28/2/26

Poema de Gabriel Chávez Casazola

 

 

El pie de Eurídice

 

Piensa un momento en el pie que

como un fruto

—opimo, terso, deleitable—

posa Eurídice en el territorio de la luz

 

antes de que el abismo la devore

—sombra fundida en otra sombra—

en el momento en que Orfeo osa mirarla.

 

Piensa ahora en el otro pie de Eurídice.

 

Aquél que como un fruto oscuro 

el sol no baña sino el agua de Aqueronte.

 

En el pie que mordiera la serpiente,

el que se queda atrás y que la arrastra.

 

El pie mortal.

 

Acaso la poesía es una Eurídice

tendida como un arco

entre las zonas de la luz y de la sombra

que están dentro de Orfeo.

 

(Ocurre, breve, cuando el poeta osa mirarla

—verse—

a los ojos

y porque la mira

deja de estar). 

 

Tal vez muchas otras cosas son eurídices:

nosotros, entre la sabiduría y el deseo,

la memoria y el olvido,

el adentro y el afuera,

o todo lo que existe

entre las reminiscencias del Ser y del no Ser.

 

© Gabriel Chávez Casazola

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Poema de Fabiana León

 


El azul de fondo recorta mi figura en el costado

estoy sonriendo y entrecierro los ojos por el sol

pienso en el viaje hacia ese mar pequeño

tu buen humor

los pozos del camino      las lechuzas

estás detrás de la cámara para

atestiguar la dicha

la maravillosa sensación de flotar

sobre la blandura de aquella superficie

saturada de sal

caminamos las callecitas del centro

comimos pescado

vimos bailar a los otros

imaginamos entonces que estaríamos siempre

juntos

como juntadas fueron las camas del hotel

para el amor

en la foto yo puse el cuerpo

vos atrapaste la luz y    disparaste.

 

© Fabiana León

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Poema de Romina R. Silva

  


UNA MIRADA PROFUNDA AL REFLEJO

 

Espejo de fuego refleja

ojos de viento,

rostro atolondrado

de labios mordidos,

nariz de frutilla fresca,

orejas empinadas, cubiertas

por cabellera de lana enredada,

párpados de nube en primavera,

cuello de obelisco,

y manos contenedoras

que acarician ese rostro incógnita

frente al espejo.

 

Kármico espejo

a la luz de la luna

muestra fila de dientes

números de almanaque,

días vencidos,

semanas de eclipse

en la galaxia invisible de los sesos,

en la memoria cumbre del pecho

que late al tacto

como murga uruguaya

en festejos.

 

Efímera mirada distraída

se observa compasiva en el espejo,

encuentra infraganti

el alma cobijada

tras las cortinas pestañas

condenadas al agua,

limpia el chaparrón del rostro

con sus dedos de algodón,

persiste la lluvia interna,

callada quinta estación,

complejo clima

sin meteorólogos descifrándolo

ni empedernidos paraguas

que cubran.

 

Sólo un cuerpo inacabado

detenido en el instante

del reflejo en el espejo,

un arcoíris de pasiones

con desbordes incandescentes,

brazos de guirnalda,

torso de castillo,

piernas de estrella fugaz

tiemblan,

se aflojan diluyéndose, caen

hasta quedar en el suelo.

 

© Romina R. Silva

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Poema de Mirta Venezia

 


LA EMPERATRIZ  

 

hay un momento de quiebre que suele adivinarse

mientras corren los días de la niebla y toda herrumbre

siempre a la misma hora

los bancos de la plaza en su humedad

deterioran el brillo salobre de los gorriones

 

hay una hora que monta a la grupa del viento

recordatorio de los errores de la misma matriz

hay un momento de quiebre que se anuncia siempre 

con ritos en la oscuridad y coros abismales

lo acompaña un séquito de ánimas descoloridas

 

voy retrocediendo hacia mi reino para no escuchar

una voz intenta decirme que es tarde

las luces se apagaron hace tiempo

mientras me miraba en los espejos equivocados

 

siento un broche de estrellas en mi nuca, pero no sé

 

cuando brillaba el aire no alcancé a verlo

 

siento el pecho de un hombre que ruge

la emperatriz que había en mí

desplegó su encanto en abundancia

 

ahora

no la puedo hallar.

