Poema de Dafne Malvasi
Para no acostumbrarme a la guerra,
pinto una amapola roja
aún no destruida.
Per non abituarmi alla guerra,
dipingo un papavero rosso
non ancora distrutto.
© Dafne Malvasi
Etiquetas: Dafne Malvasi
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Para no acostumbrarme a la guerra,
pinto una amapola roja
aún no destruida.
Per non abituarmi alla guerra,
dipingo un papavero rosso
non ancora distrutto.
© Dafne Malvasi
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ACECHO
De noche de madrugada
o de soledad
cuando entro en el espejo
y soy el espejo
abro
las cajas del temor
de la tristeza de la incertidumbre
y en silencio las encaro
las dejo escurrir sangría hirviendo
para que dejen de ser pájaros negros
merodeando mis luces
capaces de trizarlas
con un solo aletazo
de tragedia
© Juany Rojas
Etiquetas: Juany Rojas
El tronquito
Antes de que existiera ese intento de
canchita,
existía el monte.
Los yuyos crecían
como si nadie los hubiera nombrado jamás.
Los árboles hacían su propia sombra.
Las espinas defendían
un pedazo de tierra
que parecía no pertenecer a nadie.
Entonces llegamos nosotros:
el maxy, el tony, el pinchin, el puma, el toto, el pyter
y muchos otros que hoy hacen a este
recuerdo vivo
Caímos con una pala prestada
un rastrillo viejo
las manos llenas de ampollas
y esa fe inmensa
que solo tienen los chicos
cuando todavía creen
que el mundo puede acomodarse
a fuerza de insistir.
Cortamos ramas.
Arrancamos malezas.
Juntamos piedras.
Barrimos la tierra
hasta dejarle el corazón desnudo.
Queríamos una canchita propia.
No era mucho pedir.
Solo un lugar
donde una pelota pudiera rodar
sin pedir permiso.
Pero en el medio,
como si la tierra hubiera decidido
guardar un secreto,
quedó una raíz.
Gruesa.
Silenciosa.
La golpeamos.
La cavamos.
La rodeamos de pozos.
Le prometimos la derrota.
pero ella,
nunca cedió
se quedó.
Al final
fuimos nosotros
los que aprendimos a jugar alrededor de
ella.
Le pusimos un nombre,
como se nombran las cosas
que terminan siendo recuerdo
“El Tronquito”
Qué extraña sabiduría
tenía aquella raíz.
Nos enseñó,
mucho antes de que la vida lo hiciera,
que no todo se vence.
Que hay heridas,
amores,
barrios
y memorias
que permanecen debajo de uno,
aferradas a la tierra,
aunque pasen los años
y uno crea
que ya aprendió a irse.
Y cada vez que vuelvo,
no busco la canchita.
Busco ese tronquito.
Porque sospecho
que fue él
quien sostuvo mi infancia
mientras nosotros
creíamos que solo estábamos jugando.
© Diego Morales
Etiquetas: Diego Morales
-que no habrá más-
dicen
los dueños del hierro
y los arsenales
pero en la oscuridad los hombres lobos
chorrean sangre de sus lagrimales
escondidos
van entre los ritos de honor y se ríen
por los caídos, por esas mujeres
que recogen trozos de cuerpos
como retazos de sus partos,
otras buscan a sus hombres
en los ceremoniales de la calamidad
no pueden la sevicia,
la paz no pare todavía,
hace una petición al hombre y se tapa los
ojos.
© Ana Russo
Etiquetas: Ana Russo
GATOS
Sus pupilas desafian,
contra todo pronóstico,
los umbrales de la gran ciudad.
Su sueño es tan largo.
Huéspedes y anfitriones
cruzan
las peripecias del camino.
Algo en ellos sostiene,
al paso
de mi vigilia,
la huella que fui,
tanto de lo que no seré.
© Alejandra Boero
Serra
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El exilio
En medio de los edificios
a la distancia
escucho las olas
reclamar mi nombre
al viento entre la noche
los árboles y la arena
que vuelva como las aves
en su batir de a mil tambores
y aunque de cerca los autos
los martillos la sierra
rompan con el ensueño
escucho las olas
reclamar mi nombre.
