18/5/26

Poema de Irma Verolín

 

                      

LIGERO CORRER

 

Yo soy esa mujer  

que siempre huye de la escena

-la escena candente  

crucial-.

Tengo muchas 

muchas piernas

para poder huir:

tengo piernas en la cabeza

piernas apretadas en el pecho

en las manos

piernas dentro de mi boca.

Ligero correr 

ligero bienestar

destroza cualquier vida posible

en su  persistente continuidad.

Corro conmigo a cuestas

y el mundo se hunde en mí

con todos sus lugares.

 

© Irma Verolín

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Poema de Inés Legarreta

  


Todo se vino abajo: los amores los amigos la familia

todo se derrumbó de un día para otro como si no

hubiese habido un largo sostenido solapado

proceso de destrucción

pero claro

nos hacíamos los distraídos

se puede

porque estas demoliciones

no son

como las naturales: terremotos, sismos, tsunamis

imposible mirar de chanfle: las benditas te arrancan de una vez

y de cuajo

éstas en cambio

proceden

lentas paulatinas

humedad y corrosión de las palabras / ladinos y mendaces

los hechos que de tan

cotidianos

parecen el pan de cada día

para almorzar veneno cenar hambre

y uno

pone la mesa

tranquilo.

 

© Inés Legarreta

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Poema de Leonor Mauvecin

 


PUNTO SOMBRA

 

He bordado la tarde en punto sombra.

El lucero / apenas / dibuja su sonrisa.                 

Llevo en el hilo un peso desmedido.

El ojo de la aguja / llora / oscuras  amapolas.

Ojos de sombra perforan la nostalgia

y mi silueta

                  puntada a puntada

lastima el percal.

 Urdimbre de mujer que borda

Desdoblo la tela / sobre el revés

       en el trazo de la sombra

                                      Descreo y creo.

 

© Leonor Mauvecin

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Poema de Gerardo Lewin

  


taller de escritura poética 

 

has decidido bailar

sobre cables de alta tensión.

 

mi consejo es:

que se asombren por tu raro

equilibrio entre voltios

 

o que al menos admiren

la luz

en la que ardes,

desaprensiva y leve,

polilla de buen corazón.

 

© Gerardo Lewin

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Poema de Blanca Lema

  


Algunos los llaman muros de seguridad, otros muros de la vergüenza.

Cada vez hay más. 

 

Muro 

 

—Debo sentir, debo pensar.

Eso que no hago, debo hacerlo.

 

Hablo a la pared.

La acaricio a contrapelo

raspándome con las costillas de sus lamentos.

 

Somos las personas que no somos.

 

Nuestras sombras se beben entre sí

como si fuesen calas besándose.

 

Ellas flotan sobre el muro

sin saber si deben pasar o no.

El dios que buscan cambia todo el tiempo.

 

Una familia sedienta

viene deslizándose

hacia la consoladora sonrisa de su muerte.

 

Alguien les habla.

Y las calas vuelven a besarse.

 

Un instante.

Un instante de estambres largos

que duda,

como duda mi mano sobre la pared.

 

© Blanca Lema

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Poema de Marcos David Porrini

 


Hombre gris mágico del Once

casi que arraigan tus pies al suelo

en mi vigilia de ojos cerrados

soy siempre primero en llegar

tarde a tus palabras en círculo

tartamudeantes como fuga bachiana

San Macedonio de La Perla en Once

tu astro de pocas bujías

ha hecho azul

lo hondo de mis bolsillos.

 

© Marcos David Porrini

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Poema de Mario Alberto Manuel Vázquez

  


El vino de Teseo

 

Las uvas del miedo

                    fermentaron.

 

Su mosto calma mi sed.

 

Embebe mis células

expande mis músculos

amplía mis anhelos.

 

Hoy

las uvas del miedo

se han hecho

el vino que me embriaga.

 

Él coloca cada cosa en su lugar:

la impotencia de Minos

el hilo de oro entre mis dedos

mi padre y su espera en Sunión

la belleza desechable de Ariadna en Naxos

 

                     Todas piezas a mis pies.

 

Nada como el vapor de mi vino.

 

¡Yo soy

       el matador del Minotauro!

 

© Mario Alberto Manuel Vázquez

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Poema de María Marta Donnet

  


Sólo pude verla      a través

de la fruta que abrillantaba     con su pérdida

de la esencia de limón    que desvanecía

su contorno       que se intensificaba    en las sombras.

Sólo a través      pude verla

evanescente   como el aura     concebida

en la cima del silencio.

Cubría su pasaje       una estola de humo    

a través     del pecado que sólo yo

podía ofrecerle.

Una neblina púrpura     se alzaba  

sobre el cielo de sus manos    y a través

de esa lluvia tenue      me escondía    calmaba

el deseo     sin que notara       mi unánime presencia.

Sólo pude verla     a través

del esmerilado vidrio    que opacaba mi codicia

del espejo que se desangró a través de mi pecho   

un pequeño suplicio     un hálito.

Sólo entonces pude respirar.

Vi su figura alejarse en la indivisa nada.

En aquel momento aspiré su abandono

y comencé a morir. 

