2/1/26

Poema de Sonia Rabinovich

 


13 de Agosto de 1998

Cementerio de Montparnasse

Rendez vous a Julio Cortazar 

 

Busqué pétalos de un sol cortado en la vereda

cuando supe que allí estaba el lugar de tu ausencia.

No fui a buscarte,

solo llegué al sitio de panteones

y recordé que allí fue Carol primero.

Y ahora como una dura almohada compartida

una línea y tu nombre.

 

Cómo saber que solo cuatro pinceladas amarillas

unidas por un tallo

tocarían la piedra porosa,

el jardincito desde donde les brotan

las verdes impotencias a los muertos,

rozaría la c de cronopio

que alguien pintó de rojo en un costado

y así de pronto el rito del pasaje.

Decía Eugene Ionesco

en la esquina de la división número tres

Eugene Ionesco 1996

en la esquina de tu barrio

en el vértice de tu cuadra muda.

Verte rodeado de jóvenes

que hablaban de tus cuentos

sentarme profana en la tumba vecina

y acariciar tu nombre

mientras citaba pésimo un poema tuyo, era probable.

Pero, acaso fue así?

fue Montparnasse, tu muerte,

fue un jueves trece y este año

cuando le pedí a una flor que te llamara?

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de Mabel Sierra Karst

 


Viento Sur

 

Llega de pronto en abril

y desborda de oleadas

la quietud de los álamos.

 

Hoy es el día

de los combatientes,

helado

el viento invade

la serenidad

de las flores malva

y ellas caen al suelo

ya perdidas.

 

Viento lastimado de muerte,

siempre en abril las mañanas

se vuelven frías.

 

© Mabel Sierra Karst

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Poema de Luis Bacigalupo

 


mis cervicales sirven

 

                   con suerte

para sostener el peso

de una corbata y el

registro del cantor

no alcanza la altura             

de un ciprés, visto así

                      la vida es

                      lo mejor

                      que pudo

                      habernos

                      pasado

 

© Luis Bacigalupo

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Poema de Silvia Cacchione

 


Y entonces la veo:

entre las flores blancas,

su risa.

Traeme esas tazas,

me dice, y no sé cuáles

pero solo pienso

en complacerla,

llevar hasta sus manos

lo que sea que me pida,

sí, mamita, ya voy,

y es cierto porque allá voy.

Escucho

una sirena, un estruendo,

tal vez es el mundo

que ahora mismo

se cae a pedazos,

pero yo tengo

algo importante que hacer:

llevar a mamá las tazas

donde quiera que esté.

 

© Silvia Cachione

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Texto de Daniel Gayoso

 

 

CINE

 

Desde la última fila vuelve a ver, indiferente, la historia de su vida. Glacial, su mirada busca las espaldas, los rostros negados, sus pálidas uñas. Sólo un detalle, por nuevo, le interesa. Es un lugar vacío en la platea. Se incorpora despacio, como si algo en su misterio lo llamara. Allí va y en él se ubica, silencioso. Entonces sucede lo que ansiaba: las grises imágenes lo rozan con su luz entrañable, y ya es otro, que suspira y llora. Al fin está solo en ese cine y ve su rostro vivo en la pantalla.

 

a Alfredo Gayoso

 

© Daniel Gayoso

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Poema de Leonor Mauvecin

 

 

TRAMA

 

Trama que tejo en el borde del alba.

Urgida de luz.

Ávida.

Acoplo el sueño en el hueco de la espalda.

Desdoblo el cordón y trenzo el límite.

 

Más allá de la muerte

inmortales primaveras celebran la cópula

en el oficio de la magia.

Allí dónde sólo / el misterio de la carne y el alma.

 

Luna redonda y cargada.

Luna de agua.

Donde bebe el que duerme sueños del alba.

Donde está el calendario de la estirpe.

Donde el fruto cumple su ciclo.

Donde se teje la trama.

Más / más allá del festín que la convoca.

Más / más allá.

