7/10/26

Poema de Diana Bellessi

  


Lucy


No estuve en Afar

pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,

en el museo de Addis Abeba

me hicieron reír y llorar

y te vi, caminando ágil por la foresta

bajo un cielo de diamantes!

Tan pequeña y tan hermosa

con tus veinte años y el bozo suave,

dorado de tu cara, hermanita mía,

hace tres millones de años

cuando empezabas a sonreír y a cantar

por todos nosotros que veníamos

atrás de vos, mi pequeña,

tan remota como lo soy yo misma

frente a estos chicos de diecinueve

aquí en la isla cuando el medioevo

vuelve con sus pestes en masa

y yo te canto, mi Lucy in the sky

with diamonds!

 

© Diana Bellessi

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Poema de Mauricio Cappiello

  


                                                                                   

  En un amante no hay risa

que no se altere con el llanto.

Sor Juana Inés de la Cruz


Ella cree en el supremo sentimiento

ese que no engaña / sino atiborra

(el profundo hueco de la ausencia)

             dulzor condenatorio del goce

 

            ¡Oh! Sor Juana

te prometes 

no hallar el doloroso desdén

en aquel amor /

esa ardiente beldad

             dogal   une los labios

calma el deseo               este tormento

 

            ¡Oh! Sor Juana

esa búsqueda de ser amada

esa gota de sangre pende sobre la espina

ahí, a punto de caer

              rendida en ese gozo carnal

                                         el de los amantes.                                                                                         

 

© Mauricio Cappiello

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Poema de Inés Legarreta

 


Si estás en la boca del lobo

no esperes

a que la cierre

Si estás en la boca del lobo

no esperes

que coma verdurita

Si estás en la boca del lobo

casi seguro ya es tarde.

 

© Inés Legarreta

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Poema de Fernando Gabriel Vaschetto

 


LA RISA EN LA TORMENTA

 

Arrecia el viento en los jardines

las flores no resisten,

el desamparo de nuestras manos jardineras

dudan en continuar la tarea

de recoger los pétalos caídos

pero ha de ser preciso persistir

en esta especie de justificación ambigua

que sin embargo va dando razones

para subsistir la vida

enfrentada a un paisaje de muerte.

El blanco de días aciagos

se llena de requerimientos amorosos

combatiendo la ausencia de los seres queridos.

Es rápido el aprendizaje de quien sufre

y no en vano llevamos en los huesos

el mérito de tempestades pasadas

eras glaciares y diluvios

más alguna que otra peste negra

               …pervivientes somos

riendo a carcajadas en la tormenta…

 

Nunca está solo quien desafía a su destino

               enarbolando una sonrisa.

 

© Fernando Gabriel Vachetto

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Poema de Gladys Cepeda

 


RANDONAUTICA 

 

ciudad- biblioteca

antología de momentos iridiscentes

convertido en acrósticos

la tapa y la hoja final

necesitas palparlas en cámara lenta

aspirar su polvillo

sentado sobre la niebla

dejas el corazón

 entre la decadencia de un muelle

en la paciencia de un barco

el alquitrán desciende en su origen transexual

se inicia en tus parónimos

quieto

un ángel es punto y aparte

necesitas

la oración

la avidez

caballos con formas de nubes

o caireles

en el resplandor de carteles de neón

para ubicar remiendos

tinta china

sobre la epidermis

del cuaderno de notas

bajo los puentes

la transpiración seca

recortes amarillentos

mandatos familiares

del aeropuerto

la plaza

arriban millones

han danzado

música de república

sembrada semilla de congoja

frente a la mujer dorada

rodear de pétalos de historia

sucumbe la gnosis

y quedan una masacre de luciérnagas

siempre quedan

vos escondes

rasguños en tus cabellos

el escape

es no estrofa

para impedir el punto

sigue creciendo

la marea

la insistencia

del sudor sobre las huellas

la sed

la cercanía del deseo

en el fondo de tu marcha

 

un tul de seda

cubrirá tu cuerpo amado

dividido

por la brújula de los sentidos

observar como el amanecer

atraviesa la audacia

y ver recorrer

mil hojas del invierno tardío

te lo cuentan

millones

de dígitos de identidad

persistencia bajo periódicos viejos

ensayas

la oratoria

de los abrazos

en paraísos artificiales

una puerta en la columna

de cualquier cementerio

pavimentan la historia

cada pedacito de cirio

inician el regreso del sol

todos la confunden en la ceguera del horizonte

 

 ¿será fácil amar a alguien que reconocemos?

