27/7/22

Poema de Dardo Solórzano

 


SE SOÑÓ A SÍ MISMO 

 

Se soñó a sí mismo en la matriz que caduca,

y era un pájaro volando dentro del agua.

 

Otro animal le temblaba en los ojos al decir adiós.

 

Una enfermedad le murmuró que estaba solo,

yo se lo negué tres veces antes de oír cantar al gallo

pero ella le abría con el alba soledades a su cuerpo.

 

Con ese humor ambiguo me dijo:

  _"la poesía no nos sirve para nada"_,

      _"vos escribís poemas para darle sed al hambre"_.

 

Se sentó en el sofá,

          me acarició los cabellos,

mencionó aquello que le escribí cuando yo era niño y me preguntó:

_"¿aún crees que el recuerdo es la eternidad de los hombres?"_.

 

Me pidió que le leyera nuevamente esos versos,

luego sumergido en su laguna cerró los párpados con tanta fuerza

que el dolor que le causaba este mundo

                           jamás volvió a entrar en él.

 

© Dardo Solórzano

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15/6/22

Poema de Dardo Solórzano

 


Niños en los Semáforos

 

De esa bandada de loros

   “el único” es el que no sabe soñar

           (y es el soñado por todos los otros).

 

             Escandalosos gritan por la ciudad,

repiten las palabras que aprendieron de los hombres:

 

   _“¿le lustro los zapatos?, ¿me compra esta golosina?”_

 

y un dios o un santo muerto en estampitas te ofrecen

        a la voluntad de lo que tu alma mendiga…

 

Hacen nido a la altura del semáforo

y se despluman al repartir el apretado de fiambre,

          más son hermanos (no de sangre)

hasta que alguno cae en la trampa ¡enjaulado!.

 

No hay que abrir de más el pico en esta selva,

      los hombres te hacen entender que sos un animal

                          descalzo, sucio, con hambre.

 

De toda la bandada solo hay uno que no sueña,

                 los otros aún anhelan ¡volados!

 

y quisieran que el mundo no les duela

                                  como le pasa al “único”,

porque saben que entre los de su especie

 

solo el que no sueña…es el verdadero…

 

© Dardo Solórzano

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8/4/22

Poema de Dardo Solórzano

 


DÍA 38

 

Ha cruzado, la compañera, la línea de fuego,

ese trazo de los garabatos que hace el monte

                                 para dibujarse el follaje,

                                    líneas,

     como el trayecto de las ráfagas del fusil.

 

La he deseado, ¿por qué no?,

pues combate con la misma violencia con la que ama...

 

Me contó que en la plaza, el toro,

        tiene un niño asombrado en los ojos,

     que muere como un gitano:

nómade de sí mismo en cualquier suelo que pisa;

 

uno es todo su pueblo si anda en destierro.

 

Ella me ha leído también en la noche

(yo recostado en sus muslos)

y eso es en sí una emboscada...

 

García Lorca vuelve a su Fuente,

se desnuda en el agua cuando en versos grita: _"¡llanto!"_,

su cuerpo (poema que inquieta a los hombres),

su sexo (forma de escribir en carne viva).

 

El niño mira su fusilamiento,

el metal atraviesa al toro en el monte,

 

una línea de sangre deja la compañera

                        y se pierde entre las hojas

        de este libro de poemas...

 

© Dardo Solórzano


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4/2/22

Poema de Dardo Solórzano

 


Uyuni

 

No podés confiar ni en lo dicho por vos mismo,

aquí te engaña todo, hasta tu propio cuerpo…

 

Los nombres de las cosas son un espejismo,

le llamás:  _“sal”_ a lo que es un sonido quebrado,

                   _“mineral”_ a la luz que te corta los ojos,

y vas palpando la dimensión de las imágenes

    para saber qué tanto te engañan tus sentidos.

 

Un ánima perdida es el agua

                         en el Salar de Uyuni,

ella deja en este suelo un eco de arriba,

y le ves un reflejo de vos     

                         ¡pero sos una mentira!.

 

Un hombre le llama: _“sueños”_ a montículos de sal

                              que acumuló despierto

donde lo cierto es surrealista

y en el cementerio no hay muertos,

solo trenes de un vivo recuerdo

   paralizados en un viaje hacia el olvido.

 

La eternidad es un manto blanco,

si te cubre un instante

                  tu ropa queda corroída,

(te deja al desnudo la inmensidad del mundo)

 

y le llamás: _ “Dios”_ 

                  a esta profunda lejanía.

 

© Dardo Solórzano

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22/12/21

Poema de Dardo Solórzano

 


DÍA 29

 

Llamé a la mujer que interpreta los sueños,

 

        mañana vendrá en ellos el mismo ciego

             a decir que el tiempo tiene un espejo

  donde ve de sí mismo un estar del otro lado;

 

que se hace espacio para caber en sí

abriéndose todo lo que estaba terminado,

                                                   supuestamente…

 

El tiempo que agranda su espacio

cerrándose siempre en lo mismo,

repetir un número en lo hueco

 

                  ¿qué nos llena en esta vida?

 

polvo de piedra mica dejan en eco

cuadro a cuadro las alas de las libélulas

que invaden cada espesura del cañaveral.

 

  _“Tornasolado es el tiempo”_ dice el ciego.

 

Sé que en un ranchito en la ladera la curandera interpreta

pero no me queda tiempo para ir.

 

Abro a machetazos el monte

más no llego a distinguir,

 

lejos está mi sueño, lo pierdo…

 

la distancia está siempre adentro mío. 

