7/6/26

Poema de Blanca Lema

  

Morfina

 

Sacaron vino de mi corazón.

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

Vamos al gran funeral de los glaciares muertos.

 

Somos un cairel cayendo sobre el vacío helado

y el mundo ya no se deja besar por los árboles.

 

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

La montaña va saltando al lado nuestro

como una ballena desesperada.

 

Nos abraza a medias,  tiene miedo de rompernos.

 

Sacaron vino de mi corazón.

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

Los gritos del silencio son los peores

No sé qué hacer con ellos,

escombros míos.

 

Dos cisnes en la carótida

quieren limpiar la confusión de estas escenas.

 

¡Si tan sólo hubiera morfina

en la pulpa de las naranjas!

 

Si tan sólo hú-bié-raaá

(MORFINA)

...en la pulpa de las naranjas.

 

© Blanca Lema

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Poema de Miry Sarkis

 


Sobre la calle rota

 

Esta noche

un niño camina solo

                           solo como fantasma

sobre la calle rota en pedazos

 

él busca en toda dirección

no hay nada,

 

con la uña frágil

rasga la única cuerda del laúd

                                      no hay eco

                                          no hay refugios

                                                    no hay nada.

El niño

tiene hambre

                       ni siquiera un pan hay

                       solo un poco de leche

                       solo leche          sin madre.

 

Esta noche

    un niño camina solo

                   con hambre

                             SOLO

                                sobre la calle rota de Siria.

 

© Miry Sarkis

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Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


MOLDE PARA UNA METAFÍSICA

 

Para crear una existencia sólo hay que retirar

los sobrantes, la materia que le rodea,

llegar con el martillo hasta las galaxias

y continuar sacando mundo, cavando sombra

hasta dar con la forma justa y definitiva

separada de todo lo que la trasciende.

Obtenido ese modelo de piedra temblorosa,

hay que volver a llenar el universo,

colocar en sus órbitas los planetas,

las estrellas en sus constelaciones,

los ríos en su cauce, los peces en su espina,

jardines alrededor de los brazos,

huertas que broten en el afuera vacante.

Por último, del centro de todo lo posible,

retirar la pieza de mármol, ahuecar ese espacio,

para dar cabida a la nada,

es decir, a un hombre repleto de vacío

con la mirada puesta en todo lo que le falta.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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Poema de Amalia Mercedes Abaria

 


ALMA DE DESIERTO


                                      A una piedra de Córdoba

 

Ah, silenciosa

y circunspecta,

gris, con alma de desierto.

 

En mi extrañeza humana

cae tu firme soledad

hacia el instante de luz,

como de plata.

 

Y veo allí secretos

de pájaros antiguos

y el silencio de hombres

rompiendo minerales,

buscando tu belleza

de cuarzo, tu fragmento

de estrella.

 

Resplandeciente

 y oscura,

sigilosa,

raíz de la montaña.

 

Sólo los puros amarán

tu abatido magma

disuelto,

el cristal apagado.

 

Rigurosa piel, quebrada y viva.


                         Córdoba, Buenos Aires, 2012

 

© Amalia Mercedes Abaria

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Poema de Daniel Viola

 


No hay lengua que calme la violencia.

 

Uno espera que no viole, que brinde

la ternura que encierra una vocal.

 

Cuando la palabra es ajena,

no hay comunión posible.

 

Toda letra es un símbolo que

nos une o dispersa.

Pronuncio árbol y siento cobijo.

Aquel, la enuncia como lanza.

 

La lengua encierra los idiomas posibles.

Matriz de rasgos; pequeñas acentuaciones;

tildes que ornamentan el habla.

Compartir la lengua es compartir los gestos.

Los mudos lo saben en su juego con señas.

 

Toda madre acuna en su sinfín de gestos.

La lengua materna se genera en la espalda.

Allí donde la médula halla su refugio y

genera susurros que las infancias precisan.

 

Sonidos, gestos. Los dos vibran en la misma frecuencia.

