31/7/26

Texto de Hugo Francisco Rivella

  


El ojo sucio

porque el ojo estalla entre rocas y mares y dolores

dolores en la piel en lo que huele en los siglos pasados con sus mamas al aire

sobre el lomo del río

el tormentoso roce del muerto en el camino

el ojo limpio de leer a Castilla de ensuciarse en Bukosky de sangrar con Rimbaud

de andar como Ungaretti caído en los instantes o ser Montale ardiendo con sus gibas    el ojo bisbiseado de Vallejo y los toros que Lorca desvanece en Nueva York

cada verso a estertores respirado en la nuca del verdugo y su espada.

el ojo en el cielo que dibujan los pájaros

los ojos de la niña que se asombra en los peces que buscan caracolas y tesoros perdidos

el ojo del avaro que reseca la risa que vigila cual cíclope el oro y las monedas

que el mercader ensucia con el alma

el ojo desgastado del muerto en una esquina en la zanja del miedo crujiendo sus metales el ojo que ha empezado a leer las letras que desandan el abecedario

papá mamá te amo carbón agua tristeza

el ojo que se cierra para que venga el sueño y lo acune una diabla de azúcar y de nieve

y haga rondas y cante y vuele y enamore y haga feliz la tierra

el ojo de la madre que en el tumulto busca el regreso del hijo girando en el tiovivo

los ojos del Ché y el siglo en sus entrañas

la bala que lo busca sin poder encontrarlo

porque ha mucho tiempo que entre fieras

salió a juntar eternidades

 

© Hugo Francisco Rivella

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Poema de Sonia Rabinovich

  


10 de Agosto 1998

Granada

                                            Para vos, por supuesto

 

Te miro erguirte sobre el monte rojo,

allí en  la cima fortaleza

con fosas a los pies,

adivinando extensiones de profundas aguas

para que nadie acceda.

No podés visitarte, estás allí

desde la torre madre avizorando

las pequeñas casas blancas

que trepan la granada

mientras yo traspaso la Puerta del vino

hasta llegar al centro de tu Alcazar.

No me digas que no sentís

a esta hora del día

el calor como raja las murallas

No me digas que no sentís

a esta hora de tus días

esta sequía de piedras

mientras asomo entre tus arcos

y hay sospecha de fuente

en el centro del patio.

Dejá que explote el agua de tu sed

por la boca de los doce leones,

que fluya húmeda por el sendero unánime

hasta llegar al extremo

donde la llave guarda el agua del secreto.

Imaginá el atardecer, el rojo del monte

y el del cielo

uniéndose hasta penetrar tus palmeras de nácar

Imaginá

no querrás quedarte ahora haciendo guardia

en este instante en que acabo de mojar mi mano

en el agua de la fuente más fresca de la alhambra.

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de Silvia Susana Durruty

 


RÍO MANSO

que besas

los bordes de mi casa blanca

estás en el tiempo y el espacio

de todas las cosas

En tus aguas encuentro ahora

lo que fue

Nadie sabe adónde estuvimos

ayer ni siquiera

qué nos sucedió

 

© Silvia Susana Durruty

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Poema de Noemí Correa Olivé

 


ALTARES DE LA CALLE 

 

Salió una historia

a buscar su anécdota

entre las marionetas

de un circo.

Los muñecos, disfrazados de penurias

con sus voces alientan a un grupete de piratas

que pretende escalar la pared

del teatro de payasos.

La historia otorga letra a una fábula

pergeñada en la traición y la torpeza.

En desprevenidos altares de la calle

muchos se encomiendan a sus santos

y hasta los ateos rezan

Y nos sentimos sobrevivientes cotidianos

de un naufragio,

vivimos con el miedo

celando en los cerrojos

y cuando nos invade el aroma

de nuestra pequeña fortaleza

creemos en milagros

¡creemos en milagros!

y en la existencia

de un destino irrefutable.

 

© Noemí Correa Olivé

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Poema de Osvaldo Rossi

 


CONVIVENCIA

 

Mis zapatos se quejan cuando cruzo la calle.

