3/10/26

Poema de Hugo Francisco Rivella

 


La furia es una flor carnívora

me come me devora me desova me entrampa me somete me aprisiona me vomita

me expele me enceguece me socaba me envientra

me raspa me suicida me defeca me tritura me aplasta me gotea me incendia me anega me agoniza me machuca me gime me golpea me entristece me abate me atornilla

me agrieta me apuñala me menstrua me supura me gruñe me babea

para después matarme dulcemente

 

© Hugo Francisco Rivella

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Poema de Graciela Ballesteros

 


Ya es invierno.

Pero nada es determinante.

Los nombres que he heredado

tienen un capricho subjetivo

siempre soy

algo de otoño

por donde veo las veces

que mi cuerpo ha caído a la intemperie.

Siempre soy un pedacito de verano

donde descanso; me protejo

debajo de su frondosa sombra

alivio el peso acumulado en el trayecto

espero la lluvia

para enjaguar la vida y arrebatarle una rosa.

La primavera la guardo en el espejito de mano

me miro, busco su esencia en los ojos

para “pintar mi aldea”.

Yo encuentro a los nombres heredados

más allá

del nombre de las formas

más allá del nombre de las cosas

más allá de este tiempo y de este espacio.

 

© Graciela Ballesteros

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Poema de Darío Würtz Paiva

 


-Muñecas rotas

 

  Acaricia los rostros, pronto serán ausencias.

  Por el viejo salón,

 deambulan sus sombras de pájaros desplumados.

 Enero no trajo calma.

 Quién,

 quiénes recitarán el linaje de las asesinadas?

Quiénes revelarán a los asesinos?

Marchan las sobrevivientes montadas sobre sus miedos.

La belleza del grito en las calles,

del grito rojo en las paredes nos despedazan “la calma”.    

 Un espectador privilegiado, eso es lo que soy.

Carezco del coraje necesario para dar el golpe justo,

quebrar la consciencia,

no esperar la próxima…

El sudor y la sangre,

el hartazgo por el día que termina,

     por la noche,

     por el día siguiente, igual, exacto,

     por los nombres que se apilan como listas de supermercado.

No escucharemos las historias por sus bocas.

Recopilaremos prolijamente los acontecimientos,

las últimas horas, los últimos días.

 Acaricia los rostros pronto serán ausencias...

 Y acá estamos,

como si no pasara nada. 

 

© Darío Würtz Paiva

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Poema de Olga Edith Romero

  


SER RACIONAL

 

El hombre enfrenta al hombre durante siglos:

lo prostituye /

lo abandona /

lo tortura /

lo condena a la soledad /

lo incomunica /

lo hambrea /

lo enmudece /

le miente /

lo degrada /

lo cercena /

lo ahoga /

lo quema /

lo hunde en la inmundicia /

lo mutila /

lo viola /

lo consume /

lo ejecuta /

lo destruye.

 

El hombre es un ser racional.

 

© Olga Edith Romero

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Poema de Nicolás Aused

 



 proustianas


IV

 

era un Lugar

donde la realidad

no

decepcionaba

y la imaginación

era el único órgano

que servía

para gozar

de lo bello

 

© Nicolás Aused

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Poema de María de los Ángeles Fornero

 


y en una oración de dioses y panes

debí aprender que nos manden

el de cada día

y a que se haga su voluntad

 

-ni la mía ni la de mis hermanas-

 

entonces nos vimos obligadas

a sacarnos los clavos

y las coronas de espinas

sin permiso

a fabricarnos el pan que iba a la mesa

 

y desgarradas

                        escribir

                                   la poesía que faltaba

 

© María de los Ángeles Fornero

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Poema de Marisa Cascallares

 


con su boca sedienta

la realidad

engulle los deseos

 

camino como quien

desconoce el andar

vacía

me abismo


© Marisa Cascallares

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Poema de Matías López

 


ASILO

 

Desfilan por el pasillo

andadores y sillas de ruedas

En hilera

se agrupan rostros blancos y cabezas calvas

El final pasa en silencio en medio de la tarde

con un olor que mezcla Espadol y orina

 

Un rostro en especial

el de los ojos caramelo

golpea la ventana con preguntas

- ¿Ahora me vienen a buscar?

-A mí, ¿cuándo me llevan?

Y las preguntas mueren en el piso

cuando caen

- ¿Ahora me vienen a buscar?

-A mí, ¿cuándo me llevan?

 

Nunca unas preguntas fueron tan retóricas

Ahora entiendo por qué esas preguntas

no admiten respuesta.

Ahora entiendo de las preguntas

cuáles son las que más duelen

 

© Matías López

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2/10/26

Poema de Maria D'Alessandro

 


Valija del Emigrante

 

Reducida a dos o tres cosas

Un traje, una camisa

Eres la única cosa que llevaba

Del pueblo de mi nacencia

Eras obligadamente: testimonio

De mis angustias

Tú el único compañero de viaje

De aquel momento en más

Vives en cada casa donde me he alojado.

 

© Maria D'Alessandro

Poema de Graciela Bucci

 


Sobremesa

 

 ‘Aquí el silencio es la voz de casi todo/ lo que aun calladamente, late.’

Santiago Kovadloff (Veinticuatro variaciones para una sola voz)

 

Ella mira la  mesa.

Imagina los comensales que alguna vez

el mantel de seda bordado que alguna vez

las charlas las risas los gestos

que alguna vez.