Son cuerdas de un solo instrumento.

 

© Daniel Viola

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6/6/26

Poema de Susana Szwarc

  

Declive

                 

Por el ojo de la cerradura vemos

cómo deja la palangana en el suelo: tiene agua. Ahora

no se ve. Hasta que levanta la mano

blanca, la misma con que la prisionera (jovencita

en Siberia) llevaba maderos hacia el barco.

 

¿Y las niñas? en la escuela

atrás de la vía.

 

Tiene una gillette y el ojo apoyado en la cerradura mira

su negra axila de abeja-madre. Arrasa. Algo se corre.

En el encuadre, un ojo mira al otro.

Si me estiro veo

la palangana (llena) de estrellas y abedules

también blancos: habría nevado.

(El hermano, sobre la nieve, corre

a la muchachita y ahora los ojos ya no ven.)

 

Atrás de la vía:

campanas.

 

Va a salir. Hay que correrse. Abre la puerta y desparrama

el agua (turbia) al gallinero. Nubes la alejan, hacen pasillos

hasta que tiende más ropa en puntas de pie. Los brazos en alto. Abrocha.

 

¿Cómo hallar ahí dónde posarse?

 

© Susana Szwarc

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Poema de Carlos Norberto Carbone

  


NUESTRO PAÍS

 

Soñé con otro país

para ustedes

-hijos míos-

un país donde nadie

mezquine el chocolate

un país donde la sopa fuera fiesta

un país donde todos coman caramelos

El país real

anda lejos de mis sueños

un hedor a traición todo lo invade

por ustedes y los demás niños

seguiré soñando

el dulce de leche hijos míos

Nunca baja las banderas.

 

© Carlos Carbone

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Poema de Mirta Venezia

 


Cuidados de la huerta  

 

                                             Para Meli

 

mi hija me llama

me cuenta de la huerta

de los plantines de Plaza Irlanda 

de la humedad

de hojas siempre verdes

me cuenta de plantas exóticas

que regalaron en el vivero

de esperas

(tiempo de riego

perseverancia/ cuidado)

 

me ofrenda

una siembra de perfumes 

llamita de amor

-te quiero-

 

por un rato me olvido de mí

por un rato pareciera que algo bueno

puede suceder.

 

© Mirta Venezia

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Poema de Romina Soledad Bada

 

Cosecha diaria

 

Algunas mañanas,

con la calma pausada

de quien contempla el amanecer,

preparo el rito de la esperanza,

pues confío en los gestos pequeños,

como aquellos que florecen

en las tazas viejas de la cocina

y las marcas del tiempo

que guardan las manos en la arcilla.

 

Hay que mantener un lenguaje

que nos lleve intactos

a los senderos tranquilos de la memoria,

para reconocer el momento

de cosechar los sueños que plantamos.

 

Y que no duela

haber dejado tanto

y ser tan frágiles.

 

© Romina Soledad Bada

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Poema de Graciela Mitre

  


Movimiento

 

El movimiento

es casi una obligación

mover la lengua aunque solo nombre dolencias,

lucir las ojeras, pasearlas

mudar objetos, contar arandelas, tornillos

vaciar cloacas, llenar vasos sin fondo

pintar las mismas paredes del mismo color

abanicar el aire, que sacuda las hojas

los pelos, las faldas

las sábanas tendidas al sol

que la tierra despierte y germine

buscar la calle, cantar, bailar, vestirse de gala

cargar de luces los ojos, de aceite la boca

evitar disolvernos, empecinarnos

hacer algo antes de que muevan los codos y nos desocupen

el tiempo vacío se oxida 

la vida no perdona a los inmóviles.    

 

© Graciela Mitre

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Poema de Rolando Revagliatti

 


MAL-OGRO

 

Desde esa distancia no se me ven

desde esta distancia no se me ven

no se me ven las aberraciones, ¿verdad?

