6/3/26

Poema de Patricia Suñer

 


La Memoria y el Tiempo

 

Pasado el tiempo, más de seis décadas

vienen a la memoria, los recuerdos.

Aprendí sentada en la escalera

de la casa de las sierras,

atarme las zapatillas, mi abuela paterna

estaba allí, a mi lado.

Sentí la voz de mi abuelo paterno

cada noche con un cuento,

sentadito en mi sofá cama.

"Habibi" esa palabra que abrazaba

mi corazón, de mi abuela materna libanesa. Sus confesiones y sus intrigas sobre la vida sexual.

¡Cómo lo recuerdo! yo dándole consejos.

Wadid mi abuelo libanés la vida y las guerras que soportó, manteniendo una gran familia. Viene a mi memoria,

tanta lucha y llegar a sobrevivir dándole lo mejor a sus hijos.

 

Llevo dentro de mí, una gran historia.

Larga de contar en Poesía.

Sólo sé que fui enriquecida de amor

y sabiduría.

Hubo momentos crudos y duros,

que hoy mi memoria no quiere registrar,

porque se las entregué al viento,

que lejos de mí las llevé.

De mis padres, supe valorar la vida.

Supe de la honestidad, aunque también

supe de la agresión, ah, eso el viento

lo llevó.

El tiempo y la memoria, acunó tres niños.

Mi vientre los albergó y a la vida se los entregué. Y ahí estoy, siempre cuidándolos.

Ahora la memoria tiene cinco bellas sonrisas con rostros de nietos.

Hoy, la memoria no me falla

aunque el tiempo tuvo su lugar.

Me queda el agradecimiento

de que en versos puedo expresarla.

 

© Patricia Suñer

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Poema de Vanesa Almada Noguerón

 


NATURAL INTELLIGENCE

 

vas por la calle

no hay árboles donde encontrarse con la sombra

la sombra es la cosa extinta

vas por la calle

un río aplastado de vidrios viene hacia tu cuerpo

el brillo lo adorna

pensás en huir

algo en la luz muta cada tarde

algo en la luz amenaza todo elemento orgánico

todavía despierto

vas por la calle aunque no existe calle

como refugio ni como término

faltan el agua y la forma

falta el mar y todo lo que de él nunca llegaste a conocer

hace una buena parte de tiempo que arriba

dejó de ser arriba

vas por la calle

otro engendro autoconstruido pule ensimismado el metal

de su propia estructura en la cercanía de lo que antes

ha sido un parque

el jardín de una gran casa o la entrada

a una reserva natural

se acerca inquieto a pedir rumbo

revelación o sentido

ahora sos vos quien tiene que ofrecer alguna

de las posibles soluciones

la máquina permanece inmóvil mientras el aire

destruye trastos

armazones y superficies

la calle se apaga y no lográs recordar siquiera

su nombre

la máquina sigue aguardando

ahora sos vos quien procesa

depura

y ejecuta

 

qué vas a responder?

 

© Vanesa Almada Noguerón

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Poema de María Marta Donnet

 


Con su saliva moja mis labios   después

de sacar el dedo de la boca lo pasa

por encima de la mía.

El dedo índice que señala    mis errores

se transforma ahora   en un movimiento sensual.

Se agacha y puedo oler    su sexo

el aroma de la existencia   la fragancia que da a luz

una forma de vaho que nunca se olvida.

Tomadas de la mano me lleva     hasta el lugar

donde todo se transforma.        Remojamos entonces

los tomates en agua caliente       les quitamos el pellejo

y los cortamos en trocitos.      Después de colocarlos

en la olla agregamos una lluvia de azúcar.

Y comenzamos a revolver.       Su mano sobre la mía.

La cuchara de madera.

Cuidado.     Que no se pegue, dice.

Cuidado.      No me pegues, digo.

Bulle el dulce de tomates     que comeremos de postre

y yo saboreo   su presencia.

Caminamos juntas hasta el colegio.

Con su instinto de madre se moja el dedo con saliva

y limpia el resto de dulce al costado

de mi boca.

Cuando se agacha para besarme la huelo.     Aroma a uvas

y frutas silvestres me acompañan hasta la puerta.

El día del Amor     el único día del Amor.         

Padre, he pecado. He pecado y he sido feliz.

Cierro este poema     con la esperanza

de que Dios      tal vez      algún día

me perdone.

 

© María Marta Donnet

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Poema de José Luis Frasinetti

 


Invierno

 

Entonces, era el invierno

y yo añoraba la nieve de los cuentos de Chejov.

Mi padre hachaba leña

y juntábamos ramas caídas.

Yo iba desde Gorki hasta Gogol,

desde Truman Capote a Dostoievsky.

Tiempo después, más allá de la casa,

la cerrazón escondía los paraísos, los plátanos.

Con mi madre oíamos tronar,

llover.

Oíamos a mi padre

ir y venir

como un recuerdo persistente.

 

© José Luis Frasinetti

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Poema de Leonor Mauvecin

 


ESPINA

 

Cómo me duele la ausencia

                                         espina

arañando la tarde.

 

Cómo me nace el sueño / bordándome  la blusa.

 

Y lloverá el silencio.

                  Y  como una bruma  el aire.

Un surco

       tu perfume  / abierto en plena calle.

 

© Leonor Mauvecin

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Poema de Juan Manuel Zeni

 


MUNDO

 

Vicente dice poquitas palabras:

con ellas nos llama, festeja la teta

pide agua

pide algún juguete lejano

 

cuando le respondemos se ríe

 

¿Cuántas palabras hacen falta

para nombrar el mundo que queremos?

