29/4/26

Poema de Irma Verolín

 



COMO EN UNA TRAGEDIA SHAKESPERIANA

 

Siempre he amado a hombres de corazón débil,

amé a esa clase de hombres

incapaces de hacer sombra cuando caminan

hombres ciegos

ante una despampanante realidad que nubla los ojos

hombres que no usan sombrero

ni reconocen el valor de las palabras

hombres que van por la vida como en una caminata lunar

hombres nacidos fuera del flujo de la Historia

hombres con memorias antiguas que amamantan su furia

hombres que únicamente pueden ser encontrados en el Triángulo de las Bermudas

hombres con egos que se mecen en perfecto equilibrio

sobre la punta de un iceberg

hombres convertidos de repente en espantapájaros

hombres como piezas  expuestas en un museo de ciencias naturales

hombres sumergidos boca abajo en el lecho oceánico

hombres llenos de fantasmas como en una tragedia shakesperiana.

La fatalidad cruzó el destino de estos hombres con el mío

forjando una espléndida flor moribunda

una flor japonesa que se convierte en pájaro.

Anochezco en el recuerdo de esta multitud de hombres

y mi memoria atareada descansa

dejándolos de nombrar por un instante

que no cabe en la palma de mi mano

ese instante más instantáneo de todos los instantes: el de morir de amor.

Todavía me veo

escondida en la foresta de mi propia confusión

espiándolos a la espera de una señal

de un mínimo gesto de ternura,

soy como esos perritos asustados

que añoran una palmada

o una distraída caricia en el lomo.

Me falta a noción primordial del lenguaje

se me escapa el más básico entendimiento de los hechos

mi cuerpo es invisible, 

sólo aprendí a correr o a ocultarme

y los hombres lo huelen como animalitos que son, igual que yo.

 

© Irma Verolín

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Poema de Dolores Etchecopar

 


yo solté las palabras del anzuelo de la voluntad

las veo avanzar por la llanura

en remolinos airosas como gitanas

intrépidas irreverentes bailan

escupen sueños

y una música

que le mueve el piso y la congoja

a la vida que tuve

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de José Luis Frasinetti

 

Después de la lluvia

 

Mi madre y mi tía salían a caminar.

Hablaban hondo

como los ríos, después de la lluvia.

En el monte, descubrían hongos,

raíces, pichones caídos.

Advertían la fuga de una liebre,

un camino de hormigas.

Cruzaban alambrados y tristezas.

Cruzaron los días y las noches

y se fueron tan más allá

que un día no volvieron.

 

© José Luis Frasinetti

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Poema de Ana Lafferranderie

 


De noche huelo el miedo de mi madre.

Veo brotar entre lo verde un agua oscura,

atraviesa el jardín

llega a la puerta de entrada a la cocina

y crece 

hasta cubrir la mesa, el almanaque.

Sigue hacia el pasillo en un torrente

 

deja  la casa  ahogada en  sí misma

y el jardín sin fin, como única tierra.

 

© Ana Lafferranderie

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Poema de Álvaro Mata Guillé

  


En el tintero queda

un pedazo de noche

 

quizá

la lluvia reaparezca

y un reflejo deslumbre en el cuarto

 

la luna

el vuelo atezado en el árbol

 

todo

sigue oscuro mientras escribo

y espero

 

© Álvaro Mata Guillé

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Poema de Amalia Mercedes Abaria

 

 

QUIÉN ES

 

¿Quién es el que nace

dentro de un pétalo?

¿Quién ve la piedra escondida

detrás del azul?

¿Quién imagina un horizonte

no rojo, no celeste

solo un horizonte azul?

¿Quién escucha el primer canto

oculto detrás de la luna?

¿Quién recibe un golpe y otro golpe

en su corazón, y no llora?

¿Quién sangra la noche

con una desdicha?

¿Quién abre su violín

dentro de una

 pena?

¿Quién viaja en un sueño

junto a un ángel?

¿Quién siente ese lento dolor

del atardecer?

¿Quién recuerda esa viva

puerta de la infancia?

¿Quién?

