22/7/26

Poema de Mercedes Roffé

 


La historia, el río

 

¿Será Turner?

Como sangre

como un tren que descarrila

o una infancia antigua

neblinosa

 

el viaducto remonta

el agua de la historia

negra

carmesí

 

y cenicienta y ocre

 

—casi un grito

 

© Mercedes Roffé

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Poema de Ricardo Di Mario

 


¿Por qué perdemos la memoria al nacer?

¿Por qué morimos frente a los cristales si todo vuelve en sus azogues?

 El caos y el orden espasmos de una misma visión.

Leer versiones que revelan las verdades del bosque,

leer por ejemplo: tiemblan los pétalos antes de caer.

El eco sueña mi nombre,

vengo de muy lejos donde las hojas besan el mar,

las mujeres danzan con ofrendas en la cabeza y

aún puedo leer poesía del otro lado del mundo.

Por favor escribe poemas con flores,

le hablo a tu fantasma desde Dean Street,

escríbelos y que pueda encontrarlos,

dárselos al mundo,

tragedia en la palabra,

silencio en los estrados en estas altas catedrales.

Eres tan pequeña,

te recuerdo cada mañana al verme.

Preparo el discurso inicial de la clase,

las preguntas que te hiciste.

Mi rasgo es malayo,

el tuyo afrancesado a lo Renée Vivien,

la vetusta femme de lettres.

 Eres una flor negándose a las flores.

Despójame de toda razón,

escribe poemas con perfumes.

Encuéntralos en un lugar sin tiempo,

no entenderías este mundo como no entendiste el tuyo y

volverías a encenderte.

 

© Ricardo Di Mario

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Poema de Susana de Iraola

 


ENTRAMAR EL INCENDIO

 

Letra aire temores

me niego a componer

en las mañanas del incendio

nadie encuentra su sol en la raíz

es preciso esquivar

el entramado de la araña

 

eso lo sé

ella lo ha dicho

me enseño a disfrutar

las nueve páginas del cuento

las mejores

 

Alejar fantasmas con poemas

sonreír ante los ojos

del asombro

saltarse en do mayor

el canto breve

 

amarse porque sí

cabalgar los rincones

trepar a los capullos

en la indiferencia de los días

 

© Susana de Iraola

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

  


Y el mar

 

Hay quienes nacen en el tiempo exacto

          en que Dios reparte los destinos.

 

Llegan con el alma curada por el fuego.

 

Silban llamando los pájaros,

             compañeros en el vuelo

                                       y en la soledad.

 

Hay quienes nacen

         para convertirse en mar.

 

Y el mar es inmenso y fuerte es su voz.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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Poema de Silvia Rodríguez Ares

 

 

Vencejo

 

El tiempo en la espera

se vuelve de mármol.

Coloso,

estatua de hielo

que mi pie no ablanda.

Busco refugio en un grano de arroz

duro y amargo en mi boca.

Mastico, lo trago y olvido la pena.

Se rompe un capullo de niebla,

se sueltan las manos del viento.

Y pasa de largo el vencejo,

rodeando otro frente lluvioso.

Le pido que me ayude a abandonar mi suerte,

arrastro lo que sirve para el viaje.

Se apiada esta vez y regresa,

me ofrece su abrigo de aire,

un salvo-

conducto,

la puerta hacia nunca jamás.

Le digo que sí,

que por favor.

 

© Silvia Rodríguez Ares

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Poema de Silvia Marina Crespo

 


Después de la guerra

 

Dice llevar el pan hacia el fuego

para escucharlo crujir en la boca

suena como un desgarro

entre la furia y la pena

suena más fuerte cada vez

despierta a gritos la noción de guerra

la factoría de la guerra

Dice dejar el agua sobre el fuego

hasta que silba como ahogada sirena

un filoso interminable sonido

corre de aquí hasta el cielo

detiene el aire   cancela el tiempo

arranca el canto de los pájaros

Dice tener un fantasma de frente

otro en la retaguardia

una cama cubierta de granadas y obuses

un pasado presente

un espejo opaco de miedo

donde los amigos se miran

un espejo donde ellos se hacen añicos en él

Dice volver a perderse en el mismo sueño cada noche

entre el humo que deja la ausencia

las versiones de la primera piedra

y el polvo de todo al caer

Dice naufragar en la niebla

calcinada nube cargada de nombres

llena de despedidas

 