 

Intenté

mostrarme

sólo

en los aprestos

 

Quedé trabado, achaparrado, enjuto

 

Procedo de un

desvío

 

Lo que chorreo no es

fácilmente

discernible

No es

lo que chorreo

discernible

 

El amanecer no me conviene:

malogro mis

                    incertidumbres

 

Intenté

(en vano)

mostrarme

 

 

sólo

en los aprestos

Oigo mis voces

oigo mis voces.

 

© Rolando Revagliatti

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Poema de Silvia Susana Durruty

 


"Me gustaría escribir un poema simple"

 

que vestido con ropa de trabajo

se suba al colectivo

en la hora pico

 

que se acomode en la mesa

de los que en el bar

se sienten solos

 

que sepa andar en bicicleta

jugar a la pelota

y nadar en el mar

 

un poema que bostece un poco

en los recitales de poesía

 

y no quiera por nada

del mundo ser publicado

 

que juegue con ese niño pequeño

que no para de reír en el subibaja

 

que bromee con los que pasean

a sus mascotas al atardecer

 

un poema que se una a los que

en la Plaza marchan con pancartas

y banderas de colores

 

un poema alegre  un poema simple

entre miles y miles de poemas

 

© Silvia Susana Durruty

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Poema de Cristina Noguera

 

PAZ 

 

Ven gaviota de alas tiernas

Remonta tus letras amnésicas de odios

Empapa tus pinceles con la brisa mansa

Dibuja el terciopelo con tu tibio cielo

Deletrea el dolor con palabras bellas

Cubre los paisajes con tu velo frágil

Borra el rojo intenso de la guerra

Aquieta los demonios de los verdugos

Acaricia la escarcha que gime de dolor

Alumbra la opacidad de la violencia

Hamaca con tu melodía a los humanos

Ven gaviota de alas tiernas.

 

© Cristina   Noguera

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5/6/26

Poema de Susana Zazzetti

 


ahora

toma el hilo

 la aguja

la aguja que sostiene el hilo

 y remienda las heridas.

cose .

desaparecen

 planos inconscientes.

se va poblando

de a poco la tela .

-ese baldío-

los fragmentos se juntan

agudamente unidos.

se transforma el mapa

ya encubierto

y en esa superficie

   encierra hilachas de si misma./

 

© Susana Zazzetti

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Poema de Hugo Echagüe

  

CUERPOS

 

Los cuerpos desnudos tienen algo que nos habla

como una mañana o una voz en el aire vacío.

Aprendiendo la desmesura de su entrega,

lo abiertos que están, a vos, a mí, al viento.

Nada piden. Entregan el anuncio de lo imposible

que señalan con gestos y torsiones que hieren el aire.

Muestran un ansia de perdurar

en su gloria perdida y de nuevo ganada.

Como en las figuras de Caravaggio;

 de Lucien Freud.

Los cuerpos en otoño, en invierno,

no tienen edad.

 

En la noche de la niebla

otros cuerpos. Nosotros

llegando

hundiéndose uno en el otro

aferrados uno a otro, dolorosamente

hendidos entre sí

torciéndose dan vueltas en la noche del ansia

quieren la perfección en las ruinas

 de su deseo de ser piedra

 cerrada en sí misma.

 

Los dos, amor en deuda y llaga

agarrados a un grito, un goce sin espesor,

 rezan al ángel del dolor en cada plaza.

Miran su mano detenida en el espacio

lenta piedra que se mueve.

Y esperan, atados entre sí

como caídos devastadoramente

uno en otro, llorando el deseo

de buscarse, decir, gritar

su querer devenido ahora;

derramado en su sangre que sigue e insiste

y quiere sólo a su mismo

deseo de ser figura detenida

en su espacio, en su lugar

en esta vez que vuelve

como ayer, como hoy,

en la alucinación

del continuar

aferrados sostenidos

entre sí. Los estás viendo

como aquella mañana en el

palacio de verano de la reina

amada y destrozada,

continúan, siguen,

hasta el desmayo.

 

Una alegría feroz

desconocida

los sostiene.

 

© Hugo Echagüe

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