17/10/18

Poema de Chary Gumeta



EL NO SABE

Él desconoce
que un día me iré
que tomaré el rumbo del mar
o el de un lugar ignorado
y me perderé en el tiempo.

Abandonado y triste
dirá que desaparecí
como una lágrima en la lluvia
contará varias historias diferentes
para no sentirse tan solo
para que digan que él es un hombre bueno
y yo una mujer mala.


© CHARY GUMETA

Poema de Estela Porta





con lentitud de plumas cae el tiempo
no existen movimientos raudos
la pajarera azul está vacía
sólo silba la redondez de su silencio
a contramuerte
en el corazón del círculo
la palabra telaraña espera
atrapar los sueños desplumados

y alar la libertad del verso
su vuelo oculto



© Estela Porta



Poema de Darío Oliva



Principio de incertidumbre

Crecen el desasosiego, las cicatrices, 
las cuentas, el cabello, 
como crece el silencio adentro, 
y disminuye el hombre 
a fría ecuación bajo tierra, 
y el poeta a una fracción 
de materia que se disuelve.

Me desconcierta pensar en la ceniza, 
cuando alcance en el viento 
un vuelo semejante al de la golondrina                                
                                  o el cuervo, 
y pensar que sean las cenizas de mis huesos 
las que graznen ese desconcierto.

Es posible que me aferre al insomnio 
para que no blanquee mis ojos 
la sobredosis del sueño, 
como también es posible 
que Dios exista como incertidumbre.


© Darío Oliva

Poema de Susana Zazzetti




así: 
como un perro partido en el medio. 
como el desborde del temblor cuando amanece. 
como una lágrima aferrada a la cola del cometa 
cuando el viento sacude sus 
piolines y la lluvia humedece su papel. 
como los ojos que en remolino buscan 
la dádiva del sueño y 
en una oscuridad remota 
hacen crecer la ternura entre los dedos. 
como el día que centellea  entre abismos. 
como ese lugar vacío donde nace 
el viento: 
así es el 
perdón.


© Susana Zazzetti

Poema de Gabriela Yocco



le han declarado la guerra al caballo / al extenso pasto de su paso
y le han declarado también la guerra a las ubres del sol
a la madeja triste de la lluvia / a los vasos y a las cucharas

le declararon la guerra al pan al plato / a los lentos rosarios de los que rezan
al río a las piedras precisas e inmutables al aire

le han declarado la guerra a mi perro
al niño que juega en la vereda le han declarado la guerra
a su risa su hambre su mano / a su pantalón rojo le han declarado la guerra

más allá y en mi casa han declarado ellos la guerra
en mi patio diminuto y en el mar
ellos
declararon la guerra


y es como si la guerra y su pólvora vivieran en cada cosa
y todo lo mancharan
las manos de los padres los ojos de la aurora las palabras
todo todo tiene olor a muerte acechante a hocico de chacal

cómo haremos para amar en el cuerpo del páramo 
cómo haremos para sanar todas las alas de todo lo que vuela
ay
cuando ellos han declarado la guerra / nos han declarado la guerra
cuando ellos decidieron que seamos
en cada cuerpo que se rompe


© Gabriela Yocco

Poema de Carlos Morteo


  

El vino

entonces el vino
y el niño no sabe de él
pero lo escucha hablar
porque el vino habla
suena en los labios b labial
no dice fvino con v de vaca

quién lo puso ahí
a la par de la luna
en el camino del sol

él llama         el niño crece
lo inicia a creer en la maldad
esparce su aroma al mantel
                el vino lo engaña
lo adormece en alegrías
lo hace avatar
entonces el vino habla
            y ya no calla jamás

quién lo puso ahí
a la par de la luna
en el camino del sol

quiso el amor beber
sus diálogos ardientes
y él agazapado tras la copa
tras los labios  tras la lengua
habla y deja al corazón
en las sombras de sangre
su roja mirada encandila
             el sonido de su voz
confunde a los amantes
el vino habla
                 sin ellos

quién lo puso ahí
la botella a la par de la luna
la copa en el camino del sol 

quién hizo tu cuerpo de mujer
tan perfecto para brindar
y darle letra al vino
y que el vino al hablar
    porque engaña
                           diga sí
tu cuerpo de mujer es perfecto
él lo dice
yo digo la mujer es perfecta
y al vino quién lo puso ahí
lo puso el desasosiego  no la sed
                  mejor que hable él
de tus virtudes y tus esperas
yo apenas puedo con la copa
casi no sé cómo irme de aquí


