15/5/26

Poema de Luis Benítez

 


la momia en su vitrina 

 

el nilo azul las móviles barcas que doraba el dios

las pirámides hechas de tiempo detenido

el ambicioso insomnio del faraón la cacería de hipopótamos

bajo la luna nueva ni siquiera ya recuerdos son

en la cabeza vacía y el hueco de los ojos

 

las podridas vendas que mal sujetan su vientre destripado

pedazo a pedazo caen sobre los pies paralizados

las manos yertas las piernas consumidas

 

cuando ella piensa es porque una mosca distraída

le ha entrado por la oreja y si sonríe es porque una

mueca nueva le regaló impiadoso el roer de las polillas

 

© Luis Benítez

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Texto de Cecilia Carballo

 


La cosa

 

Debo transformar la cosa; si no se rompe y yo quedo quieta. Aunque sea intangible, se caiga en el aire. Para que lo perenne mute de golpe. El cambio del objeto es poner límites, barreras a lo imprudente; si no me deslizo en una vorágine inesperada sin fondo donde respirar. Con la cosa arreglada, seré un enigma para manejarme en un terreno libre, prepararé la savia, abriré una llaga en la tierra.

 

© Cecilia Carballo

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Poema de Mariana Miranda

       


TIERRA


Una lágrima del sol

es como un hechizo de fuego

que se hace luz.

 

Y mi tierra tiene

un sol que llora

la pena de los que sufren.

 

Como si fuera una cruz

para llevar

siempre.

 

Como si fueran cadenas

para no cortar

nunca.

 

Mi tierra es negra

como la sangre del indio

y sabe

que no hay morena más grande.

 

Que no hay disfraces

que la cubran.

 

Y hay un sol que llora

por sobre una tierra santa.

Tierra de madre,

pan de esperanza.

 

Milagro de que me halles

algún día

en las distancias.

 

Tierra que sufre

cantares de plata.

 

Milagro de los que se fueron

algún día

y en mi Patria

enterraron sus presencias

para que crezca

esta tierra santa…

 

© Mariana Miranda

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Poema de Marta Ortiz

 


…hay partículas de soledad en el aire

                                                                                           Alicia Salinas

 

gotea la noche una luz de agua.

 

deshoja margaritas / inventa

–la solitaria–

su vuelo cósmico en la ruta del falso dorado.

 

presiente

la huella de tu estela

tu frágil carcasa de ángel. 

 

materia sutil

el aire con ojos respira vacíos.

 

© Marta Ortiz

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Poema de Sergio Guerrieri

 


Ritual


Antes de ser descubierto,

el salvaje fue previamente inventado.

G. Cocchiara

I


El silencio, esa posible interdicción,

nos hacía bailar mejor.


La danza del amante se parece

al comportamiento animal:


comer por instinto,

por verdadero hambre;

correr para salvarse,

por verdadero temor.


La cabeza del amante

es una serpiente;

sus cascabeles,

el amor de la víctima.


II


En el silencio, la cadencia es una.

A veces puede verse ese ángulo ascendente:

la boca abierta de eros y tánatos,

la casa impecable, la falta de luz,

la oscura certeza de bailar imitando la luz.


© Sergio Guerrieri


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Poema de Celina Feuerstein

  


Quisiera tu voz

después del silencio

esas rarezas

a las que me tenés acostumbrada

 

¿Y nuestra música mi amor?

¿Se hará eco?

 

¿Podremos atrapar la brisa leve

el viento huracanado?

¿Seremos capaces

de sostener el peso de los brazos

firmes las piernas?

 

Que leviten los cuerpos

llenen el aire de palabras nuevas

un coro de voces pronuncie

nuestro nombre. Que permanezca y susurre

 

se haga del amante amor

susurre susurre

 

y más tarde

cuando el crepúsculo todo lo nuble

y las horas sucedan para otros

no insistir

 

© Celina Feuerstein

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Poema de Silvia Marina Crespo

 


Una cebolla cada noche

              

Por las calles blandas

donde se busca el sueño

pasa mi madre

con su carromato repleto de viejos carteles

de prendas ofrecidas al olvido

A veces es joven

sonríe y despliega sus alas de laurel

lleva una catedral sobre la cabeza

transparente como corona secreta

A veces murmura un canto bajo y envejece

repite frases bordadas en el renglón de la infancia

otras, camina sobre piedras calientes

sobre las piedras vivas del camino

Pasa mi madre cada noche

deshoja una cebolla e inicia la tormenta

y la lluvia cae de sus ojos a mis sueños

como sombra de un sauce

a veces violeta

a veces de un color interminable.

 

© Silvia Marina Crespo

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Poema de Cecilia Glanzmann

                            


 PERSISTIR 


He de persistir

como el faro aquel de nuestras costas

enhiesto, solitario,

arrullado por las tempestades

y los soles.

 

He de persistir

con mi valija de gnomos

guardianes desde siempre de mis sueños

los sueños que caminan y caminan

con los haceres que me dicta el alma

cotidianos

y que son los que me susurra

el ser.

 

He de persistir

con la soledad acompañada

                        que agradezco

con el acompañar a la soledad de los otros

con la pura soledad que me conversa

y me encuentra, bien adentro

 

he de persistir

aunque me canse

en este acelerado desasirse de los lazos

desasirse de los nudos

de los enredos promiscuos del apego.

 

He de persistir

contigo, hermano, en este tiempo.

