5/9/26

Poema de Dolores Etchecopar

  


el lobo salía de la iglesia

y elegía cada noche dónde dormir

mi madre preparaba con esmero para él una habitación

por si decidía pernoctar en nuestra casa

encerraba allí al cordero

que daba vueltas esperando algo

pero el lobo no elegía nuestra casa

fue así que con el correr del tiempo

nuestra hospitalidad tan en vano dedicada

a imaginar su visita

tomó la forma del lobo

y rondaba su ferocidad y su cautela

por toda la casa

entonces quise escabullirme y alcé al cordero

para salvarlo

salí corriendo con él

pedí refugio en la primera casa que abrió sus puertas

sus dueños nos dieron la habitación

que habían preparado para el lobo

que –dijeron- tampoco los visitaba

pero esa noche se presentó

y fue atendido con la cortesía

que los anfitriones tenían para él

el lobo entró a su habitación

me vio y vio al cordero

vaciló un instante y devoró al cordero

que yo había querido salvar

después vi que se acercaba

esbelto como un ángel negro

su pelaje radiante

en mis brazos se ovilló

y salimos de la casa

íbamos a morir

él y yo

abrazados

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de María Casiraghi

 


SESIÓN DE MASAJE

 

                       a Viviana Salas

 

Entro en un cuarto de tres metros cuadrados:

                                        el tamaño del mundo.

 

Una luz distinta

y sin memoria

me recibe y me desnuda.

 

Mi cuerpo se prepara

para salir a volar

sabe que durante dos horas

perderá peso

materia

 

es así

cada tanto

necesito abandonarlo

que lo silencien

hasta que gritan las vértebras más viejas

acartonadas

oficinistas.

 

Mi garganta

expulsa lágrimas

flujos azules

recuerdos

algo que estaba doliendo

y no veía.

 

Nunca se ve lo que duele

pero sí duele

lo que se ve

 

no más esa mañana

gente traposa, sucia, entristecida

se reproducía en la ciudad

y mientras algunos caminaban mirando para arriba

para ver a Dios y no a su obra

yo

aunque nací pendular

vi su obra, pero no pude ver a Dios.

 

No sé mirar a un solo lado

por eso mientras huelo

el incienso y los perfumes de la India

evoco esos niños solos

en las calles de Vieja Delhi

colgados de mi ropa

suplicando.

 

La música de oriente trae paz

 

pero en sus pausas

arrastra crueldades planetarias.

 

© María Casiraghi

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Poema de Mauricio Cappiello

                                                               


        

(…) Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos

cuyo ejercicio presupone un pasado

que los interlocutores comparten,

como transmitir a otros el infinito Aleph?


                                          Jorge Luis Borges                                                                         

 

Solo se trata de descifrar

               el confín del otro universo

librar al azar, la pequeña ilusión

esa que fue invocada por un heraldo

    (cuando la oscuridad amanecía)

 

- ahí, en ese lugar -

alinear el sagrado fuego /

 el vivo silencio de los muertos     – develado -

¡Oh! la misteriosa muralla / enfática brizna

esa falaz perduración / irremisible tiempo

     (cuando el pasado atruena)

 

¿y si solo fueran heredados conjuros?

vanamente contemplativos

    hilvanados uno por uno

debajo de esas huellas

     en las asombrosas pócimas del alfabeto

 

- ahí en ese lugar -

la anatomía / la levedad del alma

- ahí -          en el núcleo del Aleph

                                                                                        

© Mauricio Cappiello

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Poema de Eduardo Alberto Planas

 

Quisiera


Quisiera saber todo,

lo que hay que saber de vos 

cuál es tu mejor versión

tu calor, tu vientre,

tus pechos y esa alegría.

Pienso en cómo estarás, cómo

será tu nuevo peinado

tu ropa que tan poco

tiempo dura puesta 

tu sonrisa cómplice y 

todas las palabras,

los silencios

habladores.

los cuerpos anudados.

 

© Eduardo Alberto Planas

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Poema de Luciana A. Mellado

  

ladro qué

 

una perra vieja es también el esternón que suena

todo quebrado

rac

pero no somos vallejo

y hay una sola lengua

en este solo cuerpo

quién lejos viene

ahora viene cerca

al mismo pozo donde entierro

el dolor

tu perra vieja no está más

para tus ojos

para la yema de tus dedos

para la sombra de la parra

no llorés vos

que no terminás de nacer ni de morir

no llorés

porque no puedo tampoco salir

de estas dos rejas

una cárcel

una lengua materna

y una perra vieja

ladro

ladro porque no sé hablar

ladro porque no puedo encontrarme

me perdí

no sé hablar corro troto corro

lloro digo pero no sé ladrar

esa reja

esa lengua

para adentro

soy una reprimida gramatical

soy una reprimida ortográfica

Bamos Bety

Bamos que llegás a casa

acá estoy yo dónde

quién está qué

volvé

volvé perra

te necesito

y no me pican las manos

no me pican

bolbé

bolbé para que ladremos juntas

 

© Luciana A. Mellado

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4/9/26

Poema de Nahuel Barrios

  


Niña colgante

                                                                                    

"Un cuerpo invertido ha olvidado

como cerrar los ojos”

Mónica Licea 

 

Imagino la cicatriz de un pájaro.

Sus alas calcinadas.

 

A la intemperie de algún cementerio.

