24/8/26

Poema de Ana Russo

 


la de la feria de inutilidades

ya sabremos

que nos pertenece el camino

en el que hemos jugado a carcajadas

yo a ser niña

y vos a  crecer

abrirás el cielo nublado

y la lluvia hecha de risas con charcos

abrirás tantos días de

palomas confusas,

y de cascarudos despistados

recordás?

para siempre

la llave abre o cierra

lo que es de ambas en este día

en que descubrimos  la utilidad del recuerdo.

 

© Ana Russo

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10/7/26

Poema de Ana Russo

 


   

Feria de inutilidades

(Paseo inesperado)

 

compramos una llave

color plateado

inadvertido destello añil,

emula una vieja llave de casa de pueblo

con dos patios, uno de mosaicos

y el último de tierra con romeros, salvias

dama de noche y helechos serruchos,

emula otra que abre una casona cerca de un canal

habitada de piquillines, colibríes, tunas,

con inviernos de cerrados postigones y

cocina chiquita donde se bebían infusiones de

unas manos queridas

emula las soñadas llaves de la infancia

esos cuentos creíbles sólo antes del sueño:

la que aún duerme y espera un beso

salvífico,

la encerrada en un cuarto insípido y gris

que ocultó su pié y temió que la talla diera,

o la que debió haber cerrado la puerta

desde dentro antes de la fatal lobuna

 sombra

puede que sea la llave dorada

o la de la palabra poética

o la del silencio que se sabe poema

o la llave misteriosa de los sueños y sus túneles

o  la querida llave abrepuertas

de claves y desvanes:

cajas de fotos como cartas de tarot,

o cartas viejas leídas a las tres

de la mañana

puede ser que sea la llave del pensamiento

cualquier llave que sea

la de la feria de inutilidades

será la llave abre o cierra

sólo tu corazón te indicará el camino

nunca temas,  seguro sabrás su destino.


© Ana Russo

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5/6/26

Poema de Ana Russo

  


AHÍ DENTRO

 

ahí dentro

donde el hueso se pudre

y el corazón es una estopa  que no sirve ya

para arder

dentro de los pobreríos y las miserias

algo se comió a los muchos del mundo

algo sin nombre ni cara

algo que vulnera con mordiscos

sucesivas formas de eficientes tijeras y trinchetas

algo que va dejando huecos dentro de los huecos

y nada puede colmar lo que ha sido vaciado,

el cuerpo tiene cicatrices blancas y suaves

esas que  sólo  parecen cerradas

pero se abrirán y serán otra vez aquel tejido rojo 

de las vísceras que no olvidan

tela resistente de piel que aún espera

en medio de los negadores que todavía venden sangre.

 

AMANSADOS

 

como la vaca

que muge en medio de noche

la enorme vaca madre que se da

y es como la luna,

silenciosa y blanca

en su pureza radical de sueños,

la vaca que mansamente muge

y se ve lenta caminando las sombras

y los soles

como la vaca, digo, que no sabe 

cuando será el silencio final

ese, del golpe en la testuz, o en la nuca,

mejor dicho del filo del degüello

o de otros tantos modos del agradecimiento,

como la vaca hecha de luna desbravada

ni siquiera desvaría en la manga de la maza

así con igual aura, sin miedo por no  saberlo  todo

así, hechos de luna dócil caen

los que fueron sorbidos por los mezquinos

rituales del agotamiento, entre calles de estrechas carnaduras

o avenidas de desquiciados sueños

caen, de rodillas, de espaldas o de boca

tarde o temprano caen

después de haber sido gastados  por el sacrificio.

Sin miedo por no saberlo todo

van al matadero disfrazado

con vidrieras brillantes y lucecitas,

se iluminan de goce, se persignan ante el dios

infinito del poseso que posee

para tapar el silencio final, van, amansados

y solos al

mercadeo de hombres. Y se mete alboroto

para que no se note.

 

© Ana Russo

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4/5/26

Poema de Ana Russo

 


humedales infierno 

 

yo no sabía

que eras rojo infierno

rio espejo del fuego

temblando tu agua

reflejo  rojo  del humedal  quemándose

yo no sabía que serías sangre

en el desguace

y tanta

que por las llamas

sobre tu agua ardías agobios

y hervías de impotencia

 

yo no sabía de este horizonte

pintado de averno

ni de  los íncubos y súcubos

que llevaban antorchas  de crepitación

a la hora en que la ciudad duerme

 

a esa hora fuego en las islas

animales en pedazos

pájaros mareados

nauseabundo ahogo

dantesca ambición

horizonte hoguera

hora del silencio de vertebrados

anfibios y reptiles

el humo ennegreció los ojos

y creí oír el último canto de una calandria

calcinada

de moribundas garzas escapando

y me dolió  la ceguera

de los cremados.

 

© Ana Russo

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18/3/26

Poema de Ana Russo

  


  HERMANAS  MIRABAL


¡Si me matan, sacaré los brazos

de la tumba y seré más fuerte!

Minerva Mirabal


cada 25 de noviembre

en ojo de agua

el cielo se cubre de tres pañuelos

son sedas que se desanudan y

planean con libertad

pañuelos de seda, tres

una delicadeza que a su pesar

fueron destino de mordazas

tres telas que sobrevuelan

la rebelión  de las mariposas

entre sus vestidos, la libertad armada

muertas 

pegadas  sin aleteo alguno

en un frasco de vidrio

o en los bicheros del demonio

con las alas fijas a una chinche

así, sin gritos, las mariposas se asfixiaron

todas somos ellas

las vulneradas

las humilladas

las manoseadas

las sometidas

las apaciguadas a baldazos

las condenadas

las que fueron y van hoy a la quema

las que le mutilan  su orgasmo

las que pierden sus crías

las que rezan y las que gritan

con la gargantas rotas

una todavía sostiene entre sus dientes

un cuchillito afilado

otra trepa por la espalda de los siniestros

y la tercera tiene un ala caída 

pero  la está sacando de la tumba

y vuelve al vuelo.

 

© Ana Russo

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