3/11/26

Poema de David Sorbille

  


El tiempo en una tarde cualquiera

puede ser una señal que desvanece

la lejana hondura del sueño

la dura soledad del exilio

las siluetas de amores olvidados

en el fondo del viento o simplemente

la prueba que nos estimula

cuando todo parece abandonarnos

y sufrimos el destino de las quimeras

en la ardua lucha por imponer

la verdad de su esencia

como la semilla en la tierra.

 

© David Sorbille

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Poema de Celina Feuerstein

 


baila con sus rulos al viento

un ángel rubio

mientras me pregunto

por qué mis lágrimas

 

baila

y no encuentro consuelo

 

¿qué es este miedo que

no me deja

respirar?

 

¿será ese límite frágil

no saber nunca cuál es

el lado correcto

el lado bueno?

 

jamás entendí con claridad los bordes

 

en mi mundo ángeles

y demonios

se mecen y bailan

juntos

 

© Celina Feuerstein

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Poema de Teresa Gerez

 


DE PIE

                                                                         

“Aprender a pararse en las palabras,

aunque estén acostadas.

Tal vez así la muerte dure menos”

Roberto Juarroz

 

Alumbrar mi oscuridad con el lenguaje.

Tal vez sea eso “pararse en las palabras”

(Catalejos en naufragio, última salva ante la cotidiana muerte)

 

Tendré que aprender

a aferrarme como a sogas,

como a tablas en mares de tinieblas.

 (Ellas no defraudan)

 

Debo aprender a hacer pie

 cuando las sombras arrasen

en olas sucesivas, sin descanso.

 

Que sus peces dorados alumbren mi sintaxis,

mi ruta de gaviota, la errada costumbre

de amar sin distancias ni máscaras

 (no defraudan)

 

Debo perder el miedo

al detrás de esas puertas misteriosas.

 

Tesoros inmensos se abren a mis ojos

 

con llaves de sílabas, con una palabra,

 “flor enterrada”

             en el reverso de la vida.

 

© Teresa Gerez

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19/10/26

Poema de Leopoldo Castiilla

 

ACCIÓN 

                              A Carlos Jiménez

 

El nombre no:

la vehemencia es el exacto

estado de las cosas

 

una mesa una copa un animal

se ven

porque una fuerza

se ha emocionado

 

el adjetivo más alto es el cuerpo:

la materia tentada.

 

© Leopoldo Teuco Castilla

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Poema de Susana Szwarc

 

 

Trámite municipal

 

(Oficinas, corredores, ascensores, agentes de seguridad,

escaleras, ventanillas cerradas al público, ventanillas

abiertas, mesas de informes, informantes,  kiosko, el cafetero

se detiene ante cada cartel que pide a gritos

lo humano y algún / aumentito/ más. Para llegar

al sexto hay que llegar al séptimo y bajar por la escalera,

señala el señor Ángel con dos dedos como si hiciera la v

de la victoria,  el ascensor que no llega todavía).

 

En el edificio del Mercado del Plata

dos mujeres (oficinistas del quinto)

hablan

en el baño.

 

Entro. Se asustan

porque las veo

fumando

 

y yo

les pido

fuego.

 

¿Papel? No hay dicen

a dúo. Aquí cada una

trae sus cosas (enumeran:

té, yerba, papel higiénico,

medialunas…).

Juntamos papelitos de los bolsos.

 

Las escucho: de ofensas y el griterío

que reciben  (ahí no hay

un dar, ahí hay otra cosa,

a duras

penas.)

 

Me pierdo una parte

de lo hablado

por el agua que corre

al tirar/

la cadena.

 

Ay!, la pared raspa un brazo

y ofrezco el alcohol-gel doctor ahorro,

ése que llevamos por la gripe en las mochilas.

Ah!, me dice la del brazo

y arde.

 

Llego al sexto piso donde entrego

mi certificado de supervivencia

(original y fotocopia.)

 

© Susana Szwarc

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Poema de Carlos J. Aldazábal

 

Dosis

 

Con Manzi alcanza:

 

       he percibido la impiedad

       de la noche, aquellas plazas

        heladas y sin perros.