 

*la esencia de limón, Jorge Paolantonio

*esmerilado vidrio, Juan José Saer

 

© María Marta Donnet

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Poema de Diego E. Suárez

 


COLISIÓN 

 

Cuando alguien

expresa sin maquillaje

lo que piensa o siente,

hace lo deseado, tarde

o temprano choca

contra el colectivo.

 

© Diego E. Suárez

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Poema de Patricia Alonso

 


"Inmanencia"

 

La luz declina

entre el follaje.

Cae la tarde...

 

La soledad

es un silencio

que interpela.

 

© Patricia Alonso

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16/5/26

Poema de Paulina Juszko

 

                                                  

condenados

 

No hay Superman

 no hay héroe ni dios

que nos salve de nosotros mismos:

 enemigo feroz despiadado

 pero taimado y sutil

  subcutáneo como un sarcoptes

o

  escondido en los repliegues de nuestras entrañas

  de cuando en cuando sale a la luz

  se convierte en espejo fiel

  delante de nuestros ojos

   y nos avergüenza su fealdad

   nos hiela  nuestra cobardía

   gemimos lloramos

pero nada hacemos.

 

© Paulina Juszko

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Poema de Daniel Rafalovich

  


He soñado mil veces

con un salto en el tiempo.

He visto extraños desfiles

sobre pasarelas de cristal

en espirales ascendentes.

He tenido sueños concéntricos

(despertaba

y el sueño seguía allí).

Sueños prehistóricos

en busca de algún fuego.

Sueños medievales

tras un cáliz mitológico.

Sueños con enormes Palacios de Justicia,

entre pasillos selváticos.

También hubo casas desconocidas

en un conocido sur

(y en un lago encrespado

y un altillo con libros en desorden).

Y un extraño recital poético

en una suerte de burdel

a cielo abierto.

Y presencias queridas

amor y vino

parpadeos galácticos

cuchillos maquillajes

susurros profecías reflejos

sed sexo caravanas

amenazas intangibles.

Y, claro, esa caída sin fin

(tan propia de los sueños)

que precede al momento

en que los ojos se abren al abismo.

 

© Daniel Rafalovich

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Poema de Alejandra Boero Serra

 


Espejismos 

 

El agua abre círculos

bajo el rostro de Narciso.

El reflejo sostiene su mirada

y la recorre.

Muestra un cementerio,

un orden de lo ancestral.

 

Rostro y reflejo se funden

como el hierro en la fragua.

 

Narciso no se reconoce

en esa alquimia.

Una geografía de espasmos

describe su lucha.

 

El recuerdo de pútridos naranjos

y retorcidas herrumbres

desarma su belleza.

 

En sus ojos,

la muerte.

Negadora.

Familiar.

 

© Alejandra Boero Serra

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Poema de Fabián Leppez

 


Soy hijo de mi santa madre.

Soy hijo de la sangre picante

que inmoló sus huesos

y los retorcijones blancos en la camilla.

Soy el hijo de la madre que me parió

vestida de algodón

en una clínica de cemento.

Hijo de la madre que pujó por mí

con los cachetes inflados

forzando la planta de sus pies

con sabañones

contra el caño frío.

Hijo de la madre que gritó

sin anestesia

mezzosoprano

en un intento de multiplicarse,

en un pacto filicida.

Pariendo piezas rotas.

 

Las paredes se ajustaron.

Caí entre sus piernas,

rojo, como un botón.

Varios dedos me sostenían.

 

Soy la placenta congelada en un tupper.

Un globo de cumpleaños reventado

con un cigarrillo.

Soy el croquis, el boceto de

un millennials que mutila

fantasmas en su adn.

 

Soy raíz de mi madre,

nervio de su corteza,

arteria en sus pómulos,

curva morada en sus músculos.

Soy un peldaño de mi madre

y una cápsula de ella habita en mí,

suspendida

como caja de Pandora.

 

Soy un virus lisérgico que rebotó

en las persianas de su selva

y abrió las cortinas

para incomodar.

Soy la caspa del stress de mi madre,

barro en sus zapatillas.

 

Soy lo que cabeceó una semilla partida.

Una semilla sin glifosato.

Un germinado en un frasco de dulce.

Soy lo que queda en el fondo del vaso

donde flota una dentadura

y desde allí, me hago carne.

 

© Fabián Leppez

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Poema de Alejandra Bosch

 


Celebración

Adonde encuentro una ventana

Con la luz encendida

Allí adentro

De ese cuarto

Estoy y afuera también

Corriendo desnuda por el bosque

Allí junto a la vela

Insomne, una mano rápida

Deja una marca legible en un papel

                       Se hace con eso

 La música

A bailar en mi celebración.

 

Cuando mi tía me cortó el pelo

Y denunció, tenes piojos

Qué tenés en la cabeza

Llorando dije, piojos

Piojos, piojos

Y los bichitos

Festejaron la primera palabra

Dicha en voz alta

Y celebramos

Esas lágrimas y esa voz

Ellos, todos ellos allí

Sobre la corteza

De mi planeta.

 

© Alejandra Bosch

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