11/6/26

Poema de Silva Franzetti

 


“Una luz plateada”

 

Una luz plateada

sobre los declives

anticipa que la marea

está bajando

y se va a llevar

una parte de vacío.

 

El signo de cierre

de interrogación

va quedando atrás

a medida

que la pregunta

retumba.

 

Un tiempo después

las respuestas son moléculas

que chocan por su solidez

hasta que la fragilidad

oponga resistencia

y se escriba de nuevo

el signo de apertura.

 

Llegar hasta donde penetra

la luz del sol: corales

langostas, cigalas

cangrejos

o llegar al punto de partida

de la circulación de energía.

 

El estruendo de las olas

es ahora nada más

que el recuerdo

de otro mar.

Una tarde en el límite

de ser tarde

y hay mínimas

probabilidades de lluvia

el mar de Vietnam

termina en el cielo

siempre y cuando

lo mire de pie

en este nombre.

 

© Silvana Franzetti

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Poema de Daniel Arias

 


El tiempo, su intemperie

         y su determinado espacio

              de posible ángel nos resguarda

                          a todos de la inmortal nada,

saquea su comienzo

       su destino de posible pájaro

                    su envío al destierro

                         de una tragedia, ese camino

                     de fechas y nombres

                ese terror a la indócil inocencia

          se estira en la desolación

en sus pedazos de aire y nos abriga

           con sus velas inmóviles conservando

                   la esperanza que perdura

           en el paso vivo de los siglos.

 

                 Y la intemperie que no cesa.

 

© Daniel Arias

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Poema de Cecilia Penna

 


La tregua de los pobres

 

Desde anoche

o sea

hace una eternidad

en un banco de plaza

sobre un bolso roído

y mugriento

ella duerme.

 

Brazos en cruz

calibrando

el universo

pupilas tercas

niegan el sol.

 

Duerme

rendida

 a metros de un afiche

sucio y despegado  

con la foto de la abanderada

que decía:

“Evita y los niños”

 

No  la molesten

mirando bien

ella es una esas sonrisas

de tinta y barro

donde aún hay esperanza.

 

© Cecilia Penna

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Poema de Susana de Iraola

 


Niña almohada


I


 Nadie sabe encontrar el espacio adecuado 

el color que combine

con la huida es inevitable la imprudencia

no se debe subir al entrecejo de los monstruos

son puntiagudos y salvajes

los niños no deben cabalgarlos en las tormentas broncas

nunca las niñas aceptarán consuelo

la panza hace un espasmo

en su rechazo no logra evitar vomitar

sobre el vestido azul que flota en el recuerdo

sabemos quién ordenó las reglas

 y repartió las culpas    si naciste mujer nada te falta.

 

Nunca debes rezar porque es inútil te cubre el tiempo

o tal vez no

sólo fabrica empalizadas.


II

 

Dicen que en tierra de elefantes las bestias nunca olvidan

-se parecen a los niños-

sus pasos se imprimen a fuego en la memoria

aunque corran los años los elefantes

vuelven

sin razonar arrasan

 

si luego de su paso quedará algún madero

sería bueno crear un tiempo leve

evitar la pesadez obtusa

no negar la floración de los colores

crear el día en que las hadas no permitan

soltar los toros bravos

para que la fiesta de los soles sea propicia

y las brujas impidan

que el dios de los desamparados se zambulla

en su vino y se ponga a dormir

bajo la sombra ampulosa de un ombú

con una niña como almohada

 

© Susana de Iraola

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Poema de Pablo Jacinto Carrazana

 


ars poética

 

protejo un pájaro en mi bolsillo

secretamente lo paseo

de un lado a otro de la ciudad

en mi deambular por calles y colectivos

yo sé parezco perdido

pero es que en realidad

sigo a ese pájaro

que desde su hondo rincón me guía

algún día recordará cómo volar

se desprenderá de mí llevándome

juntos veremos

los techos de las casas

los árboles creciendo inquietos

las nubes escapando en manada

buscaremos más gente

con pájaros en los bolsillos

que también quieran

aprender a volar

todos juntos seremos

un ejército

inútil eso sí

inservible

como un pájaro en el bolsillo

 

© Pablo Jacinto Carrazana

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Poema de Liliana Corredera

 


pequeño escritorio

                   a Laureano Navarro, mi abuelo

 

republicano de la España libre

cazador de conejos

la miel en  la mesa

su mano en mi hombro

ateo anarquista

mi abuelo

 

me regaló su  pequeño escritorio

lavado de años

pulido de números y rayas

ni una palabra

 

esas tuve que buscarlas

en los cajones raídos

en sus ojos con agua

en la boina de fieltro

en su ausencia 

      

