25/2/26

Poema de Sonia Rabinovich

  


Estamos todavía en tiempo de milagros

Esta mano que aprieta un jamsa  bendecido

en un pequeño templo en Sfad

Como hicieran los druidas con las marcas del Ogham

sobre las varas de la predestinación

yo intento también lanzar al agua

 letras que me digan

 del por qué de los cielos cerrados de tu cara.

 

Estamos todavía en tiempos bíblicos

Ascendiste a los montes en busca de tus tablas

por más de cuarenta días

no bajaste a tu nombre

Yo sé que ya no será el mismo

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de Zulma Zubillaga

  


MUJERES

 

pongo el cuerpo donde pasó la muerte

me hago verde en la ojera

de una rosa

en la tradición de las uvas

brindo por la lluvia

hay un ojo que mira

en la luz amarillenta de los años

mujeres de baldes como llanto

mujeres de polea y paspadura

perfume de puchero

y cerradura de oro

yo les traigo la luna

para untar las noches frías

romper el imperdonable olvido

hacer la siesta de los ángeles

las manos como callos duelen

en el pecho

ha caído el estío del amor y ellas

duermen el sueño de las lilas

otras avanzan con cadenas

en las manos:     han roto los

cerrojos del amor    van    caminan

se detienen    ¿dónde?

 

pero las palabras no sirven

para el cuerpo

 

por eso mi silencio

 

© Zulma Zubillaga

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Poema de Salvador Verzi

 


Borrapenas

 

Hay días que amanezco radiante

con recuerdos recordables, bellos,

con sueños que siempre se cumplen,

con proyectos largos a corto plazo

y con este presente, enamorado de la vida…

Entonces derramo lágrimas dulces,

una a una forman un río

confluyendo en una fuente de alegría

que atesoro y guardo junto a mis libros.

Recuerdo haber amanecido desolado,

azotado por recuerdos oscuros

que borraron mi presente y mi futuro,

mis lágrimas, entonces, fueron saladas

se aglutinaron en mares amargos

y desembocaron

oceánicamente en una fuente de tristeza

que escondí bajo la cama.

Pensé en sumergirme en una fuente de vino tinto

para ahogar mis penas, no yo…

Entonces mezclé las tres fuentes

alegría, tristeza y vino,

el contenido tomó un color borravino

que me alivió, me dio paz.

La nueva fuente borravino, borrapenas

la puse bajo la ventana, a la luz del sol

tomo de ella un sorbo cada día y río feliz

y pienso

que entre lágrimas y vino

quizás esté escondida la tan soñada

fuente de la felicidad.

 

© Salvador Verzi

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Poema de Rogelio Ramos Signes

  


La esposa de Caín vuelve del mercado 

 

No es que todo cueste más día tras día

(se dice mientras masca un tallo de vid)

es que estoy cansada de hacer mi trabajo

y también el trabajo de los demás.

Soy la dueña y la empleada y el cliente

y el agente de bromatología que me acosa

y soy el carro que me provee

y el animal que tira de ese carro,

soy la que abre, la que limpia y la que cierra,

soy la que vende y también la que compra.

 

En este mundo desierto y tan reciente

en el que mis padres fueron apenas

dos pobres muñequitos de barro,

soy hermana y esposa al mismo tiempo

del mismo varón, un agricultor,

un asesino que mató a nuestro hermano,

soy pecadora e inocente de mis pecados

pero soy el pecado en sí, lo inevitable,

no tengo nombre y todos los nombres son míos,

soy el registro civil donde cada nombre se guarda,

soy la que discute con sus clientes

es decir, conmigo, soy la que discute con sus padres

y también con sus suegros, a la vez,

porque mis padres y mis suegros

son los mismos, los permisivos

que nacieron del barro y se hicieron carne,

pero no vendo carne en mi puesto del mercado

porque mi hermano que era mi cuñado

criaba ovejas y murió bajo el peso de una piedra.

 

Yo soy la que atiende ese puesto en el mercado

porque soy el mercado y también soy el puesto.

Soy la incestuosa madre del pequeño Enoc,

la joven anciana, la que no figura en el libro,

soy la que vuelve cansada del mercado, ya de noche

la que tal vez se quede dormida nuevamente

mirando el fuego y sin probar bocado.

 

© Rogelio Ramos Signes

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Poema de Silvia Cacchione

 


Me pregunto

qué cosas necesitaría

para extirpar el dolor.

Tal vez:

dos patitos de plástico

una caja de fósforos

el alfiletero de la abuela

y un sobre blanco blanco

como la cigüeña

que me trajo a este mundo.

 

© Silvia Cacchione

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Poema de Rolando Revagliatti

 


Barbas en remojo 

 

Las barbas de tu vecino

embobadas ante la sibila de Delfos

la Musmé, la enjoyada y luminosa Susana

 

Las barbas de los choclos

las barbas florecidas

las barbas de las máscaras

vigilantes ante las majas en el balcón

la dama del unicornio

y las costureritas vigiladas de Pedro Longhi

 

Las barbas de los expedientes

las barbas en bares decimonónicos

poseídas ante Ío poseída por la nube

y la muchacha de los bulevares del desnudo rojo de formas encerradas

 

Las barbas no sólo bárbaras sino cruciales

y las barbas epigramáticas

expectantes ante Marcelle Lender bailando el bolero de Chilpéric

la Venus y las nueve ninfas que danzan en el parnaso de Andrés Mantegna

y la troupe de mademoiselle Eglantine en franco cancán

 

Las barbas del barbero

a por las barbas

las blancas barbas

y las meretrices del salón de la rue des Moulins.