 

© Gladys Cepeda

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Poema de Diego Morales

  


Las liebres

 

El río quedaba a unas pocas cuadras

pero para nosotros

era el comienzo del mundo.

 

Había que cruzar las fincas,

esquivar los yuyos altos,

dejar que el sol nos marcara la nuca

y seguir caminando

como si alguien nos hubiera prometido

un tesoro.

 

El tesoro

eran las liebres.

 

Las veíamos aparecer como si nada

livianas y hechas de viento y de tierra.

 

Corríamos detrás de ellas

con el corazón agitado,

gritando nuestros nombres

para que el campo nos reconociera

 

 

Nunca atrapamos ninguna, la verdad

y tiene sentido

¿Cómo iba un puñado de chicos

alcanzar a un animalito

que había nacido para correr?

 

Con los años entendí que las liebres

nos estaban enseñando una forma de belleza.

 

Hay cosas que no vinieron al mundo

para pertenecernos.

 

Vinieron

para hacernos correr detrás de ellas,

para llenarnos los pulmones de aire,

las zapatillas de tierra

 y la infancia de una alegría que

todavía sigue respirando

cada vez que cierro los ojos

y vuelvo, aunque sea por un instante,

a la orilla del río “las tres palmeras”.

 

© Diego Morales

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Poema de Carolina Brieux Olivera

 


Recuerditos

 

Fuimos la piedra con el cordón atado.

Ahora sólo nos queda

recordar por qué tu corazón

sigue atascado entre esas ramas.

 

© Carolina Brieux Olivera

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Poema de Carlos Prado

 


UNIVERSO

 

Olí tu rosa.

Me esparcí entre la galaxia.

Con el agua en los tobillos.

Me encontré.

Decapitado.

 

© Carlos Prado

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Poema de Ana Romano

 


Elba

En los pequeñísimos vidrios

vibran los cipreses

y el negro escultural de la noche

avanza

 

Elba

escarba la garganta

de las magnolias

 

Los inefables cristales de su risa

disipan las pesadillas

del perro.

 

© Ana Romano

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Poema de Griselda Rulfo

 


Mi dormitorio se ha convertido

en un refugio

aislante de vientos

y fríos extremos.

Casi no salgo de la habitación.

Me aventuro al solitario blanco

de las paredes

a las frazadas que caen

cómo una pena

tomo más café del permitido

y repito los programas de televisión

cómo tablas de multiplicar.

Dormito apenas

pierdo la conciencia del tiempo

mientras la angustia

me desordena la casa.

 

© Griselda Rulfo

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5/10/26

Homenaje en el fallecimiento de FABIANA POSSE

 Me entero del fallecimiento de Fabiana. La conocí en el 2010 y desde ahí estuvo en Mispoetas por varios años. Gran poeta. 

 Una pena su partida, tan joven. Dejo un abrazo a sus familiares y amiges, Gus.


Toda ella

 

Toda ella.

Toda noche que ilumina y ciega estridencias.

Hasta los grillos se callan cuando ella abre los ojos.

Toda ella vestida de luciérnaga azul, bebiéndose galaxias y demonios.

De azul febril se pinta las costillas, desde ahí canta, desde ahí anuda los sueños de los hombres.

Toda ella princesa rota.

Despoja orquídeas del aire y se baña en su champaña delirante.

Niña, perra insólita, hembra de todas las tinieblas.

Amante de Caín, ofrecida al sacrificio.

Inmolada en ron, embriagada por amor al golpe del cristal.

Toda terciopelo desmayada de química imperfecta.

Sin sinónimos que la desnuden mejor.

Hembra lirio más valiente de noche porque la piel le sobra en el cuerpo cuando las almas se apagan.

Mujer imán.

Toda ella.

 

© Fabiana Posse

 

Manto de Olvido.

 

Ya, desaparecer.

Milagro de menta.

