23/7/26

Poema de Stefano Branca

 


una vez

llovió adentro de la casa

 

el techo dijo basta

y empezó a gotear

como si estuviera llorando

por años enteros

 

yo puse baldes

ollas

platos hondos

 

todo lo que sirviera

para contener la tristeza

 

cuando paró

no supe si agradecer

o pedir perdón

 

© Stefano Branca

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Poema de Teresa Korondi

  


El otoño consiente con su trazo

el camino de tierra

su fiel desparpajo

Hay irreverencia en las suelas que aventuran

uno o mil pasos -¿cuántos

de verdad importan?-

tras un cáliz de cieno entre los labios

Oro oscuro

simulacro de aves

que advierten los ojos en el trote

Pequeños campos de juego

sin el fuego de la guerra

piel de hierro en la intemperie que está rota

Hace frío y sin embargo,

un calor se respira de los troncos

como si la única verdad fuese la mañana

y su ángel custodia de la vegetación

 

© Teresa Korondi

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Poema de Jorge Medrano

 


ese día me apropié de tu gesto

solo así te tengo conmigo

traigo a mi cuerpo tus movimientos

 

© Jorge Medrano

Imagen extraída del Libro Kevin C. (Del autor del poema)

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Texto de Patricia Coto

 


    La página en blanco y detrás, este ardor que abrasa sin fuego. Había un vendaval de imágenes y ahora, sólo algunas palabas, como errar de hormigas. ¿Si escribo “sol”, habrá luz en los márgenes? ¿Si digo “pájaro”, la hoja aleteará? Todo parece poco como si el papel en blanco fuera un abismo, un hambre porvenir que se desploma.

  Al fin quedan algunas líneas, sombras del Paraíso, alientos bandadas, algo mínimo, listo para encender un trigal de horizontes.

 

© Patricia Coto

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Poema de Facundo Podestá

 


Respuesta


I

Hoy tropezamos

hincamos la rodilla

rogamos a nadie

 

nos sacudimos el polvo de las manos

y tamborileamos el pecho

para recordarle al corazón

cómo se late

 

II

Puse una mano en tu mejilla

y te di mis ojos       abrilos

 

anhelamos una respuesta

mayor que la fe

quizás por eso

hacemos el amor

 

© Facundo Podestá

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22/7/26

Poema de Mercedes Roffé

 


La historia, el río

 

¿Será Turner?

Como sangre

como un tren que descarrila

o una infancia antigua

neblinosa

 

el viaducto remonta

el agua de la historia

negra

carmesí

 

y cenicienta y ocre

 

—casi un grito

 

© Mercedes Roffé

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Poema de Ricardo Di Mario

 


¿Por qué perdemos la memoria al nacer?

¿Por qué morimos frente a los cristales si todo vuelve en sus azogues?

 El caos y el orden espasmos de una misma visión.

Leer versiones que revelan las verdades del bosque,

leer por ejemplo: tiemblan los pétalos antes de caer.

El eco sueña mi nombre,

vengo de muy lejos donde las hojas besan el mar,

las mujeres danzan con ofrendas en la cabeza y

aún puedo leer poesía del otro lado del mundo.

Por favor escribe poemas con flores,

le hablo a tu fantasma desde Dean Street,

escríbelos y que pueda encontrarlos,

dárselos al mundo,

tragedia en la palabra,

silencio en los estrados en estas altas catedrales.

Eres tan pequeña,

te recuerdo cada mañana al verme.

Preparo el discurso inicial de la clase,

las preguntas que te hiciste.

Mi rasgo es malayo,

el tuyo afrancesado a lo Renée Vivien,

la vetusta femme de lettres.

 Eres una flor negándose a las flores.

Despójame de toda razón,

escribe poemas con perfumes.

Encuéntralos en un lugar sin tiempo,

no entenderías este mundo como no entendiste el tuyo y

volverías a encenderte.

 

© Ricardo Di Mario

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Poema de Susana de Iraola

 


ENTRAMAR EL INCENDIO

 

Letra aire temores

me niego a componer

en las mañanas del incendio

nadie encuentra su sol en la raíz

es preciso esquivar

el entramado de la araña

 

eso lo sé

ella lo ha dicho

me enseño a disfrutar

las nueve páginas del cuento

las mejores

 

Alejar fantasmas con poemas

sonreír ante los ojos

del asombro

saltarse en do mayor

el canto breve

 

amarse porque sí

cabalgar los rincones

trepar a los capullos

en la indiferencia de los días

 

© Susana de Iraola

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

  


Y el mar

 

Hay quienes nacen en el tiempo exacto

          en que Dios reparte los destinos.

 

Llegan con el alma curada por el fuego.

 

Silban llamando los pájaros,

             compañeros en el vuelo

                                       y en la soledad.

 

Hay quienes nacen

         para convertirse en mar.