Un sesgo oblicuo ha marcado las suelas

y en sus costados crujen los días,

exhiben la señal de lo vivido:

el resplandor de soles en el pavimento,

el aroma de la lluvia entre pastizales.

 

A veces con cautela, a veces con pasión,

me acompañaron en todos los escollos del terreno

y encontraron conmigo los lugares recónditos,

los suburbios más inaccesibles.

 

Con las grietas del cuero,

ya perdido su lustre inicial,

se amoldan a mis pies

como no lo harían

los zapatos de vidriera.

 

Con el tiempo es más fácil

convivir con el tiempo.

 

© Osvaldo Rossi

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Poema de Néstor Alonso

 

EVOCACIÓN 


Todo es arrastrado por la inercia

de vivencias pasadas, en la hoja otoñal

cruje el pasado del verdor, algo queda suspenso

entre un gesto y otro, entre un ademán

y el que lo sigue. Hay,  en los interludios

algo no dicho, una imagen velada, un espejo opacado

un naufragio en silencio, sobrevivimos

en lo indeterminado. Algo de ello

ocupa el lugar de la ausencia sin colmarla

 evoco a través de brumosas escenas en mi mente

las delata la inmovilidad, así como el mar

tarde o temprano devuelve desechos a la costa

imágenes arrojadas a la orilla del hoy

hasta confundir lo vivido con lo soñado.

Entre ambos se extiende el rastro de un caracol

hilo brillante que se reseca mientras se borra

se trata del tiempo y su hambre de arrebatar

aquello que vivimos bajo la efímera luz

de lo sucesivo

 

© Néstor Alonso

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Poema de Viviana Ayilef

 


Permiso, Lawen,

te nombramos

 

lawen kushe lawen fücha

lawen üllcha zomo lawen weche wentxu

 

kuyfike lawen, les nombramos

para que los nietos de los nietos de los nietos nuestros sepan

que aquí hubo mucho lawen

que en Puelmapu utilizamos diariamente todo lo que brota

 

maqui

boldo

chilco

quilimbay *

 

que donde la mancha negra por el fuego crece en su locura dirigida

antes subía el lawen

 

que cada parte curaba algún mal

y no otro:

las raíces

el tallo

sus hojas,

las flores también

 

que incluso la tierra y las piedras de su entorno tenían allí

sus funciones

el barro

la greda

los pantanos,

el txayenko,

las aguas diversas en su inmensa propiedad

 

gen pillañ kushe gen pillañ fücha

gen pillañ üllcha zomo gen pillañ weche wentxu*

 

lawen de la orilla

de lagos que no alcanzaron a cubrir el fuego con sus aguas

gen lafken impotente

viendo morir a otras fuerzas

sus hermanas

las energías con que convivió

desde siempre,

esas formas inmutables

 

gen kütxal kushe gen kütxal fücha

gen kütxal üllcha zomo gen kütxal weche wentxu.

 

Pedimos disculpas al lawen

aunque intentamos cuidarlo, y seguimos

defendiendo con el cuerpo

los ojos de la codicia ya estaban allí

hace demasiado tiempo

 

mientras los abuelos de nuestros abuelos escapaban

intentando preservar la vida

dispersados por el bosque

enmontañados;

los ancestros de los que hoy lo queman tenían un mapa general

en el que marcaban ya como franquicia la dulce tierra del lawen

el espacio en el que crece

su energía

y la expulsaron para interrumpirle su trabajo con

centros de ski

proyectos inmobiliarios

lugares para el turismo

pinos igualitos en hilera;

para ensuciar las aguas

para malversarlas

para obligarlas a regar lo que nos mata

 

choñülwe kushe choñülwe fücha

choñülwe üllcha zomo choñülwe weche wentxu

 

(…)

 

Cuándo aprenderemos como gente

a no herir lo que crece

a no agotar lo que asoma

a respetar lo que sana

a merecer lo que ayuda

 

sus fuerzas se irán

arrojadas al cielo,

eternizadas

volverán en otro tiempo

tal vez ya no estemos aquí

los que somos

 

pero estará la semilla

siempre estará la semilla

la sombra de su presencia siempre quedará

su püllü

silvestre

asomando

promesa de futuro

 

© Viviana Ayilef

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Poema de Pablo Duca

 


La luz que viene de frente

 

le da un claro tinte rubio a mi padre

que en ese preciso instante

tiene 5 años más que yo ahora

mi madre porta una sonrisa nueva

de las que se pierden con enfermedades y desgracias

la mía es joven, canchera

y aún desalineada

será reparada con braquets y llagas

13 temporadas después

Mi madre me toma del hombro

Con exhibición de barrio:

Acá está mi hijo el doctor.

