20/6/26

Poema de María Teresa Andruetto

 


Visita

 

Hoy vino mi madre a visitarme

y caminamos las dos por estas calles.

Hablamos de mi hermano,

de los hijos, de las chicas del Sur,

de mi cuñado. Otra vez yo critiqué

al gobierno y ella dijo otra vez

“¡Es un país tan grande!”. No quiere

que me queje: “¡Este país generoso

recibió a tu padre!” y rodamos las dos

hacia una zona de tristeza, en silencio,

hasta que se detiene y dice: “Ayer

hice dulce de duraznos” y yo digo

que hablaron de mi libro

en el diario.

 

© María Teresa Andruetto

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Poema de Washington Atencio

 


 Ajena es la velocidad

pausa del viento en mi sombra

 

descalzos en el pasto

nos entregamos

a contemplarnos

 

a nuestros pies el lacito

de amor teje una araña verde

anida en la tierra

 

las chicharras

el contorno de la siesta

que desciende entre eucaliptos

 

un pájaro

la garra del tiempo

clava su vuelo

 

queda prendido de una rama.

 

© Washington Atencio

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Poema de Adelina Lo Bue S.

 


MI ESPALDA TATUADA 

 

Era una luna en plenitud que nadie veía

 

Iluminaba la noche de mi cuarto

cuando mi pecho en el recuerdo respiraba sin cesar

 

Caían hechizas esmeraldas en el borde de mis mejillas                 

No había burbujas en el aire

Con tu boca cubriste mi talle

 

Miraba el cielo y pedacitos de estrellas rotas

tatuaban mi espalda 

                                      

©Adelina Lo Bue S.     

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Poema de Sergio Guerrieri

  


Ritual 

 

1

 

El silencio nos hacía bailar mejor.

La danza del amante se parece

al comportamiento animal:

 

comer por instinto,

por verdadero hambre,

correr para salvarse,

por verdadero temor.

 

La cabeza del amante

es una serpiente;

sus cascabeles,

el amor de la víctima.

 

2

 

En el silencio la cadencia es una.

A veces puede verse ese ángulo ascendente:

la boca abierta de Éros y Tánatos,

la casa impecable, la falta de luz;

la oscura certeza de bailar imitando la luz. 

 

© Sergio Guerrieri

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Poema de Graciela Barbero

 


Huele rojo profundo de los muros burilados por el viento

 Incienso

Estrellas

Cristal y arcilla

Paisaje de los niños en el manto

Desvanecimiento de vagas claridades

Luz oblicua

Poniente incendiario

 

Si yo fuera una de esas niñas, pero estoy aquí

La danza es magnolia

trasega la oquedad

Arcilla y cristal

 

¿Qué es lo que sobra cuando no hay palabras?

La calma de los despojos

Un soplo del espíritu

Jardines nocturnos

Melodías de eucaliptos

 

Rezo con el canto del pájaro en celo

Pétalo en la muerte del rocío

La huella imperceptible en la arena

La voz que estalla y me detiene

 amarras del pasado

 

© Graciela Barbero

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Poema de Sergio Gustavo Soler

 


De ciertas vistas anticipatorias


“Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca…”

 Rayuela – Cap. 7

Julio Cortázar

 

 

Opalino debería ser nuestro cielo

cuando busquemos cobijo

en los inéditos inviernos que se acercan mansamente,

cuando los universos y los orgasmos y aquellas palabras inciertas

se nos vuelvan relajadas de ciertas redondeces de la vida,

cuando fenezcan las paces de esta paz inerte…

 

Los astros se precipitan

y los adioses pierden su magia amatoria.

¿Adónde se detendrá el carrusel?

 

No sólo no miramos

sino que

no nos miramos cuando miramos.

 

© Sergio Gustavo Soler

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Poema de Carolina Brieux Olivera

 


Palabra de Dios

                                                                             

Tomábamos la merienda

en Confitería Saint Moritz;

esos dibujos en crayón no se borran más.

Nos gustaba

tener nuestras charlas con Dios

cubiertas de canela y acertijos.

Dios nos escuchaba de a ratos,

mientras copiaba en el mantel

la lentitud de nuestros sorbos,

el titubeo de las manos en la taza,

el entusiasmo del riesgo asumido

en las respuestas.

En los momentos de certidumbre, solías decir:

lo bueno dura poco.

Y me ayudabas a guardar rápido

los crayones partidos

antes de irte.

 

Dios mío,

 

¿Se tratará de esto un poema de amor?

 

© Carolina Brieux Olivera

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Poema de Silvia Hedman

  


Las cosas nunca son en blanco y negro,

pero tampoco grises,

lo que en realidad importa

son los colores:

nos ponemos morados por el hambre,

los ojos se vuelven amarillos de rabia,

la esperanza es una zanahoria verde

en la punta del camino,

los sueños lúcidos no encuentran el rosa,

a lo lejos aquella casa azul que  espera,

el fuego naranja entre las bombas

y esa sangre

roja y espesa

que nos salpica.