 

© Mirta Venezia

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Poema de Rubén Capodaqua

 


Cuando miramos sin entender

simplemente

buscamos respuesta a lo que perdimos

 

Entre espejismos quebrados por el tiempo

uno pretende

encontrar otra constelación que nos asista

para no temer a la muerte

que llegará para todos

como siempre

                   danzando. 

 

© Rubén Capodaqua

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27/2/26

Poema de Rafael Felipe Oteriño

 

LA CAVERNA

 

Tiene la sustancia del mundo: la oscuridad.

Una boca por entero abierta,

silencios de gigante que no se apagan.

El viento ha arrojado allí unas pocas palabras y las repite,

pero no son más que palabras, pues no regresan.

 

Yo permanezco a su lado: del lado del fuego.

Custodio la entrada y me observo

recortado en la sombra (no soy más que sombra).

Tengo la sustancia de los hombres:

curiosidad y entrega, orgullo y obstinación.

 

© Rafael Felipe Oteriño

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Poema de Majo Bozzone

  


¿Qué es un pueblo?                          

  

Un hombre grita

en las plazas,

grita en  las calles

grita e invade

todo resquicio

que amplifique su voz.

Llega a los colegios

se inmiscuye

entre adolescentes

y grita.

Nunca deja de gritar

¿Su voz de dios devaluado recoge

los llantos silenciados de los barrios

¿Y la risa socarrona del poder?

 

Su cara es amplia

y dirige a todos y a nadie

el mirar alterado

entre el delirio y la fascinación,

casi como un armiño,

exótico y dañino

pero ¿insignificante?

 

Y qué de quienes lo siguen.

Ellos se ríen y vitorean.

El hombre sigue gritando:

“DESTRUCCIÓN”

¿Deberíamos juzgarlos?

¿Comprenderlos?

¿es nada más que un modo?

ó ¿el modo fabrica

la eficacia del dicho?

 

Crece el número de seguidores

Crecen desde las villas,

desde las mansiones

detrás las pantallas.

Crecen en las conversaciones cotidianas.

Ocupan un estadio

como granos de arena

ocultos en la bravura del mar.

Rotos y enardecidos

olvidan la ternura.

Y el hombre escucha su grito,

ya casi un himno,

en la garganta de la muchedumbre.

Escucha y repite

Repite e incrementa

DESTRUCCIÓN

 

A veces

sumergida en la pantalla

miro a ese hombre fijamente

y envejezco.

quiero arrancarme los ojos,

apagar las imágenes

pero su voz aparece en las noticias.

Me digo que no es cierto,

que lo impensado no acontece.

Me sumerjo en la noche

y su rostro puebla mi pesadilla.

Enfurezco

lo ataco

me persigue

lo lastimo me lastima.

En el punto de la muerte

despierto.

También yo comulgo con

la DESTRUCCIÓN.

 

El hombre que grita,

y que nunca deja de gritar,

es alzado al centro del poder.

Un pueblo lo aclama

y vibra en el hueco de su voz:

DESTRUCCIÓN

Tiemblo, lloro.

Nada desmiente lo que ocurre.

Todo desmiente lo que ocurre.

Excluída de la fiesta

en el medio del silencio

me vivo más pueblo que nunca.

 

© Majo Bozzone

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Poema de Ernestina Elorriaga

 


Nadie lo escuchará nadie lo pensará lo imaginará

nadie lo amará lo buscará nadie lo esperará nadie lo creerá nadie lo contará nadie lo leerá nadie lo devorará nadie lo sentirá

el sexo de Dios

 

si tiene sexo

estará adormecido en una sábana blanca 

 

mis manos buscarán

en la seda del pecado

la serpiente que lo salve

 

© Ernestina Elorriaga

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Poema de David Sorbille

 


Eternidad

de horizontes

y sueños

invisibles

que se deshacen 

imperceptibles

como arena

entre los dedos.

 

© David Sorbille

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Poema de Carolina Bregy

 

Adultos menores

 

Un par de granos de sal

y el silencio se hizo hastío.

 

La mínima en carteles de lucha,

                                            de oprobio,

                                            de genocidio. 

 

Nosotros sufrimos.

Ustedes no sufren.

Ellos sufren.

 

El pasado se pisotea.

El presente se licúa.

El futuro se muere.

 

© Carolina Bregy

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25/2/26

Poema de Sonia Rabinovich

  


Estamos todavía en tiempo de milagros

Esta mano que aprieta un jamsa  bendecido

en un pequeño templo en Sfad

Como hicieran los druidas con las marcas del Ogham

sobre las varas de la predestinación

yo intento también lanzar al agua

 letras que me digan

 del por qué de los cielos cerrados de tu cara.

