4/9/26

Poema de Nahuel Barrios

  


Niña colgante

                                                                                    

"Un cuerpo invertido ha olvidado

como cerrar los ojos”

Mónica Licea 

 

Imagino la cicatriz de un pájaro.

Sus alas calcinadas.

 

A la intemperie de algún cementerio.

Salgo a la calle y miro hacia arriba.

Pero no está. No hay ningún pájaro.

 

Aprendo a cerrar los ojos.

 

© Nahuel Barrios

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Poema de Mabel Sierra Karst

 


Dos flores

 

Detenerse

junto al camino

ante la belleza

de dos flores

nacidas en el olvido

de una rama solitaria,

contemplar el aleteo

de su vida breve.

Allí, donde cada vez

el invierno muere,                                                       

descubrir la belleza

de lo que nace.

 

© Mabel Sierra Karst

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Texto de Luis Luna

 


Una mujer de negro recorre los caminos, intenta buscar las patatas plantadas en la muerte, con el abono caliente de los cuerpos en descomposición. Una mujer de negro que a veces vuelve y a veces no. Canta canciones, se encorva, se recrea en las cocinas de la escasez, donde la tierra es negra como los ojos de los cuervos. Canta ahí en la memoria de quienes lo saben, todavía canta aquí tras los cristales del tiempo de las ruinas.

 

© Luis Luna

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Poema de Elena Garritani

  


DE  LAS  LEYENDAS

 

De golpe y sin saber por qué el espejo le dice a la reina

que ya no es la más bella del reino, que una hermosa adolescente,

blanca como la nieve, adorable como la luz, le ha quitado el privilegio.

En ella se despierta el odio y las ganas de matarla, de envenenarla,

de desaparecerla.

Triunfa el bien, final feliz con príncipe y castillos, fiesta y sortija de oro.

La reina envejece entre añicos, espejos y diagnóstico de Alzheimer.

Blanca Nieves rodeada de hijos y de amor.

Quién es ahora la más bella del reino, se pregunta.

Pero sabemos todo lo que se consuma, se consume en el mismo fuego.

La manzana la mordemos todos.

 

© Elena Garritani

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Poema de Claudio Portiglia

  


Descubrir

no hay tarea más propiamente humana que la tarea de descubrir

primero los olores

después las luces y las formas

los contornos

más tarde los espacios y las figuras familiares

y enseguida el movimiento y las posibilidades de la acción

el lenguaje el temperamento las conductas

los focos de interés lo que nos provoca disgusto

las cosas que se revelan y que nos es permitido nombrar

descubrir las demandas del cuerpo y el alcance de la mente

descubrir los afectos la amistad y el amor

también las enemistades manifiestas la gratuita crueldad el veneno de los celos y la perfidia de la envidia

descubrir ese vínculo que ata cada causa con su correspondiente consecuencia

y descubrir los límites de la voluntad

si nos fuera concedido el beneficio

descubrir los secretos del número la conformación de la materia y el regocijo del arte

la tenacidad de la ciencia

la insobornabilidad de la poesía

descubrirnos falibles finalmente

descubrirnos finitos

descubrir en el otro mi proyección y mi sombra

mi felicidad en la felicidad de los demás

mi completitud en la completitud de los otros

sociales e individuos

nos queda por descubrir la primordial razón de la existencia

llegar a comprender para qué estamos

y hasta cuándo y por qué

 

© Claudio Portiglia

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Poema de Antonella Vulcano

 


madre

rompí ese jarrón

huérfano

en el que guardabas

las cosas ínfimas

que sostenían la casa

 

madre

el tiempo da saltos

que parecen nidos

 

porque a veces yo también

me acerco a esas puertas

como si no fuesen

mi hogar

como si ocultaran burla o plomo

en vez de mantas

como si procurases alejar de mí las cosas pequeñas

porque me las puedo tragar.

 

© Antonella Vulcano

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Poema de Ana Lía Seppi

 


Un pájaro se aferró al árbol

como si ya no pudiese volar

 

¿Son las ramas que lo sostienen?

¿O sus alas?

 

Observé con cierta admiración

cuán pequeño era

queriendo perpetuar la vida.

 

© Ana Lía Seppi

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2/9/26

Poema de Guillermo Julián Bosch

 


Ya no le temo a las tormentas

el estruendo se ha vuelto mantra

el rayo, un fuego de artificio.

