16/2/26

Poema de Carlos Battilana

  


Frutillas silvestres

 

Cuando se van muriendo

los seres indestructibles

los que no podían morir

y casi sin darte cuenta

vas quedando

en primera fila

en la línea de flotación

 

cuando

en ese instante

-sin que sea una fecha precisa

ni un día determinado-

las horas lentísimas el grito vacío

el encuentro con tus hermanos

en una cena semestral

-ese presente sin reemplazo-

allí

ahí

vas intuyendo la noción espesa

de dios

la noción sin límite

de lo que se va

para siempre, allí, en ese instante largo

que puede llevar unos meses

unos años

y vas ingresando

con tu primera persona

a la primera

línea

de batalla, carne de cañón

de los últimos momentos

sin precisar cómo, de qué modo

recordarás las frutillas silvestres

el olor preciso detrás del verano

el sol levísimo

los seres queridos

hundiéndose

como en un pozo, allí, ahí, saludarás

al canto minúsculo del pájaro

su presunta alegría

la hilera de árboles, la ciudad

que no sabrá

de la disolución el silencio

de tu paso fugaz

de eso

que fue todo, y más, un poco más

una travesía

por la irrepetible extensión.

 

© Carlos Battilana

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Poema de Alejandra Boero Serra

 


TESBIH

 

Recuerdo las normas del templo,

la exterioridad de los maestros.

Un tesbih, en mis manos,

sacrifica sus tratados,

sistematiza sus yerros.

 

Debo huir, me digo,

volver donde bulle la gracia.

 

Salgo a la memoria de las calles,

a las pozas de café,

a las líneas de mi mano.

 

Regreso las cuentas a mis dedos.

 

© Alejandra Boero Serra

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Poema de Diego Roel

 

 

¿VIENES YA, NADADORA LUZ?

 

Escribo en medio del derrumbe.

 

Un sol desconocido avanza

y traza su órbita en silencio.

 

No mires hacia atrás.

 

Tres veces borra el amor tu nombre.

Tres veces.

 

Dentro de poco estaremos muertos.

 

© Diego Roel

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Poema de Francisco Rapalo

 

 

Se escribe para dejar de escribir,

vamos tirando piedras al agua

hasta deshacernos de la playa,

recorremos la tierra

hacia un descanso de cielo,

atravesamos el sueño buscando el sueño.

 

El pájaro, mientras pone el huevo, no se deja ver.

 

Al escribir, sí, algo se arrasa,

en el acto de barrer las raíces

también se reparten las semillas.

El viento no puede callar su silencio,

la salida dirige hacia la entrada

y lo que brilla al fondo

es el principio.

 

© Francisco Rapalo

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Poema de Blanca Lema

 


Todos los días intentan huir cruzando el mar.

La mayoría de los botes naufragan. 

 

Botes 

 

El mar estira sobre la costa su larga Torá.

Un bote se sujeta en el oleaje de su barba.

 

Suplica mantenerse a flote

sobre el vaivén de una fe incompleta.

 

Tripula niños.

Un niño dentro de otro niño

volviéndose caracoles.

 

Demasiado tarde, o demasiado algo,

el horizonte sin remos

no les dará un rayo verde.

 

Yo callo la pregunta que no quiere estar en mi cabeza.

La que evito pescar en aguas servidas

sin milagros de panes ni peces.

 

¬¡Merde! Merde mar.

 

La espuma escupe a las estrellas.

Ellas bajan la vista.

 

El opio de su oscuridad ahoga las orillas.

Y yo sin preguntarme aún,

si estoy lejos… o cerca.

 

© Blanca Lema

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Poema de Carlos Norberto Carbone

  


BUSCANDO UN LUGAR

 

Busco un lugar

Donde la ilusión sea bandada de pájaros

Azahares en el viento

Piedra donde edificar mi casa.

Busco una canción

Para liberar melodías inconclusas

Salvajes pétalos de la noche

Nocturnas lágrimas del exilio.

Busco un ritual

Para tallar la flecha en el relámpago

Para que un luminoso tambor desate la justicia

Y un viejo buey rompa la tierra para liberarla.

 

Busco un lugar, una canción, un ritual

Para desafiar el desnudo laberinto de la sangre.