 

Y el mar es inmenso y fuerte es su voz.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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Poema de Silvia Rodríguez Ares

 

 

Vencejo

 

El tiempo en la espera

se vuelve de mármol.

Coloso,

estatua de hielo

que mi pie no ablanda.

Busco refugio en un grano de arroz

duro y amargo en mi boca.

Mastico, lo trago y olvido la pena.

Se rompe un capullo de niebla,

se sueltan las manos del viento.

Y pasa de largo el vencejo,

rodeando otro frente lluvioso.

Le pido que me ayude a abandonar mi suerte,

arrastro lo que sirve para el viaje.

Se apiada esta vez y regresa,

me ofrece su abrigo de aire,

un salvo-

conducto,

la puerta hacia nunca jamás.

Le digo que sí,

que por favor.

 

© Silvia Rodríguez Ares

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Poema de Silvia Marina Crespo

 


Después de la guerra

 

Dice llevar el pan hacia el fuego

para escucharlo crujir en la boca

suena como un desgarro

entre la furia y la pena

suena más fuerte cada vez

despierta a gritos la noción de guerra

la factoría de la guerra

Dice dejar el agua sobre el fuego

hasta que silba como ahogada sirena

un filoso interminable sonido

corre de aquí hasta el cielo

detiene el aire   cancela el tiempo

arranca el canto de los pájaros

Dice tener un fantasma de frente

otro en la retaguardia

una cama cubierta de granadas y obuses

un pasado presente

un espejo opaco de miedo

donde los amigos se miran

un espejo donde ellos se hacen añicos en él

Dice volver a perderse en el mismo sueño cada noche

entre el humo que deja la ausencia

las versiones de la primera piedra

y el polvo de todo al caer

Dice naufragar en la niebla

calcinada nube cargada de nombres

llena de despedidas

 

© Silvia Marina Crespo

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Poema de Silvio Bilbao

  


Escobas silenciosas

 

38 escobas

merodean en la habitación

Son todas rubias

              con binchas rojas y azules

              

Sus palos no pilotean brujas

No llevan magos / no levan ingles

            No llevan pelvis / ni periné

 

38 escobas

vuelan en mi cabeza

Nadie conoce lo enroscado

                     que es todo este asunto

 

  La basura debajo de la alfombra

                       asoma sus ojos blancos

Aunque siempre es mejor callar

               cuando el piso no está firme

 

38 escobas vuelan impares

 Pero nadie se anima a barrer

        cuando la mugre es más profunda

                                       que su silencio

 

© Silvio Bilbao

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Poema de Myriam Arcerito

 


Sin pliegues de cordura

en esta noche

calurosa

sin estrellas,

la sábana sobra.

 

Hace rato

que las reflexiones

sobre la soledad

y los abismos

se fueron de gira,

arrancaron pedazos de memoria

para que ya no importe.

De signos de pregunta

se llenaron las respuestas.

 

En noches como ésta,

en vez de ardores en la piel 

aparecieron escamas

que ayudaron con la intemperie.

 

Pese a todo,

cada mañana,

un reloj de cuerda

se carga

empecinadamente.

Son las nervaduras

de amor por la vida

que renacen

para salir de las tinieblas.

 

El deseo reconoce

esa alegre obsesión

de no darse por vencida.

 

© Myriam Arcerito

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Poema de Cristina Noguera

  


EL VUELO

 

La mañana  se abre

enciende su lámpara.

Los sonidos aletean

entre pájaros y voces.

El sol pinta el amarillo

el reloj teje un día más.

Abrir los sueños en el vuelo.

Disfrutar hierbas dulces

desechar las amargas.

Decorar la piel anochecida

con collares de jazmines.

Las horas del día

son tatuajes deletreados.

 

Luego, la noche viste el silencio.

para aquietar  el vuelo

solo encender   melodías.

 

© Cristina Noguera

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20/7/26

Poema de Mirta Venezia

  


LLAGA

 

tal vez me reconocés

sabés de mis penas detrás del espejo

del insomnio largo y las paredes

del insomnio tendido como un mar de olas invisibles

¿habré sido tu hija melodiosa, la que siempre falla

mordiendo la manzana envenenada

cantando como una sirena  en las curvas del Egeo?

 

Ulises fue y vino sin descanso

atravesó mis enredaderas con machete y cuchillo

arrancando con los dientes las reservas de mi juicio

le seguí desde entonces

sin remedio me convertí en su fuente

 

he liderado alguna vez la manada de los lobos

me sumergí en sus bocas

pude salir ilesa y ser una con la sombra

me perdí en la arena de los días

no creo tener el tiempo suficiente de enmendarme

tanto abismo en los pies encadenado

me juzgás con la vara más alta

midiendo mis variaciones, mi disimulado desconcierto

 

el tacto del fuego en las mejillas otea la oscuridad

llevame de la mano, noche de la llaga,

es hora de dormir

tengo frío.

 

© Mirta Venezia

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