25/7/26

Poema de Diana Bellessi

 


El mazo

 

En el viejo café Cervantes sobre la plaza

la sombra luminosa de mi padre me acompaña

 

siempre he querido a este boliche sombrío

donde los parroquianos varones juegan al mazo

español o miran la televisión silenciosos

y me dan permiso, Dios mío, de fumar adentro!

 

aquí veníamos con el papá a tomar café

y a él, no le daba vergüenza traer a su hija mujer

 

la ruta al frente y la vieja estación de tren

con la plaza al lado, ya suben las voces de estos

machos y quisiera atrapar cada gesto o frase

que se repite desde mi infancia a mi vejez

 

ahora que ya se han olvidado de mi presencia

con las cartas en la mesa y uno lee el diario

 

dos toman cerveza o miran un documental

sobre Tailandia y el mozo del bar y yo

la octava pasajera con un noveno sentado

atrás que ahora entra al café de la plaza, el más

 

antiguo que conozco y siempre milagrosamente

abierto, hay un tipo ahora en el reservadito

 

tomando vino, y mujeres nunca, qué entretenida

la rutina de los varones que ahora comparto

con mi cuaderno de notas mientras el noveno

se acerca a jugar una básica y hablan de una víbora

 

no sé si será de Tailandia o de Zavalla

pero todo tiene un sabor de aventura antigua

 

que me dan ganas de reír y de llorar al mismo

tiempo y ahí entra el barbero y Barrera detrás

que se sienta en mi mesa mientras recuerda,

octogenario ya, al Chevalier y a su mujer

 

Hilda, amiga de mi mamá, encantador este

Barrera, y otro, al que le reconozco la cara

 

aunque no sé cómo se llama y me dice "acá

se sentaba siempre tu papá, en esta silla,

frente a vos", lo recuerdo, sí, mirando hacia la plaza...

ustedes me trajeron, ¿verdad viejitos? y el dueño

 

del bar que me ofrece ahora una copita que no

me dejará pagar, tan grande y hondo, no sé


© Diana Bellessi


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Poema de Nancy Montemurro

  


YOGA 

 

A los ochenta y dos años,

después de la muerte de mi padre,

mamá comenzó a usar pantalones.

Siempre se había vestido con pollera

obediente a la premisa                                               

“los pantalones los llevan puestos

los varones”.

Así eran las mujeres de antes.

Recién entonces pudo

empezar a hacer yoga,

como si la muerte del esposo

le permitiera tomar consciencia

del propio cuerpo,

sentir el corazón latiendo

a un paso del final.

 

© Nancy Montemurro

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Poema de Ana Lafferranderie

 


El jardín es huérfano.

Para dejar un rastro circundamos la casa 

hasta la noche

seguimos lejos de la puerta

donde las voces se hacen graves.  

Buscamos el resguardo de la parra

el techo leve de la uva azul.

 

© Ana Lafferranderie

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Poema de Luis Bacigalupo

 


 

si no pertenecieran

 

a este lugar mi pie

la tierra el agua

la sed la boca

                     amada

 

el labio frutal

mi permanencia

mi petulancia

 

si no pertenecieran

por igual la ceja

enjuta y el tiempo

inane y demacrado

de morir me moriría

entonces

bajo tierra bajo el agua

en la sed

con la boca amarga y

agrietada

 

si no pertenecieran pues

a este mismo lugar

mi permanencia

mi pie

   mi lluvia 

      mi paraguas

 

© Luis Bacigalupo

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Poema de Cintia Eleonora Ceballos

 


Mientras aquel zorzal bebe el agua de la fuente

dejo que el dolor salga, provoque

un sacudón violento

sobre mi cuerpo que no deja de luchar

contra mí. Sumerge sus patas en el agua

y el sol inventa una luz

que apenas unos segundos antes no existía.

 

El zorzal inclina su cuerpo y lo levanta

una y otra vez. A cada vez

un nuevo sorbo y una nueva habilidad del sol

que me toca también a mí. Como una falla,

un error en el cálculo que agradezco.

Qué voy a hacer cuando el zorzal se vaya

levante vuelo para seguir

el camino del deseo

que tan bien parece conocer.

Qué hago si el sol sigue despuntando su vicio

de inventor irrefrenable y se queda un rato más

para pintarme con su luz.

Cómo le digo al cuerpo que no luche

que ahora se calle la cabeza y

ritme suavemente el corazón.

 

© Cintia Eleonora Ceballos

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Poema de Carlos Vitale

 


LATERAL

 

Un aire gris,

algunas fotos,

ciertos amores,

ritos, paisajes,

ni una lágrima,

algo parecido

a la felicidad.

 

© Carlos Vitale

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Poema de Adelina Lo Bue S.

  


EL OJO DEL TIGRE


                                  A Giacomo, Franca, María Rosa


En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

lo incierto cambia

en un espacio de silla.

 

Acaso, tal vez pronto

mi voz sea tierra,

pantanos de palma,

plantas de café.

 

En un lugar,

entre caminos de cocos;

entre montañas,

acequias asfaltadas,

el mundo dejará mi barco, una vez más.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

en el invierno yo quise

ser tumba enamorada.

