Texto de Hugo Achugar
Monólogo del joven
a Federico García Lorca
Los hay audaces que emprendieron viajes interminables. Fatigados cambiaron tu moneda en el estrecho idilio de cintas y artefactos de las memorias. Otros que inventaron globos y poemas sólo alcanzaron las fronteras occidentales, sin regresar jamás por temor al escarnio. Nosotros permanecemos en el valle, cuidamos armarios sillas escritorios, ejercitamos el azar y la jardinería: pulimos la piedra del altar.
Los
hay puros de corazón ardiendo. Viajan en la ira, suponen la destrucción como
ejercicio para el asalto al cielo. Serán la sal de la tierra. A su vez, ellos
te cambian por los nombres de los sabios; cantan y danzan y sueñan un mayor
artilugio. Otros, mientras adviene tu cuerpo, fundan aldeas, cohabitan con sus
mujeres, tienen hijos y enseñan los múltiples abecedarios.
Reservo para mí tus huesos en sombra, cálidos bajo las copas abultadas;
los declaro coto de mi caza exclusiva, en ellos tus puros huesos planto mi
bandera hipotética. Los asumo.
Los
he de invadir con este territorio ubérrimo de las caricias acumuladas en
segundos semanales de la abstinencia
cantaremos
(las canciones y la pipa musical son para entonces)
no
habrá final
no
existirá esta dicha a plazo fijo
este recuerdo de tu verso fusilado
este llanto entrecortado
al
pie de la madrugada
esta sarna ulcerada del distinto.
© Hugo Achugar
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