 

© Amalia Mercedes Abaria

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28/4/26

Poema de Rocío Felice

 


hay hoy quienes

por el bosque

huyen/ una carrera

desenfrenada contra la

nada contra el

tiempo contra la

avaricia de las

cuevas de la

trinidad/ si todo

es bifaz: vidamuerte

blanconegro arribabajo oesteste

eldoblerostrodeJano

por qué es

tres el tiempo

futuro pasado presente

tres Dios Hijo

Espíritu Santo/ dónde

la tercera dimensión

de humanos haciendo

el bien no

hambrientos como en

el bosque/ habría

que ver la

lluvia desde arriba

desde el origen

hacia su propia

gravedad/ caerse encima

de un sistema

que se rompe

pero que se

expande como los

agujeros negros que

todo lo absorben

en el bosque

la gente huye

desde mi estatura

puedo ver decenas

de piernas firmes

flácidas antiguas luchando

por hallar la

boca que comerá

sus pensamientos/ calmar

la ansiedad en

otro lado/ administrar

la vida ver

una dos tres

moléculas de ADN

de quien será

un hijo breve

luchar para seguir

vivo arrancarle a

mi compañero los

pedazos sangre en

las manos sudor

barro dolor un

estremecerse en esta

dimensión espacio tiempo

que alguien nos

legó desenterrar con

uñas huesos sacramentales

ver cómo el

día cada día

desemboca en la

noche cada uno

dentro de su

propia noche carmesí

en fin versos

de tres palabras

trinidad y tiempo

ninguna respuesta para

la muerte ninguna

 

© Rocío Felice

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Poema de Lola Halfon

 


Antes de la nevada bajan

las cachañas

pequeñas aves

parecidas a los loros

 

Comen semillas y frutos

mientras gritan

en su árbol preferido

 

De a ratos me olvido

que hay un árbol

de a ratos todo es cachaña

las ramas, verdes plumas

que se agitan

 

Las veo hace días y no nieva

 

¿No habrá otra cosa

que quieran anunciar?

 

© Lola Halfon

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Poema de Romina R. Silva

 

 

ETERNIDAD DE PIEDRA

 

La estampa del mar tierno se esfumó.

Los pliegos de la arena formaron mantos

cubrieron el sendero instinto

atada al desierto queriendo cielo

un lugar en el mundo

círculo hecho instante

lumbre momento en lugar remoto.

 

Mirada de esfinge atraviesa la arena

eternidad de piedra

desierta calma

delirios afrontados

queda luchar o ser el deleite de la muerte.

 

Esfinge piadosa rememora

la sangrienta cacería,

se diluye la sangre

penas tibias fluyen por el rostro,

maleficio del sol ocultándose en la tarde

se colma de llantos el desierto

corsarios del cielo vienen a buscarla.

 

© Romina R. Silva

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Poema de Nico Dominguez

 


 

RESACA

 

la cabeza cae

y se estrella

contra un bolón de acero

los ojos se desprenden

y ruedan

lento por el golpe

coloco uno

en la maceta

donde cuelga el potus

y el otro

delante de una fotografía vieja

sobre la mesita de luz

la niebla se disipa

en el gorjeo de los gorriones

y el ruido de los cristales

se parece al zumbido

de una abeja reina moribunda

abrazo toda la porcelana del baño

necesito aquel frío

el trapo de piso

se convierte en alfombra persa

para una moribunda absurda

abro la ducha

y las canillas todas

derrochando el agua

mezclo mis lágrimas saladas

tapando el llanto desconsolado de Manola

bajo la luna de la Alhambra

mis manos se sumergen

para que se vuelvan barro

luego humedezco la cara

que se cuartea

y finalmente

calmo mi sed

tragando de este río de angustia

que fluye

valle abajo

inundando

tirando

sepultando

las fábulas y fantasías

inventadas

en la madrugada

 

© Nico Dominguez

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Poema de Malén De Felice

 


la abuela viejita

escapó de un país que ya no existe y

vivió en uno que se está desintegrando

acá perdió un ojo

por haber visto demasiado

perdió un ojo en la fábrica textil

y se dedicó a sus plantas

creo en el poder de las manos

para dar vida sentenciaba

mientras tiraba lejos

la hierba mala y se acomodaba

a su nueva visión de cristal

 

su ojo de vidrio cuida

la fragilidad del mundo.