Ella tiene 50 años recién cumplidos

Y perderá esa mirada vivaz

Adoptando otra mucho más vulnerable.

Mi padre no está

Mi padre no está

Mi padre ya no está

Y esta foto lo trae

A esta mesa de madera

Que hace ruido con mi respiración.

 

© Pablo Duca

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Poema de Luciana A. Mellado

  


lengua afuera de la perra adentro 

 

tu aliento, creación de madera

busca pocos alimentos

 

esa trampa nunca te hará libre

por más que insistas en belleza

 

tu hambre viene de lejos

de otro frío

de otra noche

 

¿podrías jurar que sentís tristeza?

¿alegría?

 

ahora mismo podés ser la perra afuera

no metafóricamente

la perra afuera

 

el universo te cabe en una mano

plegado como un origami puede pasar

debajo de todas las puertas

 

¿estás triste todavía?

¿estás adolorida?

 

son los ovarios

la sangre que hablan

pero no duelen los ovarios

dicen

y si no duelen no existen

 

podés ser la perra ahora mismo

afuera

 

escuchar el frío podés

escuchar los ojos que miran con otra lengua

otras leyes y sanciones

 

¿Kafka se lavaría las manos

con jabón blanco?

 

la higiene es importante

 

pero el goce no aprecia la limpieza

y sus fríos

 

la limpieza amansa el cuerpo real

porque le teme

 

hay que lavar las impudicias

la sangre que no se note

la sangre que no se note

 

y esos perros olfateando

la entrepierna

siempre

animales

 

la sangre se escapa porque la perra

es cachorra todavía

no la necesita

 

la perra está adentro

 

con un cuerpo dicho

desmejorado

sangra

 

el juego de la belleza

no tiene apuro

 

una palabra para decir quiénes somos

no es posible

porque una lengua no se tiene

porque un cuerpo no se tiene

 

lo que se tiene son cosas

y solo las cosas pueden ser dichas

 

la sangre es un aliento rojo

que está afuera y adentro

y no sabe

no espera

no explica

no necesita nada

no está pensando en el cumpleaños de su madre

doliéndose los ovarios

 

esto es una silla

esto es una letra

esto es un suspiro entre tanta asfixia

legislativa y policial

 

serás feliz

serás algo

serás alguien

serás normal

serás mujer

bandera

 

serás el patio de un colegio

 

y amarilleando crece en la memoria

la noche orinada en un ladrillo

por qué mamá mis riñones no andan

tu padre

el cuerpo de tu padre y de sus padres

y sus padres y padres

vienen con mal riñón

 

vengo de ese riñón y el tiempo sigue picoteando

 

tengo miedo mamá

el ladrillo está caliente

y la noche fría

 

afuera la perra que soy está callada

y adentro

ladra

ladra

ladra


© Luciana A. Mellado

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Poema de Josefa Prada

 

DEJA

 

Deja que día a día

se estremezcle el agua en las orillas

¿doy lo que pido?

Agua con agua, día con día,

la costa en el lomo del oleaje

brazadas de palabras "camalotes de esperanza"

habitan este curso inquieto

que lleva a decirnos

son lomadas

son barrancas

son quebradas

son bajadas

son picadas

son pendientes

son cuchillas

nos trae y nos vuelven

al río del permanente susurro

atrapada red

la vida

ser parte de esa generación diezmada

encarnando palabra

acción que nos salve

de letras mal empleadas

que rasguñan la angustia,

inminentes gotas enmudecidas

sin llegar a las manos de la escritura.