Ocaso efímero del lobo.

Segundo blanco que engrandece a la fiera.

Tiempo filoso rasante cortando la risa por la mitad.

Mil pedazos de sed.

Rumores que reprochan los cuentos que chocan entre sí.

Rígido y cómodo se involucra en la ensalada de sus miedos.

La ropa fría le vomita un paisaje salido de la misma perturbada puerta violeta que abrió con los dientes.

Y cree.

Regresa a la mansión de sus acordes de púas.

Rompe la cáscara, se devora a si mismo sobre la mesa.

Camina su calle helado y se fuma el egoísmo que calmó en sus sueños.

Y baila sobre tumbas de escombros.

Se envuelve en la punta de un árbol sin raíces, con un bonete rojo oscuro, gritón, insoportable.

Persigue una peluca de pájaros que no habla desde los tajos del cuerpo.

Hundido sobre un tempano mudo deja de existir en los cuadros.

Rueda en caravana la noche entera, errante, transitado, intoxicado de pensar beber su sangre.

Transpiran las compuertas de la canalla herida.

Olvida lo que no amanece en sus ojos.

Olvida la edad de los nocturnos y la ruta al paisaje del tesoro.

Olvida al pirata de luto dormido dentro de la calesita.

Y perseguido en su cruz, naufragado de medallas y plumas inquietas,

vuelca el esqueleto de un tren dentro de su nombre.

 

© Fabiana Posse

 

Presagio

 

Antes de mojar la arcilla, antes de nacer del barro,

había que rodar sobre el césped de la perra magia.

Había que cabalgar los fantasmas amados.

Había que reírse de las flores masacradas en la ansiedad del vórtice.

Y darle sentido a estos peces alocados que llevamos en el vientre.

Había que aspirar los crujidos insolentes del alma.

Había que confirmar ese pacto en que tu lluvia y la mía

sonaban gemelas

dentro de este universo tiernamente iluminado.

 

Entonces

para llenar los huecos del instante

debimos primero censurar la daga del silencio.

Para ver

primero debimos cerrar los labios

y dejar que estallaran aquellas plegarias azules.

Para crecer

devoramos la voz del mar en nuestras costillas.

Abrimos los huesos,

perfumamos los temores,

cuidamos las palabras que sangran,

desplegamos los cuerpos en espiral,

rodeamos el camino de la muerte.

Nos llovimos de verdades.

 

© Fabiana Posse

 

Las palabras que nos piensan

 

Tengo que dolerme.

Tengo  que incendiar  una llama sospechosa en mi rostro.

Tengo que rugir en  el polvo de esta  noche hembra.

Tengo  que apiñarme con princesas sin brújulas, reas de barro, trenes de cartón transparente,

 y decidir con que llave vamos anestesiar  abismos.

Tengo que nacer  letras rabiosas dentro del ring de mi voz.

Tengo  que aburrir al viento de sinónimos y cenar coraje.

Tengo que fracturar  la luz del alfabeto  y adoptar un  laberinto de pan.

Tengo que afilar tijeras y parir mis huellas que juegan brillosas.

 Tengo que vendar la jaula de cristal que me abraza.

Esperar el verso.

Rodear mis dedos de cactus.

Comprarle a  la hoja en blanco unas vueltas en la calesita del celibato.

Dar tiempo al arrebato de la musa.

Abrirme  toda al hipnótico cifrado que morderá como una cobra.

Habrá que resistir el veneno entre las venas.

Hasta sentir la atmósfera que sostenga el peso exacto del poema.

 

© Fabiana Posse

 

Más de Fabiana https://mispoetascontemporaneos2.blogspot.com/search?q=Fabiana+Posse

 

Mención de honor en poesía y participante de las antologías editadas:

- Autora del guión de teatro infantil “Que se esconde detrás del arco iris”… obra realizada en el teatro El chasqui en 2006 donde también actuó.-

- “Junín 2007”. concurso de las Tres Lagunas. Mención de honor. Antología.