Las copas,

prismas de transparencia incierta

el ruido blando al correr las sillas con premura

la forma displicente de vaciar

los espacios otrora ocupados,

los adioses casi a media voz

el último y perentorio bocinazo que la calle devolvía

la puerta de madera maciza, cerrada con un mudo golpe certero.

El silencio.

 

Ahora sólo mira sus manos

sobre esa mesa, sus manos

sobre el mantel bordado, sus manos.

Con algo similar al éxtasis

acaricia el contorno sedoso de cada dibujo, ausente de sí misma.

Se detiene, con ademán sensual,

y surca apenas, los ríos marcados en su piel transparente

esa misma piel

que alguna vez.

 

Cierra el puño,

con la pretensión de atrapar  hebras del recuerdo

ese que, alguna vez,

pudo o no,

haber existido.

 

© Graciela Bucci

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Poema de Alonso Mejías Ureta

 


Paradoja del camaleón

 

Tener cualidades de mueble

de adorno o de árbol

de saber no estar

estando

sin hacer nada

es un trabajo

que requiere

de mucho esfuerzo.

 

© Alonso Mejías Ureta

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Poema de Silvia Rodríguez Ares

  


Pétalos de margarita

 

Camino junto al río,

no recuerdo dónde voy.

Un leproso me mira a los ojos.

Son largos sus cabellos,

su piel es blanca.

Se acerca más y gesticula.

Algo dice y no le entiendo,

entrecruza los idiomas.

¿Que soy hermosa, me dirá?

¿Que mi cuello es delicado?

¿Qué quisiera atravesarme la garganta

con sus dientes de oro?

Tal vez, tal vez.

Si fuera un sueño,

probablemente yo tendría miedo.

Es mediodía.

El sol se quiebra en cuatro

pétalos de margarita.

Los piso y ya.

 

© Silvia Rodríguez Ares

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Poema de Viviana Rodriguez

 


ESPARCIDOS EN EL NEGRO

 

El asfalto negro

de la flamante autopista

reluce bajo las flechas oro

 

A lo lejos

en espejismos hambrientos

se hunde toda esperanza

 

A la vera de un caserío

cuerpos esparcidos

de animales

 

Los perros

no saben de velocidad

solo se aventuran en manada

y vuelven por la caricia del amo

 

La máquina es el hombre

con volante 

con acelerador urgente

No importa el costo

solo la ansiedad

 

En la banquina

un cachorro gime

queriendo despertar a su mamá

se queda dos días apoyado en las costillas frías

hasta que recogen los cadáveres

Continúa gimiendo en soledad

esperando que otro auto

lo lleve con su madre

 

¿Y si es un niño

      tu niño

          el que juega

              el que cruza?

 

© Viviana Rodríguez

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Texto de Víctor Hugo Valledor

  


Solitario

 

Estoy en el umbral esperando.

Solo.

Cada gota que cae es una porción de soledad que intenta salvarse y salvar la humedad de la pradera.

Estoy en el desván esperando.

Solo.

Recorro los utensilios que manejara mi devoción al amor y se desploma una cuchara en el estruendo de los glaciares.

Estoy en posesión de la oscuridad.

Solo.

Llegan los eruditos con sus gafas doradas y el gesto adusto de una plaza que ha disecado sus helechos por salvar la vida de las hormigas.

Estoy en la apoyatura sutil de una nota musical.

Solo.

El parque de las diversiones se ha puesto tendones de óxido y canta el acero su chirriar de muerte. Los columpios no poseen alas.

Estoy mirando el retrato de mi retrato.

Solo.

Por las tardes recuerdo nombres que por la mañana olvido. Dejo atrás la merienda de confituras atroces y el tóxico vertedero de los abrazos. Siempre mentimos pues la mentira nos hace invisibles.

Estoy mirando el ataúd de las palabras.

Solo.

Las hogueras del pensamiento distraen la función del viento. El fuego destruye lo que hemos perdido, los besos humanos eran el ritmo latente de la vida. Hoy la vida ha perdido su latir.

Estoy sentado bajo el techo de mis actos.

Solo.

Me agrada saber que luego de tantos caminos, de tantas luces, de tantas regiones exploradas e inexploradas puedo sentarme a observar mis actos. Aún me subleva la misma inquietud adolescente. No abandoné ni lo haré mis convicciones, mis arrebatos, no poseo verdad pues si lo lograra, moriría de tristeza. Me sostiene la incertidumbre. Lo desconocido. Lo que no tendré ya lo tuve. En mis precisiones la brújula se disloca buscando un refugio detrás de las mesas en donde nuestra casa era desaparecer de la vista humana.

 

Solo.

 

© Víctor Hugo Valledor

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Poema de Silvina E López

  


“El Negro”

 

Entendí su silencio

su mirada perdida

el rigor de su lenguaje

su sonrisa tenue

su doloroso sarcasmo

los cajones vacíos

su camisa gastada

su repetir “no hay necesidad de más”

 

Entendí la hosquedad de las tardes

mirando la nada del patio

esa lágrima suelta

en la mejilla oscura

vi el desierto

recorriéndole por dentro

el tumulto del río

torrente pedregoso

golpeando rugiendo

puro descontrol de grito

 

Entendí su soledad de luz apagada

su mirada vidriosa

de llanto contenido

el recuerdo del tren

que nunca abordó

Entendí su fastidio

de mi abrazo frustrado sobre sus hombros

Nada trajo consuelo

sólo

comprender la aridez del desamor

 

© Silvina E López

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