10/10/26

Poema de Ernestina Elorriaga

  


Nos atrevimos a cerrar los ojos

 

después nos atrevimos a enmudecer y a esconder

los estertores de la piel y de la siesta bajo el perfume del duraznero la ronda de la vida nos abrazaba

y tu corazoncito y el mío

se agitaban en el remolino que nos entreveraba hasta perder los miedos

 

nos mostrábamos el sexo

mientras a lo lejos

los caballos sacudían sus varas erguidas.

 

© Ernestina Elorriaga

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Poema de Teresa Korondi

 


“𝘓𝘢𝘴 𝘮𝘢𝘳𝘪𝘰𝘯𝘦𝘵𝘢𝘴 𝘴𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘵𝘢́𝘧𝘰𝘳𝘢”

⠀⠀⠀⠀⠀𝘗𝘩𝘪𝘭𝘪𝑝𝑝𝘦 𝘎𝘦𝘯𝘵𝘺 

 

Andar reconoce destrezas,

elige la guía

Abre un enfoque en la tregua

como un agua bella

que se cierne entre las piedras

Un musgo agita sus brazos

cortitos como milpiés de filamentos

Alivia la erosión en los peldaños

que siguen estando

filos del tiempo

Entonces frena la mirada

La marioneta sabe que vive con su amo

Ama su tierra, venera su cielo

Se pliega en su cuerpo

y disfruta igual de amante

todo el paisaje fugado

 

© Teresa Korondi


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Poema de María Negro

 


La calle es más oscura

cuando no aparece el lobo.

Cómo se llamará la soledad

del que no encuentra a nadie.

 

© María Negro

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Poema de Diego Rodríguez Reis

 


AMARILLAS FOTOS DEL TIEMPO

 

2.


La costa

bahía brava

calle malabia sin número

la tercera casa

el patio de atrás

el descanso

el olmo odioso en el otoño

tu perfil

apenas recortado en la siesta

dándome un poco la espalda

aún sin verme

la bufanda aquella marrón clara

los pies colgando de la hamaca

el pulóver celeste ese

que te quedaba grande

una pausa, un leve

movimiento de párpados

y una lágrima

enredada en la manga 

 

© Diego Rodríguez Reis

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Poema de Alicia Márquez

 


El banco de la plaza

 

Y era tanta la desesperación,

tanta, como una jalea transparente

que se desparramaba sobre el corazón,

que molía el alma,

que nos llenaba de cicatrices.

Caminamos, caminamos mucho

y fuimos a sentarnos en aquel banco de plaza

de una plaza cualquiera

con árboles altísimos, calesita al fondo

y estatuas de próceres.

allí,

en medio de ese silencio ahogado,

de ese suspiro que dan las plantas,

comprendimos que era inútil

que todo era inútil,

que había que seguir caminando,

quizás, sin sentarnos en ningún banco de plaza para sentirnos desgraciados y solos de la vida.

Eso era de cobardes.

Por eso volvimos.

Y en el camino, nos compramos un merengue rebosante de crema.

 

© Alicia Márquez

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Poema de Alejandra Boero Serra

 


Las palabras remiendan,

al bies del sentido,

tu partida.

 

Cada puntada,

en esta lengua,

descose

la ausencia,

los hilos del adiós,

la escritura del duelo.

 

© Alejandra Boero Serra

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Poema de Guillermo Julián Bosch

 


En el aire que hay en tu boca

la imagen de un martillo

aparece en ese golpe, la sentencia.

 

© Guillermo Julián Bosch

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Poema de Susana Zazzetti

  


era sólo una foto

en blanco y negro

sobre la mesa pequeña.

era un rostro

con enigmas.

¿ vos o yo?

con la mirada buscaba

tal vez

mar o montañas

sin encontrar caminos

en el último verdor

de la esperanza.

y ahí está    quieta.

bosque cercado por enredaderas.

 

© Susana Zazzetti

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Poema de Marilyn Zumbo

  


"Deshacer cada

retazo de tu historia,

y empezar a tejer otra.

Donde las palabras vuelen,

y florezcan mariposas.

Donde cada sensación

te acerque al centro.

y

ya no sufras,

ya no más lágrimas,

ya no más olvidos.

y

todo sea nuevo,

íntegro,

y

te enlace al fin,

al amor verdadero".

 

© Marilyn Zumbo

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Poema de Hugo Luna

 


Querida Paulina:

hundido en esta niebla soy un pez –no el que fue Julio aquella

noche–. Soy un pez nadando en el espejo, un pez que confunde una

estatuilla con un alga. Nada me hace creer que habrá un futuro, sin

embargo, hay algo que diga que no nos volveremos a ver?