  

                   A Gaza

 

© Silvia Hedman

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Poema de Vladimir Jantus Castelli

 


A LA DERIVA

 

el cielo está rasgado

por este aniversario

de la tormenta

 

el verdadero cráter

duerme en tus labios

como si la muerte cantara

 

un rito privado

en plena fuga

una voz milagrosa

 

pero los cuchillos

enterrados en el follaje

siguen escondidos

 

siguen sin la luz

de los niños

siguen a la deriva

 

© Vladimir Jantus Castelli

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Poema de Cecilia Carballo

 


Seguir con vida cuando se agotaron las esperas

José Sbarra


¿A dónde el cansancio de la vida?

Pactamos una decadencia que no queremos.

¿Hay puertas?

¿Hay gemidos que danzan con los pájaros?

¿Hasta dónde el hastío?

El veneno no nos mata. ¿Nos fortalece?

¿Nos hace vivir en un amor estéril?

¿En la perdida de otros?

Perdidos sufrimos desamparo, indiferencia, fuga.

¿Hasta dónde la ignorancia robada al deseo?

Unir interrogantes, salir por la tangente, a un vacío de la vergüenza.

Estalla la garganta una y otra vez, un fuelle no es su definición.

Matar el lamento, matar la vehemencia, el abismo es resurrección.

Afuera, afuera, estallido, estallido, bombaaa ¿Porvenir? ¿Venir? ¿Viento?

¿Ventisca? ¿Brisa?

El mundo mezquino, no hay puente, lazo, enlazo, enlazar.

¿Hacia dónde el encuentro?

El otro, lo otro desaparece.

Yo más, más, más.

Vos, nada, nada, nada.

¿Nos damos por vencidos?

¿Estamos vencidos?

Misil, misil, misil.

Murallas que no caen.

Murallas que destrozan.

Estorba, estorba quien une.

La palabra adentro del ladrillo.

 

© Cecilia Carballo

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19/6/26

Poema de Carolina Zamudio

  


El vértice de algo

 

Una hermandad de gaviotas, un tul de nubes a punto

de desgarrarse. Las aves ahora se desalinean,

son el vértice de algo, quizá de la tarde

que quiere desarmarse en el agua

y cede tranquila a todo recato,

como el estar aquí nosotros

donde se vuelven a crear

el verde, los naranjas,

todo, como la primera vez.

Nadas y presiento: no puedes

ser mi muelle y a la vez el mar.

 

© Carolina Zamudio

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Poema de Fabiana León

  


Hay una intensa necesidad de afuera

de patio abierto al sol y hamacas

quiero una como la que había en la

casa de mi abuela

cerca del árbol de granadas

un columpio que me ayude a volar

apenas

no tan alto como para que el miedo

me inmovilice

lo suficiente para mirar el horizonte

otear el más allá de esta afonía

perderme en el perfume de jazmines

y volver al piso

más ligera

tragarme la vida

a pura bocanada

                         y resistir.

 

© Fabiana León

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Tanka de Lía Miersch


(*)

 

Sólo en Noviembre

camino sobre el agua,

Jacarandá

 

Ni mar ni cielo pueden

tu espejismo violeta

 

(*) tanka (5/7/5  7/7)

 

© Lía Miersch


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Poema de Dardo Passadore

 


Volviendo al Cante

 

Penumbras y carretas

la noche mágica

de los hurgadores de sueños

la barba sucia/ inmensa

sobre el jinete niño

dirige

peluda y mugrosa / las riendas.

Los ojos

                inocentes

                                  conocedores

                                                            sometidos

recorren las sombras

intiman con tu escoria

encrispan los duendes vagabundos

de tus angustias

                              sepultadas y marchitas

reconocen

en su tacto artístico

poemas de vidrio / sinfonías de cartón

mansiones de madera.

Y en el hechizo fugaz

del encuentro

se alborotan los equinos

y un manazo / cruel e impío

da el golpe / hasta la sangre

y se celebra

a carcajadas / en vino / la miseria.

 

© Dardo Passadore

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Poema de Josefa Prada

 


Desatando y atando

este orden desconocido

y menos comunicable

de restos

-huellas-

recodos

empantanados pasos,

¿voy entera?

nos enteramos

salta

salta una respiración aparición

¿el cauce captura?

tardías correntadas

hacia el mar

50 años después

inexpertas y contradictorias

clavijas de busquedas

ausencias y marimbas

orquestan en el jardín

un conjuro para desconciertos 

extrañé tanto

ventarrones de recuerdos

perfumes incontenibles

partes

de esas hermanas

existencias perdidas.

 

Por ahí

mi sangre brinda estampidas 

al centro de otros  jardines

no sé qué pasa…

capas de enterramientos

hociqueo en el caudal

por respirar acompañamientos

entre cuerdas de alegrías

y memorias tan desgarrantes.

 

© Josefa Prada


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