22/8/26

Poema de María Teresa Andruetto

 


El pan


(de otros el maíz,

el tubérculo,

el arroz;

nuestro

ese grano de oro

en el campo)

Primero

conviértete en fermento,

en levadura,

en volcán.

Construye luego

con tu harina buena

una torre

sobre la mesada.

Y horádate el centro.

Cávate.

Y vuelca en ese pozo

todos tus afanes.

Entonces

enciéndete y crece.

Crece.

Duplícate

una y otra vez.

Cocínate.

Quémate.

Inmólate.

Y ofréndate

como una hostia.

 

© María Teresa Andruetto

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Poema de Sergio Guerrieri

  


La danza

 

I

Te levantás del sillón.

Estirás la mano.

Acepto tomarte la cintura,

apoyar mi cabeza en tu hombro,

cerrar los ojos…

Tu cuerpo es como un talismán,

a veces el deseo puede no traducirse en palabras.

Nuestra danza es el secreto: silencio del deseo

migrando hacia otro lenguaje.

 

II

Acerco aún más la cara a tu cuello.

Ha comenzado a darme hambre

ese olor a café.

Llevo la mano hasta tu nuca. Inspiro.

Esa es la palabra por la que el hambre

se vuelve lenguaje: inspiro.

El vapor resuena

y todo lo que deseo está en el aire,

el pan tostado, la mañana,

todo lo que comienza está en el aire.

 

© Sergio Guerrieri

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Poema de Susana Zazzetti

  


abrí a contraluz

   la carta con tu nombre.

como los zapatos viejos

con los años

               perdió brillo.

la vida le ha ganado

en estocadas.

pero

¿será el tiempo

con su paso firme

el último en cerrarla

   definitivamente?

 

© Susana Zazzetti

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Poema de Luciana A. Mellado

 

tarde 

 

y tampoco entendí para qué la palabra

abre su llaga ahora

en paladar

para qué entendí

ahora

que un ladrido no es un cometa

ni un pétalo de pan

lleno de barro

entendí

y me falta

entendí

pero me sobra

entendí

ladrar la pena

perra

y no tener ni un hueso

de tu cuerpo cerca

 

© Luciana A. Mellado

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Poema de Mauricio Cappiello

  


                                                             (…) Desmesurada sea también nuestra extrañeza

                                                             esta noche cayendo sobre lo que está cerca

                                                             próximo, prójimo, tan inaccesible

                                                            como un remoto origen, como un final hermético.

 

                                                                                                         Raquel Jaduszliwer

  

Sin embargo la oscuridad me permitía dibujar pequeñas figuras

con bordes brillantes en ese universo tan ignoto          - la noche -

 y en cada rincón de ella su infinito lenguaje 

así, la impronta imaginación desde niño 

desde lo asombroso inventé los puntos paralelos

donde indefinidos puentes trazaban líneas de un extremo a otro

los pasos se iban contando / las letras también

el verso se hacía urdimbre en la mano y en esta boca  

un vehemente hueco de arena por donde cada letra

como hormiga avanzaba en el filoso límite del tiempo,

aprendí a esperar / a esperar ese tiempo

en cual brotan las imágenes desde toda la penumbra

ellas determinan el indicio / revelan el próximo asombro.

 

Sé de un silencio y su mutable mirada,

también donde se abre la herida / lo ausente         - inmortal olvido - .

Conozco la instintiva manera de desentrañar la vida

más allá de lo cercano del muro / el bosque / el pájaro

lo eterno del vocablo habita en el poema,

debería destruir cada partícula que talla la noche

su propio silencio

así, la leve infinitud           todo lo ocupa.

 

Dicen que dentro de un secreto el niño / hombre juega a ser feliz

dando pasos de izquierda hacia derecha /

contando de dos en dos los intrépidos peldaños,

en cada uno de ellos los extremos sin límite / la intuitiva sagacidad

 contrarrestan lo arduo, en el definitivo camino.

Así es como a veces sucede

inventa su propio refugio,  donde la escritura

suele interpretar el canto del pájaro

                                          o de un ángel,

                                         o de la ajena muerte.

 

Allí en lo más alto posible de la noche,

he mirado sobre las aristas de la extrañeza,

arrojarse un poema

como tal vez fuera un intento,      digo

o quizás solo un designio

o de alguna otra manera (poder deslizarse)   

ser silueta en el aire  

y en ese acto bautismal atravesar todas las puertas 

            todos los reminiscentes tiempos

disgregar lo oculto / lo tajante

la enorme hendidura por donde se escapan los años 

soltar a lo eterno la última palabra.                 

                                                                                      

©Mauricio Cappiello

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Poema de Cecilia Galeano

  


PLATA                   

                                                          

Exorcicé a un hombre

noche a noche vomitó su doloroso enjambre

de hilos dulces y negros

 

poseso

incansable

 

extraje de sus ojos la veladura

la sombra de un pájaro

su ceniza

la intemperie

vi un río antiguo correr por su pecho

el murmullo del agua lo tomaba entero

pareció orar

pareció sangrar

 

besé sus ojos cada vez

besé la sombra

y con un clavo de plata

en amoroso gesto

engarcé al fin su dolor.

 

© Cecilia Galeano

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Poema de Carolina Bregy

 


Civilización y barbarie (*)

 

Día del maestro, de la maestra.

 

No estaba en el aula.

Fue a la plaza

por sus abuelos,

por su futuro.

 

Una ronda azul oscuro

circundó el abrazo materno.

Un casco no la vio (¡No la ven!)

y diseminó el ácido

                                   odio

                                                  ardiente.

El agua fría

no calmaba la sangre de sus ojos.