 

Carta a Paulina desde Londres

 

© Hugo Luna

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9/10/26

Poema de Patricia Diaz Bialet

 


un pueblo en el Norte

EL SER AMATORIO

Te tengo en las sombras

Amante suave con mirada sin ojos

Amante liso y ardiendo cuyos perfumes y miembros

Se mueven siempre y brotan

Pierre Jean Jouve

  

el ser amatorio es hacendoso

año tras año

con él renuevo mi vacación de soltería

 

el ser amatorio es fácil de hundir entre mis faldas

los desposados le interesan absolutamente nada

 

cuando sale de su guarida

el ser amatorio maldice los hogares ajenos

llama a las puertas que se abren de un brinco

las mujerzuelas lo acosan frente a su mostrador de consuelo

 

el ser amatorio no se frena ante nadie

cada petición es atendida

las señoras

las señoritas

incluso las más ancianas lo babosean tangencialmente

degluten los mensajes que el ser amatorio ondula a través del micrófono

mientras esgrime su locución higiénica

y su respiración de mirlo favorable

 

 

se escuchan desde el fondo del salón algunas risotadas

porque el ser amatorio es cobija de obesas y flaquísimas

despierta en todas calores amazónicos

maridos erróneos

teléfonos mellizos

 

podría decirse que el ser amatorio goza de su propia heráldica

y del mérito de complacer a las damas terapéuticamente             

 

cualquier estación del año es propicia para saborear las hierbas del ser amatorio

que al despedirse nos regala una canasta de setas

y unos datos inciertos sobre su paradero                                       

 

es natural en el ser amatorio ser un poco huidizo

no descubrir la patente de su automóvil

ni identificarse siempre bajo el mismo natalicio

 

porque el ser amatorio es flexible y mutante

 

si una lo requiere

su abrazo es excesivo murallón que nos resguarda

percusión a la tediosa existencia urbana

 

el ser amatorio es vaporoso y ágil como una soprano

y cuando hace silencio luego de la cópula

el ser amatorio es sosiego puro                                 

 

© Patricia Diaz Bialet

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Poema de Norberto Barleand

 


Atahualpa de los silencios

 

Atahualpa de los montes,

valle, llanura y río,

paisaje de la alborada.

Hachero de los caminos

coyuyo de tierra fértil

de pueblo arado y distancia

 

Nutriente de voces ciertas

payador de llamaradas ,

valiente , perseguido

decidor, hoguera y torcaza.

Arroyo del caminante

alazán de la quebrada

la cuerda zurda en tus manos

alumbra juncos y zambas

Poeta sin ataduras

amante de los silencios

hoyada savia del sauce

relincho de la nostalgia

Atahualpa , sendero y sombra

sobre tus hombros la luna

entre zarzal y carcazas

 prende los horizontes

de sol arado y distancia .

Atahualpa de los caminos

chúcaro del viento pampa.

padre de la palabra

del llanto de los humildes

y de la patria olvidada.

 Azucena , quemaduras.

Piedra, rocío, campanas

                            gritan con tus versos,

                         cantan con tu guitarra.

 

© Norberto Barleand

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Poema de Rosa Leticia Orchuelo

 


Recuerdo

 

Sobre las barrosas aguas del Callvú Leovú

aletea un chingolo

calma la sed y se refresca

El aleteo dibuja ondas concéntricas

 

Una hoja cae y emprende su viaje

con una araña sobre ella

 

El verano resplandece

se desliza lento como el tiempo

es un remanso de paz

en las siestas del domingo

 

A la sombra de un sauce

mi padre prepara el anzuelo

con la esperanza de obtener

una fructífera cosecha o

simplemente regalarme

un recuerdo que haga cric

en mi memoria y me lleve

como la hoja en su viaje.

 

© Rosa Leticia Orchuelo

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Texto de Rocío Felice

 


Aquí está la luz azul de la pena. Es la escorrentía desde tus ojos hasta este par de manos sin más que ofrecer. Ese caótico mar nocturno por el que aún andamos, aunque impenetrables las puertas. La vegetación lo ha arrebatado. Has intentado reír con tu mueca marchita de flores anaranjadas. Has hecho del cielo el rito de tu escape. Fue así el abandono. Un darse de dientes contra el ventanal llovido. No volviste ya más a tu vestido. El disfraz que vestía a la que fuiste. Quién soy yo sin mi ropa. Sin esta piel, sin estos ojos o pulmones, sin mi aire. No poseo, entonces, el tiempo, siquiera el tiempo del tiempo: veo un erial entre absoluto y siniestro. O veo pensarme a la sangre en su ciclo, su puja por estallar o fluir y mis venas y tu rostro en el centro de la ruina. Las estrellas subsumen los cantos, los ríos, los lobos. Parada yo en la mitad de la calle, me prolongo a otro vértice. No transcurre la muerte, adormecida.

 

© Rocío Felice

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Poema de Silvia Cacchione

  


En una película

con tintes rusos

una nena encerrada

en un submarino

lee el diccionario

Nube: agrupación o cantidad muy grande

de algo que va por el aire

Cierra los ojos e imagina

un montón de tuercas pequeñas

flotando sobre el silbido

de la válvula de vapor.

No piensa aún

qué pasará

cuando termine el libro.

 

© Silvia Cacchione

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