Es muy duro encontrar basura

en tantas partes del paisaje.

Seguiré prendida al cauce

dentro y fuera del barro

del que brotan bandadas

por el monte ribereño.

 

© Josefa Prada

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29/7/26

Poema de Leopoldo Castilla

 


PAISAJE DEL CIEGO

 

El ciego dice: árbol

y nunca ha visto un árbol

esa palabra

construye para él

una noción

que corrompe el espacio

 

no puede tocarlo

sabe

que el tacto nos deja sin lugar

 

sólo dice: “árbol”

y la voz le sale como luna

 

su perro puede ser todo el cielo.

 

© Leopoldo Teuco Castilla

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Poema de Ohuanta Salazar

 


Pescar chirimoyas

 

Abuelo Emidio en el árbol y nosotros

debajo, en cada punta

de la frazada extendida, red

pescadora de frutas.

Mi abuelo ¡chirimoya va! y nosotros

divertidos, corríamos desparejos

arrastrando a los más chicos.

Con cada chirimoya conseguida reíamos

y con las que perdíamos también.

Después mi abuelo limpiaba una

en su camisa y repartía

iguales pedazos para cada uno,

probando alguna decía:

está patalca, no la coman. Esta sí,

cuidado con las semillas.

Un día le prohibieron

trepar árboles, entonces

mi abuelo inventó la caña de pescar frutas.

Desde el suelo enganchaba

la fruta del cabito, ¡chirimoya va!

y nosotros otra vez: frazada y risas.

Al final abuelo Emidio colgaba la caña

de una horqueta.

La casa de Obanta y mi abuelo

ya no están.

La caña pesca chirimoyas, todavía.

 

© Ohuanta Salazar

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Poema de José Luis Frasinetti

  


Ningún hombre que cruce el campo de la noche

podrá morir.

 

Se lo preguntan los que nacieron en la tierra prometida

y se echaron de bruces.

 

La tregua consiste en enterrar los recuerdos

de los que ya se fueron a vivir más allá,

poner chapitas de esquilas en los ojos

y pensar que puede fundarse otra efímera verdad después de Troya,

decirse que no hay otra ilusión más simple

que pisar descalzo los campos que se araron al atardecer

y echar semillas.

 

Ningún hombre que cruce el campo de la noche

podrá morir.

 

Se lo pregunto a las tejedoras

que cruzaron de borde a borde el laberinto silencioso de sus mortajas.

Ellas, como Eneas, vieron en cada punto el porvenir

y hasta se prohibieron

de hablar de la vida con la muerte.

 

© José Luis Frasinetti

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Poema de Ivana Szac

 

 

Cuando el mar parecía inalcanzable

vemos el horizonte dibujado frente a nosotros

en la orilla blanca, con los pies mojados

 

 el mar nos  recibe

            nos nombra con su sal y su misterio

 

nos devuelve deseos dormidos

  hundidos  en un lugar recóndito

 

el cielo abre su azul radiante

reluce la belleza del paisaje

y cae el peso del tiempo

 

 el cuerpo se relaja

flota en aguas transparentes

 

nadar es conocer

el idioma de las mar

calma la furia

 

nos aleja de la realidad

    y de la penumbra.

 

© Ivana Szac

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Texto de Cecilia Carballo

 


La luz de la playa

 

  Miré hacia la ventana y con el codo tiré una taza con dibujos playeros. Especulo que si no hubiese movido el brazo el objeto ahora estaría y tal vez un té se hubiese fundido en mi boca con árandanos y frambuesas. Pero no, levanté esos restos que formaban parte de la repisa del olvido. ¿Si esa porcelana ayer estaba allí por qué ya no está? ¿Qué pasó en la espesura de nuestro día? ¿Qué permite que algo permanezca y algo se rompa?  Como la gata Lizy que destellaba paz, pero un día quedó tendida bajo la cama para siempre. Entonces giro giro como quien no quiere pensar, en que podrá volver a quemarse con la hornalla o estar en ascuas a la espera de un rayo de luz.

 

© Cecilia Carballo

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