                                

© Cecilia Glanzmann

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Poema de Susana de Iraola

  


CRISTALIZADOS

 

Hay algo extraño que escapa de las venas

no es sangre estoy segura

gotea transparencias invisibles

algo se pierde en el camino de los seres que somos

se lo traga la tierra vuelve al polvo

no notamos la falta

algo cristalizado en la mirada nos invade

seguimos nuestros pasos

dejamos a los lados del sendero a los heridos

niños mujeres viejos poco importan

sólo importa el avance individual

la humanidad no existe en nuestro cuerpo

llegamos a perderla

y casi es un festejo este anularse.

 

© Susana de Iraola

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Poema de Marcelo J. Valenti

 


ANALEPSIS 3


¿Será verdad lo que

reza

el viejo documento?

¿dos ángeles en el linaje?

No logro imaginar sus voces,

su idioma, qué música escuchaban.

Debo ser el único que piensa en ellos.

Para el resto, son apenas una

cifra hipotética, algo necesario

y olvidado.

 

© Marcelo J. Valenti

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13/5/26

Poema de Leopoldo Castilla

  


LA UNIDAD

 

I

 

Si el universo es una sola estructura

sus partes

son actos: un hombre, un planeta, la lluvia,

una mosca

 

al aislarlos

les pedimos equilibrio

que el árbol no camine

que la lluvia no oiga

que el planeta no sea un huevo de mosca.

 

Pero hay una torsión

una estructura total

y algo –que nos incluye- rompe el diseño

 

el horror proviene de la semejanza

 

uno

dividido

es igual al todo

 

 

II

 

Una noche advierte que el mundo

vuelve a ser el todo

que andan sueltos por la habitación

una mano

un golpe sin persona

un ciego con una estaca

 

toda la noche lo han saqueado

 

tal vez pronto deje de resistir

y sea un pedazo sonriente

 

                              la demencia

                              es la libertad de las partes.

 

© Leopoldo Castilla

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Poema de Alejandra Méndez

  


Profecía

 

Del día en que caía

el globo del espacio,

del silencio hecho muerte

impenetrable. Era:

un hueco vacío, como el ombligo de dios.

Jirones de rayos luminosos

descendían cuando el cielo

velaba la costa del río

escamada y dolorida.

En la luna se observaban

extranjeros movimientos,

del sonido hecho carne

impenetrable. Era:

un gran incendio, como todo buen poema.

 

© Alejandra Méndez

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Poema de Dardo Passadore

 


Díganme

donde está el sol?

Demasiada la niebla.

Los cielos escondidos otra vez.

Temo que cuando logre ver

 

no estés allí.

 

Buscaré un sueño, uno nuevo.

Uno

bien iluso.

 

Uno

que alcance.

 

© Dardo Passadore

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Poema de Adelina Lo Bue S.

  


ELEGÍA DEL MAR

 

               ¿Has puesto a tono tu ser con el gran dolor de la Humanidad,

           oh Candidato a la luz?

                                           El Libro de los Preceptos Áureos

 

I


El mar es joven para ser calavera

tierra de hombres, voz baja de serpientes.

No ves dolor en la ballena que gime en el mar

y en los pulpos juntando sus huevos en torbellinos de sal

 

Mar que no tienes queja

adónde irás si blando apenas empujas

la ribera redonda de un sitio más?

 

El mar es joven para ser calavera.

 

Por las noches, conquistadores sin sol

despliegan redes donde la sangre golpea

en las costas de bocas que ríen

con sol y cuerpos y arenas tranquilas.

 

El mar es joven para ser calavera.

 

II

 

Aquí está el mar.

El mar y su muerte.

Su muerte entregada a nosotros.

 

Arroja tu dolor a las rocas, a las olas.

Entrégalo a la voluntad de las aguas

para luego ahogarte en tu misma sangre

y decir que el dolor es manso

cuando tu color no sea rojo.

 

El mar es joven para ser calavera.

 

Aquí está el mar.

El mar que nos devora,

que nos golpea,

el mar de nosotros,

el mar que devoramos.

 

Tierra de hombre, voz baja de serpientes.

¿No ves dolor en el tiburón herido

revolcando sus ojos abiertos

entre las algas del mar?

 

El mar es joven para ser calavera.

 

III

 

Aquí está el mar.

El mar que no tiene queja,

que es a veces tumba de gemidas cabezas.

¿Cómo eras, cuando eras niño?

Los hombres no tenían formas

y la tierra era un cristal sin pena.

 

El mar es joven para ser calavera.

 

Pero ahora, mar,

¿tantos corazones para nada?

porque para nada parecen las ostras,

las almejas, los delfines, que, preocupados,

se apartan hacia otros rincones del mar.

 

El mar es joven para ser calavera

tierra de hombres,

que nuestra casa no se olvide:

aún es inocente a la hora de morir,

aún obedece.

 

Mar, duele construir un continente,

duele la isla desprendida.

 

Roja cabeza en un mar azul;

escucha su misterio que no agota

su estado de círculo

y ten en cuenta lo no descifrable.

 

Roja cabeza en un mar azul.

 

Tierra de hombres,

allí están los peces con ojos semiabiertos,

sueltos hacia el limbo del alimento oscuro.

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Anahí Duzevich Bezoz

  


LA TERNURA BAJABA POR LAS VEREDAS

 

    “Yo no conozco nada más conmovedor que la vida.”

                                                         Raúl González Tunón 

 

Eran las diez, una ternura blanda

descendía de los balcones

la noche resbalaba por las veredas hambrientas.

 

Los rostros de miel ardían

en esa niñez prematura

de la noche

los ojos estaban  tibios

y los labios exprimieron el beso

hasta el infinito de la noche.

 

Y apenas eran las diez.

 

© Anahí Duzevich Bezoz

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