7/11/26

Texto de Hugo Achugar

  


Monólogo del joven

 

                                                    a Federico García Lorca


  Los hay audaces que emprendieron viajes interminables. Fatigados cambiaron tu moneda en el estrecho idilio de cintas y artefactos de las memorias. Otros que inventaron globos y poemas sólo alcanzaron las fronteras occidentales, sin regresar jamás por temor al escarnio. Nosotros permanecemos en el valle, cuidamos armarios sillas escritorios, ejercitamos el azar y la jardinería: pulimos la piedra del altar.

 

  Los hay puros de corazón ardiendo. Viajan en la ira, suponen la destrucción como ejercicio para el asalto al cielo. Serán la sal de la tierra. A su vez, ellos te cambian por los nombres de los sabios; cantan y danzan y sueñan un mayor artilugio. Otros, mientras adviene tu cuerpo, fundan aldeas, cohabitan con sus mujeres, tienen hijos y enseñan los múltiples abecedarios.

  Reservo para mí tus huesos en sombra, cálidos bajo las copas abultadas; los declaro coto de mi caza exclusiva, en ellos tus puros huesos planto mi bandera hipotética. Los asumo.

  Los he de invadir con este territorio ubérrimo de las caricias acumuladas en segundos semanales de la abstinencia

  cantaremos

  (las canciones y la pipa musical son para entonces)

  no habrá final

  no existirá esta dicha a plazo fijo

  este recuerdo de tu verso fusilado

  este llanto entrecortado

  al pie de la madrugada

  esta sarna ulcerada del distinto.

 

© Hugo Achugar

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Poema de Victoria Estol

  


Al mismo tiempo, casi

coso el botón doble hilo

trenzo la tranza

delicada

deliciosa

guardo mi cabeza en la canasta de frutillas

evito al búho que me ulula

me clavo la aguja en la huella dactilar

justo en el medio

donde termina la espiral

chillo y la miro

 

bella durmiente no se duerme

no sé qué será de la tentación 

 

© Victoria Estol

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Poema de Sonia Rabinovich

                                                   


         

                             Málaga- Casa natal de Picasso

  

“Yo cojo un jarrón y lo convierto en una mujer. Utilizo una vieja metáfora, le doy vuelta y le doy vida " 

 

Subiendo las escaleras blancas de la casa de Málaga,

subiendo con el pensamiento las escaleras de un museo

con la historia de todos los retratos,

tus pinturas donde una flor podía ser vagina dentada,

olvidándonos por un instante de la cara de pibe en trajecito

que nos recibe abriendo la puerta frente a la plaza de la Victoria,

entonces damos vuelta la vieja metáfora y pensamos;

El toma una mujer y la convierte en un jarrón, le da vuelta

y le da muerte y le pinta una lágrima en el rostro cubista y fragmentado.

Caminando la salida , él mismo lo confirma en una frase;

Soy como un río que baja arrolladoramente arrastrando

los arboles que crecen cerca de la orilla .

 

© Sonia Rabinovich

Texto de Nahuel Barrios

 


LA VIEJA CASONA


Era una vieja casona con ramas azules desparramadas por todo el jardín, y el sol se me arrimó como a un limonero reseco y gigante. Fue una pausa en la que descubrí que ya no estaba solo, y de pronto, al hablar, me salieron unas pocas palabras, un balbuceo retórico. Un idioma que no era más que la manifestación misma de aquello peligroso que me acechaba.

Entonces oí que la vieja casona me respondía. Pero a diferencia de mí, esta no tenía idiomas. Más bien, su propio silencio de cemento y piedra. De todas maneras, comprendí enseguida lo que trataba de decirme. Abrió una de las ventanas y dejó salir unas hojas secas que volaron lejos de nosotros. También entraron algunos pájaros que cantaban algo como salido de sus plumas. El sol agrietó sus pocos rincones húmedos, e iluminó a la vieja casona en una decoración de alas verdes y violetas. Me acerqué despacio. Sin pensar demasiado en todo esto que me pasaba, y así fue que, por fin, pisamos juntos el jardín repleto de ramas azules. La vieja casona y yo, buscando alguna sombra alentadora, palpando ese día que nos comenzaba a calentar los brazos y, por, sobre todo, tratando de entender el peligro que lentamente se acercaba.

 

© Nahuel Barrios

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Poema de Carlos Norberto Carbone

 


DONDE LAS SABANAS HABLAN

 

cuando entro en ella todo se precipita

es intenso el movimiento donde oscila el deseo

me hundo en el precipicio de vos

canto en el territorio de tu grito

te despedazo como un espejo fantástico

y sé que estás ahí

donde las sabanas hablan y batallan victoriosas

 

© Carlos Norberto Carbone

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Poema de Ana Romano

 


Isabela


Un hilo sutil

enhebra puntos de encaje

Ojales deshilachados

pespunteados por un carretel errante

Brazos desnudos

muestran diminutas baratijas

Los maniquíes

completan el desbarajuste del altillo


Fastidiada

Isabela

desata nudos.

