra los platos.

Madre pequeña,

encuéntrame y dime que también tú

tienes la mano tendida,

y que apartas con tu fuerza loca

los cuerpos que de mí te separan.

 

© Néstor Fenoglio

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27/12/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Mi pueblo pequeño

me espera

distraído

y quieto.

¿Y quién soy yo

para mover

nada de esta calma,

anterior a mí,

una pronunciación

de mí mismo,

una manera

anónima y plural

de no ser,

de ser apenas

parte del ciclo

de las estaciones,

de las partidas,

las llegadas,

los lamentos,

los lentos saludos

francos,

la muerte entera

natural y profunda,

la vida pura

y bruta,

los ojos mismos

del tiempo

descubierto e ido?

 

© Néstor Fenoglio

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13/11/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Atrapadas,

febril gorrión

o asustado colibrí,

también las palabras,

a veces,

rebotan por las paredes

de mi cuerpo,

buscando la salida,

el punto de luz

que las haga libres

 

© Néstor Fenoglio

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16/9/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Ser como la noche,

no apretado,

no cerrado,  

no concentrado ni esquivo,

sino sólo extenso,

habitable por cualquier sitio,

hospitalario y hostil,

leve e intenso,

dulcemente disgregado

participando en medio de todo.

 

© Néstor Fenoglio

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26/8/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Soy el que se marcha,

el huésped impreciso de mí mismo:

estoy hecho de minutos idos,

de una sustancia hacia abajo y atrás,

un líquido que gotea

ya apartado de mí.

Inútil tapar con las manos

tanta fuga: imposible

detener la caída

con esta débil piel,

este sitio por el que me voy interminable,

esta casa amueblada y vacía, 

este puerto de barcos sin memoria.

Soy el que se marcha,

el hostil anfitrión de mi sangre,

soy el que tapia con dedos pequeños

las infinitas heridas

por las que igual huyo,

puro tiempo consumado.

 

© Néstor Fenoglio

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12/5/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


secamente,

disparo letal,

humillado?

Todos mis muertos me saludan

y sus caras

son muecas imposibles

y yo mismo

danzo por mis cuencas vacías,

aire encontrado,

tierra baldía,

dulce carne atravesada

por el medio.

¿Por qué no caer,

por qué no callar

en medio de nada

cuando todos dejan de ser

lo que ya no son?

 

© Néstor Fenoglio

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10/4/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


La noche liberó ya sus húmedos

caballos oscuros

y yo voy de espaldas,

sin ritmo,

sin detención ni excusas,

en pedazos.

¿Por qué no terminar ahora

cuando todo es fácil,

cuando ni siquiera tu nombre

me toca

pues reino poderoso y solo

lejos de toda humana presencia?

Muero soberano.

Y los golpes de oscuridad

que vienen desde el fondo

no hallarán resistencia:

soy éste que se marcha,

aire en medio del aire,

apenas sonido

en los sonidos de la noche.

¿Por qué no ceder, entonces,

ahora,

entre dos pausas de luz,

los ojos fríos del silencio

cubriendo mi cara

como una mortaja hecha

con voces antiguas,

antiguas voces que también

me contienen

y pronuncian mi nombre

 

© Néstor Fenoglio

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13/3/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Dios de las cosas, oscuro señor

de lo innombrable, habita también aquí,

en este ser creado para buscarte,

en este mendigo que atraviesa la noche

cantando,

desafiando tu firme consolidación

occidental y cristiana, tu toga púrpura

y tu presunción de universo. Yo sé que estás

impreciso, no formulado, disuelto

en la algarabía del caos,

ese siempre posible

no traducido a la imagen,

no consolidado tras la iconoclasta

barba benéfica, viril y mansa: demasiada perfecta

para lo que verdaderamente sé de ti.

Sé de ti que mueres en los límites

de todo como una ola interminable,

pero anulada ya desde su principio.

Sé también que danzas y tiemblas,

que desciendes hasta el fango

y que te embarras con pulcritud divina,

con clara conciencia de casta. Y sé

que coqueteas como una prostituta vieja,

que suplicas ya sin dignidad posible

para ser finalmente habitado.

Yo sé que te quemas helado en el vacío

lleno de todo que eres, en esa pretendida

existencia de las enumeraciones, nombres

puestos a designar las partes de tu cuerpo.

Sé que te balanceas insomne por la noche,

acosado por los perros y sé que huyes de ti

y caes a este rincón donde te escribes,

donde formulas un lamento seco

y vuelves luego hastiado a sostener

la trama del universo.

 

© Néstor Fenoglio

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7/2/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Roma palabra, golpeada y seca,

en el paladar de pronto resonancia,

en los oídos incorporada como un mar,

tu gemido de caracola imprecisa

se hace sutil, amable al alma

o palabra árida

depositada al azar

de un oído o un odio despierto

o palabra ardida

en la hora de los panes el rocío

los cuerpos

 

© Néstor  Fenoglio

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28/1/23

Poema de Néstor Fenoglio

 


Cada cual tiene sus muertos,

algunos de antigua podredumbre,

otros apenas estrenados,

gorriones quietos

recién detenidos en el medio de su trino.

Yo tengo muertos orgullosos y vacíos,

claras muescas inauguradas para siempre,

tumbas anónimas

resecas de sol y de muerte verdadera.

A veces, en el óxido opaco de alguna

resurrección mis muertos cantan

convencidos.

Otras veces sollozan despacio

o gimen en lenguas extinguidas.

Cada cual tiene sus muertos

tendidos prolijamente, alineados

y con su número,

su rosa seca, su florero barato.

También mis muertos se derraman

se agujerean imprecisos

y me convocan

con gritos amargos,

algunas veces.

 

© Néstor Fenoglio

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