23/5/26

Poema de Gustavo Borga

 


Arrodillado en el suelo

toco con mis manos

sus huellas

 

Antes que caiga la noche

le daré alcance

y seré su esclavo.

 

© Gustavo Borga

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Poema de Roberto Daniel Malatesta

  


PESCA

 

El viento es un vaivén sobre la tanza,

si sopla en ráfagas provoca

distintas extensiones en el juego

del ir y el venir; nada deja

de ser en armonía,

como en la página la música,

versos cortos y largos pero bien escandidos.

 

Si el pez entra en contacto y tira del anzuelo,

la tensión rompe el juego que proyectaba el viento,

un sacudón nervioso, y otro,

toda una serie convulsiva,

que indica que algo tira bajo el agua.

 

El juego delicado es parte de la vida,

a ello también llamamos pesca:

el río con el viento un solo cuerpo,

ya no importa la presa,

no obstante si intercepta

el anzuelo, saberlo importa.

 

Puede que suba un pez a nuestra mano

o nada más que forma

del vacío sujeta del anzuelo.

Uno u otro, eso es la vida.

 

Viento, vacío o pez, a todo

lo llamaremos pesca.


© Roberto Daniel Malatesta

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Poema de Susana Zazzetti

 


toco el barro con mis manos

sin que se desangre el útero.

que sepa el poema

que todas las palabras

también están

 ahí.

en los dos.

 

© Susana Zazzetti

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Poema de Marcelo González Del Río

 


Gustavo y la naranja

 

Sobre el juego naranja de la siesta

se exprime el nácar de los azahares;

justo ahí, en esa curva de soledad

y regodeos, con la boca presta

a beber de los sabores de la tierra,

Gustavo encontró la forma de su poema

impregnada en vitamina C y dulzores

propio de la luz con sus sabores.

 

Por eso el poema de Gustavo sabe

a siesta, a sed, a saber y degustaciones

y te invita a comerlos en suco insaciable

o en rodajas que imitan las maneras de la luna.

 

Sobre la forma de un naranja Gustavo escribe

el mejor y más sabroso de todos sus poemas.

¡Déjate apreciarlo como quien bebe de su boca!

 

© Marcelo González Del Río

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Poema de Silvina E López

 


 

recupero el aire la pulsión perdida la

flor blanca

la vida sencilla

 

la nube sobre mi cabeza en esa lejanía que

                          espanta toma tantas formas

como mi vida

 

y en este mismo lugar donde ya nada es lo

mismo

                   empiezo a preferir tu ausencia

 

quiero que me dejes con la flor blanca

con la sencillez de las nubes

en la montaña lejos

entre las jarillas y las verbenas

                        me interno

                           en vaya a saber qué vida

 

© Silvina E López

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Poema de Silvia Rodríguez Ares

 

 

A oscuras

 

En junio los frutos

se comen a solas.

La rama es oscura

y ahora que el velo

protege al amor,

ya lo puedo decir:

la zona de nieve

que llevo en las manos

me impide sembrar

esos granos de trigo

que alguna mañana de enero

tal vez prometí.

No hay pan en el sueño

de quien no se atreve a dormir.

Han roto los diques

del agua en la noche.

Daría mis cinco

segundos de vida

por ver otra vez

la luz del día.

 

© Silvia Rodríguez Ares

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20/5/26

Poema de Nahuel Barrios

 


COMO DOS ALIADOS

 

Un viento silencioso en esta historia. Como si

alguien tratase de empuñar un rifle descargado,

un arma antigua, rota, que tiempo

atrás,

juntaba mugre en un viejo cajón apalancado.

 

Sentado en mí sala:

el arma y el viento ya no están,

y las luces que hasta ayer estaban prolijamente

encendidas,

se apagaron como un órgano sin pilas.

 

Prestar atención

no es igual a interesarnos por algo, ni mucho

menos, involucrarse.

Son actividades diferentes, absolutamente

opuestas

Por eso, no doy cuenta de los ruidos que vienen

de la calle,

solo oigo unos segundos, y ya.

 

Después de todo, lo único que me importa es este

silencio que guarda mi casa.

Yo y él solos, como dos aliados en una misma guerra, combatiendo

sin tregua,

y sin ánimos de colgarnos ninguna medalla.

 

© Nahuel Barrios

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Poema de Ricardo Di Mario

  


Y otra vez esos cristales se ocultan uno al otro.

 

Sé de esos tus espejos,

venían ocultos entre los que no podíamos mirarnos,

ni yo en la selva,

ni tú en los pliegues de Monmartre.