Salgo a la calle y miro hacia arriba.

Pero no está. No hay ningún pájaro.

 

Aprendo a cerrar los ojos.

 

© Nahuel Barrios

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Poema de Mabel Sierra Karst

 


Dos flores

 

Detenerse

junto al camino

ante la belleza

de dos flores

nacidas en el olvido

de una rama solitaria,

contemplar el aleteo

de su vida breve.

Allí, donde cada vez

el invierno muere,                                                       

descubrir la belleza

de lo que nace.

 

© Mabel Sierra Karst

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Texto de Luis Luna

 


Una mujer de negro recorre los caminos, intenta buscar las patatas plantadas en la muerte, con el abono caliente de los cuerpos en descomposición. Una mujer de negro que a veces vuelve y a veces no. Canta canciones, se encorva, se recrea en las cocinas de la escasez, donde la tierra es negra como los ojos de los cuervos. Canta ahí en la memoria de quienes lo saben, todavía canta aquí tras los cristales del tiempo de las ruinas.

 

© Luis Luna

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Poema de Elena Garritani

  


DE  LAS  LEYENDAS

 

De golpe y sin saber por qué el espejo le dice a la reina

que ya no es la más bella del reino, que una hermosa adolescente,

blanca como la nieve, adorable como la luz, le ha quitado el privilegio.

En ella se despierta el odio y las ganas de matarla, de envenenarla,

de desaparecerla.

Triunfa el bien, final feliz con príncipe y castillos, fiesta y sortija de oro.

La reina envejece entre añicos, espejos y diagnóstico de Alzheimer.

Blanca Nieves rodeada de hijos y de amor.

Quién es ahora la más bella del reino, se pregunta.

Pero sabemos todo lo que se consuma, se consume en el mismo fuego.

La manzana la mordemos todos.

 

© Elena Garritani

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Poema de Claudio Portiglia

  


Descubrir

no hay tarea más propiamente humana que la tarea de descubrir

primero los olores

después las luces y las formas

los contornos

más tarde los espacios y las figuras familiares

y enseguida el movimiento y las posibilidades de la acción

el lenguaje el temperamento las conductas

los focos de interés lo que nos provoca disgusto

las cosas que se revelan y que nos es permitido nombrar

descubrir las demandas del cuerpo y el alcance de la mente

descubrir los afectos la amistad y el amor

también las enemistades manifiestas la gratuita crueldad el veneno de los celos y la perfidia de la envidia

descubrir ese vínculo que ata cada causa con su correspondiente consecuencia

y descubrir los límites de la voluntad

si nos fuera concedido el beneficio

descubrir los secretos del número la conformación de la materia y el regocijo del arte

la tenacidad de la ciencia

la insobornabilidad de la poesía

descubrirnos falibles finalmente

descubrirnos finitos

descubrir en el otro mi proyección y mi sombra

mi felicidad en la felicidad de los demás

mi completitud en la completitud de los otros

sociales e individuos

nos queda por descubrir la primordial razón de la existencia

llegar a comprender para qué estamos

y hasta cuándo y por qué

 

© Claudio Portiglia

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Poema de Antonella Vulcano

 


madre

rompí ese jarrón

huérfano

en el que guardabas

las cosas ínfimas

que sostenían la casa

 

madre

el tiempo da saltos

que parecen nidos

 

porque a veces yo también

me acerco a esas puertas

como si no fuesen

mi hogar

como si ocultaran burla o plomo

en vez de mantas

como si procurases alejar de mí las cosas pequeñas

porque me las puedo tragar.

 

© Antonella Vulcano

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Poema de Ana Lía Seppi

 


Un pájaro se aferró al árbol

como si ya no pudiese volar

 

¿Son las ramas que lo sostienen?

¿O sus alas?

 

Observé con cierta admiración

cuán pequeño era

queriendo perpetuar la vida.

 

© Ana Lía Seppi

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2/9/26

Poema de Guillermo Julián Bosch

 


Ya no le temo a las tormentas

el estruendo se ha vuelto mantra

el rayo, un fuego de artificio.

 

© Guillermo Julián Bosch

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Poema de Pedro Santos Deluca

  


PLAYA LA PERLA, 1966

 

I

 

su nombre

es cardo silvestre

nace en un río de montaña

inquietado

por la serenidad del paisaje

 

escudriña el mar

encuentra

lo que las aguas

abandonaron

 

piensa en su casa

sabe que nunca volverá a ese lugar

conserva un par de papeles en su bolso

que tiene catorce años

                                                —dicen—

que la casaron con un desconocido

                                               —certifican—

 

debe dejar sus caprichos de niña

pero hubiera preferido meterse de sirvienta

 

se pierde en el horizonte

justo en el momento

en que la noche lo toma todo

y reclama una constelación

 

a esta ciudad

una poeta también vino a perderse

pero ella no se atreve

 

las olas

cuando rugen en la oscuridad

le dan terror

 

II

 

mucho tiempo después

esa niña

recordará aquella noche

vencerá sus miedos

y elegirá otro mar

donde arrojarse

 

© Pedro Santos Deluca

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

  


La decisión del ángel

 

El ángel hunde el puñal,

herido, se arroja a las fauces de la noche.

Siente por primera vez

el dolor que sienten las cosas vivas.

 

Dios está demasiado lejos

es un punto irreconciliable

 

tenue luz en la tiniebla.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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