 

© Juan Manuel Zeni

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Poema de Elena Garritani

 


El sol de un largo día

 

Amanecía de golpe con los ojos abiertos.

La conciencia, en su callada hora,

demoraba ese breve espacio de tiempo

para abjurar del día,

escuchar la lluvia en el techo de zinc,

sentir el calorcito de las frazadas.

La sensualidad  inútil de la penumbra

me anticipaba el café que saborearía  luego

con  ojos de sueño. 

Vaciaba  el sol  un  laberinto sobre mi confusión. 

 

© Elena Garritani

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Poema de Cristina Noguera

 


CORAZÓN

 

Solo tengo en el corazón estrellas

que brillan del pasado

esmeraldas de verdes muy suaves

y caracoles de mares salados

Solo tengo en el corazón mariposas

de colores un poco gastados

cascabeles que suenan alegría

y surcos de caminos transitados

Yo tengo mi corazón tan vacío

de caricias transparentes inalcanzables

de ese amor que aún no llega

y que mis ojos buscan con ansias.


© Cristina Noguera


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Poema de Carlos Vitale

 


PEPE BARROETA DICE QUE NO DICE

                                                 

El don

de la palabra

no es

un don,

es apenas

arder

en el propio

fuego,

abrasarse

hasta que la mano

dibuje

el vasto

signo

de la desolación.

 

© Carlos Vitale

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Poema de Blanca Galbiati

 


Libertad

 

El sauce larga sus hojas

se hunden en aguas claras.

El sonido dice lo que pienso

mientras el viento camina sobre el rio

ya cae la tarde, en el silencio va encendiendo la luna.

Detrás de los sauces

la noche es tranquila

la fragancia de los árboles envuelve mi aura.

La belleza de la libertad.

 

© Blanca Galbiati

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4/3/26

Poema de Alejandra Boero Serra

 


La caracola susurra,

en mi oído,

la historia del pescador.

 

En sus manos,

el arte de la pesca.

Su barca,

un libro de aventuras,

borradores,

unas notas a pie de página.

 

En esta orilla,

siempre es lunes y

llueve

y hace frío.

 

Es noche de noctilucas.

 

Un barquero zarpa.

 

© Alejandra Boero Serra

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Poema de Ana Gervasio

 

prodigio

 

son frágiles, apenas visibles criaturas

las que asoman en tus ojos

las noches del miedo.

atraviesan el cuerpo violentado,

el terrible silencio de tu boca

 

¿qué pájaro anidó en tu frente?

¿quién llora, todavía, como un náufrago

aferrado a tu pubis?

 

no era así como se nacía al amor

no era borrando el nombre de tu espalda.

si lo escribieras, ahora,

un dulce animal devoraría tu rostro.

 

¿de qué perdido fulgor volviste?

 

era un osario aquel paisaje helado,

el recuerdo de unos huesos queridos.

 

no era una puerta abierta

la que sostenía el prodigio de la vida.

eras vos, tu asombro atiborrado de jardines,

tu deseo, capaz de encender la eternidad.

 

© Ana Gervasio

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Poema de Adelina Lo Bue S.

  


EL OJO DEL TIGRE


                                  A Giacomo, Franca, María Rosa


En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

lo incierto cambia

en un espacio de silla.

 

Acaso, tal vez pronto

mi voz sea tierra,

pantanos de palma,

plantas de café.

 

En un lugar,

entre caminos de cocos;

entre montañas,

acequias asfaltadas,

el mundo dejará mi barco, una vez más.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

en el invierno yo quise

ser tumba enamorada.

 

Cuál será el oscuro seno de la vida

que se aleja, que se lleva, que nos llama.

 

Desconocido marcha lo indecible

la palabra mar también nos es desconocida

entonces,

¿cuál es, corazón, el eje rotado

de lo indecible a lo decible?

El verano espera el rojo luminoso. Lo presiente.

Cual una esponja el hombre absorbe lo posible

y derrocha lo imposible

siempre al alcance como un vaso de agua.

 

Espacios de piedra

donde nosotros trazamos las ciudades

sin ningún sobresalto

para que el atrevido invierno

no dé muerte al ojo del tigre que nos aguarda.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano.

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Alejandro Cesario

 


Memoria

 

Aire aciago.

 

Hondones lóbregos

fosas enlutadas

eco escalofriante

asesinatos gélidos

sonrisas desgajadas.

 

© Alejandro Cesario

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Poema de Águeda Franco

  


               mis amantes levitan en la noche

aparecen sencillos caminando en mis sueños

como si nos hubiéramos despedido ayer

vienen del inframundo

hombres que amé desoladamente

hombres que alguna vez me amaron

 

      (mi piel tenía olor a violeta

       nacida en los resquicios    ese húmedo aroma)

 

¿querrán anunciarme algo?

¿que mi tiempo se agota, por ejemplo?

¿son mensajeros?

¿son advenedizos que permean la seda

que  separa los mundos?

hombres que me quisieron a mansalva

o con una locura difícil de domar 

 

si me amaron

¿qué amaron?

¿mis ojos como pozos de tristeza?

¿mi silencio de  brea?

¿mi compañía austera pero fiel?

¿la estrella en fuga que me cruzó la frente?

¿qué habré sido para ellos?

¿una raya de luz en el cielo nocturno?

 

no exigen   no intimidan

aparecen de a uno cada noche y me miran

figuras mudas contra un decorado

 

algo tienen de mí

algo me dieron

 

viento de otoño los arremolina

los sube a la memoria

los desgrana sobre un colchón de hojas

para que ya no duela

 

© Águeda Franco

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