© Carlos Morteo

15/10/18

Poema de Carlos Carbone


  

Sed

Sediento de infinitos respiro distancias.
No hay agua aquí.
La sed es silencio
                                  puro horizonte.

Seca la lengua de laberintos.

© Carlos Carbone

Poema de Mónica Angelino



POEMA

tengo
(ya saben)
una vaca en la cocina
leche crema manteca
que muchos prefieren no comer
por temor a contagiarse
mi locura

de dulce de leche.


© Mónica Angelino

Poema de Marta Comelli



AUSCHWITZ

Caen
como pájaros dorados
impulsados por un polvo otoñal.
Se retuercen en el aire sin tiempos
y apoyan sobre el suelo,
muertos.
No hay soga
que penda de sus cuellos
sólo un soplo enrarecido
apagando el grito del pájaro
su brillo de oro.

Un escándalo inhumano
flotará para siempre
como  gas que lava,
para borrar la especie.

‘’Shoah’’.
                                                                                                                         
 ‘’Shoah’’:Holocausto
Cracovia, 10.10.2018


© Marta Comelli
Foto enviada por la autora del poema

Poema de Norma Starke




Llueve Pero No Tanto 

Hoy llueve no tanto, pero tan poco, no.
No  parece que estén lavando el mundo.
Los vecinos separan la ropa para otro día
incomprensible sería encender esos aparatos ruidosos
mezclarían sus algarabías con las del cielo
los lavarropas los secarropas y los autos  mojados,
y es mejor lavar en un día de sol/ hoy llueve mucho
bastante pero no tanto
como ayer

los estruendos del cielo empujan recuerdos
de paseos safaris  pero en la selva
no usan lavarropas/ ni secarropas/ ni autos mojados
van al río cuando tiene agua

agua clara      agua  oscura
sin lavarropas
que la ropa blanca   que la ropa sucia
que los autos mojados

y hoy acá llueve poco y las gotas sobre hojas
hacen ruidos/ muchos / bellos sonidos
pero no tanto como en el cielo/
el mismo que está rugiendo
para que llueva mucho
mucho
pero no tanto
como ayer.

© Norma Starke

Poema de Edgardo Brites


  

Pelotón de fusilamiento 

A paso desacompasado 
llevan al reo a su destino
en cumplimiento de su último deseo
se le concede fumar

una tos repentina
y un paro cardiaco
terminan con la vida del reo

mientras el médico verifica

 el pelotón
se mira consternado

afuera del sombrío presidio
arriba de un árbol
en  lo alto
burlándose del destino
unos niños
ríen

© Edgardo Néstor Brites

13/10/18

Poema de María Teresa Andruetto





Con mi hija, en auto

                         A Josefina

Íbamos, con tu hija durmiendo
en el asiento de atrás, hablando las dos
de un modo nuevo sobre cómo lo real
atraviesa la experiencia del cuerpo
y de la psiquis. ¿Estás cansada?,
pregunté y enseguida pensé que había
hablado por demás. En otros tiempos
reprochabas no hables fuerte, no hables
tanto, no hagas gestos, pero anoche,
en la oscuridad del camino que va a casa,
preguntaste por mis partos, mis puerperios,
y yo te conté de aquella noche
llegando más muerta que viva al hospital.
Largué lo que tenía atascado en la garganta
y vos dijiste a mí si me hacen eso, los mato,
te juro que los mato. Hablábamos las dos
de un modo nuevo, en medio del camino,
con tu hija durmiendo en el asiento
de atrás. Entonces me contaste
lo que habías leído, que todo el dolor
que guarda el útero se sana en los hijos
de los hijos, y la resaca que guardaba
se fue limpiando entre los saltos
del auto sobre el ripio.