© Silvia Marina Crespo

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Poema de Silvio Bilbao

  


Escobas silenciosas

 

38 escobas

merodean en la habitación

Son todas rubias

              con binchas rojas y azules

              

Sus palos no pilotean brujas

No llevan magos / no levan ingles

            No llevan pelvis / ni periné

 

38 escobas

vuelan en mi cabeza

Nadie conoce lo enroscado

                     que es todo este asunto

 

  La basura debajo de la alfombra

                       asoma sus ojos blancos

Aunque siempre es mejor callar

               cuando el piso no está firme

 

38 escobas vuelan impares

 Pero nadie se anima a barrer

        cuando la mugre es más profunda

                                       que su silencio

 

© Silvio Bilbao

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Poema de Myriam Arcerito

 


Sin pliegues de cordura

en esta noche

calurosa

sin estrellas,

la sábana sobra.

 

Hace rato

que las reflexiones

sobre la soledad

y los abismos

se fueron de gira,

arrancaron pedazos de memoria

para que ya no importe.

De signos de pregunta

se llenaron las respuestas.

 

En noches como ésta,

en vez de ardores en la piel 

aparecieron escamas

que ayudaron con la intemperie.

 

Pese a todo,

cada mañana,

un reloj de cuerda

se carga

empecinadamente.

Son las nervaduras

de amor por la vida

que renacen

para salir de las tinieblas.

 

El deseo reconoce

esa alegre obsesión

de no darse por vencida.

 

© Myriam Arcerito

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Poema de Cristina Noguera

  


EL VUELO

 

La mañana  se abre

enciende su lámpara.

Los sonidos aletean

entre pájaros y voces.

El sol pinta el amarillo

el reloj teje un día más.

Abrir los sueños en el vuelo.

Disfrutar hierbas dulces

desechar las amargas.

Decorar la piel anochecida

con collares de jazmines.

Las horas del día

son tatuajes deletreados.

 

Luego, la noche viste el silencio.

para aquietar  el vuelo

solo encender   melodías.

 

© Cristina Noguera

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20/7/26

Poema de Mirta Venezia

  


LLAGA

 

tal vez me reconocés

sabés de mis penas detrás del espejo

del insomnio largo y las paredes

del insomnio tendido como un mar de olas invisibles

¿habré sido tu hija melodiosa, la que siempre falla

mordiendo la manzana envenenada

cantando como una sirena  en las curvas del Egeo?

 

Ulises fue y vino sin descanso

atravesó mis enredaderas con machete y cuchillo

arrancando con los dientes las reservas de mi juicio

le seguí desde entonces

sin remedio me convertí en su fuente

 

he liderado alguna vez la manada de los lobos

me sumergí en sus bocas

pude salir ilesa y ser una con la sombra

me perdí en la arena de los días

no creo tener el tiempo suficiente de enmendarme

tanto abismo en los pies encadenado

me juzgás con la vara más alta

midiendo mis variaciones, mi disimulado desconcierto

 

el tacto del fuego en las mejillas otea la oscuridad

llevame de la mano, noche de la llaga,

es hora de dormir

tengo frío.