-Urdimbre de mujer que crea

en el vértice carnoso de la entraña.-

 

© Leonor Mauvecin

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Poema de Edith Galarza

  


mi hermano del medio hace anuncios en la cena. 

 

mamá papá

tengo novio

 

lo dijo

 

y una bomba

cayó sobre la fuente de la ensalada

fragmentos de tomate

lechuga

remolacha

huevo duro

zanahoria

aros de cebolla

salieron disparados

sobre nosotros

los comensales

sobre mamá

papá

las tías

el abuelo

mi hermano mayor

y sobre mí

quedamos de pronto

atónitos

se hizo un silencio

que solo tuvo fin

cuando nos vimos

multicolores

y nos pusimos a reír

y la abuela destapó un vino

llenó las copas y brindamos.

 

© Edith Galarza

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Poema de Carlos Morteo

 


Crimen nocturno   noche negra

 

el pintor fue el asesino

llenó de furia sus pinceles

dio color oscuro a su paleta

su corazón no horadaba las sombras

no consentía el beso modelo

con las manos llenas de óleos

el rictus de los ojos de negro

el retratista inició ese rostro

fue   sembró  una luna amada

pero la paleta negra

la furia de los pinceles

dio un cielo sin estrellas

sin la ilusión del brillo de las galaxias

sin un fuego

sólo vertió oscuridad  a sus alas largas

la noche sin satélites  sin astros nacarados

es un crimen de sombras  algo negro

que no sabe de ningún vuelo que vuelo

 

© Carlos Morteo

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Poema de Carolina Bregy

 


Adultos menores

 

Un par de granos de sal

y el silencio se hizo hastío.

 

La mínima en carteles de lucha,

                                            de oprobio,

                                            de genocidio. 

 

Nosotros sufrimos.

Ustedes no sufren.

Ellos sufren.

 

El pasado se pisotea.

El presente se licúa.

El futuro se muere.

 

© Carolina Bregy

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19/12/25

Poema de María Julia Magistratti

 


Rabia 

 

Yo tenía una rabia.

Cultivaba como flores una rabia.

 

Es domingo a veces en el pasado.

 

En la hora de la catequesis, habla el párroco de gris

con una lengua blanca en el cogote, atragantada.

El Monte de Sinaí queda más lejos que los toboganes

de los que nunca hubiéramos querido bajar.

Filisteos, sacramento, corintios, profetas,

palabras sin sentido mientras la hostia se pega en el paladar.

Aliento a hostia nos quedaba como materia de silencio

y nada más.

Hasta que abrían la heladería de enfrente de la iglesia

que era como el cielo prometido.

 

Del otro lado de los vitrales, en las vías,

cada tanto asomaba un croto, nos hacía señales de luces con un espejo,

y era el hombre del nuevo testamento, dispuesto a una siesta de barro.

 

Una voluntad de huida tenía mi rabia. Y masticaba con mis dientes hinojos robados de los jardines.

 

Más allá, del otro lado del tejido, los toros atropellados por las moscas,

inmóviles como el mundo. 

 

Y yo siempre estaba casi a punto de romperme la nariz contra una pared

para demostrar que no existen las paredes.


© María Julia Magistratti

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Poema de Cecilia Galeano

  


DAME


Dos pumas recorren las calles de Gesell

elásticos             fantasmales

buscan comida en la Avenida 3

olisquean la basura

y en las puertas de los bares

hallan

restos nocturnos

de hamburguesas    latas    vasos plásticos

luego quizás entren al bosque

y descansen

en su limbo verde.

 

Un hombre y una mujer en romance incipiente

se escriben,

ella vive en Higashiomi

él

un astronauta

sin ticket de vuelta

como un sol antiguo

enfriándose

tan lejos

tan lejos está ahora

su corazón tierno.

Ella cuece arroz y algas

camina por la casa

con sus pies menudos

y piensa

en su hombre sideral

esperando de su mano,

y recuerda su voz, diciéndole:

dame de tu plato

dame lo que el espacio mudo me niega.