 

© Carlos Norberto Carbone

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Poema de Corina Iglesias

 


Se puede desarmar un sueño

extraer cada parte con las manos

amontonarlas en el suelo

clasificar envolver lo frágil

con papel de diarios viejos

y ordenarlo todo en cajas de cartón

se limpian los huecos, luego

se barre la casa vacía y se toma

al hijo de la mano para salir

 

© Corina Iglesias

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Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 

 

Pido peras al olmo.

 

                                   He amado la noche

                                   cuando amanecía,

                                   amé la muerte, y

                                   soñé

                                   con la realidad.

                                   “Quien me quita lo bailado” de Irene Gruss.

 

No.

No me voy a quedar esperando

las peras al olmo,

aunque es divertido inventar señales.

 

Sí.

Sí voy a acariciar, sutil

y sensual,

cada raíz, cada rugosidad de la corteza,

cada rama, la flor apenas abierta.

 

No.

No me voy a quedar estancada

en una sola emoción.

De emociones no vive nadie.

Ganarás el pan con el sudor de tu frente.

 

Sí.

Después que vea la polinización,

el fruto antes de ser fruto,

me voy a recostar

bajo su copa; mi espalda

descansará carga sobre su tronco.

 

No.

No voy a estar sola

en un solo lugar.

Me preguntaré si los pájaros

que hacen nido en este árbol

que no es mío serán familia

de otros pájaros en otras copas.

 

Sí.

Ni siquiera es pera,

ni siquiera es olmo.

Las mutaciones y Darwin

dicen algo.

Mientras el fruto crece,

a veces riego: de más,

de menos.

A veces me cubro de la lluvia

bajo sus hojas.

 

No.

No sé si dormiré una

siesta ahí.

Soy hija del fuego,

de la producción

y de las máquinas.

Soy eléctrica.

Parar no es sinónimo de paz

 

Sí.

Leeré sentada sobre

sus raíces algún día húmedo.

Mis pies se camuflan entre

hojas caídas, frutos verdes,

hormigas. Humus.

Si un pájaro canta

no quiere decir nada.

Si una brisa boa pasa

tampoco quiere decir nada.

Si una hoja seca

me lastima el rostro,

sonreiré.

Algo de todo esto

valió la pena.

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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Poema de Darío Oliva

 

 

PRETEXTO

 

¿Con qué pretexto

el techo formó una grieta,

ojal por el que filtra en penumbras

la luz su osada huella?

 

También lluvias lamen con su lengua

                           la insomne hendidura.

 

Fragmentos deforman

                    la palabra pupila.

Bocas al silencio se encadenan.

 

Lo que no resiste se derrumba.

 

Membrana el cuerpo

                  descose en herida

                   expresivo desborde de ceniza.

 

Duele ser parte del cielorraso,

          descascarar los ojos;

          ante el vaivén del viento

          crujir los huesos y sentir

                                    -luego entender-

          que el abandono y el olvido

                 son sinónimos.

 

© Darío Oliva

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Poema de Ana María Oddo

 


Atrevimiento


¿Me atreveré a inquietar el universo?

T.S. Eliot

el dibujo que deja en el aire un insecto*

Patricia Morante

 

Tan solo abrir la página

imprimir sobre ella un punto

espejar el vuelo de una mariposa

o el dibujo que deja en el aire un insecto.

 

Decir en voz baja

lo no dicho tanto tiempo

dejar que la palabra

amase por fin su antiguo pan

y lo ofrezca con simpleza.

 

Entregar el poema así

sobre manos transparentes

con la inocente certeza de inquietar

             mínima

             secretamente

el universo.

 

*del poema Pétalos, de Patricia Morante

 

© Ana María Oddo

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14/2/26

Poema de Sylvia Cirilho

 


Un buen poema es

un vidrio bien pulido, o como la perfecta transparencia al mirarlo a la luz.

 

La veta es líquida y se hace soplo, se forma esfera y luego corte.

 

Una buena palabra primero tiembla

y más tarde es

trueno, fractura en pinzas.

 

Una buena línea puede ser como

la aorta perfectamente bien

delineada dentro

 

pero,

 

después de todo puede ser que un verso no sea más

que un retazo de hilo que

mueve

la trama perfecta.

 

Pero ¿cómo es tu letra?, ¿se parece a una ciudad o a un solitario grupo de astillas en el

centro de una bandeja que es paisaje?

