Poema de Gustavo Borga
Arrodillado en el suelo
toco con mis manos
sus huellas
Antes que caiga la noche
le daré alcance
y seré su esclavo.
© Gustavo Borga
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Los invito a leer en este sitio a aquellos poetas contemporáneos que por una u otra razón son admirados por mí... Todos los poemas aquí publicados tienen registro de autor y no pueden ser usados sin el consentimiento de los respectivos autores. LAS FOTOS USADAS SON EXTRAÍDAS EN SU MAYORÍA DE INTERNET, SI ALGUNA PERSONA PIENSA SE USO SU OBRA SIN AUTORIZACÍON ME AVISA Y RETIRO LA IMAGEN DE INMEDIATO. Un abrazo Gustavo Tisocco Instagram @gustavotisocco69
Arrodillado en el suelo
toco con mis manos
sus huellas
Antes que caiga la noche
le daré alcance
y seré su esclavo.
© Gustavo Borga
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PESCA
El viento es un vaivén sobre la tanza,
si sopla en ráfagas provoca
distintas extensiones en el juego
del ir y el venir; nada deja
de ser en armonía,
como en la página la música,
versos cortos y largos pero bien escandidos.
Si el pez entra en contacto y tira del anzuelo,
la tensión rompe el juego que proyectaba el viento,
un sacudón nervioso, y otro,
toda una serie convulsiva,
que indica que algo tira bajo el agua.
El juego delicado es parte de la vida,
a ello también llamamos pesca:
el río con el viento un solo cuerpo,
ya no importa la presa,
no obstante si intercepta
el anzuelo, saberlo importa.
Puede que suba un pez a nuestra mano
o nada más que forma
del vacío sujeta del anzuelo.
Uno u otro, eso es la vida.
Viento, vacío o pez, a todo
lo llamaremos pesca.
© Roberto Daniel Malatesta
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toco el barro con mis manos
sin que se desangre el útero.
que sepa el poema
que todas las palabras
también están
ahí.
en los dos.
© Susana Zazzetti
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Gustavo y la naranja
Sobre el juego naranja de la siesta
se exprime el nácar de los azahares;
justo ahí, en esa curva de soledad
y regodeos, con la boca presta
a beber de los sabores de la tierra,
Gustavo encontró la forma de su poema
impregnada en vitamina C y dulzores
propio de la luz con sus sabores.
Por eso el poema de Gustavo sabe
a siesta, a sed, a saber y degustaciones
y te invita a comerlos en suco insaciable
o en rodajas que imitan las maneras de la luna.
Sobre la forma de un naranja Gustavo escribe
el mejor y más sabroso de todos sus poemas.
¡Déjate apreciarlo como quien bebe de su boca!
© Marcelo González Del Río
Etiquetas: Marcelo González Del Río
recupero el aire la pulsión perdida la
flor blanca
la vida sencilla
la nube sobre mi cabeza en esa lejanía que
espanta toma tantas formas
como mi vida
y en este mismo lugar donde ya nada es lo
mismo
empiezo
a preferir tu ausencia
quiero que me dejes con la flor blanca
con la sencillez de las nubes
en la montaña lejos
entre las jarillas y las verbenas
me interno
en vaya a
saber qué vida
© Silvina E López
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A oscuras
En junio los frutos
se comen a solas.
La rama es oscura
y ahora que el velo
protege al amor,
ya lo puedo decir:
la zona de nieve
que llevo en las manos
me impide sembrar
esos granos de trigo
que alguna mañana de enero
tal vez prometí.
No hay pan en el sueño
de quien no se atreve a dormir.
Han roto los diques
del agua en la noche.
Daría mis cinco
segundos de vida
por ver otra vez
la luz del día.
© Silvia Rodríguez Ares
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COMO DOS ALIADOS
Un viento silencioso en esta historia. Como si
alguien tratase de empuñar un rifle descargado,
un arma antigua, rota, que tiempo
atrás,
juntaba mugre en un viejo cajón apalancado.
Sentado en mí sala:
el arma y el viento ya no están,
y las luces que hasta ayer estaban prolijamente
encendidas,
se apagaron como un órgano sin pilas.
Prestar atención
no es igual a interesarnos por algo, ni mucho
menos, involucrarse.
Son actividades diferentes, absolutamente
opuestas
Por eso, no doy cuenta de los ruidos que vienen
de la calle,
solo oigo unos segundos, y ya.
Después de todo, lo único que me importa es este
silencio que guarda mi casa.
Yo y él solos, como dos aliados en una misma guerra,
combatiendo
sin tregua,
y sin ánimos de colgarnos ninguna medalla.
© Nahuel Barrios
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Y otra vez esos cristales se ocultan uno al otro.
