9/10/26

Poema de Patricia Diaz Bialet

 


un pueblo en el Norte

EL SER AMATORIO

Te tengo en las sombras

Amante suave con mirada sin ojos

Amante liso y ardiendo cuyos perfumes y miembros

Se mueven siempre y brotan

Pierre Jean Jouve

  

el ser amatorio es hacendoso

año tras año

con él renuevo mi vacación de soltería

 

el ser amatorio es fácil de hundir entre mis faldas

los desposados le interesan absolutamente nada

 

cuando sale de su guarida

el ser amatorio maldice los hogares ajenos

llama a las puertas que se abren de un brinco

las mujerzuelas lo acosan frente a su mostrador de consuelo

 

el ser amatorio no se frena ante nadie

cada petición es atendida

las señoras

las señoritas

incluso las más ancianas lo babosean tangencialmente

degluten los mensajes que el ser amatorio ondula a través del micrófono

mientras esgrime su locución higiénica

y su respiración de mirlo favorable

 

 

se escuchan desde el fondo del salón algunas risotadas

porque el ser amatorio es cobija de obesas y flaquísimas

despierta en todas calores amazónicos

maridos erróneos

teléfonos mellizos

 

podría decirse que el ser amatorio goza de su propia heráldica

y del mérito de complacer a las damas terapéuticamente             

 

cualquier estación del año es propicia para saborear las hierbas del ser amatorio

que al despedirse nos regala una canasta de setas

y unos datos inciertos sobre su paradero                                       

 

es natural en el ser amatorio ser un poco huidizo

no descubrir la patente de su automóvil

ni identificarse siempre bajo el mismo natalicio

 

porque el ser amatorio es flexible y mutante

 

si una lo requiere

su abrazo es excesivo murallón que nos resguarda

percusión a la tediosa existencia urbana

 

el ser amatorio es vaporoso y ágil como una soprano

y cuando hace silencio luego de la cópula

el ser amatorio es sosiego puro                                 

 

© Patricia Diaz Bialet

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Poema de Norberto Barleand

 


Atahualpa de los silencios

 

Atahualpa de los montes,

valle, llanura y río,

paisaje de la alborada.

Hachero de los caminos

coyuyo de tierra fértil

de pueblo arado y distancia

 

Nutriente de voces ciertas

payador de llamaradas ,

valiente , perseguido

decidor, hoguera y torcaza.

Arroyo del caminante

alazán de la quebrada

la cuerda zurda en tus manos

alumbra juncos y zambas

Poeta sin ataduras

amante de los silencios

hoyada savia del sauce

relincho de la nostalgia

Atahualpa , sendero y sombra

sobre tus hombros la luna

entre zarzal y carcazas

 prende los horizontes

de sol arado y distancia .

Atahualpa de los caminos

chúcaro del viento pampa.

padre de la palabra

del llanto de los humildes

y de la patria olvidada.

 Azucena , quemaduras.

Piedra, rocío, campanas

                            gritan con tus versos,

                         cantan con tu guitarra.

 

© Norberto Barleand

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Poema de Rosa Leticia Orchuelo

 


Recuerdo

 

Sobre las barrosas aguas del Callvú Leovú

aletea un chingolo

calma la sed y se refresca

El aleteo dibuja ondas concéntricas

 

Una hoja cae y emprende su viaje

con una araña sobre ella

 

El verano resplandece

se desliza lento como el tiempo

es un remanso de paz

en las siestas del domingo

 

A la sombra de un sauce

mi padre prepara el anzuelo

con la esperanza de obtener

una fructífera cosecha o

simplemente regalarme

un recuerdo que haga cric

en mi memoria y me lleve

como la hoja en su viaje.