© María Teresa Andruetto

Poema de María Leticia Ressia


  

Ahí van, las gordas 
corren su sistemática maratón de verano 
las miro por el vidrio mientras la cerveza 
apaga la sed del fracaso 
yo también debería correr 
levantar un pie hacia la sudorosa fe estival 
pero 
Ellas caminan a la par del señuelo que persiguen 
un mantra poderoso las anima 
la silueta, el colesterol 
la conquista de Marte o el fútil 
aroma del celo 
Lleno el vaso, recuerdo el último gesto 
atlético que tuve 
todo lo que quise degeneró en árbol enfermo 
corrí los perros, la liebre 
el hilo de un globo que se escapó 
con viento en contra corrí, a favor 
también, a veces, llegué 
Hubo una bandera en la puerta 
donde la gorda secaba su frente 
y comía manzana 
pero una superior existencia del hambre 
la huella solar de una estrella muerta 
vivía para la ansiedad de la falta 
Como un hámster anduve, el rulo 
del destino 
también era verano y alcancé 
las puertas de lo aborrecible 
una ruda moría su suerte 
y las gordas girábamos en el parque 
la calesita del infierno 
Vuelvo a dejar el vaso 
vacío, sobre la mesa 
adiós muchachas, saluden 
a la que fui 
aquí ya no hay nadie


© María Leticia Ressia

Poema de Patricio Emilio Torne





ASEPSIA AMOROSA

Los amores enmascarados
ya no pueden consigo mismo
lo sabemos en carne propia.
La minería a cielo abierto y las grandes
cantidades de cianuro recuperan el oro
del resto del material removido.
Recuperamos nosotros el oro de los días?
Se cavan cráteres gigantescos
devastan la superficie modifican severamente
la morfología del terreno, apilan y dejan
al descubierto grandes cantidades de material estéril
producen  la destrucción de áreas cultivadas.
El aire puede contaminarse con impurezas sólidas
capaces de penetrar hasta los pulmones.
Nuestros propios pulmones transparentes
de tanta asepsia igual se están muriendo.
El aire sucio con vapores
de cianuros mercurio dióxido de azufre
contenidos en gases residuales
procesos de combustión incompleta
o emanaciones de charcos o lagunas de aguas
no circulantes con materia orgánica.
Aguas contaminadas con aceite usado con reactivos
con sales minerales provenientes de las pilas
para recuperar el oro.
Nuestros sudores clandestinos apestan
en su adrenalina contaminada.
Trabajando con toneladas de roca diaria
es inevitable no generar tamaña contaminación.
Así nosotros detrás de la montaña o parados
en la roca mas pesada y oscura.
Para qué cuidarnos más?  No es hora ya que estamos
de buscar nuestro propio tesoro?
Sé de los peligros acechando.
Pero sé también que amar con tanta máscara
hace que me olvide
de tu rostro y el mío.

© Patricio Emilio Torne

Poema de Leonor Mauvecin



UNA  VELA ME ALUMBRA 

Una  vela me alumbra
y traza signos ilegibles en la noche.

Su luz cubre mi cuerpo
                 juega en mi almohada.
Su luz.
Su mortecina luz.
Su escasa luz.
Su pobreza, tenue
me alumbra y sin embargo
las sombras juegan en el cuarto
                         y me dan miedo.

Pero la luna
baja, sigilosa
y duerme en mi cama como un gato.


© Leonor Mauvecin

Poema de Marta Elena Guzmán




MUJER DE LEÑA

Cuando la tarde se muere en los grillos
el tiempo retorna a la rueda y gira.
Soy entonces una mujer de leña.
El invierno no entiende
                        esta avidez de braza.
Esta siniestra condición de patíbulo.
Lo que hay de pájaro en mí
                          se alimenta de viento
de la suave acidez de los membrillos
de un remoto vínculo entre la caricia
                                          y el lamento
de lo que tienen de sol los crisantemos.
Mientras dure la muerte
          reniego de los profetas del polen.

