Poema de Alfredo Lemon
Carta al poeta Hugo Francisco Rivella
La rosa por sí sola es razón suficiente.
Somos lo leído, aprendido, sustraído.
Palabras puntas de un iceberg,
bocetos para un identikit.
¿Quién no desea encontrar un rubí en el
lodazal?
El jaguar duerme cerca de la belleza.
Hay versos improbables que no recuerdo.
Hay versos que ruedan adelante.
Hay versos que esperan el después.
La distancia es pura ausencia.
Lo cotidiano propone una ficción inédita.
Cada artista tiene una locura.
Hay que jugar y fugar.
Al imaginar sucedan las cosas.
Lo irracional se engarza a o sublime.
Los deliquios permiten adivinar el mundo.
Lo remoto erige una ilusión grandiosa.
Lo pequeño explota en lo excesivo.
El bautismo del comienzo.
El fuego que nutre el núcleo.
El cráter de la revelación.
La incierta maravilla.
¿Cuándo se fueron las bestias y el cazador?
¿Habrá respuesta a la pregunta que no se
hizo?
Se recogen frases, párrafos, ideas.
Se amontonan como mantas en el tonel de
Diógenes.
Lo suficiente es riqueza.
El talento no es gratuito.
¿Cómo escribir un poema imposible?
¿El diablo se distrae o Dios juega a
esconderse?
Nada es profano.
Hay un ritual en Salta que quema un muñeco
niño.
El bufón de plástico se mira en un espejo
de arena.
¿Será el rostro de lo terrible que apenas
soportamos?
El infierno es la risa de los otros.
¿N’est-ce pas Jean Paul Sartre?
Basta una bala para detener el tiempo.
Demasiado pronto, demasiado tarde.
Las estrellas apuntan a los cohetes.
Los pájaros de Hitchcock picotean árboles
de piedra.
Toda acción es política en épocas de
catástrofe.
Orinamos sobre los manuales de cátedra.
Incendiamos títulos, premios, currículum
vitae.
Cualquier propósito resulta un problema.
El crimen y el amor son implacables.
Contra los alambres de púas no pueden ni
los bisontes
ni el psicoanálisis.
Oh San Cardenal místico y terreno:
dame una corona dorada para la Virgen de
Urkupiña.
Los años recitan un libro gigante.
Nadie lo desmiente.
Las fábulas hacen visible una sensibilidad.
Un gato corriendo en la nieve bajo la luna.
Negro querido…
Vení a bailar conmigo el devenir.
¡Rememos juntos hermano!
Mucho vacío.
Una noche larga.
El preludio de algún quisiéramos.
Un nuevo orden.
Una sociedad distinta.
La errata necesaria.
La utopía perenne.
Un último flash de sol.
© Alfredo Lemon
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