 

© Dardo Solórzano

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16/11/21

Poema de Dardo Solórzano

 


Carnaval de Barranquilla

 

Se desprolijan a ellos mismos

             para que el carnaval adquiera su orden.

 

Vaya la luna de Barranquilla

                       a la luz hueca colgada de arriba,

 

la cumbia (documento de los desterrados)

             vaya a la sangre del gesto identitario,

 

  el baile (idioma de los que ven

       con el cuerpo salido del espacio mental)

vaya a acomodarse al entrevero,

 

y las carrozas (que siempre habitan lo imaginario)

   vayan a ocupar los cerebros a orillas del desfile

de la gente que erguida ensueña

como árboles sonámbulos.

 

No se festeja sobre las calles

   sino encima del recuerdo que traen esos lugares.

 

Los que van quedando en los sitios olvidados

hablan desde el futuro

     por medio de la boca del alcohol

(que siempre está antes)

para anunciar que todo lo que va terminando

sigue adentro de tu cabeza,

continuo,

         en el eco perenne

                           de un vallenato,

animal musical que rasguña las paredes

 

porque no puede salir

                    de adentro de tu cráneo…

 

© Dardo Solórzano

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20/10/21

Poema de Dardo Solórzano

 


HUMITA

 

Que sea cierto él,

                             ahora sin sus días,

        cuando se destape la olla

                         y recordés que le huía el alma

                     como un vapor inasible a tu vida.

 

Si cae una lágrima, abuela,

       digamos que fue por la cebolla picada.

 

No vuelve de este presente nuestro país,

hace siglos lo esperamos

para poder presumir que ya tuvimos futuro….

 

                  El pimiento colorado y el ají molido

                              enfurecen la lengua

                        de esta familia sin idioma

dentro de un continente gritando su razón

               desde un plato vacío:

                _ “tráigame mijo el choclo blanco

Pero América traga en el pimentón

                 el color de su raza violentada.

 

El pueblo la busca en sus mujeres;

    un poquito de albahaca,

       en el centro pongalé queso de cabra;

     y buscamos en las afueras,

              en el patio, en la fábrica,

                   pero el abuelo ya no estaba.

 

Que sea cierto él presente (horas sin sus días)

      cuando coma nuestra gente del maíz capia

   hambre por el otro, humita en chala,

que hay un lugar vacío en nuestra mesa

                            

                             y en él entramos todos.

 

© Dardo Solórzano

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17/9/21

Poema de Dardo Solórzano

 


DEL MISMO PALO 

 

Bajo un árbol huérfano

mi madre prometió humillarme.

 

Me disciplinaría así, con la vergüenza,

de lo que soy, de lo que fuimos.

 

Ese árbol solo dará frutos

cuando ya no quede ningún testigo.

 

© Dardo Solórzano

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21/8/21

Poema de Dardo Solórzano

 


Condorí y el Cordero

 

A sol encelando un pétalo huele

        su ser de 12 años en los cerros de Anfama.

 

María Condorí tuvo otra visión

que no le sale por la boca

más que para contarle a su hermanito callado.

 

_“Al cordero le cortan el cogote

y cae la tarde de su sangre…”_.

 

Le da asco a los grandes lo extraño,

los pasos del ánima en el rancho,

el caballo desbarrancado que falseó la huella,

el abuelo que la vive abusando.

 

_“Agua cae del precipicio relinchando”_ cuenta

que morirá el toro cuando llegue la helada.

 

Rechinar de dientes ensangrentados

         del cuchillo zapallero en la fría siesta,

y en la noche del difunto balando

saber de niña que será la curandera

mientras le habla al cordero que sangra                                                                     callado…

 

© Dardo Solórzano

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28/7/21

Poema de Dardo Solórzano

 


ACONTECER 

 

La realidad no existe sin pruebas.

 

Está siendo la demora sobre Abril

porque se ha encallado el reloj en la arena;

                  no corren, no caen sus pies

porque su tiempo solo transcurre en el mar,

lo sabe su volumen de ballena

                                                    retenida en el aire, sin poder respirar.

 

Lo atestigua la tarde

que no se ha movido desde ayer

por ser millones de veces la misma

de hoy, del después,

porque el tiempo no le ocurre……

 

Un pez trae la evidencia de que la orilla existe

pues carga ese límite en la boca,

ese borde impedido de hablar

para llamar al otro lado del océano

y cerrar en un encuentro

las escamas abiertas de la tierra.

 

Evidencia trae la gaviota

de que se curva el planeta como sus alas

para poder volar por la galaxia.

 

El molusco trae registros de que existe la roca

pues la ha documentado en su piel.

 

El cangrejo encontró los pasos de la memoria

al avanzar hacia atrás.

                     Dándole la espalda al futuro

                     conoció el rostro del mañana. 

 

Y es un laboratorio el universo

donde las cosas son ciertas

porque hay otro ser que las comprueba.

 

Todo sería así

                        pero Ella es la excepción…….. 

 

vuelca sus cabellos al occidente

y caen las estrellas de modo fugaz.

                           Llora en soledad

y no amanece nunca más en el sueño de los ciegos.

 

Alguna vez dijo: “te amo”

y nadie pudo comprobar que yo estaba muerto

creyendo en ser resucitado.

 

Sólo ella puede acontecer sin pruebas,

                       al igual que Dios (por amor),

 

que idealizó a este hombre

y selló su propia irrealidad.

 

© Dardo Solórzano

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