 

© Rosa Leticia Orchuelo

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Texto de Rocío Felice

 


Aquí está la luz azul de la pena. Es la escorrentía desde tus ojos hasta este par de manos sin más que ofrecer. Ese caótico mar nocturno por el que aún andamos, aunque impenetrables las puertas. La vegetación lo ha arrebatado. Has intentado reír con tu mueca marchita de flores anaranjadas. Has hecho del cielo el rito de tu escape. Fue así el abandono. Un darse de dientes contra el ventanal llovido. No volviste ya más a tu vestido. El disfraz que vestía a la que fuiste. Quién soy yo sin mi ropa. Sin esta piel, sin estos ojos o pulmones, sin mi aire. No poseo, entonces, el tiempo, siquiera el tiempo del tiempo: veo un erial entre absoluto y siniestro. O veo pensarme a la sangre en su ciclo, su puja por estallar o fluir y mis venas y tu rostro en el centro de la ruina. Las estrellas subsumen los cantos, los ríos, los lobos. Parada yo en la mitad de la calle, me prolongo a otro vértice. No transcurre la muerte, adormecida.

 

© Rocío Felice

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Poema de Silvia Cacchione

  


En una película

con tintes rusos

una nena encerrada

en un submarino

lee el diccionario

Nube: agrupación o cantidad muy grande

de algo que va por el aire

Cierra los ojos e imagina

un montón de tuercas pequeñas

flotando sobre el silbido

de la válvula de vapor.

No piensa aún

qué pasará

cuando termine el libro.

 

© Silvia Cacchione

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Poema de Cristian Jesús Gentile

  


AGUA

 

Dedos agua

azulándome las sienes

en toda mi sed

te busco las manos cristalinas

para serme cima y montaña

rozar palabras en la ropa

acaso una

y volveremos arroyo sereno

en la aturdida voz

que ya no nos grita

que ya no nos pertenece.

 

© Cristian Jesús Gentile

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Poema de Susana Noé

 


Dijo el Monstruo:

Serás cuna y sepulcro

Sombra del olvido

Memoria/congoja

Anidarás cuervos

Agazapada espera

                      Piel / luna

                               Piel/sol

                                   Huesos

                                       Acarrearás

               Calle/caos/esquina/deseos

 

© Susana Noé

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Poema de Vanesa Almada Noguerón

  


PROHIBIDO PASAR

 

prohibido pasar

por el poema

con la palabra espuma

en cualquiera de las manos

de los cuerpos portantes

 

suena el agua y el ruido

no se parece a nada

de lo ya escuchado

 

esa respiración

parece fuerte

parece sostener

un punto

 

prohibido pasar

por el poema sin la debida

contradicción

o con espuma cerca

del relieve

 

cuando llegue a esa palabra

voy a querer que el agua

repita de nuevo

a todo volumen

su discurso

 

© Vanesa Almada Noguerón

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Poema de Stella Maris Soria

 


SANGRÍA

 

Tengo ganas de pegarle trompadas al tiempo

que no espera.

Salen antes.

La impaciencia y sed de sangre los apura.

Tienen que salir a

demoler

lo que queda.

 

© Stella Maris Soria

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Poema de Salvador Verzi

  


 Caleidoscopio


Andando calles

la ciudad se muestra en caleidoscopio,

edificios, vidrieras, autos, peatones,

mujeres y hombres snob

y en las veredas, ellos “los sin techo”,

bocas secas, narices mocosas, cachetes chupados,

mirada fija, penetrante y profunda

función fisiológica fuerte

en esos cuerpos sin vitaminas,

entre cartones húmedos de secreciones

duermen los fríos de madrugada,

los calores del mediodía,

caminantes esquivan cartones y gente…

Busco en el caleidoscopio a Dios

y pienso

caleidoscopio tiene todas las vocales

menos la U de utopía, de universal

yo sigo soñando en la utopía

del universo de todos por igual

con techo o sin techo

pero todos por igual.

 

© Salvador Verzi

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7/10/26

Poema de Diana Bellessi

  


Lucy


No estuve en Afar

pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,

en el museo de Addis Abeba

me hicieron reír y llorar

y te vi, caminando ágil por la foresta

bajo un cielo de diamantes!

Tan pequeña y tan hermosa

con tus veinte años y el bozo suave,

dorado de tu cara, hermanita mía,

hace tres millones de años

cuando empezabas a sonreír y a cantar

por todos nosotros que veníamos

atrás de vos, mi pequeña,

tan remota como lo soy yo misma

frente a estos chicos de diecinueve

aquí en la isla cuando el medioevo

vuelve con sus pestes en masa

y yo te canto, mi Lucy in the sky

with diamonds!