©  Liliana Corredera

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Poema de Pablo Carrizo

 


De la piedra a la ceniza

 

Ve

alguien todavía  te escribe

 

se frota a ti

como un fósforo cortísimo

que tiembla

de la piedra a la ceniza

 

Quizás no has visto

 

Ve

alguien escribe

tu llanto con su vertiente

te aparece

como un animal que regresa

hacia su cavidad

 

Quizás no ya

 

pero mira

no hemos dejado

de titilar

 

como un trueno

aún sonamos

a otros la extensión

 

Sabemos que estamos perdidos

 

Sabemos que caminamos. 

 

© Pablo Carrizo

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Poema de Stella Maris Soria

 


ESPÚREA CODICIA

 

Allí van, encorvados,

detrás de sus negocios espúreos,

prendidos en el vuelo de los buitres.

Sedientos de avaricia

empujan

para entrar al congreso de los insatisfechos.

Pretenden

colgarse de la soga de un valor papel

hamacarse plácidos

en el regocijo bursátil.

 

Carecen de vergüenza.

Los peces que poseen no son de esta pecera.

Navegan en barcos de papel que colisionan

en tsunamis de fría espuma.

La tierra no los quiere.

Los esputa

con sus lenguas de volcanes

en un océano de fuego revuelto

que espera salvar su fauna.

 

Enajenados

con su rostros llenos de codicia

escrutarán sus votos

para ver quien duerme

con la cofia de pétalos de rosa.

 

© Stella Maris Soria

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10/6/26

Poema de Graciela Ballesteros

 


EL OTRE

 

Qué hermoso los corazones

latiendo en un mismo sueño.

                       Peteco Carabajal

 

Si no supiera que tus ojos

(puro arrojo, puro amor)

encierran sueños esmeraldas

 

Si no supiera que tus ojos tiernos

conjuran

igualdad y libertad

 

Si no te sintiera a vos

Eterna Eva

si no sintiera

las mismas cerrazones

acechantes siempre

no estaría yo bajo este cielo

con tu bandera

juntando los jirones de tu vida

dejándome incendiar por el fuego

de tu voz

que sobrevuela el aire.

 

Muchacha de los milagros

somos muchos los que

palpitamos quimeras

y caminamos

latiendo tus sueños.

 

Abanderada de los grasitas

¿estarás sentada junto dios

de este lado

del borde del mundo?

 

© Graciela Ballesteros

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Poema de Marita Rodríguez-Cazaux

 


AMOR ES UN NAVÍO 

 

Mi nombre es una cuña en marcha avante

mascarón de proa

sobre el agua de tu recuerdo.

 

Abordaje de voces como barcas corsarias

a estribor por la garganta.

 

Serena luz refracta

el levantisco fragor de la batalla.

 

En ese instante,

mudez de soledades sobre velamen, alza.

Y la luz serena se torna más osada.

 

Tu faro encandila el mapamundi de mi espalda.

 

Amor es un navío

que navega Plus Ultra de la entraña. 

 

©  Marita Rodríguez-Cazaux

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Poema de Vilma Sastre

 


Dónde lluvia      

                             

La boca abierta bajo la lluvia y el agua

buceando el alma - Hugo Mujica.

 

Dónde va a parar la lluvia

cuando arde como un bosque detrás del sol

y vierte sobre la playa

todo el desamparo de olas célibes

                              debo desenredar sus hilos

                              pacientemente

                              hora

                                  tras

                                             hora

                              antes que anochezca

 

dónde

mientras  pliega y despliega su desmesura

   o se dispersa en la mansedumbre de la última flor

me desconcierta su voracidad

(alguna vez sentí su diente hincar mi pecho)

y sigue su derrotero

a la deriva de nubes primitivas del sinsentido del viento

de señuelos de sal que agotan sus espaldas para detenerla

  (es imposible desandar el tiempo)

todo vórtice plata

toda urgencia feroz de aprendizaje

 

          yo no escribo          mis dedos se mueven

                      

dónde

sin dudar en escarbar cenizas de la tierra ígnea

                   o descoser naufragios

(sólo ráfagas de incienso)

 