 

Cuál será el oscuro seno de la vida

que se aleja, que se lleva, que nos llama.

 

Desconocido marcha lo indecible

la palabra mar también nos es desconocida

entonces,

¿cuál es, corazón, el eje rotado

de lo indecible a lo decible?

El verano espera el rojo luminoso. Lo presiente.

Cual una esponja el hombre absorbe lo posible

y derrocha lo imposible

siempre al alcance como un vaso de agua.

 

Espacios de piedra

donde nosotros trazamos las ciudades

sin ningún sobresalto

para que el atrevido invierno

no dé muerte al ojo del tigre que nos aguarda.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano.

 

© Adelina Lo Bue S.

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23/7/26

Poema de Stefano Branca

 


una vez

llovió adentro de la casa

 

el techo dijo basta

y empezó a gotear

como si estuviera llorando

por años enteros

 

yo puse baldes

ollas

platos hondos

 

todo lo que sirviera

para contener la tristeza

 

cuando paró

no supe si agradecer

o pedir perdón

 

© Stefano Branca

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Poema de Teresa Korondi

  


El otoño consiente con su trazo

el camino de tierra

su fiel desparpajo

Hay irreverencia en las suelas que aventuran

uno o mil pasos -¿cuántos

de verdad importan?-

tras un cáliz de cieno entre los labios

Oro oscuro

simulacro de aves

que advierten los ojos en el trote

Pequeños campos de juego

sin el fuego de la guerra

piel de hierro en la intemperie que está rota

Hace frío y sin embargo,

un calor se respira de los troncos

como si la única verdad fuese la mañana

y su ángel custodia de la vegetación

 

© Teresa Korondi

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Poema de Jorge Medrano

 


ese día me apropié de tu gesto

solo así te tengo conmigo

traigo a mi cuerpo tus movimientos

 

© Jorge Medrano

Imagen extraída del Libro Kevin C. (Del autor del poema)

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Texto de Patricia Coto

 


    La página en blanco y detrás, este ardor que abrasa sin fuego. Había un vendaval de imágenes y ahora, sólo algunas palabas, como errar de hormigas. ¿Si escribo “sol”, habrá luz en los márgenes? ¿Si digo “pájaro”, la hoja aleteará? Todo parece poco como si el papel en blanco fuera un abismo, un hambre porvenir que se desploma.

  Al fin quedan algunas líneas, sombras del Paraíso, alientos bandadas, algo mínimo, listo para encender un trigal de horizontes.

 

© Patricia Coto

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Poema de Facundo Podestá

 


Respuesta


I

Hoy tropezamos

hincamos la rodilla

rogamos a nadie

 

nos sacudimos el polvo de las manos

y tamborileamos el pecho

para recordarle al corazón

cómo se late

 

II

Puse una mano en tu mejilla

y te di mis ojos       abrilos

 

anhelamos una respuesta

mayor que la fe

quizás por eso

hacemos el amor

 

© Facundo Podestá

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22/7/26

Poema de Mercedes Roffé

 


La historia, el río

 

¿Será Turner?

Como sangre

como un tren que descarrila

o una infancia antigua

neblinosa

 

el viaducto remonta

el agua de la historia

negra

carmesí

 

y cenicienta y ocre

 

—casi un grito

 

© Mercedes Roffé

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Poema de Ricardo Di Mario

 


¿Por qué perdemos la memoria al nacer?

¿Por qué morimos frente a los cristales si todo vuelve en sus azogues?

 El caos y el orden espasmos de una misma visión.

Leer versiones que revelan las verdades del bosque,

leer por ejemplo: tiemblan los pétalos antes de caer.

El eco sueña mi nombre,

vengo de muy lejos donde las hojas besan el mar,

las mujeres danzan con ofrendas en la cabeza y

aún puedo leer poesía del otro lado del mundo.

Por favor escribe poemas con flores,

le hablo a tu fantasma desde Dean Street,

escríbelos y que pueda encontrarlos,

dárselos al mundo,

tragedia en la palabra,

silencio en los estrados en estas altas catedrales.

Eres tan pequeña,

te recuerdo cada mañana al verme.

Preparo el discurso inicial de la clase,

las preguntas que te hiciste.

Mi rasgo es malayo,

el tuyo afrancesado a lo Renée Vivien,

la vetusta femme de lettres.

 Eres una flor negándose a las flores.

Despójame de toda razón,

escribe poemas con perfumes.

Encuéntralos en un lugar sin tiempo,

no entenderías este mundo como no entendiste el tuyo y

volverías a encenderte.

 

© Ricardo Di Mario

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Poema de Susana de Iraola

 


ENTRAMAR EL INCENDIO

 

Letra aire temores

me niego a componer

en las mañanas del incendio

nadie encuentra su sol en la raíz

es preciso esquivar

el entramado de la araña

 

eso lo sé

ella lo ha dicho

me enseño a disfrutar

las nueve páginas del cuento

las mejores

 

Alejar fantasmas con poemas

sonreír ante los ojos

del asombro

saltarse en do mayor

el canto breve

 

amarse porque sí

cabalgar los rincones

trepar a los capullos

en la indiferencia de los días

 

© Susana de Iraola

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