 

© Rolando Revagliatti

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Poema de Silvia Susana Durruty

  


PIEDRITAS


Algunos señalarán -seguramente-

cada una de mis caídas

Escucharán con atención

el estruendo de mis rodillas al chocar

sobre las montañitas de piedras

Me recordarán  todo el tiempo

cada raspón y el color

violeta y azul de los moretones

 

Otros observarán la gracia

con que pude levantarme

-como  un ave fénix- dirán

como si levantarse  y

seguir caminando no fuese

lo más natural del mundo

 

Como si fuera imprescindible

un milagro de cenizas y un par

de enormes alas rojas y anaranjadas

para continuar buscando el sol

 

© Silvia Susana Durruty

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

 


Mapamundi

 

Sobre mi escritorio reposa un mapamundi

que hago girar a la velocidad de mi mano.

 

Detengo su devenir frenándolo con un dedo

y me quedo observando el lejano punto

que señala caprichosamente

 

Me pregunto si allá, un hombre como yo

también siente nostalgia por todo aquello

que ya no está.

 

me pregunto si allá,

en otro idioma

también se aman desbordadamente.

 

Me pregunto si allá

quizás bajo otra luna

los niños tienen buenos sueños.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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Poema de Úrsula O. Morales

 


BRAZIL CON Z

 

Una noche

con el encanto

que le precede

se escuchaba

a viva voz:

¡Zazueira, Zazueira!

Me imaginaba 

al lado tuyo/

como si fuésemos

una bomba/

explotando de amor

con un ritmo incontrolable

    de Samba

               de Río

                   de Bahía 

Las luces de la Avenida

estaban sobre nosotros/

Estelas interminables

de felicidad

La piel era caliente

teñida por el sol y

encumbrada por la luna

con los pies en el aire

y tu eterna sonrisa de carnaval

El ritmo no paró

en toda la noche

y aún se escuchaba: 

¡Zazueira, Zazueira!

 

                   Brasil la, la, la, la...    

 

© Úrsula O. Morales

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Poema de Vanina Suárez

 


Noe se fue

y me dejó el cuadernito de recetas a medio llenar.

 

Se la llevó una tarde de enero

donde cayó nieve en el desierto

         y me quedé chiquita como un ovillo

         esperando despertar. 

 

Noe se fue

      sin valijas

      inesperadamente tranquila.

Ella

      que era fuego y torbellino,

                     furia y tempestad.

La muerte

     (que es solo una puerta)

   la vino a buscar muy temprano.

 

33 años tenía

3 hijos

y como 3 vidas vividas.

Intensa,

feliz.

De pronto

se fue

mi amiga.

 

© Vanina Suárez

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22/2/26

Poema de Roberto Daniel Malatesta

  


PUEBLO DORMIDO

 

El pueblo se ha aquietado,

nadie hay, o se han dormido.

Tan solo las migajas del tiempo en los árboles.

Tan solo corre el río que mece una canoa

amarrada a la orilla.

Los únicos que hablan son el viento y los pájaros.

La siesta también duerme al tibio sol de invierno

sobre la hierba seca. No habrá mayores cambios

con el andar del día:

algún ladrido leve, algún tapial que cede.

 

© Roberto Daniel Malatesta

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Poema de Ohuanta Salazar

 

Cañaveral de fuego

 

No sé por qué esa noche, los chicos

estábamos despiertos y vimos

el cañaveral en llamas y nos pareció

fuego artificial de nochebuena.

Más que mil fogatas, las cañas

volaban estallando, brasitas en la noche

como si fueran tucu-tucus rojos

confundidos, empujados al cielo.

¿Adónde se van? preguntamos

señalando lucecitas y mi abuelo Emidio:

aquellas altas se van a Venezuela con la tía,

las demás no saben dónde ir, dijo.

Esa noche, al cañaveral de Obanta

lo arrasó un fuego que explotó

desparramando tucu-tucus

por el mundo.

 

© Ohuanta Salazar

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Poema de Silvio Bilbao

 

 

Muchacho de Barrio

                  

En mi barrio los cables buscan a los pájaros

los trenes a los artistas

los pozos a los amortiguadores

                                y el agite /busca al Oeste

 

Las cumbias buscan a los pasillos

los perros a las bicicletas

Las viseras a los guachines

Y el jugo Tang busca el maridaje con el vino

 

Ponele que algo así / sería mi patria

Un lugar donde el barrio me busca a mí

                                              y yo lo busco a él

Donde vivimos a una lágrima de nostalgia

como perdidos en una letra de un tango

Que intenta contar todo lo que nos pasa

              cada vez que nos miramos

                       en esa calle donde crecimos

 

© Silvio Bilbao

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Poema de Gladys Cepeda

 

RANDONAUTICA 

 

sentirte fantasma

ver el velo

pragmático

el alcohol es su plegaria a dios

bares son metáfora

de insomnes que se convertirán en lluvia

buscando el origen de especies

inquietos

sus rostros son vías de trenes

donde los muertos llevan maquillaje

piden explicaciones

cuchillos responden con algoritmos

en la desnudez

de núcleos urbanos

pernoctan en su materia

colmenas se titulan con apellidos ilustres

y tensan los vórtices para

los pintores sin manos

retratan nuevo aturdimiento de los focos

la soledad se los aconseja

vos sellas sus testimonios

con lápices que escriben el aire

en cada flor

habita una partícula de crueldad

como cada semana

de infinitas horas

pájaros en su uniforme

de piel antropomórfica

emprenden vuelo

bajo tierra

en subterráneos

 

© Gladys Cepeda

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Poema de Demétrio Panarotto

 

escena 10

 

acompañado de una soledad

desprovista de encanto

el cineasta

[después de presentar una queja en la policía]

toma un trago

mirando una ventana violeta

al sonido de los pájaros

que regresan a sus nidos

al final del día

 

© Demétrio Panarotto

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