                              hay que perder el domingo

                              se esparce en penumbra

                              hay que perderlo digo

                              y mi pupila dilata tu espera

 

dónde

cuando a ras del cielo somete al árbol

sólo para arrastrar el amasijo fértil

y untarse en sus nutrientes

                       a mis gestos

                       le han crecido las últimas señales

                       de mirarme en vos

                       buscaré un abrigo

 

dónde

despeñándose justo en el centro de mi intemperie

                                       todo  crucifijo de sal

                             

    tu mano me hace señas ¿quién anda por ahí?

    apenas un nombre que no es tu nombre

    y una voz extraña le cuelga del hombro

 

dónde va a parar la lluvia

que se encarama por el techo por los muros por los picaportes y aldabas

por los pasamanos por las claraboyas por los caireles por las cornisas

por las consolas atestadas de libros

y

por el espejo de cristal

cristalespejo de esta casa

para revelarme genuina la mirada

 

la noche parece eterna pero va a escampar

 

© Vilma Sastre

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Poema de Alfredo Lemon

               


Sancte Spiritus

 

Justifica mi página con tu gracia

Palabras nacidas en el bosque de la bendición

 

El amor que nos redime

La potencia que sostiene al cansancio del ser

El peso de la balanza que decide seguir sin detenerse

 

La abundancia, el dolor, la exaltación, el abandono

El cristal, la savia, la ceniza

El llanto, la saliva

 

Alabanza por las horas jubilosas que me diste


Una rosa dorada bajo la luna

La devoción

La belleza imposible del mundo

La perplejidad de vivir

 

Te debo un universo

Y un purgatorio

 

La delicia y su tristeza

La comunión y los azotes

El olor y el sudor de las panteras

La cópula de las ballenas en la superficie del mar

 

Se acaban los brindis y los bailes

Busco refugio en la sombra blanca de mi espectro rojo 

 

Aunque cruce por oscuras quebradas ningún mal temeré

Peregrino me entrego a las aguas del Ganges

 

El fruto caerá cuando se cumpla el tiempo

 

© Alfredo Lemon

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Poema de Susana Cattaneo Corona

 


                        A mis hermanos de la vida

 

Toma la copa, hermano.

Sé que hay un mundo de sombras que nos sigue de cerca; arenas cansadas y cielos quebrados que temen la muerte.

Hay un gemido de gaviotas que se adorna de ortigas y abarca los mares.

También lámparas y campanas sordas. Ojos apagados de tanto mirar lejanías y tal vez, una cruz horadando esperanzas. Toma la copa.

Se escucha un extraño sonido de árboles que crecen en la mitad del mundo.

Vibra el llanto de alguien que perdió el calor de las palabras.

Creo que juntos es posible recorrer el sueño de las hadas y que de la mano podemos caminar sin medo por toda esta tristeza,

Aún podemos, hermano. Bebe: la copa tiene vino, miel y luz.

Tómala porque a pesar de todo en algún lugar, sigue naciendo la vida.

                                      

 © Susana Cattaneo Corona

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Poema de Sebastián Jorgi

 


                                                   

                                                   Somos nostalgia y olvido

criaturas errantes de un destino incierto

OLGA FERRARI

PRESTIGIO


Arriesgar la dignidad por un presunto prestigio

exponer tu conciencia al borde del abismo

pero

acaso haya un punto de quiebre  para la ambición

un desconocido límite

pese al cálculo y tus buenas intenciones

¿el futuro podio que anhelas  lo mereces?

¿ Te es necesaria tanta complacencia

como si fuera el pan nuestro de cada día?

No podrás contra el destino impredecible

Tiene el As de espadas en la tercera manga

 

© Sebastián Jorgi

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Poema de Gloria Arcuschin

  


AMAR EN LA IMPIEDAD

 

¡Ay!  hojitas verdes sobre

 algunas hojas secas, que se colaron

por la puerta entreabierta de la bohardilla,

sobre el piso de cerámicas rojas, tipo colonial,

donde apoyamos nuestros pies desnudos,

 

la hojarasca de palabras huecas.

Y tanto cuesta la pequeña alegría

de luchar contra mentiras trampas de la historia

y de la propia historia,

sentir que todo o casi todo se fue al garete.

Monstruos atraviesan las coordenadas de tiempo

                                   y lugares,

 regresan con sus simulacros,

               fingiendo ser mejores,

prometen no causarnos daño, pero son monstruos.

Lo intuimos.

Sin embargo unas intrusas hojitas verdes,

                     en medio del otoño,

traen su mensaje cifrado,

         a la habitación dónde todavía

         hacemos el amor

 

© Gloria Arcuschin

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