Sé de esos tus espejos,
venían ocultos entre los que no podíamos mirarnos,
ni yo en la selva,
ni tú en los pliegues de Monmartre.
Avanza el desierto en esos días,
desaparece su reflejo,
dedo carnoso que derritió los hielos
de la tibia floresta,
la voz que corta el aire como un pan tierno con las manos,
el roce de alas del ruiseñor,
aleteo de la suave caricia y
en las rojizas llamas de su mirada
el calor del bosque vuelve a devorarlo y a desaparecer.
© Ricardo Di Mario
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Alfonsina
quiero hacerle el amor a alfonsina storni
rozar las narices como esquimales
que me acaricie la mano entre las sábanas
besarle la espalda
despertarnos con el día y salir a caminar
que me lea sobre palabras degolladas
fumar del mismo cigarrillo una noche de verano
quiero hacerte el amor Alfonsina
que nuestros perfumes se confundan
crear uno nuevo que solo te recuerde a mí
que me cuentes por qué agrio está el mundo
qué tiene de astuta esa mujer
yo te escucharía atenta
esperando que las horas no pasen nunca
Alfonsina
© Pilar Sanjurjo
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VIBRATO NOCTURNO
¿Alguien ha visto bajar el diluvio
de este cielo de rosas?
alguien me habla al oído
señala el agua
aquel ardor de moras
la casa natal
la pureza
repito
en mí hay un animal oscuro que no halla sosiego
insiste la palabra rizoma
(serpiente que emerge de la tierra)
quema mi cuello
su beso letal.
© Mirta Venezia
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La ternura y la sémola con leche son una misma cosa.
La ternura y las tortas fritas con mate cocido.
La ternura y el plato de sopa de arvejas.
La ternura y el televisor hasta que termine El Zorro.
La ternura y coser bajo un sol de noche hasta doblar la
espalda.
La ternura y sacarle punta al lápiz con una Gillette sin
filo.
La ternura y medir la fiebre hasta dormirse sobre la misma
almohada.
Una ternura capaz de durar ochenta y cuatro años,
con sus respectivos padrenuestros y todas sus avemarías.
© María de los Ángeles Fornero
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DALTÓNICO
Son los colores los que juegan conmigo:
ese verde no es verde,
el cielo debe ser celeste,
tus ojos eran de ese color que anoté en ese libro.
Entonces pienso,
voy a intentar una rima roja
colorada, bermellón, con recuerdos de naranja.
Digo, se puede vivir confundiendo los colores
diciendo que es el que en realidad no te parece
pero que es
y así pasa la vida
el mar azul, que un día estaba verde y otro celeste
los árboles, que para mí, a veces, mienten los colores
los gatos, que no se quedan quietos para que pueda pensar su
color.
El colectivo y su cartel.
Mi hijo y el veo veo que jugamos.
© Juan Manuel Zeni
Etiquetas: Juan Manuel Zeni
Cada segundo arde
Una gota
una inmensidad
un cielo que se desploma
en el ojo ardiente del sol
en miniatura lo que urge
esa cosmopolita visión
de un devenir
sin apremios
sin desventura
sin penas
Ha sangrado mucho
la herida del sacrificio
su cura fue lenta
pero curada al fin
Cada segundo arde
En esta media tarde
sin embargo
el alma se alboroza de fe
de paz
de conciencia tranquila
y acepta lo que viene
lo prometido
lo premiado
lo absoluto.
© Gustavo Santiago Morinigo
Etiquetas: Gustavo Santiago Morinigo
LIGERO CORRER
Yo soy esa mujer
que siempre huye de la escena
-la escena candente
crucial-.
Tengo muchas
muchas piernas
para poder huir:
tengo piernas en la cabeza
piernas apretadas en el pecho
en las manos
piernas dentro de mi boca.
Ligero correr
ligero bienestar
destroza cualquier vida posible
en su persistente
continuidad.
Corro conmigo a cuestas
y el mundo se hunde en mí
con todos sus lugares.
© Irma Verolín
Etiquetas: Irma Verolín
Todo se vino abajo: los amores los amigos la familia
todo se derrumbó de un día para otro como si no
hubiese habido un largo sostenido solapado
proceso de destrucción
pero claro
nos hacíamos los distraídos
se puede
porque estas demoliciones
no son
como las naturales: terremotos, sismos, tsunamis
imposible mirar de chanfle: las benditas te arrancan de una
vez
y de cuajo
éstas en cambio
proceden
lentas paulatinas
humedad y corrosión de las palabras / ladinos y mendaces
los hechos que de tan
cotidianos
parecen el pan de cada día
para almorzar veneno cenar hambre
y uno
pone la mesa
tranquilo.
© Inés Legarreta
Etiquetas: Inés Legarreta