 

En fin, esto quizá sea un pozo de los deseos. Una fiebre que te llega a donde estés leyendo

 

© Sylvia Cirilho

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Poema de Daniela Camozzi

  


Oda

 

a los nueve detesto

con odio precoz

la ceremonia del dolor

y envuelta en mí misma

bicho bolita aúllo

que cedan los calambres

el ardor las pinzas

 

vos mamá mami

venís hacia mí

cara cansada

de tanto lavar y lavar

dedos arrugados

manos olor a limón

con tu caricia

circular en la panza

mientras susurrás

no sé qué en un arrullo

hasta que caigo rendida

de costado unas horas

 

ahora en el hospital

me acariciás de nuevo

la cicatriz

del bisturí en el vientre

con esos mismos círculos

de la infancia

mientras yo lanzo

maldiciones al aire

y juro –te juro a vos

más que a nadie–:

 

nunca escribiré odas

a la menstruación

ni rogaré en éxtasis lírico

que baje honrosa

en su forma alterada

como lluvia

maná transparente

 

susi mami

mamá

esta oda borroneada

para vos

tu mano cada una

de las arrugas de lavar

ese olor alimonado

tu paciencia

y tu cansancio

 

© Daniela Camozzi

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Poema de Ricardo Ruiz

 


Ignaz Phillip Semmelweis (1818 – 1859)

Médico ginecólogo austro-húngaro, descubridor

de la asepsia médica, murió en la locura

de gangrena por una herida en un dedo.

 

así como creían ser

o debían ser

en ese su siglo

que parece

no terminar nunca

limpios médicos

facultativos

de alma y cuerpo

brujos maestres

amos de la casa

en sucios hospitales

diéronse a hacer

de sus manos

fórceps

tijeras bisturíes

de cada mujer

un fantasma

de su sexo

un fantasma

 

(por fantasma se entiende

en medicina la pelvis

natural o artificial de mujer,

que forrada de cuero se utiliza

en las lecciones de aprendizaje

de técnicas de cirugía)

 

para cortar aprender

espiar su crimen

buscar en la mujer

efluvios

malos influjos

de sus frutos

que hacen grande

la muerte

 

y de gangrena mortal

por herirse un dedo

señala la mano

del médico

es la que mata

la mano que no se lava

las manos que se lavan

del toque necrófilo

protegeos

de los médicos

sus negras levitas

tesis recetas

de ministerio

 

aislado

en su locura

en su razón

a la muerte opuesto

a la razón

perseguido

por fantasmas

espías

enfermeros

grita

contra el silencio

en el silencio

de los pasillos

de la ciudad

de su celda

una onza

de cal de cloro

una solamente

bastaría

y limpios

y grandes hospitales

contra la sin piedad

la sin razón

 

la razón de los monstruos

engendra sueños

 

© Ricardo Ruiz

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Poema de Ricardo Di Mario

 


Yo Asmirandah te leo,

nunca seré más que eso,

lectora con Diana bajo el brazo en un idioma antiguo y lejano.

 Los paisajes del amor,

no los de Cernuda que leías más se parecen a un Turner borroso,

alterados por el viento y por las olas.

 Los que sueño se acercan a la horrenda gravedad de Goya,

tu Goya que tanto amas en su delirio.

 

Mi poema no quiere curarte,

soy solo una docta sobre tus letras leyendo en Piccadilly Circus,

viéndome en tu espejo para olvidarte.

 El amor está por fuera nuestro y la muerte adentro.

Llevo Diana bajo el brazo,

erudita paciente indonesia.

Cruzo el Puente de la Torre.

Ávidas jóvenes esperan 

fuman /ríen/ aman Londres,

ajustan los ocultos frasquitos entre bolsillos y leen

“I have consummated my life in but an instant”

 

© Ricardo Di Mario

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Poema de Susana Siveau

 


Ultimo sueño


Descansa

sobre almohada mas blanda

tu cabeza

Un ultimo sueño

Todavía te recorre

Ellos están cerca

y los abrazas

 

luego hay pasos

un camino subiendo

 

Es difícil

decir adiós

Vuelves la mirada

agitas tu mano

y te asombras

No hay dolor ni peso

Alas

Aire

Un gran espacio en blanco

 

© Susana Siveau

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