15/7/26

Poema de Lorena Luna

 


gracia

 

los nudos pueden crecer

en cualquier especie de árboles

desde  la marca

que deja una rama ausente

por un viento

una poda

o el peso de la savia

 

el tronco no olvida

sabe llorar sin agua

emerger desde la quiebra

seguir siendo

parte del monte

 

así también nosotros

que resistimos a algo

marcados de igual modo

entre otros

crecemos

torcidos

lentos

vivos

con nudos

y a pesar de ellos

o gracias a ellos

 

© Lorena Luna

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Poema de Nicolás Aused

  


proustianas


I


yo también veo

a veces

el perfil del campanario

de

llamémosle

Combray

 

el rumor del crespón

por las calles de tierra

 

casas viejas

como historias

 

los naranjos

repletos

 

la taza de mate cocido

gigante

de loza

de mi abuela

que tenía una espiga

de trigo

en relieve

entre rajaduras

innumerables

y grises

como venas

secas

 

una presencia de eucaliptos

en vahos de verano

 

un molino de viento

recortado

contra el cielo

pastando solo

en el llano

verde

 

y escucho todavía

los breves

pasos

de ella

al alba

contra el piso de madera

 

y me hamaco

aún

en su sillón de mimbre

celeste

escuchando

música de pájaros

anónimos

 

la sal de los mares

y del sol

habitaba sus ojos

y

lo que

increíblemente

Fue,

que,

aún,

en oleajes

como caricias

insiste

en Ser

 

© Nicolás Aused

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Poema de Silvia Hedman

  


Cae la morera

con todos los posibles pájaros

que visitan mi ventana cada vez que hay frutos.

 

Caen los demás árboles

que la rodean,

unos hijos del viento,

otros plantados amorosamente

por mi madre.

 

Caen las ramas que jugaban

con la lluvia, las aves,

el aire, los nidos.

 

Sin cantos,

sin sombra,

sin vuelos,

las hojas marchitas,

el tronco inmóvil sobre la tierra,

como un presagio

de tu partida.

 

© Silvia Hedman

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Poema de Reynaldo Farías

 


PADRE


La tarde se deshace en rojo.

El árbol azul de los recuerdos

arremete con la figura de mi padre

manos de greda y trabajo.

Trajinar áspero

de pan y sacrificio.

Roble herido de carencias. 

Se apagó en pleno enero

cuando el sol quemaba

con lágrimas de fuego

el funeral del último grillo.

Lo tengo aquí, sobre mi espalda

ojos de pájaro alfarero

libertad en vuelo y rebeldía.

Quizás, en la índole de identidad

que sobrellevo

me asista un retazo de su nobleza.

 

© Reynaldo Farías

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Poema de María Julia Druille

            


Caída libre

 

Cada paso al borde del abismo

En manos de la furia y el desborde

¿Qué hilachas de país nos quedará?

¿Qué de los que dieron su vida por la patria?

¿Quién de tantos olvidados en el frente?

 los sin nombre, las mujeres que curaron heridos

aquellos cavadores de vías

los soldados de Malvinas

los médicos que surcaron el país

los maestros de fronteras

 

transitamos silentes el despojo

saquean impunes y ostensibles

¿qué de la montaña y su vientre?

¿su secreto tesoro, su trampa mortal?

hambrearán a los hombres que creyeron y

a los otros

       y a sus hijos

                      y así

                          a los ilusos, ilusorios

cuando despierten

ya los trenes habrán partido

enmascarados en la larga noche

será triste reconocernos vacíos

en la honda traición y los embustes

y descubrimos/ descubriremos

pero será tarde

ya los voraces picos

los que roen la médula

ya los rapaces que descuartizan el mundo

                                                         ya veremos

qué oscuros e ínfimos nos dejan

 

© María Julia Druille

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Poema de Mauricio Giulietti

 


 

Mi madre

limpiaba con diarios

los vidrios del ventanal

para dejarlos transparentes

Mi casa miraba el río

nosotros hacia adentro

Mi madre repetía

a media lengua las palabras

de su abuela

al barrer el polvo

que se amontonaba

aún con las ventanas

cerradas

Después

yo leía entre líneas invisibles

los rastros de lo que

con tanto esmero

mi madre había borrado.

 

© Mauricio Giulietti

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Poema de Blanca Correa

 


Morfeo eligió a su preferida

y ella partió hacia su morada

secundada por duendes y hechiceras.

 

Ese domingo veinte

seis menos cuarto de la tarde

su extraviado cuerpo vistió hilos dorados.

 

Un trueno desnudó su voz.

Su nombre se expandió en porciones de silencio.

 

© Blanca Correa

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Poema de Alicia Waisman

 


Inundación       


                           a Leopoldo Brizuela            

         

II


Las cositas amadas

bailan

su danza de muerte

en aguas cenicientas .

 

Rodean mi cama

que flota en el sueño,

resbalan  entre el barro,

se instalan

en ningún lugar.

 

III


Los perros abandonados:

(¿abandonados de quién?)

¿tienen cositas amadas?

¿qué olores reconocen?

¿qué lugares?

¿dónde duermen?

¿dónde lloran?    ¿lloran?

