18/3/26

Poema de Ana Russo

  


  HERMANAS  MIRABAL


¡Si me matan, sacaré los brazos

de la tumba y seré más fuerte!

Minerva Mirabal


cada 25 de noviembre

en ojo de agua

el cielo se cubre de tres pañuelos

son sedas que se desanudan y

planean con libertad

pañuelos de seda, tres

una delicadeza que a su pesar

fueron destino de mordazas

tres telas que sobrevuelan

la rebelión  de las mariposas

entre sus vestidos, la libertad armada

muertas 

pegadas  sin aleteo alguno

en un frasco de vidrio

o en los bicheros del demonio

con las alas fijas a una chinche

así, sin gritos, las mariposas se asfixiaron

todas somos ellas

las vulneradas

las humilladas

las manoseadas

las sometidas

las apaciguadas a baldazos

las condenadas

las que fueron y van hoy a la quema

las que le mutilan  su orgasmo

las que pierden sus crías

las que rezan y las que gritan

con la gargantas rotas

una todavía sostiene entre sus dientes

un cuchillito afilado

otra trepa por la espalda de los siniestros

y la tercera tiene un ala caída 

pero  la está sacando de la tumba

y vuelve al vuelo.

 

© Ana Russo

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Poema de Andrea Delfini

 

 

Sala de mujeres rotas

un cuerpo ovillado que

desaparece entre las sábanas.

Mamá está desnuda

debajo del camisolín celeste

conectada al suero

en su demencia,

me muestra una paloma

que entró por la ventana,

y es cierto,

camina entre las camas

en busca de miguitas

“mientras no me cague”, dice

y canta, “se equivocó la paloma…

tratala con cariño

que es mi persona”

 

© Andrea Delfini

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Poema de Mercedes Venturino

 


Cuando te conoci

 

Cuando te conocí

la sombra leve de tu mano bastaba apenas

para despuntar eclipses

Y así, entre la claridad de un sol

y la oscuridad cerrada de las ostras

que guardan su tesoro,

brotó ese cristal de alondra que fuimos

A veces

eras la corona amarilla

de un diente de león embravecido

Luego...su misma corona vuelta espuma,

sombras del viento,

o nácar de luz para volar en silencio

A veces

fui la reina coronada de una comarca sin nombre,

sin límites ni banderas,

escondiendo cualquier decorado

que adornara

tu patria huérfana de deseo

Dueña sin llave de la pertenencia,

la que supo que la puerta mejor cerrada

es la que se deja abierta

Fui la que abdica y entrega la posibilidad de la luz

sin contar la voz y los milagros

Y entre rumbas y zambitas

pasó el acierto, leve, pero decidido

como el secreto de un diente de león

Hoy

que ya no somos la magnolia quebrada entre los dientes

o un rayo de luna sostenido entre los dedos

Hoy

que todo lo que puedo guardar de vos, lo llevo puesto

Hoy que ya no asoma el filo de mi piel

para rasgar el aire donde entra la luz

Hoy

que no somos candil, llama, espejo del infierno

camino a tientas sobre el duelo

que empecé a vivir desde que nacimos

y me digo

que era sólo cuestión de tiempo

pero no supimos

-como decía Oscar-

que algunos caprichos duran una eternidad

-siempre más que los amores eternos-

 

© Mercedes Venturino

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Poema de Juan Manuel Ramírez

 


Hamacarse

un simulacro de vuelo

impulso a otro plano

Un intento de alcanzar el deseo

y volver al punto de partida

Te animás

el envión es diferente

podrías romperte una pierna

hacerte un raspón

tendría cierto placer

sacarse la última cáscara

de esa

de alguna herida.

 

© Juan Manuel Ramírez

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Poema de Josefa Prada

 


A CIELO soleado dudoso

 

En qué ojos verdes

nada la memoria

delfina de ríos entre los dedos y los ojos

se horadan motivos

entre las cosas y los paisajes.

 

En la redondez se leen

las palabras de las hojas

 

ahí cuando el cielo manso

descansa su color

en el mimo del abrazo

y la compañía.

 

© Josefa Prada

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Poema de Jorge Medrano

 

la acumulación

de suciedad en los dientes

 

la distribución de oxígeno en las glándulas

 

la capa hídrica

arrastra los detritos

 

diseccionar la soledad

irreparablemente termina

con la separación de los cuerpos

© Jorge Medrano

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Poema de Gabriela Peirano

 


Fue tu sombra

 

Desdibujada y tardía,

se fue perdiendo en la noche

por la luna perseguida

entre calles de adoquines

y farolas encendidas.

Tomaba formas extrañas

al pasar por los jardines

y pintaba las paredes

con formatos sin sentido.

Fue una sombra, fue tu sombra

que me mostraba el camino

hacia un futuro dichoso,

hacia mi incierto destino.

