15/6/26

Poema de Dolores Etchecopar

 


un perro humano

y un hombre perro

se llevan uno al otro

ninguno de los dos sabe qué hacen aquí

pero se conocen y se entienden

los dos procuran sortear los inconvenientes

los pozos los rayos las vejaciones que llegan

intempestivas o esperadas

 

caminan a la par

a veces se ven como dos perros

otras como dos hombres

y a veces no se ven

ninguno usa palabras

pero se dicen varias cosas a la vez

en un idioma de perro y de humano

el aullido de uno el llanto del otro

se confunden

a los dos aflige la pena del otro

y la pena se desvanece

cuando uno se acerca y acaricia

 

también comparten el hambre

sin embargo

después de tragar con igual deleite la comida

queda expuesta otra hambre que persiste

no saben qué podría saciarla

y se miran consternados expectantes

no tienen nada conveniente para ofrecerse

empiezan a agitarse sin rumbo

van de aquí para allá

enloquecidos no advierten que se separan

ahora el hombre es solo hombre

el perro solo perro

de ahora en más uno hará sufrir al otro

hostigados los dos por un hambre imperiosa

de algo que nunca está sucediendo

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de Edda Sartori

 


LA TERRA GRANA

 

lascia amore mio la terra grana

 

los grises modulan esa línea, apenas la descifran, y ella acaba de

 pronunciar un nombre

ah

no es el mío

qué haré ahora

con el espacio de ese nombre ¿esa sustancia? dicho por ella ya ajena a mí

 

el libro en la mano

desposeída de mi nombre

esta visión ajada

trastorno que desmenuzo

agua en el destello

retorno líquido de mi sueño

la sofocación

el sopor del recuerdo

 

cómo haré ahora

qué fluirá

dónde habitaré

más allá de su conciencia

 

tiniebla que resplandece

en la memoria

doblez

doblez que remoza

 

ya infranqueable

 

qué se esconde detrás

quién o qué cuidó la huella desvaída

 

hay sombra en la casa

el levísimo espejo de una gota de coñac escanciada en el agua.

 

© Edda Sartori

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Poema de Ramón Altamirano

 


DESPEDIDA 


                       Constitución, 1817


te vas

me dijiste

y se hizo

un silencio de vidrio o escharcha

yo empiné el último trago

y salí

como quien sale

a desgarrar la noche

hundí la reja de los recuerdos en la tierra

seca

que antes fuera barbecho / promesa / ilusión

 

sin luciérnagas siquiera

más allá del Hueco de los Sauces

es la noche / cardos / pajonales

 

me vi cruzar

de Constitución al desierto

y me dije

que la muerte acabe por fin

con este pobre infeliz

 

la niebla todo lo cubre

no hay estrellas  para mirar

yo quise merecer la suerte de El Alazán

y no me dio  miedo correr

cortando la oscuridad

 

tal vez, como dice el cantor:

                 si "hay cielos pa'l buen caballo"

                 haya un cielo para mi

 

© Ramón Altamirano

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Poema de Paulina Juszko

 

  


atrabiliaria

 

Con los ojos apenas abiertos

te  prendiste  a la teta de la Melancolía

 y no querías dejarla.

Podés verlo ahora

¿lo ves?

 Mirá esos ángeles de papel

cómo se esfuerzan por destetarte

 por arrancarte a ese pecho adictivo.

 Destete fugaz y pronto retorno

 a los brazos de tu nodriza.

Podés verlo ahora

¿los estás viendo?

esos chupetes endulzados de la gente sensata

  y vos chupeteando un poco

   para volver y volver y volver

   a las tetas de doña Acidia

   a chupar esa bilis negra

  que te circula


             aletargándote

                adormeciéndote

      aislándote.

                                                                      


© Paulina Juszko

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Poema de Cintia Eleonora Ceballos

 


Hacés reposo en lo terrible,

ante los ojos del aire replegás

las formas en las que el fuego

se presenta a buscarte.

No pudo escabullirse de tus manos

la infancia, aunque lejana

en eterna presencia. Y has logrado

desventuradamente reproducir la imagen invertida

de esa afrenta. No es nuestra

la palabra que brota en manantial

sediento. De todos los colores

elegiste el silencio

repleto de palabras punzantes,

ásperas al contacto de mis dedos.

No pretendo avivar

el fuego de aquello que fue y

lo que no ha sido. No hay tiempo.

Lo único que pude fue escucharte.

Como un loop reproduce

mi mente un pasado que nunca

formó parte de ningún presente conocido.

 

Hacés reposo en lo terrible y

la dulce pereza de los sueños

se aleja sin ser advertida. No hay agua

en tu jardín y sin agua

la vida no es posible.

Día a día más lejos

sin  modo de estar cerca

me aproximo.

 

© Cintia Ceballos

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

 


El árbol de los ahorcados

 

He oído la voz del árbol detrás de la niebla,

conozco el ruido de las hojas cuando caen.

 

Los ahorcados se balancean de espaldas al sol,

                          veo sus sombras en la hierba,

      escucho el canto de los pájaros negros.

 

En cambio,      Dios no escuchó nada,

en cambio,      Dios cerró los ojos.

 

Reconozco el ruido que hacen las hojas,

las marcas de la soga alrededor del cuello.

 

Veo los pies de los muertos,

                         veo mis propios pies.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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Poema de Ivana Szac

 


En el patio de mi casa

cuelgo la ropa

acomodo las macetas

una al lado de la otra

saco hojas amarillas

 

mi madre se enoja

cuando cae agua por todos lados

              

 ella no sabe

 que mis ideas son capullos

 que florecen y mueren

en atardeceres efímeros

 

a papá ya no lo veo

desde que se fue a un campo

a sembrar girasoles.

