7/2/26

Poema de Matías Aldaz

 


ACENTO DE PIEDRA PRECIOSA

 

el otro día

dijo por primera vez

su nombre

en realidad

no dijo Lo ren zo

sino su sobrenombre

aunque para ser más preciso

tampoco su sobrenombre

tal cual es

o sí

pero con un pequeño cambio

en lugar de lolo

dijo

loló

 

¿cómo te llamás vos?

loló

así lo dijo

con una mueca iracunda

hundiendo los cachetes

y achicando la boca lo más posible

loló

dijo

y fue como si sonara el campanario

de una capilla perdida

en el campo de federación

donde nacieron sus abuelos

sus tíos

donde nací yo

 

dijo

loló

y fue sorpresa

pero también fue pavor

 

dijo

loló

y quizás

en un corto tiempo

ya no lo diga más así

y sólo diga como le dicen todos

lolo

que se presente como lo nombran

sin ese acento de piedra preciosa

que él se inventó

para usarlo sólo un ratito

 

dijo loló

y yo repasé algunos

de los otros nombres

que teníamos pensado para él

 

en un pizarrón que estaba

en nuestra casa

en colegiales

escribí con una tiza blanca

la fecha del día

en que con la mamá

nos vimos por primera vez

y también anoté ahí

las fechas precisas

en que tenía que tomar

unos comprimidos

y que ahora

no recuerdo

para qué servían

 

en ese mismo pizarrón

arriba de todo comencé

durante la última etapa del embarazo

a poner los nombres

que nos gustaban

comencé el mismo día

que nos enteramos

que iba a ser un varón

 

antú fue el primer nombre

antonio también

los separé con un guión

 

antú guión antonio

tupí guión ciro

camilo guión juan

el último fue Lorenzo

y ya no hubo más guión

 

antes de salir del sanatorio

con la mamá estuvimos sentados

durante más de quince minutos

frente a la señora del registro civil

que lo tenía que anotar

 

dudábamos aún

qué nombre ponerle

queríamos Lorenzo

pero vacilábamos

porque había que vacilar

porque estábamos

obligados a vacilar

 

no era algo como comprar una casa u otra

como ir de vacaciones al sur o al norte

no

era el nombre de nuestro hijo

(mientras él dormía

en el huevito

con el gorro mal puesto

así como lo tuvo las tres

o cuatro veces

que lo usó

ninguno nunca

ni la mamá ni yo

se lo supo poner

de la manera correcta)

 

dudábamos entonces

(los dos frente a la señora

del registro civil

que tenía un malhumor

color turquesa)

si camilo o Lorenzo

 

la pulserita de plástico

que le habían puesto

en el sanatorio

decía Lorenzo

todo con mayúsculas

un solo nombre

 

ningún nombre heredado

ni mío ni de ningún abuelo

 

sin el peso

de felicidad

ni desdicha

 

y casi fue camilo

(pero en aquel momento

había un cantante

que se llamaba camilo

y que usaba un bigotito ridículo

y a mí no me gustaba

ese paralelismo para Lorenzo)

 

en verdad

sé que nunca lo voy a llamar lolo

tal vez sí lo llame loló

como él se puso el otro día

como él eligió que lo llamaran

para anunciar yo también decido

yo también puedo consagrarme a la fe

el modo prodigioso de fundar su identidad

y de cambiar la mía para siempre

 

y yo ahora

le digo Lorenzo

 

le digo

Lorenzo

¿dónde hay una palmera?

y él me mira

y hace una sonrisa

que se parece mucho

al brillo del mar

y con entusiasmo

se da vuelta rápido

me la señala


© Matías Aldaz

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Poema de Dolores Etchecopar

 


a veces hay que volverse hacia los Antiguos

sus voces atraviesan los siglos

como luz de estrellas extintas

sus voces sacudidas por el viento feroz de la historia

así trastocadas álgidas

hasta aquí llegan intactas las preguntas

y dañados los argumentos

por sus fisuras nos llega el sollozo el desespero de alguien

que antes de morir sueña una puerta

y golpea el muro con palabras

deja marcas partituras

para un instrumento roto

pero hay otras voces unas pocas

no piden que ceda la última puerta

ellas se abren como ramas

abrazan el sol

y sostienen por unos instantes

lo que en ellas se posa

sea eso una araña

o el Espíritu Santo

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de Carlos J. Aldazábal

 


Epitafio

 

¿Cómo resucita el carnaval después de la cuaresma?

¿Cómo se sostiene el alma en equilibrio?

¿Cómo se sacude los embates del miedo?

 

Contrapunto al tango:

miren el cartel que señala la ruta,

el camino al embrión, a lo oscuro, lo frío,

                                 a la misma placenta.

 

Otra vez a remar, ya sin corriente,

sin ningún empujón hacia la orilla,

puras manos perversas empujando hacia abajo.

 

¿Cuándo resucita el carnaval?

 

Fuimos felices en la casa del sueño,

todos reunidos nos pensamos posibles

y las horas pasaban tranquilas, complacientes.