 

Faltaba el aire para gritar.

 

El Estado devino en plaga.

La mentira, en gruesas municiones.

 

La “señora” se “trabuca”

y el trabuco dispara obscenas palabras.

 

No se gasea, señora.

Nunca se gasea.

 

(*)11 de septiembre de 2024. En Argentina se celebra el día de las y los educadores. Este día en particular hubo una manifestación en contra del veto de Milei a la ley jubilatoria. La policía reprimió y una niña fue víctima del gas pimienta. La Ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, negó los hechos y protegió el accionar de los policías.

 

© Carolina Bregy

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21/8/26

Poema de Alonso Mejías Ureta

  


Mi país

 

                     Cae la noche en la república

                     como la pesada sotana de un cura pedófilo

                     que oscurece la ventana

 

                     G. Carrasco 

 


Sentado en torno a su mesa

redonda con una silla en falta

hay un hombre en Chile que siente

la falta de un hijo

Mira a los ojos de la panera

disecciona la vida de las marraquetas

Su taza de café

sigue humeando

contando los minutos

en los que no mueve un dedo;

Los campos bordados de esta patria

son una copia feliz de un puesto vacío en la mesa

En la cocina

su mujer se deshace

llora cuando escucha el timbre

mientras afuera, en la boca del lobo

suena el himno

 

© Alonso Mejías Ureta

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Poema de Alicia Márquez

 


Los suicidios (Para Pablo Grillo)

 

Sabemos que muchos perros que pierden a sus amos, se dejan morir.

Si las ballenas quieren matarse

se dice que encallan intencionalmente.

Se comenta también que algunos elefantes

altamente estresados pisan sus trompas

o saltan de los acantilados para terminar con dolores prolongados,

y se cuenta que los gatos angustiados por los terremotos

se suicidan.

Aquí, el cincuenta y seis por ciento de los argentinos hizo lo mismo.

 

© Alicia Márquez

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Poema de Nico Dominguez

  


TELÉFONO

 

Hoy no me llamó y es como una visión, un fantasma en mi habitación…

—Paz Martinez canta Una lágrima sobre el teléfono—

 

ciertas proyecciones oblicuas

manchas de tinta salpicadas

ciertos fantasmas de árboles lejanos

trizaduras

descascaramientos

pedacitos arrancados

sostenidos apenas

por una finura de telaraña

me recordaron tu voz rallada

por la kilométrica extensión de continentes

que impedían que frotemos nuestras narices

una mota de silencio

el golpe molesto directo al oído

y quedarse sentado viendo

como cae el pétalo de una rosa

muriendo

eran la única certeza

de que no volveríamos a escuchar

el nombre del otro

con el aliento de nuestra bocas

 

© Nico Dominguez

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Poema de Pablo Jacinto Carrazana

 


benteveo posado sobre la rama más alta

podés mirar el sol apagarse

podés también mirar la luna

que corta con su filo de luz

la penumbra que te envuelve

pero lo que no podés

aunque lo intentes

es retener

la flor que se desprende

del hueco de tu pecho

 

© Pablo Jacinto Carrazana

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Poema de Romina Soledad Bada

 


La raíz de la memoria

 

La hoja es la memoria del árbol,

el río es la memoria del cielo,

la herida es la memoria del cuerpo,

y el tiempo, la memoria de lo que no fue.

 

Todo busca resumirse,

contraerse hasta el punto

en que la forma se disuelve

y solo queda la esencia respirando.

 

El pensamiento del aire

conoce ese límite:

sabe que debajo de cada nombre

hay un túnel que no termina,

un eco que traduce sin decir.

 

Porque la palabra no explica:

abre o cierra.

 

No grita: espera.

 

Es el silencio vuelto borde,

la última piel del vacío,

el temblor donde todo se junta

para comenzar otra vez desde la nada.

 

© Romina Soledad Bada

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Poema de Reynaldo Farías

 


EL HOMBRE


Un olvido de jazmines

taló la raíz cantora

de la tarde.

Un desierto de temores

inundó de manos

la trama de un destino.

El endeble hilo

de lo imposible

pergeñó sutil, un invierno

en el telar cósmico

de los ancestros.

El hombre

artesano del silencio

tejedor de los desvelos

navegante azul del universo

espera.

 

© Reynaldo Farías

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Poema de Romina R. Silva

 


PENSAMIENTO

 

De la triste luz en el solitario puente

y las coordenadas precisas que no dijiste

de la ansiedad y el antojo

cuando los labios son distancia

y la piel puro deseo

de la magia inesperada

cuando inoperantes somos

para salvarnos del pleito

de la luna y la noche

cuando se muere el día

y algo indefinido espero

de mis ciegas alabanzas que olvido

y los detractores a mis múltiples voces,

de mi estigma y tu estigma

caminos elegidos

hasta dejar de ser cobardes.

 

© Romina R. Silva

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Poema de Silvio Bilbao

  


Buenos Aires te mata

 

El niño se corta el corazón con el filo de Buenos Aires

Ofrece medias a los ejecutivos que están almorzando

Pide papa fritas / restos de gaseosas/

                            pide cosas con los ojos

                                  pero nadie se los mira

 

Ranchea en un semáforo de cuatro colores entre

       los punchi punchi de los autos que

           son puñaladas cada vez que se detienen 

 

El niño quiere volar usando su corazón como un barrilete                                                  

Se va    se aleja   se pierde     Lo damos por perdido

Qué feo que es sangrar donde no corre la sangre

Y es tan peligrosa la infancia 

             que todas las cosas frágiles

                             no deberían estar

                                  al alcance de los niños

 

© Silvio Bilbao

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