 

© Carlos J. Aldazábal

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Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 

 

Túnel

 

Cierro los ojos y veo tu casa

la cocina con fuego alto,

la bacha donde estuvo una botella

de vidrio rota por varias semanas,

el patio chiquito donde cenamos

arroz primavera el verano

pasado.

La habitación donde nos maratoneamos

esa serie de adolescentes,

dónde no te pudimos cambiar el foco.

 

Cierro los ojos y me imagino

tu respiración agitada de sobrevivencia

tu cuerpo diminuto y agotado

corriendo

llorando

amando

para que el agujero negro

no te absorba.

Para salir de ese túnel.

 

El mundo seguía su ritmo.

Y vos eras esa nena con miedo

que no entendía porque ese señor

te hizo eso.

 

El mundo seguía su ritmo.

Y vos eras esa adolescente

no tan "linda" para ser amada.

 

El mundo seguía su ritmo.

Y vos eras esa joven

que se despertó un día

con el cuerpo distinto mientras

alguien te miraba de forma complaciente.

 

El mundo seguía su ritmo lejos tuyo

y la oscuridad siempre estaba.

Y vos ya eras una mujer

quebrada, con miedo.

 

Forzaste cada rincón donde

te entraba luz para huir.

Tenías las manos doloridas,

raspadas, callosas.

Entonces esa amiga

constante y cruel comenzó

a llamarte más y más fuerte

desde el fondo.

 

Un día sólo diste un paso

después otro y otro.

No regresaste.

 

Desde entonces

te buscamos en una nube,

en una flor, en el viento.

Nos sobra tanto amor

que nos aplasta.

Nos sobra tanto amor

que nuestras manos

están doloridas,

raspadas y callosas

queriendo agrietar algún

que otro túnel.

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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Poema de Alicia Loza

 


Domingos

 

Iba bajando por entre las piedras

hacia el círculo de árboles

que apantallan la mañana

a desplomarme en los brazos de la hamaca

a mirar el cielo

que se iba escapando por entre las ramas

sin más

en unas páginas que llevaba leí

que hoy es domingo

miré el fresco del estanque

con sus pescaditos

y escuché recostada

a los pájaros picotear los higos ya maduros

y a las moras que quedaron

de algunas promesas

fui acariciando uno a uno a mis perros

custodios

que bien podrían ser ángeles

a mi sentir

la brisa de la sombra del verano

y el reflejo de la casa vieja

en cada gota de sol

era puro amor

existen

mil definiciones de domingo

una para cada soledad.

 

© Alicia Loza

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12/10/26

Poema de Fernando Sánchez Zinny

  


Mediodía de noviembre

 

El aire muele herrumbre y poesía

y canta en las barriadas que recorro:

es siempre lo imperfecto de aquellas fábulas

 

Abrir los ojos y ver la luz que deja pasar el cortinado,

difumada en modorra y pensamientos.

 

Ver los años como débil plenitud,

memoria de acertijos y de espejos.

 

Ahora partiré. Hay tierras cálidas

en donde, acaso, el corazón tenga cabida

y halle la sed, en mínimos espacios,

su compasión reciente y limitada.

 

Inútil es contar el sucedido

que todos ya conocen:

los labios bajan a la soledad

de la que únicamente vuelven

honores que enamora el caos.

 

Vivir en libertad, y no morir.

Y no morir aún.

 

© Fernando Sánchez Zinny

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Poema de María Casiraghi

 


YO TE CONGELO, TIEMPO

 

¡Que se congele el tiempo ahora!

 

Lo sentencio a cien años de estatismo.

 

Que se vuelva mármol

este día tan bello

con tanto sol y cielo azul

y tierra negra que sembrar

los papeles se están secando

las plantas se me vuelan

las horas no me alcanzan

para ordenar las horas.

 

Quiero sacar a la calle todos los escombros

echarme yo misma en un volquete

y que me lleven sin mirarme al basural.

 

Te condeno mundo

a que te calles

todo el tiempo que te diga que te calles

ningún vecino

ningún llamado

ningún político

y el plomero que no venga

que se hunda la casa

que no llame a la puerta esa niña pidiendo

la realidad me desarma

y yo quiero estar entera

en esta nueva vida vieja.

