Poema de María Gabriela Micolaucich
CARNE VIVA
Vuelo como ave,
caigo con la herida
de mis alas ausentes.
Sabemos que siempre llegará otro día
donde la paz no me de salida,
y la calma ficticia, se haga real.
Miraré lo real a los ojos
sabiendo que no dirá nada
y no le preguntaré.
Hay soledades necesarias
donde ni el abrazo de amor
se hace alianza.
Hay alianzas olvidadas
a los pies de la cama.
Siempre llega un día, o varios
que duelen a castigo
aunque se pretendan remanso
y calma.
Hay días donde no existimos
en el silencio de la carne viva
y llegan los cuervos con alas de paloma
hambrientos de entrañas.
Son los cuervos de nuestras sombras
que salen de lo oscuro
cuando los silencios elucubran
como dejarlos llegar.
Hay días, vida, que llegan los cuervos
y mientras se alimentan
no dejamos de llorar.
–Se escapó, y quiso llamarse silencio, sin que
lo puedan nombrar…–
© María Gabriela
Micolaucich
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