7/9/26

Poema de Nancy Almassio

 

 

Poética de la esperanza

 

Quiero advertirte

que escucharé tus alegatos

sin juzgarte.

Expresa tus discursos

vestidos con tus representaciones,

tus ideologías,

tus intenciones

que yo me despojaré,

me objetivaré,

me deconstruiré,

hasta el punto de oír

sólo palabras enlazadas

y decodificaré,

desafiando a la inteligencia artificial,

los sentidos que nazcan

del entramado

de tus palabras

devenidas en declamación.

Quiero advertirte

que observaré tus gestos

sin admirarte.

Despliega tu lenguaje

con libertad de movimientos,

sensaciones,

emociones,

que procuraré desentrañar

el tópico de tu poética,

los recursos, las metáforas,

tu retórica.

 

Una voz

puede permanecer silente

o pronunciarse

como gestora de derechos.

Una voz

puede sonar pequeña en un tumulto

pero, también,

puede retumbar eterna.

 

© Nancy Almassio

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Poema de Rolando Revagliatti

 


“Flora Futurista” 

 

Nos intercepta en nuestros caminos

y alecciona

 

Es bella

(y nos afilia a las percepciones de Oswaldo Bot)

 

Reímos.

 

© Rolando Revagliatti

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Poema de Nico Dominguez

 

 

TIEMPO

 

la metamorfosis de la mariposa en reversa

un copo de nieve que antes fue gota

los pimpollos que no cortó la jardinera

el conejo no devuelve sus horas

la piel lozana

se cae de noche

llenando el colchón de escamas

que barro insistentemente

cada mañana

el reloj la vida dice

que nos hacemos polvo

de a poco

 

© Nico Dominguez

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Poema de Andrea Delfini

 


Poema salvaje

 

Arreglo mis plantas,

me doy cuenta de que son muchas

y de cómo me abstraigo con ellas.

Quito los yuyos y pienso

si estarán de acuerdo.

Con los cactus es otra cosa,

reaccionan con sus espinas

y desisto, apenas

los voy emparejando por arriba, ellos

deciden los límites

y yo los dejo, igual

me regalan flores

que son como de seda.

Parece que adoctrinar

no es lo mío.

 

© Andrea Delfini

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Poema de Claudia Isabel Lonfat

 


Justo yo

 

Hoy visité tu tumba.

Justo yo,

que no creo en los muertos

y mucho menos en los vivos,

ni en la vida después de la vida,

ni en Dios.

 

Te lo digo a vos,

ya que nadie más podría entenderlo.

Alguna pulsión me trajo.

Quizás las preguntas

que la finitud impone:

la menopausia, el colesterol,

la depresión que no duerme,

las frustraciones, las despedidas.

 

Como decía Charly, todos tenemos un

infierno en la cabeza,

pero a vos Charly no te gustaba.

No entendí que fue la señal

de que jamás

estaríamos en sintonía.

 

Conociéndote,

sé que dejaste todo pago,

hasta los créditos e impuestos.

Pero ¿qué hay de las deudas

que no se cancelan con dinero?

Esas no te importaban.

 

Rasguño tu nombre,

cada arista de bronce.

Dedicatorias pulcras de compañeros.

Veo lo que no dejaste:

no hay una viuda,

no hay hijos.

Solo el bronce frío

y esta mano que escribe.

 

© Claudia Isabel Lonfat

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Poema de Mauricio Giulietti

 


Traías un fuentón repleto

de corazones dulces

damascos decías

con la voz contenida de agua.

 

Los lavabas uno a uno mientras

los partías a la mitad

y los carozos,

formaban una torre

al lado

de nuestras manos

húmedas.

 

Algunos se deshacían

antes de partirlos

en la boca.

 

© Mauricio Giulietti

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Poema de Griselda Rulfo

 


A veces me pregunto dónde escarbo.

Mi primera respuesta es: en la tierra.

Pero no es así.

Yo escarbo la generalidad de lo único

la esencia humana

su origen y final.

 

En la búsqueda que deriva de revolver

encuentro la completa acción del hombre.

La verdad pronunciada

la causa y efecto que determina la ley.

El error y el despertar a la verdad.

 

Y en esa búsqueda hallo la emoción

el miedo y la piedad

la purificación

que el recuerdo conserva.

 

Pero siempre habrá algo que se me escapa:

la perfección

la idea final

un ser sin tiempo.

 

Con dolor descubro

               que no alcanzo al ser puro

                              en total profundidad.

 

© Griselda Rulfo

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5/9/26

Poema de Dolores Etchecopar

  


el lobo salía de la iglesia

y elegía cada noche dónde dormir

mi madre preparaba con esmero para él una habitación

por si decidía pernoctar en nuestra casa

encerraba allí al cordero

que daba vueltas esperando algo

pero el lobo no elegía nuestra casa

fue así que con el correr del tiempo

nuestra hospitalidad tan en vano dedicada

a imaginar su visita

tomó la forma del lobo

y rondaba su ferocidad y su cautela

por toda la casa

entonces quise escabullirme y alcé al cordero

para salvarlo

salí corriendo con él

pedí refugio en la primera casa que abrió sus puertas

sus dueños nos dieron la habitación

que habían preparado para el lobo

que –dijeron- tampoco los visitaba

pero esa noche se presentó

y fue atendido con la cortesía

que los anfitriones tenían para él

el lobo entró a su habitación

me vio y vio al cordero

vaciló un instante y devoró al cordero

que yo había querido salvar

después vi que se acercaba

esbelto como un ángel negro

su pelaje radiante

en mis brazos se ovilló

y salimos de la casa

íbamos a morir

él y yo

abrazados

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de María Casiraghi

 


SESIÓN DE MASAJE

 

                       a Viviana Salas

 

Entro en un cuarto de tres metros cuadrados:

                                        el tamaño del mundo.