 

Avanza el desierto en esos días,

desaparece su reflejo,

dedo carnoso que derritió los hielos

de la tibia floresta,

la voz que corta el aire como un pan tierno con las manos,

el roce de alas del ruiseñor,

aleteo de la suave caricia y

en las rojizas llamas de su mirada

el calor del bosque vuelve a devorarlo y a desaparecer.

 

© Ricardo Di Mario

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Poema de Pilar Sanjurjo

 


Alfonsina

 

quiero hacerle el amor a alfonsina storni

rozar las narices como esquimales

que me acaricie la mano entre las sábanas

besarle la espalda

despertarnos con el día y salir a caminar

que me lea sobre palabras degolladas

fumar del mismo cigarrillo una noche de verano

 

quiero hacerte el amor Alfonsina

que nuestros perfumes se confundan

crear uno nuevo que solo te recuerde a mí

que me cuentes por qué agrio está el mundo

qué tiene de astuta esa mujer

yo te escucharía atenta

esperando que las horas no pasen nunca

Alfonsina

 

© Pilar Sanjurjo

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Poema de Mirta Venezia

 


VIBRATO NOCTURNO 

 

¿Alguien ha visto bajar el diluvio

de este cielo de rosas?

 

alguien me habla al oído

señala el agua

aquel ardor de moras

la casa natal

la pureza

 

repito

en mí hay un animal oscuro que no halla sosiego

 

insiste la palabra rizoma

(serpiente que emerge de la tierra)

quema mi cuello

su beso letal.

 

© Mirta Venezia

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Poema de María de los Ángeles Fornero

 


La ternura y la sémola con leche son una misma cosa.

La ternura y las tortas fritas con mate cocido.

La ternura y el plato de sopa de arvejas.

La ternura y el televisor hasta que termine El Zorro.

La ternura y coser bajo un sol de noche hasta doblar la espalda.

La ternura y sacarle punta al lápiz con una Gillette sin filo.

La ternura y medir la fiebre hasta dormirse sobre la misma almohada.

Una ternura capaz de durar ochenta y cuatro años,

con sus respectivos padrenuestros y todas sus avemarías.

 

© María de los Ángeles Fornero

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Poema de Juan Manuel Zeni

 


DALTÓNICO 

 

Son los colores los que juegan conmigo:

ese verde no es verde,

el cielo debe ser celeste,

 

tus ojos eran de ese color que anoté en ese libro.

Entonces pienso,

voy a intentar una rima roja

colorada, bermellón, con recuerdos de naranja.

 

Digo, se puede vivir confundiendo los colores

diciendo que es el que en realidad no te parece

pero que es

 

y así pasa la vida

el mar azul, que un día estaba verde y otro celeste

los árboles, que para mí, a veces, mienten los colores

los gatos, que no se quedan quietos para que pueda pensar su color.

 

El colectivo y su cartel.

 

Mi hijo y el veo veo que jugamos.

 

© Juan Manuel Zeni

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Poema de Gustavo Santiago Morinigo

 


Cada segundo arde 

 

Una gota

una inmensidad

un cielo que se desploma

en el ojo ardiente del sol

 

en miniatura lo que urge

esa cosmopolita visión

de un devenir

sin apremios

sin desventura

sin penas

 

Ha  sangrado mucho

la herida del sacrificio

su cura fue lenta

pero curada al fin

 

Cada segundo arde

En esta media tarde

sin embargo

el alma se alboroza de fe

de paz

de conciencia tranquila

y acepta lo que viene

lo prometido

lo premiado

                lo absoluto.

 

© Gustavo Santiago Morinigo

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18/5/26

Poema de Irma Verolín

 

                      

LIGERO CORRER

 

Yo soy esa mujer  

que siempre huye de la escena

-la escena candente  

crucial-.

Tengo muchas 

muchas piernas

para poder huir:

tengo piernas en la cabeza

piernas apretadas en el pecho

en las manos

piernas dentro de mi boca.

Ligero correr 

ligero bienestar

destroza cualquier vida posible

en su  persistente continuidad.

Corro conmigo a cuestas

y el mundo se hunde en mí

con todos sus lugares.

 

© Irma Verolín

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Poema de Inés Legarreta

  


Todo se vino abajo: los amores los amigos la familia

todo se derrumbó de un día para otro como si no

hubiese habido un largo sostenido solapado

proceso de destrucción

pero claro

nos hacíamos los distraídos

se puede

porque estas demoliciones

no son

como las naturales: terremotos, sismos, tsunamis

imposible mirar de chanfle: las benditas te arrancan de una vez

y de cuajo

éstas en cambio

proceden

lentas paulatinas

humedad y corrosión de las palabras / ladinos y mendaces

los hechos que de tan

cotidianos

parecen el pan de cada día

para almorzar veneno cenar hambre

y uno

pone la mesa

tranquilo.

 

© Inés Legarreta

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