 

© Ivana Szac

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Poema de María de los Ángeles Fornero

 


1

 

llego a este planeta

de sol y nubes densas

 

respiraré por primera vez

y se me colará por dentro

un ardor que quema

lo que toca

 

me dolerá el pecho

y mis venas de celofán virgen

se irán ajustando lentamente

a una moldura de acantilados

filosos.

 

comenzará en la misma fracción

de segundos esa marcha borgeana

de espejos

a una muerte simple

segura y multiplicada

 

 

2

 

y en una oración de dioses y panes

debí aaprender que nos manden

el de cada día

y a que se haga su voluntad

 

-ni la mía ni la de mis hermanas-

 

entonces nos vimos obligadas

a sacarnos los clavos

y las coronas de espinas

sin permiso

a fabricarnos el pan que iba a la mesa

 

y desgarradas

                 escribir

                       la poesía que faltaba

 

© María de los Ángeles Fornero

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14/6/26

Poema de Leonor Mauvecin

 


Celebremos el umbral

la simple posibilidad de la partida

la textura gastada del mármol de la puerta

su leve curvatura / su porosidad añeja

eso que sugiere la íntima belleza / en la huella del tiempo

y el paso inevitable.

 

Celebremos el umbral

 por donde volveremos / y volverán

los amigos / los hijos a buscarnos

y nosotros a transitar los sueños.

Por donde vendrá / qué duda cabe

la cuota de renuncias y de olvido.

 

Celebremos el umbral

Detrás de él quedó:

la casa solariega y el murmullo del agua

algún septiembre y aquellas primaveras.

La noche cargada de perfumes / y tanta mínima historia

con que tejemos la vida.

 

Celebremos el umbral

la simple posibilidad de la partida

la textura gastada del mármol de la puerta.

                                          

© Leonor Mauvecin

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Poema de Luis Raúl Calvo

 

La Náusea


Los que escogieron la náusea

nunca han vomitado.

 

Abrir mortajas en un hospicio

es ocultar la cuarta dimensión

de la tragedia.

 

Caminar descalzos, desde otro

ángulo, en otra superficie.

 

Vigilar con el delirio

también, desde otra circunstancia.

 

© Luis Raúl Calvo

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Poema de Patricia Alonso

 


"Dulzura"

 

Un aroma a naranjas

y el sol

entibian la mañana.

El camino

se endulza

en el recuerdo

de la niñez.

Aroma a naranjas

va perfumando la nostalgia.

 

Hoy, mi infancia

se tomó de mi mano

y me abrazó.

 

© Patricia Alonso

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Poema de Beatriz Belfiore

 


Tiempos difíciles

 

Las abejas buscan flores,

desesperadamente,

los árboles, ser salvados;

el odio se incrementa,

las guerras acorralan,

el enemigo acecha…

 

¿En qué año intenté

escribir este poema?

¿Fue ayer? ¿Fue en 1920?

 

Aprendizaje cíclico,

karma no sanado,

mundo convulsionado,

un mano a mano con la agonía

y estas letras en mi cuaderno

queriendo sobrevivir.

 

© Beatriz Belfiore

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Poema de Demétrio Panarotto

 


Rayuela  (capítulo ocho)                                                                                                                             

La rayuela

en el campo minado

es pisar granadas

que explotan

una a una

bajo mis pies

 

la tierra

dulce como siempre

drena la sangre

de los cuerpos estofados

 

las calaveras parecen

hojas secas de otoño

 

el cantar de los

pájaros

una ráfaga

de ametralladora

 

mi pueblo

mi cuerpo

mi sangre

 

en la guerra se termina

solamente 

solo

suelo sin sol

sin solo de guitarra

sin melodías o recuerdos

 

yo

que no creo en dios

con los brazos

extendidos en alto

anticipando el próximo movimiento

te ruego que no

lo encuentres

ahora no sería

te juro

una buena idea

 

[mi boca tiembla buscando una boca que ya no tendré]

 

© Demétrio Panarotto

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Poema de Matías López

 


ALGUIEN ME INVENTA

 

Alguien me inventa

me dibuja en la faz de la penumbra

y delinea con sus iris mi silueta

Alguien me esculpe

con sus manos foráneas

me incorpora al espacio

con la forma del símbolo

Alguien me expresa

me recrea entre sus dientes

y sólo soy porque me nombra

 

© Matías López

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Poema de Margarita Soto Frossard

 


“El amor por los libros

es uno de los regalos

más selectos de los dioses.”

Arthur Conan Doyle

 

Libro

 

Fluir de universo de musas

infinito enfurecido de mundos

rasgando historias

ventana de palabras

aliento de dioses

            libro            guardián de fábula

            prisionero de fantasías

            vastedad de silencios

imágenes danzan desnudas

colgadas del vientre de las paginas

                         recipiente de sueños

                         que aleja la ignorancia

guerreros de tinta en remolinos de hojas blancas

se deslizan por la mente

                     libro            fruto de brotes

                     de lluvia, de canciones

                     en el fondo del tiempo

lagunas con alas en sus entrañas

almacén de árbol y corazón de tierra

                   libro            regalo de los dioses

                   fugitivo tinte de mariposa

                  conquista una bruma de leyendas

                  penetrando las miradas

trasmutando aroma de oasis

que florece en las manos del lector.

 

© Margarita Soto Frossard

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