- “Sol y Letras 2008”. ediciones Baobab. Feria del libro de Bs. As. Antología.-

- “Letras de hoy y siempre”. Editorial los Cuatro Vientos. Bs as. Mención de honor. Antología. 2008

- “Tres plásticos y un poeta” Cemed. 1er premio en poesía.2008

- “Encuentro de voces” Concurso latinoamericano de poesía del grupo “Pretextos”. Finalista. (nueve finalistas entre 200 poetas, única argentina). 2009

- Concurso internacional de poesía “Tres de febrero” .Mención de honor. 2009

“Encuentro por las artes” exposición de poemas y dibujos con Fabiana rocha. Junio 2009.-

- Autora del guión de teatro infantil “Maruja y su mágico mundo” obra realizada y actuada en 2009. teatro El Chasqui.

 

Biografía extraída del blog (No actualizada)

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Poema de Irma Verolín

 


ELLA ESCRIBE SU NOMBRE

 

Ella escribe su nombre con rouge  sobre el espejo

Y piensa: lo he escrito con mi sangre

Su nombre flota

rojo

en la liviana transparencia

su nombre ha quedado suelto

aún así es efigie su nombre

espeso en el aire hueco

ella lo mira

mira su nombre

su nombre flotador  y vibrante

hecho cuerpo sobre lo translúcido

su nombre aferrado a ese color furioso

que la está llamando 

 

© Irma Verolín

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Poema de Ramón Altamirano

 


NUNCA SERÉ PORTEÑO 

 

nunca seré porteño

aunque ha pasado tanto tiempo

y sienta que ya tampoco soy provinciano

 

un provinciano entra a la ciudad

y anda por ella como pidiendo permiso

 

nunca seré porteño

en mi cartografía

en vez de monumentos hay árboles

 

en la 9 de julio no veo la avenida más ancha del mundo

veo una colonia de ibirapitás

cuando estallan sus copas vestidas de oro

 

nunca seré un porteño

en la Plaza Garay veo la escuela de arte

pero la vista enseguida se me va a la izquierda

donde el falso caoba retoña cada vez que lo cortan

y en octubre se llena de flores blancas

y hojas con forma de pezuña de vaca

 

nunca seré un porteño

me duelen las heridas municipales

que bajo ordenanza tiran árboles

o clausuran la única canilla donde toman agua

los vecinos o los que andan de paso

y tienen que esperar dos horas el tren 

 

así nunca seré porteño

aunque en mi pueblo ya nadie me reconozca

 

nunca seré porteño

ni en la muerte lo seré

“nacido en Entre Rios” dirá una etiqueta

pegada en la urna funeraria

que lleve mis cenizas

 

nunca fue porteño – afirmarán los sepultureros

o los burócratas de crematorio–

 

al recibir las cenizas en mi pueblo se preguntarán

habrá un lugar / un purgatorio /  o un topos arbóreo

o algo para los que se fueron y ya no son de aquí

 

© Ramón Altamirano

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Poema de Lorena Luna

  


la boca

 

atraviesa

las aguas de este río

la neblina que lo encubre

la línea de luz que se forma

cuando la luna se refleja

 

insiste

en algún punto

en beberlo tramo a tramo

incluso guardarse

las piedras

la arena

los troncos de los árboles con su historia

hasta el viento

de la tarde más inmadura

sin apretar los dientes

para tener la convicción

de apuntar al cielo que mira

 

y el tiempo

nuestro ya

no tendrá miedo

 

© Lorena Luna

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Texto de Susana Cattaneo Corona

  


Toma la copa, hermano.

Sé que hay un mundo de sombras que nos sigue de cerca; arenas cansadas y cielos quebrados que temen la muerte.

Hay un gemido de gaviotas que se adorna de ortigas y abarca los mares. También lámparas y campanas sordas, ojos apagados de tanto mirar lejanías y tal vez, y una cruz horadando esperanza.

Toma la copa.

Se escucha un extraño sonido de árboles que crecen en la mitad del mundo.

Vibra el llanto de alguien que perdió el calor de las palabras.

Creo que juntos es posible recorrer el sueño de las hadas y que de la mano podemos caminar sin miedo por toda esta tristeza.

Aún podemos, hermano.

Bebe: la copa tiene vino, miel y luz.

Tómala porque a pesar de todo en algún lugar, sigue naciendo la vida.

 

© Susana Cattaneo Corona

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