Poema de Dolores Etchecopar
el lobo salía de la iglesia
y elegía cada noche dónde dormir
mi madre preparaba con esmero para él una
habitación
por si decidía pernoctar en nuestra casa
encerraba allí al cordero
que daba vueltas esperando algo
pero el lobo no elegía nuestra casa
fue así que con el correr del tiempo
nuestra hospitalidad tan en vano dedicada
a imaginar su visita
tomó la forma del lobo
y rondaba su ferocidad y su cautela
por toda la casa
entonces quise escabullirme y alcé al
cordero
para salvarlo
salí corriendo con él
pedí refugio en la primera casa que abrió
sus puertas
sus dueños nos dieron la habitación
que habían preparado para el lobo
que –dijeron- tampoco los visitaba
pero esa noche se presentó
y fue atendido con la cortesía
que los anfitriones tenían para él
el lobo entró a su habitación
me vio y vio al cordero
vaciló un instante y devoró al cordero
que yo había querido salvar
después vi que se acercaba
esbelto como un ángel negro
su pelaje radiante
en mis brazos se ovilló
y salimos de la casa
íbamos a morir
él y yo
abrazados
© Dolores Etchecopar
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