 

Una luz distinta

y sin memoria

me recibe y me desnuda.

 

Mi cuerpo se prepara

para salir a volar

sabe que durante dos horas

perderá peso

materia

 

es así

cada tanto

necesito abandonarlo

que lo silencien

hasta que gritan las vértebras más viejas

acartonadas

oficinistas.

 

Mi garganta

expulsa lágrimas

flujos azules

recuerdos

algo que estaba doliendo

y no veía.

 

Nunca se ve lo que duele

pero sí duele

lo que se ve

 

no más esa mañana

gente traposa, sucia, entristecida

se reproducía en la ciudad

y mientras algunos caminaban mirando para arriba

para ver a Dios y no a su obra

yo

aunque nací pendular

vi su obra, pero no pude ver a Dios.

 

No sé mirar a un solo lado

por eso mientras huelo

el incienso y los perfumes de la India

evoco esos niños solos

en las calles de Vieja Delhi

colgados de mi ropa

suplicando.

 

La música de oriente trae paz

 

pero en sus pausas

arrastra crueldades planetarias.

 

© María Casiraghi

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Poema de Mauricio Cappiello

                                                               


        

(…) Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos

cuyo ejercicio presupone un pasado

que los interlocutores comparten,

como transmitir a otros el infinito Aleph?


                                          Jorge Luis Borges                                                                         

 

Solo se trata de descifrar

               el confín del otro universo

librar al azar, la pequeña ilusión

esa que fue invocada por un heraldo

    (cuando la oscuridad amanecía)

 

- ahí, en ese lugar -

alinear el sagrado fuego /

 el vivo silencio de los muertos     – develado -

¡Oh! la misteriosa muralla / enfática brizna

esa falaz perduración / irremisible tiempo

     (cuando el pasado atruena)

 

¿y si solo fueran heredados conjuros?

vanamente contemplativos

    hilvanados uno por uno

debajo de esas huellas

     en las asombrosas pócimas del alfabeto

 

- ahí en ese lugar -

la anatomía / la levedad del alma

- ahí -          en el núcleo del Aleph

                                                                                        

© Mauricio Cappiello

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Poema de Eduardo Alberto Planas

 

Quisiera


Quisiera saber todo,

lo que hay que saber de vos 

cuál es tu mejor versión

tu calor, tu vientre,

tus pechos y esa alegría.

Pienso en cómo estarás, cómo

será tu nuevo peinado

tu ropa que tan poco

tiempo dura puesta 

tu sonrisa cómplice y 

todas las palabras,

los silencios

habladores.

los cuerpos anudados.

 

© Eduardo Alberto Planas

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Poema de Luciana A. Mellado

  

ladro qué

 

una perra vieja es también el esternón que suena

todo quebrado

rac

pero no somos vallejo

y hay una sola lengua

en este solo cuerpo

quién lejos viene

ahora viene cerca

al mismo pozo donde entierro

el dolor

tu perra vieja no está más

para tus ojos

para la yema de tus dedos

para la sombra de la parra

no llorés vos

que no terminás de nacer ni de morir

no llorés

porque no puedo tampoco salir

de estas dos rejas

una cárcel

una lengua materna

y una perra vieja

ladro

ladro porque no sé hablar

ladro porque no puedo encontrarme

me perdí

no sé hablar corro troto corro

lloro digo pero no sé ladrar

esa reja

esa lengua

para adentro

soy una reprimida gramatical

soy una reprimida ortográfica

Bamos Bety

Bamos que llegás a casa

acá estoy yo dónde

quién está qué

volvé

volvé perra

te necesito

y no me pican las manos

no me pican

bolbé

bolbé para que ladremos juntas

 

© Luciana A. Mellado

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4/9/26

Poema de Nahuel Barrios

  


Niña colgante

                                                                                    

"Un cuerpo invertido ha olvidado

como cerrar los ojos”

Mónica Licea 

 

Imagino la cicatriz de un pájaro.

Sus alas calcinadas.

 

A la intemperie de algún cementerio.

Salgo a la calle y miro hacia arriba.

Pero no está. No hay ningún pájaro.

 

Aprendo a cerrar los ojos.

 

© Nahuel Barrios

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Poema de Mabel Sierra Karst

 


Dos flores

 

Detenerse

junto al camino

ante la belleza

de dos flores

nacidas en el olvido

de una rama solitaria,

contemplar el aleteo

de su vida breve.

Allí, donde cada vez

el invierno muere,                                                       

descubrir la belleza

de lo que nace.

 

© Mabel Sierra Karst

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Texto de Luis Luna

 


Una mujer de negro recorre los caminos, intenta buscar las patatas plantadas en la muerte, con el abono caliente de los cuerpos en descomposición. Una mujer de negro que a veces vuelve y a veces no. Canta canciones, se encorva, se recrea en las cocinas de la escasez, donde la tierra es negra como los ojos de los cuervos. Canta ahí en la memoria de quienes lo saben, todavía canta aquí tras los cristales del tiempo de las ruinas.

 

© Luis Luna

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