 

© Malén De Felice

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Poema de Hugo Echagüe

 

Días de ausencia


Extraño todo.

La luz del día al despertar.

Extraño el sabor

del agua, del vino. Extraño

tu mirada a la mañana.

La luna en la ventana.

Extraño esa araña en la madera de la puerta.

Mi casa, mis amigos.

El mundo

extraño.

Quién nos ha quitado todo

como si habitásemos

ningún lugar, un cráter

fuera del espacio,

la luna en cualquier lado.

Una música encantada

que viniese del bosque.

 

© Hugo Echagüe

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Poema de Alicia Márquez

 


“Los negros de mierda abrieron las bolsas de basura”.

Eso me dijo la hija de una gallega

a la que raudamente internaron en un geriátrico

porque molestaba.

La hija de una gallega, como yo, también hija de una gallega

que, como todos los gallegos que llegaron al país

tenían un hambre atroz.

Hambre, como los que abren las bolsas de basura,

y me pregunto en qué momento se convirtieron, nos convertimos

en duques, condes o marqueses.

En qué momento se olvidaron nos olvidamos de los baúles desvencijados

y de los panes aliviadores flotando en las sopas reparadoras

servidas comunitariamente en algún conventillo de San Telmo o del Abasto.

En qué momento desgraciado olvidaron olvidamos nuestras raíces.

Y cuándo tuvieron tuvimos vergüenza de nuestros propios padres.

Aunque se niegue, aunque se disfrace, aunque se maquille,

lo que venimos siendo es una marca imborrable en el orillo de nuestra vida.

Y tarde o temprano el disimulo nos queda chico de sisa.

Y se nota.

 

© Alicia Márquez

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Poema de Vilma Sastre

 

 

SIMULACIONES

 

La distancia supone dolor

miedo

exilio

espacio

¿libertad?

de lo único que estoy seguro

                es que estoy aquí

parado en este punto

simétrico a cualquier otro punto

                                 de la tierra

donde se halla otra persona

segura de estar allí

puedo describir el paisaje que zumba

en su mirada ajena

tiene en sus manos un retrato

que sonríe a la mujer que sonríe a su vez

                                                   al mirarlo

y yo sonrío pensándola                

ahora llora          (tal vez lo extrañe)

o sienta culpa

(engaño) 

(traición)

(mentira)

ahora da un giro y se marcha

luego en el suelo su contorno

luego

una línea que se difumina

etérea

final

(mi sombra ya no cabe en tu vientre)

sus pasos ya resuenan imperceptibles

el largo de su vestido apenas deja entrever

                    sus piernas  (el azul te sienta)

no obstante

el sol no deja de eclipsar al que lo mire

y la noche

alberga la oscuridad de tu pupila

o cobija tu mano próxima

                  a la fotografía

con las yemas de los dedos

estrujando mi sonrisa

desmenuzándola por la comisura

 

© Vilma Sastre

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Poema de Juan Manuel Zeni

 

abrazo 

 

A ninguno lo pude salvar

Paula Novoa

 

quizá sea eso

la necesidad de comunicarnos

de decirle algo a alguien

y que nos digan

de mirar a alguien a la cara

y buscarle una cara al lenguaje

 

quizá sea eso

una respuesta a alguien que no conocemos

quizá no a alguien

sino a algo, a ese conjunto de palabras

 

quizá sea una conversación

desde el principio de los tiempos

en la que entramos

para decir y repetir

buscando caras

buscando inicios en un río que fluye y fluye

 

quizá sea que hoy, en medio de personas

amarradas a computadoras e ingresando números,

sólo quisiera contestarle a un poema

 

decirle que sí

que entré en ese mundo, que vi ese día

 

que escuché ese grito

 

que quizá siempre seamos uno de los personajes

y que hay días en los que la poesía puede, también,

parecerse a un abrazo

 

© Juan Manuel Zeni

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