Y ella le ha dicho:

regresa a mí

soy tu luna de plata

soy tu casa en la Tierra,

entonces le envía a su hombre

toda su fortuna

para traerlo de vuelta

al amparo terrestre.

Constante

taxativa

la fe del amor,

y el amor también.

 

Él le cuenta

de su cápsula comba

y brillante

suspendida en la boca del cosmos

del silencio de Dios

─que nunca amanece

y de cómo su hermoso rostro

es pensado en la ingravidez.

 

Los pumas marcan la arena con sus pisadas

sus ojos dorados se abren en la noche

su jadeo es también marino

su hambre lunar

husmean tras las ventanas,

son criaturas

esperando de una mano:

dame de tu plato

dame lo que el monte incendiado

me niega,

hambrientos siguen ahora la línea de la playa

corren buscando su casa en la Tierra

tan lejos el humedal

tan ardido el monte,

pero hay en Higashiomi

una mujer que les daría

su arroz

su casa

su fortuna

porque en la órbita de su amor

hubo un hombre

que ya no va a regresar

a la Tierra

al amor

al poema.

 

© Cecilia Galeano

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Poema de José Luis Frasinetti

 


 Eneas ha vuelto al pueblo.

 

Después de siete años

de vagar por la marea alta de los sembradíos,

ha vuelto.

 

En la fontana, todos conversan sobre el retorno

pero las Harpías

hablan más de la cuenta

y tienen mirar de cuervo cuando principia la noche.

 

Entre volutas de humo,

Andrómaca le acerca un refresco y abre las ventanas.

 

Héctor se ha ido a trabajar en la minga

y Eneas se jura que está más hermosa que la última vez.

 

Pero en este Inframundo de pago chico, infierno grande

una historia cabe en la palma de la mano

“y hasta nos duele el pueblo,

(dice Virgilio)

en esto de jugarnos un truco con los fantasmas”.

 

© José Luis Frasinetti

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Poema de Adelina Lo Bue S.

 


 

REGRESO DE LA MADRUGADA

 

Con gotas distantes, semioscura la tarde

la lluvia esconde dura fuerza

con que a cada golpe de sístole, diástole y lluvia

el corazón sangra en un eco de memoria,

en un encuentro miscible y sin fondo.

Invierno desgarrado

por esa lluvia cambiante

de sangre salpicada y diluida

en un barro atroz que se hunde y se aparta.

 

Sangre lloverá cuando el hombre llore

el sueño perdido

en su infinito sin calles para recorrer.

Sangre helada sufrirá algún siglo

en que nadie dirá que el corazón es mágico.

Un niño en la eternidad,

de regreso en la madrugada

vendrá a decir el sueño que será imaginario

porque pasarán las horas

que se harán milenios sin historia;

y en la última noche

la paciencia tornándose mundo

hará nacer los ojos del hermano.

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Amalia Mercedes Abaria

  


LA FE


Vienen los soles y las lunas en el alba de Cristo

                                                                          Jacobo Fijman

 

Misterio del agua, del fuego,

anclado en las raíces

para siempre.

La Espina con su huella en el alma

para escuchar, para no morir.

 

Misterio de ese instante

corola de la Luz,

flecha.

 

Hilo del día y de la noche

huyen las grietas

las preguntas sin respuestas

los oscuros precipicios de la nada.

 

Un pájaro negro cae

y otro.

Los altos muros caen

y otros.

Las tinieblas carcomen

las firmes estructuras,

pero las palomas regresan

las palomas regresan

las palomas regresan.

Amén.

 

© Amalia Mercedes Abaria

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Poema de Roberto Daniel Malatesta

 


NADIE SALE CON APUROS

 

De un nudo nadie sale con apuros.

Y el hilo del reel que se enreda.

No creo sea fácil –dice-

pero, ¿y el hilo de la vida?

Paciencia. Pero,

el río corre, no se anuda,

otra cosa es la vida,

¿quién dijo que es un río?

¿Fui yo? Fueron muchos. Paciencia,

no queda otro remedio.

De un nudo nadie sale con apuros.

 

© Roberto Daniel Malatesta

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