© Marta Elena Guzmán

Poema de Mario De Luca



Esta mañana

en el café
de la esquina de casa
estamos sentados
tres hombres
cada cual en su mesa

la misma edad
los mismos gestos

la mirada perdida
en un punto distante
¿qué esperamos?

¿una carta?
¿una invitación?
¿una sonrisa?

En eso
una mariposa irrumpe
la persigue un niño y el sol
recorta las siluetas detenidas
se parecen a estatuas
de una plaza en primavera

de nuestros ojos
se desprende un brillo
que atraviesa la ventana
y como una luz
serena y transparente
ilumina
esta mañana de lunes
de cara al sur de la ciudad


© Mario de Luca

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux



CISMA 
  
Opaca laxitud por esta vida, por este universo
de tantos como existen, enflaquecida sombra.
Escueto caminar, siempre en grilletes.
Siempre omitir, callar. Siempre en declive
la procesión de amores que me llena.

Harapos sobre mí ha dejado el cisma,
y el pecado encontró lugar seguro.
Sólo resta velar en mortecina hucha
un corazón en mandamiento ahogado.
No habrá liturgia que salve mi condena.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Mariel Monente



DERIVA

Creer en la deriva, falsa lasitud
apostamos al azar
a la marea
callamos lo sabido de antemano
confiando que el rumbo sea el deseado
                      que coincida
                      que se desate el viento este
                      que la rosa de los vientos
tenga el norte.

El deseo sopla suave, con los labios apretados
finge ser viento
y fingimos creerle a la deriva
de reojo
controlamos los timones.
Los cardúmenes nocturnos
empujan la barca
nos eligen
y tememos más al azar que a la noche.

                                    El azar está allí
                         nos antecede con sus dones.

Nunca es tarde    siempre es pronto
el deseo arde en su capilla
                 acomodamos el aceite
juntamos las manos contra la más leve brisa
el azar                                        
                          lo enciende.




© Mariel Monente

12/10/18

Poema de Marcela Rosales



Octubre       
                                                  
         no tienes alternativa                             
         si quieres enceguecer
               también al viento    
               Giorgio Caproni                                                                                                                                  

Niega octubre
las plantas agrietadas tomando por asalto 
la ciudad, las plazas.
El alud invertido rebalsando los drenajes
la náusea y el hambre.
Niega el hambre 
su roja floración, su enceguecida sed
de muchedumbre.
Toman café en los bares los que niegan
la vibración marrón en el pocillo
el derrame inminente sobre sus pulcros zapatos.
Niega el odio
tras el vidrio tras la reja tras el muro tras la lente
tras la mira tras el ojo
y ciérralo, ciérrate para siempre a su evidencia
porque no entenderás su herida sin la tuya.
Niega el miedo
a la piel a su ausencia a la intemperie
a decir a aguardar ser fulminado
por su roce temprano
-de ese miedo sí sabes
no hables de otro-
Niega el rayo
y húndete hasta el embrutecimiento
si es que no quieres ver
tu única revolución triunfante.

Octubre ya ha ocurrido.


© Marcela Rosales

Poema de Ernestina Elorriaga


  

Padre      qué es el amor?
en tus manos cabían los sueños   en sus cuencas mi cuerpo
ahora    lejos en el camino se pega a mis ojos el recuerdo

Padre   hoy es invierno  la soledad  se ha demorado en  mis huesos
el frío es una sombra decidida a no marcharse nunca
escalpelo de escarcha dibujando lágrimas en el corazón de los colibríes
el viento azuza pasado   presente y en remolino giran las distancias
entonces corro  Padre
corro buscando tus ojos empapados de abismos    tus ojos niños
corro Padre y te veo en estertores que me arrojan al final de los días
y allá cruzando  la helada que cae camino del monte
tus manitos abrazan el hacha
la mañana se empieza

yo era muy niña pero el recuerdo se prendió con garras de mis ojos
 no hay viento ni dios que me lo quiten.

© Ernestina Elorriaga