 

© Guillermo Julián Bosch

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Poema de Pedro Santos Deluca

  


PLAYA LA PERLA, 1966

 

I

 

su nombre

es cardo silvestre

nace en un río de montaña

inquietado

por la serenidad del paisaje

 

escudriña el mar

encuentra

lo que las aguas

abandonaron

 

piensa en su casa

sabe que nunca volverá a ese lugar

conserva un par de papeles en su bolso

que tiene catorce años

                                                —dicen—

que la casaron con un desconocido

                                               —certifican—

 

debe dejar sus caprichos de niña

pero hubiera preferido meterse de sirvienta

 

se pierde en el horizonte

justo en el momento

en que la noche lo toma todo

y reclama una constelación

 

a esta ciudad

una poeta también vino a perderse

pero ella no se atreve

 

las olas

cuando rugen en la oscuridad

le dan terror

 

II

 

mucho tiempo después

esa niña

recordará aquella noche

vencerá sus miedos

y elegirá otro mar

donde arrojarse

 

© Pedro Santos Deluca

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

  


La decisión del ángel

 

El ángel hunde el puñal,

herido, se arroja a las fauces de la noche.

Siente por primera vez

el dolor que sienten las cosas vivas.

 

Dios está demasiado lejos

es un punto irreconciliable

 

tenue luz en la tiniebla.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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Poema de Carolina Brieux Olivera

  


Farolera

 

Para volver a la inocencia

no será necesario contar a medianoche,

mojarse la frente con agua bendita,

ni pronunciar en voz baja el nombre de mamá.

Bastará con alzar la barrera

para que pase la farolera

y no tropiece.

Que no caiga.

Levantar los brazos hasta separarlos del tronco

y del amor infame.

Entonces, en la ronda,

nada de lo sagrado nos resultará ajeno.

Seremos esos niños que dicen mamá

sin pena. 

 

© Carolina Brieux Olivera

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Poema de Adelina Lo Bue S.

 


DOS MUNDOS

 

           La compasión habló y dijo: ¿Puede haber felicidad , cuando todo lo que vive debe sufrir? ¿Has de salvarte tú y oír que todo el mundo llora?

                                                          El Libro de los Preceptos Áureos

 

Éramos dos mundos en el otro lado del mar

Por las noches

cuando el calor alegraba la hora

el valle renegrido se dormía en el recuerdo

de algunas luciérnagas.

 

¡Éramos dos mundos en el otro lado del mar!

En los pantanos

cuando la negritud de las aguas

escondía el sueño clamoroso de hipopótamos rosados

el aire hacía temblar los cráneos luminosos.

 

Otras tardes frías de luz

el sol se retorcía hasta llegar más allá

donde la nieve olvida su escondite

jadeante por extenderse e iluminar

nuestros pasos.

 

Éramos dos mundos en el otro lado del mar

 

Ahora

las azulosas aguas del océano buscan nuestro espíritu,

hay un quejido constante en su agua,

y todas las noches

un barco nos llama.

Éramos dos mundos en el otro lado del mar

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Fernando Raluy

 


La Costumbre

 

Al que soy me lo acomodo en el pecho

como un animal dormido

abuelo de sí

 

para que la sangre

le corra hacia atrás

en el delta

de las muñecas ancianas

 

un abuelo con miedo

un abuelo sin nietos

abuelo por abuelar cada pregunta

hija de cada vacío

que supe engendrar

cuando me encontré solo

vandalizado por el sol

abatido por la costumbre.

 

© Fernando Raluy

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Poema de Eugenia Coiro

  


las palabras

ondulantes figuras

como una música silenciada

hacia nosotros

sentados en estas butacas

saboreando la cercanía

concentrada en la yema de tu dedo

todo el polen de la primavera

y yo reina miel jugosa

flor abierta

 

© Eugenia Coiro

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Poema de Graciela Ballesteros

 

 

Me sorprendió la madrugada

contando hojas blancas

para darles formas de cuadernos.

Me sorprendió la madrugada

trazando renglones, sembrando

con mis pensamientos

en el lomo recto de las líneas, palabras con futuro.

Mientras seguí contando hojas

el Himno Nacional rompe el silencio y me llama:

¡Oíd el ruido de rotas cadenas...!

libertad, libertad, libertad!

 

En otro momento

con las mismas emociones encontradas

hubiera mojado mis manos que sostenían los papeles

Ya no, me he trazado un plan

sin pausa y con prisa: s e m b r a r a l p i s t e

sobre el suelo que piso.

Mucho, mucho alpiste

y alimentar la boca

de los sueños.

 

© Graciela Ballesteros

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