 

Estamos todavía en tiempos bíblicos

Ascendiste a los montes en busca de tus tablas

por más de cuarenta días

no bajaste a tu nombre

Yo sé que ya no será el mismo

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de Zulma Zubillaga

  


MUJERES

 

pongo el cuerpo donde pasó la muerte

me hago verde en la ojera

de una rosa

en la tradición de las uvas

brindo por la lluvia

hay un ojo que mira

en la luz amarillenta de los años

mujeres de baldes como llanto

mujeres de polea y paspadura

perfume de puchero

y cerradura de oro

yo les traigo la luna

para untar las noches frías

romper el imperdonable olvido

hacer la siesta de los ángeles

las manos como callos duelen

en el pecho

ha caído el estío del amor y ellas

duermen el sueño de las lilas

otras avanzan con cadenas

en las manos:     han roto los

cerrojos del amor    van    caminan

se detienen    ¿dónde?

 

pero las palabras no sirven

para el cuerpo

 

por eso mi silencio

 

© Zulma Zubillaga

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Poema de Salvador Verzi

 


Borrapenas

 

Hay días que amanezco radiante

con recuerdos recordables, bellos,

con sueños que siempre se cumplen,

con proyectos largos a corto plazo

y con este presente, enamorado de la vida…

Entonces derramo lágrimas dulces,

una a una forman un río

confluyendo en una fuente de alegría

que atesoro y guardo junto a mis libros.

Recuerdo haber amanecido desolado,

azotado por recuerdos oscuros

que borraron mi presente y mi futuro,

mis lágrimas, entonces, fueron saladas

se aglutinaron en mares amargos

y desembocaron

oceánicamente en una fuente de tristeza

que escondí bajo la cama.

Pensé en sumergirme en una fuente de vino tinto

para ahogar mis penas, no yo…

Entonces mezclé las tres fuentes

alegría, tristeza y vino,

el contenido tomó un color borravino

que me alivió, me dio paz.

La nueva fuente borravino, borrapenas

la puse bajo la ventana, a la luz del sol

tomo de ella un sorbo cada día y río feliz

y pienso

que entre lágrimas y vino

quizás esté escondida la tan soñada

fuente de la felicidad.

 

© Salvador Verzi

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Poema de Rogelio Ramos Signes

  


La esposa de Caín vuelve del mercado 

 

No es que todo cueste más día tras día

(se dice mientras masca un tallo de vid)

es que estoy cansada de hacer mi trabajo

y también el trabajo de los demás.

Soy la dueña y la empleada y el cliente

y el agente de bromatología que me acosa

y soy el carro que me provee

y el animal que tira de ese carro,

soy la que abre, la que limpia y la que cierra,

soy la que vende y también la que compra.

 

En este mundo desierto y tan reciente

en el que mis padres fueron apenas

dos pobres muñequitos de barro,

soy hermana y esposa al mismo tiempo

del mismo varón, un agricultor,

un asesino que mató a nuestro hermano,

soy pecadora e inocente de mis pecados

pero soy el pecado en sí, lo inevitable,

no tengo nombre y todos los nombres son míos,

soy el registro civil donde cada nombre se guarda,

soy la que discute con sus clientes

es decir, conmigo, soy la que discute con sus padres

y también con sus suegros, a la vez,

porque mis padres y mis suegros

son los mismos, los permisivos

que nacieron del barro y se hicieron carne,

pero no vendo carne en mi puesto del mercado

porque mi hermano que era mi cuñado

criaba ovejas y murió bajo el peso de una piedra.

 

Yo soy la que atiende ese puesto en el mercado

porque soy el mercado y también soy el puesto.

Soy la incestuosa madre del pequeño Enoc,

la joven anciana, la que no figura en el libro,

soy la que vuelve cansada del mercado, ya de noche

la que tal vez se quede dormida nuevamente

mirando el fuego y sin probar bocado.

 

© Rogelio Ramos Signes

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Poema de Silvia Cacchione

 


Me pregunto

qué cosas necesitaría

para extirpar el dolor.

Tal vez:

dos patitos de plástico

una caja de fósforos

el alfiletero de la abuela

y un sobre blanco blanco

como la cigüeña

que me trajo a este mundo.

 

© Silvia Cacchione

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