 

© Diana Bellessi

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Poema de Mauricio Cappiello

  


                                                                                   

  En un amante no hay risa

que no se altere con el llanto.

Sor Juana Inés de la Cruz


Ella cree en el supremo sentimiento

ese que no engaña / sino atiborra

(el profundo hueco de la ausencia)

             dulzor condenatorio del goce

 

            ¡Oh! Sor Juana

te prometes 

no hallar el doloroso desdén

en aquel amor /

esa ardiente beldad

             dogal   une los labios

calma el deseo               este tormento

 

            ¡Oh! Sor Juana

esa búsqueda de ser amada

esa gota de sangre pende sobre la espina

ahí, a punto de caer

              rendida en ese gozo carnal

                                         el de los amantes.                                                                                         

 

© Mauricio Cappiello

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Poema de Inés Legarreta

 


Si estás en la boca del lobo

no esperes

a que la cierre

Si estás en la boca del lobo

no esperes

que coma verdurita

Si estás en la boca del lobo

casi seguro ya es tarde.

 

© Inés Legarreta

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Poema de Fernando Gabriel Vaschetto

 


LA RISA EN LA TORMENTA

 

Arrecia el viento en los jardines

las flores no resisten,

el desamparo de nuestras manos jardineras

dudan en continuar la tarea

de recoger los pétalos caídos

pero ha de ser preciso persistir

en esta especie de justificación ambigua

que sin embargo va dando razones

para subsistir la vida

enfrentada a un paisaje de muerte.

El blanco de días aciagos

se llena de requerimientos amorosos

combatiendo la ausencia de los seres queridos.

Es rápido el aprendizaje de quien sufre

y no en vano llevamos en los huesos

el mérito de tempestades pasadas

eras glaciares y diluvios

más alguna que otra peste negra

               …pervivientes somos

riendo a carcajadas en la tormenta…

 

Nunca está solo quien desafía a su destino

               enarbolando una sonrisa.

 

© Fernando Gabriel Vachetto

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Poema de Gladys Cepeda

 


RANDONAUTICA 

 

ciudad- biblioteca

antología de momentos iridiscentes

convertido en acrósticos

la tapa y la hoja final

necesitas palparlas en cámara lenta

aspirar su polvillo

sentado sobre la niebla

dejas el corazón

 entre la decadencia de un muelle

en la paciencia de un barco

el alquitrán desciende en su origen transexual

se inicia en tus parónimos

quieto

un ángel es punto y aparte

necesitas

la oración

la avidez

caballos con formas de nubes

o caireles

en el resplandor de carteles de neón

para ubicar remiendos

tinta china

sobre la epidermis

del cuaderno de notas

bajo los puentes

la transpiración seca

recortes amarillentos

mandatos familiares

del aeropuerto

la plaza

arriban millones

han danzado

música de república

sembrada semilla de congoja

frente a la mujer dorada

rodear de pétalos de historia

sucumbe la gnosis

y quedan una masacre de luciérnagas

siempre quedan

vos escondes

rasguños en tus cabellos

el escape

es no estrofa

para impedir el punto

sigue creciendo

la marea

la insistencia

del sudor sobre las huellas

la sed

la cercanía del deseo

en el fondo de tu marcha

 

un tul de seda

cubrirá tu cuerpo amado

dividido

por la brújula de los sentidos

observar como el amanecer

atraviesa la audacia

y ver recorrer

mil hojas del invierno tardío

te lo cuentan

millones

de dígitos de identidad

persistencia bajo periódicos viejos

ensayas

la oratoria

de los abrazos

en paraísos artificiales

una puerta en la columna

de cualquier cementerio

pavimentan la historia

cada pedacito de cirio

inician el regreso del sol

todos la confunden en la ceguera del horizonte

 

 ¿será fácil amar a alguien que reconocemos?

 

© Gladys Cepeda

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