© Alonso Mejías Ureta
Etiquetas: Alonso Mejías Ureta
De este lugar no escapa nadie
el cemento fue humedecido con sangre
selladas las paredes, las columnas
con pellejo de sufrientes
las lágrimas del arcángel
no alcanzaron para frenar el incendio
todo se hizo noche
no se podía respirar
caminábamos ciegos por la escalinata
alguno caía en el foso, otro colgaba
de una horca de hierro y clavos
no se sentía miedo, no
el dolor anestesia
lastiman los quejidos
dibujados en las columnas
en los techos
máscaras que alguna vez
fueron hombres
y su delito
sucumbir al amor
condenados al encierro
arrastrando cadenas
rosarios de roca filosa
murmuran gritos desgarrados
saben que su esfuerzo es vano
entonces escriben poemas
que nadie puede leer.
las brujas nos juntábamos
al alba
no queríamos escapar del sol
pero
nos obligaban
entre susurros de rezos
invocando magia
se
vuelve uno visible
maternas carnes se dilatan
una lluvia de semen cae en el pubis
una
lechuza en el palo más alto
-el de la urraca- que canta
una melodía afinada y diáfana
se
alejan los corderos de la planicie
suben hacia el pico más alto
saben que se viene el cataclismo
le
han visto el rabo al diablo
y
lloran, balan atemorizados
tiemblan y sacuden los pastos
se
viene, está próximo el fuego
la ola gigante, el gran tsunami
que
devorará con hambre de lobo
hasta la última roca desvalida
y
los niños
sin
ser concebidos
mueren en el viento
atragantados de agua
y de
ceniza.
© María Laura Blanco
Etiquetas: María Laura Blanco
MATADERO
He visto pasar el ganado camino al
matadero,
lo he visto pasar en trenes y camiones
desde la esquina de mi casa.
Día tras día, año tras año,
he observado con impotencia
la triste caravana,
y me he puesto a pensar
cómo la muerte enluta el mundo,
cómo la vida come de la muerte.
© César Cantoni
Etiquetas: César Cantoni
VISTA DESDE LA HABITACIÓN 23
En la noche,
el foco encendido que da al jardín
ilumina las flores blancas
de la corona de novia
dándoles una lumbre especial.
Parece un cielo estrellado
que nace de la tierra
como si tierra y cielo
estuvieran muy cerca.
Pequeños resplandores
ascienden desde el fondo
y destellan en una oscuridad
más íntima,
cercana al dolor de los que sufren.
Ya no se reconoce arriba, abajo,
adentro, afuera.
Privilegio de la vida,
el mundo y su belleza
anteponiéndose a la muerte.
© Nancy Montemurro
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Caballo
Un caballo de sal
que se deshace en el viento
pisando sus vasos
la arena de los médanos.
Relincha
en el centro del cielo
clamando por su tropilla
perdida
por allá lejos.
Solo como una lágrima sola
en el colmo del silencio
trota en el viento
y vuela,
vuela…
© Mariana Miranda
Etiquetas: Mariana Miranda
Línea Sur/2
Deambulo por la orilla
del Río Negro,
en lo más austral de la provincia.
Aguardo el horario del próximo trasbordo.
Sobre el cauce, las imponentes vigas
del puente viejo
unen
las dos ciudades:
la que soñó con ser
importante y brillar;
y la que nunca brillará tanto
como quisiera.
En el paredón, enfrente de la terminal,
Karen sonríe con el corazón en la mano.
Sobre las márgenes del río, las historias
se graban a fuego:
que mueran a hierro los que matan.
© Norma Etcheverry
Imagen enviada por la autora del poema
Etiquetas: Norma Etcheverry
(Tempestad)
El caballo de la tempestad
en un despliegue de patas blancas
azota los cardales.
Grises los cúmulos rotos.
Trota granizo y hielo.
Un temblor en la tierra
seduce y llama a las flores lila de su
pecho.
Quiebra el silencio un sonido a salvas.
Retumba la luna.
© Mariel Monente
Etiquetas: Mariel Monente
Como ese día que íbamos por la ruta tres y
te dije, sonriendo, que no tuvieras miedo. Que cualquier cosita, pusieras
balizas y llevaras el auto hacia la banquina. Ahora tu recuerdo es esa flor
amarilla que crece al costado del camino.
© Jorge Curinao
Etiquetas: Jorge Curinao
Conejitos*
Me ocurre, Andrée
poemas como conejos
blancos, puros
tan inocentes
inofensivos
los poemas
apenas tristes a veces
siempre adorables
vivos
lo siento
querría ocultarlos
mantenerlos adentro
silenciados
pero bullen
salen
se vomitan uno sobre otro
qué daño puede hacer
el deseo
y los conejos devoran
el canon
los compromisos adquiridos
las promesas más queridas
perdón, Andrée, perdón
los poemas se
revelan
se cortan
las líneas
encabalgan los versos
y el desorden
ahora toma
su casa
aunque el destrozo
comienza solo
en mi corazón
*A partir de Carta a una señorita en Paris
de Julio Cortázar
© Eugenia Coiro
Etiquetas: Eugenia Coiro
El tiempo en una tarde cualquiera
puede ser una señal que desvanece
la lejana hondura del sueño
la dura soledad del exilio
las siluetas de amores olvidados
en el fondo del viento o simplemente
la prueba que nos estimula
cuando todo parece abandonarnos
y sufrimos el destino de las quimeras
en la ardua lucha por imponer
la verdad de su esencia
como la semilla en la tierra.
© David Sorbille
Etiquetas: David Sorbille