12/10/22

Poema de Patricia Alejandra Nuñez

  


¡Que la muerte aún no regrese para desatarnos!

Amarramos las orillas del amor.

Nuestra tristeza se deshoja sobre el cielo.

La inmensidad nos arrastra hacia la tempestad

mientras nos abraza el asombro.

Lo imposible rodea la mesura.

Caigo como una pluma en los bordes de la ilusión.

Esperar, si, esperar.

Compasiva entre la levedad de lo fugaz.

Ver nacer las estrellas y las voces del encanto.

Las guerras, el horror,

lo irrefrenable, lo bestial,

la sangre, las sombras

Se ahogan, no nos dejan respirar.

Nada quedará entre los cardos y las flores.

Una mano retiene la caída.

Las voces se agitan y dicen:

“¡Esta necedad destruye lo posible!”

 

© Patricia Alejandra Nuñez

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26/8/22

Poema de Patricia Alejandra Nuñez

 


Golpean los sueños

¡Cómo ha de ser?

Vienen para decirme.

Los miro

¡Quiénes son?

Llegan despertando las palabras.

Livianos con las sombras

con las voz del silencio

 miran, se van.

El día es fresco

las flores se enredan en el aroma.

Sin culpa, dicen

solo  estrellas y luz.

Nacer, morir

beber del sueño del amor.

Entre las manos, detrás de los ojos

el paso lento de la noche.

 

© Patricia Alejandra Nuñez 

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13/6/22

Poema de Patricia Alejandra Núñez

 


 

Los niños de Murillo

con uvas y melón

asaltando con sus pies

las frutas de la tierra.

La vida en el canasto de los pobres

en las manos de la infancia que busca el agua.

La calle del pan entre casas que ya no están.

Fueron con sus ojos a mirar el río

juegan porque en este día está la vida.

Los niños de Murillo

las calles de las sombras y las manzanas

entre los perros, los cestos

y los dedos del hambre.

Dichosos de la nada

sobreviven con la inocencia

andando entre el cielo, la tierra y la brisa.

Los niños y las madres caminan sobre el lienzo

beben con pasión su historia

Mientras su pincelada habla con la infancia

y su mirada cae en nuestro ojos,

colores de las calles, la humildad

el dolor de la muerte, el llanto…

El alma pegándose  al  trazo

se mece en el silencio de las tardes

mientras los pobres se abren a las manos.

¡No hay peligro, no te lo quitaran!

Le dice un niño a otro niño.

Le explica lo que es la bondad.

Murillo mira con los ojos.

En ellos ve los pasos de la voz que grita

¡La dignidad, la honradez,

la existencia, los necesitados!

 

© Patricia Alejandra Núñez

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