 

© Gabriela Peirano

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Poema de Aníbal Costilla

 

 

BLANCO DISCO DE LA LUNA

 

Con estas manos que produjeron el pan

compartido en otras manos,

un regalo destinado a todos

y a nadie,

tracé un mapa para regresar

a la madrugada que aún latía en mi boca.

 

Sólo el disco blanco de la luna,

como un cartón iluminado

desde abajo, me guio

por entre los segmentos impacientes

de los caminos.

 

Después que el alba

pudo volver a respirar,

el sol enmudeció el ladrido

de los perros,

el asfalto rugió

a la distancia.

 

Asomado al vértigo del día

me arrojé al camino,

con nada en las manos,

los ojos radiantes.

 

© Aníbal Costilla

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Poema de Alicia Waisman

 


Inundación       

                         a Leopoldo Brizuela             

        

I


Un espejo arrastrado por aguas desmadradas.

Qué imagen de mí se va con él

y se pierde para siempre.

 

Un puente deja de unir dos orillas.

 

Un espejo arrastrado por aguas desmadradas

se lleva los mil rostros que guardaba.

Alguna sonrisa con pecas.

Impresiones digitales

y el aliento para limpiarlas.

El fulgor de unas perlas afiladas.

 

Todo se va, contenido en el azogue.

 

© Alicia Waisman

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Poema de Ana Romano

 


Luciana

Los bucles estallan

coloreando

La risa

deletrea señales

Los ojos custodian.

 

Luciana

en su jaula de plumetí

aprisiona

la cajita de las ausencias.

 

© Ana Romano

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16/3/26

Poema de Eugenia Cabral

  


En el sueño, caía de bruces

ante los umbrales del Paraíso.

La luz caía sobre las escalinatas

como un naranjal podrido.

Ese era el color: de naranjas marrones y agrias.

Y los ángeles se habían vuelto cínicos.

 

Soy mejor que ustedes, les dije a los ángeles;

no vine aquí por comer helados

ni hacerme con la verdad:

llegué hasta el Paraíso buscando a mis hermanos.

De haber intuido que aquí también

me hallaría sola,

habría telefoneado al taxi el domingo, por la tarde,

y lo hubiese esperado paladeando

un cuarteto de Beethoven.                                                             

 

© Eugenia Cabral

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Poema de Ramón Altamirano

                


CAMALOTE 

 

La costanera nos acompañaba de cerca

y hasta el ceibal

vio ese río incendiando la ternura

 

Los colores se hacen intensos

violeta el cielo rosa las nubes

atardece y hay que nacer de prisa

lamerse las sombras pegoteadas en la ingle /

entre los dedos / en la barbilla

y abrazarse al aliento soleado

 

ser

mano

soplo

remo

 

Camalote río arriba

allá vamos

    

allá voy

recién nacido

 

de mí y de vos

 

© Ramón Altamirano

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Poema de Malén De Felice

  


hoy vi otro perro muerto      

descansaba en el medio de la calle

reclamando su lugar

los colectivos tenían que desviarse

los niños lloraban y los hombres

miraban para otro lado pero

algunas mujeres salieron de sus casas

y envolvieron el cuerpo intacto

con mantas de todos los colores

no importaban las bocinas

era un arcoíris que cegaba

a quienes derramaban insultos

por llegar tarde

 

ellas se sentaron en el asfalto

formaron una ronda

alrededor del animal

y se tomaron de las manos

creando un escudo

 

protegemos la memoria

del cuerpo

ellas entonaron una plegaria

celebramos la vida la acariciamos

con nuestro canto.

 

© Malén De Felice

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Poema de Luciana A. Mellado

 


Farolito japonés

 

1.

 

El farolito japonés no para de crecer.

 

Me pedís que lo mire todo el tiempo

cuando paso cerca suyo.

              

Te alegra que exista.

 

Hay cuerpos recíprocos

más allá de la materia,

cuerpos que se atraen,

se comprenden,

conversan.

 

Adentro de cada flor crece

un secreto diminuto

que vos proteges

y te protege.

 

También me escondo

en lo pequeño.

 

Aprendí a bajar la guardia,

a no bajar la guardia,

a pendular.

 

Y creí que debía enderezarme,

corregir lo torcido de mí.

 

Lo creí una vez y otra vez

y otra vez más.

 

© Luciana A. Mellado

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Poema de Facundo Podestá

 


Los cuises corren a la vera del camino

 

Son todos de color gris y andan

en familias numerosas

en fila india

 

Cuando el sol de la siesta

parte la broza

se confunden

con hoyos y sombras

inmóviles

y ante el mínimo atisbo

de amenaza

desaparecen en los pajonales

 

Vos querías un cowboy

de puntería certera

que los diera vuelta

uno

a

uno

como tarritos colgados

del alambrado

 

Yo aprendí a tensar el caucho

a centrar la horqueta

a apuntar

con los ojos bien abiertos

 

Pero nunca pude

atentar

contra un cuerpo vivo

 

© Facundo Podestá

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