 

Fuimos valientes en el sol de la siesta,

bajo un resplandor sutil, esperanzado,

que no tardó en opacarse.

 

Entonces fue la noche,

la certeza de un dios impiadoso

cumpliendo su venganza:

 

las sombras se agigantaron;

 

por el cielo, un jinete del apocalipsis

ataba un cadáver a su carro triunfal.

 

Todos lloramos, abrazados y frágiles,

                             en nuestro velatorio,

y al llegar al entierro ya no sentimos nada.

 

Así escribimos nuestro epitafio:

 

estamos esperando

el momento del átomo,

la revancha final,

el gran desquite.

 

© Carlos J. Aldazábal

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Poema de Ángela Maldonado

 


Hace días que leo a estos poetas

pienso en ellos    estoy dentro

voy

por lo que ellos ofrecen

comparto su soledad   

no busco otra cosa

imagino sus silencios

la expectativa    su calma

Conozco     como ellos

el roce de las cosas buscando su sitio

 

conozco la mano y la piedra

a la que también fui arrojada

 

hace días respiramos

el mismo aire de misericordia

y hospedamos

por toda supervivencia

esta especie de conversación

que se empeña

 

como una luz entrando a la casa

 

“un poema / un buen poema /

es siempre compasivo” Joan Margarit

 

© Ángela Maldonado

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Poema de Ana Romano

 


Dafne

Perduran

acodados

los malvones

Improvisadas hebras

se guarecen en el mimbre

 

Entre los durazneros

la fugacidad de un colibrí

 

Mientras en abanico

chocolates

patinan vanidosos

 

la infancia de Dafne

gruñe.

 

© Ana Romano

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6/2/26

Poema de Norberto Barleand

 

RECUERDO 

 

Quisiera me recuerden

entre los arboles perdidos de la infancia ,

con el  silencio gris de la nostalgia,

y la mano extendida que arrojé en los caminos

 

Quisiera me recuerden con el aroma de los  sueños

que perduran como el viento,

la baldosa donde sostengo

la penumbra , el brillo y sus congojas.

 

Quisiera me recuerden con  la sonrisa

que acompaña los desvelos

abiertas al  hueco de la historia, 

con las aristas del amor y sus antorchas

 

Quisiera me recuerden

con  los huesos  que  crujen

por el grito del   dolor a tanta ausencia

el resol en la piel 

y el relámpago en el altar de las  estrellas.

 

                               Quisiera me recuerden.

 

© Norberto Barleand

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Poema de Claudia Tejeda

 


Diamante

                                            sin Luci

 

A contrahistoria

hiciste pie en el aire

ceniza de trébol

marcando la página de un libro

el garabato suplicante

que nadie supo adivinar.

Para qué cuidarte de los virus

peinar naufragios con vinagre

renegar por los parches de tu ropa

con tantos resortes sin encajar

en los ojos huidizos.

Somebody calls you

you answer quite slowly

y duelen los cielos de mermelada

y las flores de celofán

de la canción escrita antes que nacieras

para seguir nombrándote

Luci in the sky.

 

Vos eras el diamante

y ahora nunca.

 

© Claudia Tejeda

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Poema de Silvia Marina Crespo

  


Caída libre

 

Tambalea de tristeza

este espejo

propaga sus islas de sal

como mordeduras del llanto

vacila y comienza a caer

detrás de los ojos

desfallecen sus reflejos

un aullido desde el fondo

vorágine de rostros con la boca abierta

momentos trastocados en el descenso

simulacro de voces

parajes donde nunca ha dejado de llover

sitios donde el silencio alimenta sus ráfagas

No deja de caer este espejo

engulle distancias entre lo antiguo y lo nuevo

los ojos y las manos se someten al horror

todo se contrae

retrocede hasta el primer espanto

y no deja de caer

el siglo exhala desde el olvido

y el aire lo sostiene

como un grito inagotable

 

© Silvia Marina Crespo

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Poema de Juan Manuel Ramírez

 


Hamacarse

un simulacro de vuelo

impulso a otro plano

Un intento de alcanzar el deseo

y volver al punto de partida

Te animás

el envión es diferente

podrías romperte una pierna

hacerte un raspón

tendría cierto placer

sacarse la última cáscara

de esa

de alguna herida.

 

© Juan Manuel Ramírez

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Poema de Luciana A. Mellado

 


Una mujer sin lengua

crece en la corteza

que habla.

 

El agua orienta al agua,

el aire orienta al aire.

 

Yo no puedo orientarme

a mí misma.

 

Corto mi cabeza como una flor.

 

Quiero restituir un orden.

 

Riego el silencio de las flores

con palabras.

 

© Luciana A. Mellado

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Poema de Elena Garritani

 


Camino por la costa del mar

como si fuera a retener el sol de este verano en mis pies.

Marzo desparrama luz de distinta claridad

en las hojas que caen en las que crujen en las que el viento

leva suspendido en su cinta de oro

el corazón comienza a caminar por calles entrañables

de las que se fuga el tiempo para recomenzar.

 

© Elena Garritani

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Poema de Fabián Leppez

 


Petricor*

 

El día plomizo se columpia

en una moneda manoseada.