 

Que se congele la tierra

frizada en sus bordes y en el centro

intacto mi jardín andaluz

y sus blancas manchas de paloma

toda mi huerta

y mi pequeño mundo de hojas

 

mi hijo

sí

también que se congele

que deje de crecer

sólo por hoy

en este día

tan falso y tan eterno

 

y mi amor

que no se mueva nunca

porque el paso de los años lastima nuestros cuerpos

los vuelve pasado

y el pasado es hermoso, pero no puede besarse.

 

Yo sé que después

con todas esas horas congeladas

construiré un espejo fértil

de esos que multiplican las personas

y todo volverá a suceder

 

las veré pasar una por una

a las escenas donde estuve y donde no

sentada en una cómoda butaca de nube.

 

El frío del nada cambia

modelará mi cuerpo muerto

ese vacío de siglos

sanará mi urgencia.

 

Un deshielo es un deshielo

es como vivir

 

pero morir es otra cosa

se parece a vivir eternamente

en un instante elegido.

 

Lo importante

es congelarse a tiempo.

 

© María Casiraghi

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Poema de Adrián Marcelo Ferrero

 


Tríptico: Elegía de Río Santiago

 

I

 

Un fervor de marineros

 

Escucho un fervor de marineros,

una tripulación que de uniformes

se resuelve en un saludo al horizonte.

Los marineros

que agitan los remos en la espuma

sobre la frescura de las olas

también cantan sus canciones,

atentos a no desentonar

con la música de la mar.

Escucho un fervor de marineros

y las muchachas se alborotan,

agitan sus faldas el viento Norte

y dejan alterado y suspendido

el juicio de los camaradas de a bordo.

Estoy feliz de este homenaje,

en el que mi padre fenecido

siquiera por el instante de un escrito

me permite reconciliarme

con un oficio de altamares

que le son tan ajenas

a mi obstinado afán

de trajinar la tierra y los libros.

Papá y yo ahora estamos en paz.

Me acerco a su tumba procelosa,

aspiro de una bocanada

el río caudaloso,

Santiago así llamado,

y algo en mí se encoge de alegría

con la camaradería que brilló antaño

en estos parajes

que él fatigó de sobra,

con sol, vientos o lluvia.

Este grumete que escribe

se entrevera con su genealogía,

y se reencuentra por fin en un río

con el destino

que tan celosamente

guardado lo tenía.

 

© Adrián Marcelo Ferrero

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Poema de Patricia Coto

  


  Una vez vi un ciego cruzando

la avenida más rápida.

Quise gritar y las palabras eran

barro en mi boca.

No pude habar hasta que

un hombre lo llevó hasta el cordón.

 

Es devastador quedarse

con palabras como rocas

en todas las esquinas del cuerpo.

 

© Patricia Coto

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Poema de Rubén Capodaqua

 


Busco entre lo dormido

Busco en el canto azul de la zarzamora

 

Busco

también en el silencio

la voz inmortal

                   de mi madre.

 

© Rubén Capodaqua

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Poema de Pablo Duca

  


Una paloma cruza el cielo mojado


y un benteveo hace alarde de su garganta.


Un hornero sale a su rama balcón.

Nada tiene un porqué

hasta que llueve.

El agua crece

como crecen las enredaderas

que ahogan.

A veces es necesario

escuchar los golpecitos

de las gotas que caen

para escuchar una palabra..

El hornero se refresca y huye.

La lluvia va cediendo por la provincia

y va creciendo por la capital.

Nada tiene un porqué.

Nada

o casi nada

en un mundo donde los padres se mueren.

 

© Pablo Duca

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Poema de Olga Liliana Reinoso

  


OBLIVIÓN

 

Antes de comenzar a recordarte

ya te olvido.

Todo lo olvido, todo.

El santo grial

los pliegues de la túnica.

Un ciclón,

un milagro.

Y el olvido, / feroz, / se bebe las cenizas.                                

 

© Olga Liliana Reinoso

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