 

© Mirta Venezia

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Poema de Pablo Carrizo

 


Dejar que pase una presencia

 

Si todo es trabajo

qué hace la gratitud

 

quién dice

es aquí

siéntete en tu casa

 

quién alimenta

su mitad

contigo

 

La compañía es trabajar

la sed también

 

El río trabaja:

parte hacia su regreso

 

La luz ¿trabaja?

a veces sí

a veces duerme en las túnicas

peca en el rocío

 

Es como estar con la tierra:

se trabaja siempre con otras manos

 

Trabajamos aún

para escuchar:

dejar que pase una presencia

entibiar un plato

darlo

 

Somos esas ventanas

donde se dispone a saltar la distancia

cuando se abren y cuando se cierran

 

© Pablo Carrizo

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Poema de Nélida Cañas

  


Bendición

 

cuando

el sol derrama

bendición

sobre los campos

y la página en blanco

del día

aguarda

la trama de las horas

 

© Nélida Cañas

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Poema de Marisa Cascallares

  


búsqueda 


qué palabra aleja de mi boca

el sabor del final

 

cuál remonta

la tristeza

 

cicatriza heridas

 

alivia el dolor

 

desanda la pena

 

© Marisa Cascallares

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Poema de Mauricio Cappiello

 

 
                       (...) Latir en lo fugaz
                        y ser poema.
                               César H. Suárez                                                                                                                             

                                                                           

Este silencio persistente en otro silencio

detrás viene la noche para indagar el sabio lenguaje

del tiempo / de la muerte y su secreto

ella, le murmura al otro mí        - lo fugaz - 

de alguna manera esta enunciación

tiende a situar la distancia que nos une

a veces late sobre un vértice a punto de inclinarse en sí mismo

para desbordar la memorial orilla, en la escritura

en otras, es vacilante

pero creo en lo que concierne debajo de mis párpados

más allá de la pavura / más cerca del sosiego

debo reconocer la desafiante herida

                     la filosa espina que dejó su sombra

 es preciso concluir este poema antes que la luz lo invada y

 no pueda diferenciar lo oculto / la breve envoltura

que nace del sueño y dentro de esa casa

pues el niño / hombre sabe o cree dilucidar cada imagen

la doliente presencia de lo ausente y

enhebrar desde la frágil línea, la historia de esos días

en la cual se aloja el niño que fui y en los ensueños siempre

regresa

 

                  - jugando en la arena -

 construye un pequeño pozo para guarecer en él, su infancia

así, revelar en lo intimo, el supuesto sitio terrenal

como un declarante en estas líneas rectas que en sus extremos

tienden a soslayar

como una forma de aliviar las teorías de la vida

             desafiar el misterio / lo incierto 

su existencia sin ella

o quizás sean solo una sumatoria de imágenes

que habitan la otra memoria

              para soltar en la mano el verso 

 

dejarlo ahí

en el sitio donde ubicar a la vida / muerte

y saber de su propia dolencia

ella pronuncia una palabra y otra y otra

ella detrás del muro no oye al pájaro

tampoco a mí, ni siquiera toda la eternidad del silencio

pero mi madre puede atravesar la piel / hueso / sangre

susurrar sobre el voraz abismo

          sobre la escarcha que la cubre

o, hasta en esa inmensa tristeza del final

                                                   y ser poema. 

                                                                                     

© Mauricio Cappiello

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Poema de Matías López

 


LOS ÁLBUMES

 

Contento viste la escalera

el desafío

te tentaste con las medallas y los premios

ser el orgullo de padres y abuelas

 

Primer álbum: el jardín

El pintorcito

el dibujito con témpera

la velada

Y una sonrisa para la foto

 

Segundo álbum: la escuela

el guardapolvo blanco,

el equipo de fútbol

la bandera

y una sonrisa para la foto

 

Tercer álbum: la secundaria

las primeras novias

el equipo de fútbol,

el puesto número uno

la moto comprada por papá

los cumples de 15

(la foto del noviecito que no llegará a esposo)

inglés fuera del colegio

y una sonrisa para la foto

 

Cuarto álbum: ser adulto

La universidad, recibirse, un buen puesto

casarse bien con una “chica buena”

(aunque haya que esconder

alguna amante por ahí)

Casa, auto, una cuenta en el banco

hijos, nietos

Y una sonrisa para la foto

 

Y cuando llegue el final

cuando quieras ver el album

como una repisa de trofeos

te caés, -como premio-

en un bonito cajón de madera

y no podés sonreír para la foto

mientras los gusanos

te dan la bienvenida

 

© Matías López

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