El cielo cubierto de cartones.

La humedad es un virus

que ablanda los huesos.

Si del cielo cae una gota

una sola

será el inicio de un orgasmo.

Mi cabeza es un balde rebalsado.

El agua emulsiona mis ojos.

Un concierto de burbujas se celebra

en mis oídos.

Miro al cielo.

La gota que está por caer

será la campana/

el botón rojo.

Los paraguas son metralletas sin munición.

El agua enhebra el témpano

cuando sube por mis manos

y traza surcos jurásicos.

Son escamas que representan los años.

Es el incierto presagiando aleluyas.

El cielo rastrilla celulitis y es

un espasmo a punta de jabalina.

Un cadáver se incinera entre dos nubes

y el sol

se endereza los anteojos

para ver el espectáculo

sin antifaz.

 

*Olor a lluvia, tierra mojada.

 

 © Fabián Leppez

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Poema de Lucía Franchi

 


Te escribí desde un lugar

de carencia,

pero te hablé como una adulta

incluso intenté que mi voz

sonara despreocupada,

como una hoja que se desprende

de su árbol madre

e inicia el solitario

camino del viento.

La intensidad acá en el pecho

me dice que nuevamente

perdí,

pero sigo sosteniendo

la única que pierde acá

soy yo.

 

Te suelto y es como decir

debo soltar al fantasma

que mordió mi almohada,

insomne y perene

se robó el sueño.

 

Hubiera preferido que fuera amor,

pero nunca se trata de amor,

sino de ubicar la carencia

en el corazón indicado

y dejar que muela sus frutos

con los dientes apretados.

 

Hubiera preferido soltar a una persona,

y no a mí misma.

 

Pero qué estoy diciendo.

 

Te escribo un poema

que podría tener muchos nombres,

la soledad es múltiple,

pero la respuesta

-ese muro tan conocido-

es siempre la misma.

 

Pero qué te estoy diciendo,

si acá la que habla es la otra,

y esa nunca se enamora,

sólo va construyendo pérdidas

que adopta como refugios

para hacerse a la idea

de por qué la soledad

resulta tan atractiva.

 

© Lucía Franchi

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Poema de Iván Quinteros

 


Desesperado 

 

Sí, claro que te voy a esperar hasta que vuelvas

Te voy a esperar hasta la medianoche

Hasta convertirme en calabaza

Te voy a esperar hasta el amanecer con una sonrisa

Abrazado a las llamas de la hoguera

Porque yo también te extraño

¿Cuánto tiempo necesitas que te espere?

Extrañar para mi significa ganas de verte, de compartir,

No saber qué hacer o para dónde ir.

Por eso poco importa esta espera

Aunque sea bajo la lluvia o los rayos del sol

Frente al viento de las adversidades o la fresca brisa de las alegrías,

Igual te confieso la espera también es desamparo.

Te voy a esperar como un pez que se acerca al muelle

Anhelando las bendiciones de los pescadores,

Te voy a esperar de este lado inescrutable de la historia

Hasta que vuelvas y me devores con tu lengua

Y así espantes de una buena vez esta soledad penitente

Que acecha con dientes afilados

Y viste de amores sin plumas,

Te voy a esperar porque no tengo remedio

Porque me siento perdido sin tu mano,

Ciego sin tus ojos, sediento sin tu boca,

Te voy a esperar hasta que los bailarines, los músicos y el público

Dejen de mirar el reloj,

Te voy a esperar en el eterno presente

Porque cuando vuelvas

Yo no seré yo,

Te voy a esperar con los párpados temblorosos

Mientras repites una y otra vez

Como aquel día

Las

Palabras

De Simone de Beauvoir

Ser libre es querer la libertad de los demás

Y luego te fuiste sin despedirte.

Cuando vuelvas voy a estar acá,

Claro que sí.

Te voy a esperar con jazmines, claveles, azucenas y un abrazo

Para desatar una fiesta gitana que dure mil años

Mientras tanto

te esperaré

dócil como siempre

e

indócil como nunca.

 

© Iván Quinteros

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Poema de Diana Espinal

 


De pájaros entre Pandemia

 

En estos tiempos de pandemia

los pájaros están de rodillas

sobre su articulación de tibio tarsal

 

Su canto oscila entre

manzanas podridas y mandarinas encapuchadas

como el olor del vinagre son sus trinos desgarradores

como bisagras oxidadas sus chillidos

y el viento se arquea ante su vuelo enfermizo

 

Sobre las esculturas en las plazas

Perciben el humo con olor a carne humana quemada

 

Entre las ramas

Se prostituyen con el insomnio

Con los otros pájaros de una sola ceja,

entre las ramas insisten y se trenzan las mareas de humo y ceniza

hoja por hoja

tallo entre tallo

recelosa urdimbre de nefastos días.

 

¿Sabrán los pájaros que tendrán que vacunarse?

¿Tres veces, cuatro veces… ¿Cuántas serán?

Solo esperemos que después

sus cantos no se asemejen a quejidos de jabalí.

 

© Diana Espinal

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