 

Las cositas amadas de cada quien

flotan entre  sueños rotos

 

antes de perderse

para siempre.          

 

© Alicia Waisman

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13/7/26

Poema de Griselda Riottini

 


Las muertas                   

                                          A Marosa Di Giorgio

 

Las muertas me rondan

cuando la casa se pone helada

y no son los espíritus alegres de Marosa

más bien son tímidas:

en sibilantes pasos

se arrastran y no pueden reencarnarse

en el canto de los grillos.

 

Tristeza, porque hoy

nada más son fantasmas de las gotas

que bajan desde el techo

o del íntimo rozar de las palomas.

 

Yo las sé, en torno, sin candelas

Insistiendo por volver:

se olvidaron la vajilla,

ropa blanca

sus recuerdos de la última cosecha.

 

Pero tan solo encuentran

mi soberbia de espantapájara

de muertas.

 

Y me les río y

les escribo en sus paredes

a sus gestos, sombras

oblicuas,

dilemas de la infinidad.

 

Es que a mí, por ahora,

me bastan las rosas nuevas

y unos tomates que nacieron solos,

 

si bien me molesta este frío

sempiterno de la casa.

 

© Griselda Riottini

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Poema de Alfredo Lemon

  


Deberías cantarle a un mundo lastimado

 

 ¿Aun podrías?

O ¿quisieras elevar un grito, una plegaria?

 

Acuérdate de los días de verano en Salsipuedes,

sábados blancos, recreos felices,

fútbol en el club, frontón en el parque,

membrillos y zapallos del jardín del vecino.

 

Tienes que cantarle a un mundo desquiciado.

Frases silvestres,

nevisca sobre los cipreses de La Cumbrecita.

 

Olvida a los verdugos celebrar la dictadura

y la guerra de Malvinas.

Recordarlo golpea al país

y todavía se buscan desaparecidos.

 

Deberías cantarle a un mundo roto.

 

Vuelve tus pensamientos a los breves momentos de amor.

Al juego de los delfines bajo las sábanas.

Al instante del concierto cuando estalló la música.

Aquel invierno junto a la salamandra en San Marcos.

 

Acuérdate cuando estábamos en una habitación azul frente al Egeo.

El cenit de un orgasmo, el cáliz de plata.

 

 

Magdalena, perdona mis pecados…

La historia nos vigila.

Todo es ficción, luego, cada hecho es rigurosamente real.

Los sueños pueden ser la vía regia al inconsciente.

 

Nos espera un olvido seco y mordaz.

Cenizas saladas.

Una bolsa de plástico negra fundida en la tierra.   

 

Deberías cantar el delirio de un mundo inmundo.

Mínima luz sinuosa y huida.

 

© Alfredo Lemon

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Poema de Carolina Brieux Olivera

 


Gaza

 

Tierra sagrada,

cubre la sangre en el plato vacío,

sostén las raíces

en su temblor de muerte,

sacia con flores y frutas

la inhumana visión.

 

Dijo que los perdones,

que no saben

lo que hacen.

 

Tierra santa, ya es de noche

en los cuerpos de nuestros niños.

Cubre de justicia

la inhumana visión.

 

© Carolina Brieux Olivera

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Haikús de Araceli Otamendi

 


Magnolias blancas

La gris ciudad se ilumina

Florece la vereda


 

Feriado azul.

Los árboles del puerto

visten de gala

 

© Araceli Otamendi

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Poema de Laureano Asoli

 


Emborrachado de literatura

 

El calor dispara besos

y releo libros en la biblioteca

de amor y terror.

Dos horas después salgo de allí

emborrachado de literatura

y con múltiples aromas

bajo las escaleras de casa

y corro hacia el patio

para que el viento me alivie

susurrándole canciones

a mi oído derecho.

 

© Laureano Asoli

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Poema de Patricia Berho

 


Espejada

 

El rostro recortado

a través del espejo

deja entrever

una sonrisa secreta

cómplice

con quien se atreve

a tanta provocación

 

© Patricia Berho

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Poema de Patricia Suñer

 

 

Nadie está libre

 

¿Acaso, empatizaste tu mirada

con la de un mendigo?

 

Ojos hundidos, mojados

de alguna lágrima flotando.

 

Golpe de puño cerrado, suave,

casi ahí, golpea el portal.

 

Cabeza inclinada, a merced,

de providencia vecina.

 

Mano derecha, extendida,

a la espera de un pan,

de una moneda, o de lo que caiga en ella.

 

¿Acaso, entrelazaste, por un instante, aunque con un hilo,

tu alma al suplicio,

que le ha tocado, padecer?

 

Afectada de vergüenza,

por la desdicha de

lo que no tiene, lo que le falta.

 

Ignorar, repudiar o descalificar,

al mendigo,

te hace más mendigo que él.

 

Hubo que haber caminado,

con sus sandalias,

sí es que tuvo.

 

Hubo que haber palpitado

su corazón desvanecido,

aturdido de dolor,

agonía y pesadumbre.

 

Escuchar el eco del llanto,

de un hijo.

De ese tan pesado mendigar,

que a lo mejor,

en su existencia

             ni imaginó.

                                                   

© Patricia Suñer

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