 

© Ana Romano

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Poema de Hugo Luna

 


Mi nombre no existe

sin embargo

recuerdo haber oído una voz

alguna vez

nombrarlo.

 

© Hugo Luna

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Poema de Isabel Llorca Bosco

 


BRISA

 

Quiero la sombra florecida de la brisa

para inaugurar la primavera,

esa compañía de siempre

que nos calma

si nos aturde el sol.

Un rincón para abstraernos

e imaginar la vida sin mirarla.

Quiero solo el olor

de las flores que nacen

y tú amor postergado

hasta la eternidad.

 

© Isabel Llorca Bosco

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6/11/26

Poema de Teresa Gómez

 


Detonación 

 

Allí, tras la fortaleza,

donde los verdugos se abrazan ensangrentados,

donde la perversión colorea sus mejillas y sus decisiones

con la misma determinación

con la que una avalancha de nieve desciende la montaña

o un león hambriento se lanza sobre un gamo,

hay también un hombre implorando justicia.

Es el hombre que quemó los estandartes que nos separaban,

el que duerme a sus hijos con historias en su lengua materna

y no reza a los dioses violentos.

 

Allí, tras la fortaleza,

donde los explotadores celebran sus aquelarres,

donde la codicia y el oro adornan sus cuerpos

con la misma luz

con la que una explosión ilumina la noche de terror

o un volcán derrama su lava hasta los sembrados,

hay también una mujer implorando justicia.

Es la mujer que renunció a la gloria,

la que cuida a los pájaros, se abraza a los árboles

y se niega a parir enemigos para la guerra.

 

© Teresa Gómez

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Poema de Graciela Estévez Rivero

 


BARBARIE

 

la hoja siguiente

es negra

 

el mar no tiene puertas

 

ráfagas ciegas

rondan la noche en llamas

 

una madre

mece el hueco de la muerte

 

cuando lleguen

no levantará los brazos

no pedirá piedad

 

las manos en alto

no salvaron a Hassam

ni a Alí

ni a la pequeña Naila

 

las manos en alto

ya no salvan a nadie

 

© Graciela Estévez Rivero

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Texto de Víctor Hugo Valledor

 


Huesos  

 

Camino junto a los huesos muertos de mi madre.

Ella va hacia su puerto final llevada por mí.

Ese conjunto de formas pálidas irá a su descanso.

Mientras recorro un extenso panal de muertos descubro que alguna vez estuve dentro de los huesos muertos de mi madre.

 

© Víctor Hugo Valledor

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Poema de Zulma Zubillaga

  


ALIMAÑAS

 

han caído hoy tres alimañas

entraron a la casa    no hay ranuras ni bordes

pero entraron    no sé

les doy la libertad y vuelven

las quito del medio y vuelven

yo no entiendo

 

sin embargo

 

he cuidado los patios aledaños  

los linderos

las cercanías del sueño     los pasillos

 

bien lo saben ellas      sí

 

© Zulma Zubillaga

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Poema de Nicolás Antonioli

 


notación ante la inminencia

 

Planea y refulge en la enramada

hasta este día que se extingue

incandescente en el horizonte húmedo del cosmos

al final de la madrugada relámpagos

brillantes como la noche despavorida se perciben dentro de la muerte

después de una larga calma un pronto respiro

bostezado como el murmullo de esa muerte viva

su respiración sacude al mundo

fuera del espectro

la negrura de la noche esparce su rocío

 

© Nicolás Antonioli

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Poema de Paulina Juszko

  


Tanto amé alguna vez?

¿y caminé abrazandoabrazada por las calles de una ciudad?

¿y disfruté de otra lengua en mi boca/de otra saliva?

¿y se humedeció mi sexo acariciado?

Lejanías

 deslizándose a veces:

 friso desdibujado

 con personajes a contraluz

 y una protagonista extraña

                                                                                      irreconocible

Incomprensible.  

 

© Paulina Juszko

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Poema de Lorena Luna

  


los árboles también sangran

 

de todas las tormentas

del peso de los inviernos

de la sequía

 

se parten

 

la forma en que se inclinan

lo dice todo

pruebas

de que lo herido puede ser hermoso

 

no se curan volviendo a ser lo que eran

lo hacen creciendo

de  la manera que nunca pensaron

 

© Lorena Luna

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