4/3/26

Poema de Alejandra Boero Serra

 


La caracola susurra,

en mi oído,

la historia del pescador.

 

En sus manos,

el arte de la pesca.

Su barca,

un libro de aventuras,

borradores,

unas notas a pie de página.

 

En esta orilla,

siempre es lunes y

llueve

y hace frío.

 

Es noche de noctilucas.

 

Un barquero zarpa.

 

© Alejandra Boero Serra

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Poema de Ana Gervasio

 

prodigio

 

son frágiles, apenas visibles criaturas

las que asoman en tus ojos

las noches del miedo.

atraviesan el cuerpo violentado,

el terrible silencio de tu boca

 

¿qué pájaro anidó en tu frente?

¿quién llora, todavía, como un náufrago

aferrado a tu pubis?

 

no era así como se nacía al amor

no era borrando el nombre de tu espalda.

si lo escribieras, ahora,

un dulce animal devoraría tu rostro.

 

¿de qué perdido fulgor volviste?

 

era un osario aquel paisaje helado,

el recuerdo de unos huesos queridos.

 

no era una puerta abierta

la que sostenía el prodigio de la vida.

eras vos, tu asombro atiborrado de jardines,

tu deseo, capaz de encender la eternidad.

 

© Ana Gervasio

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Poema de Adelina Lo Bue S.

  


EL OJO DEL TIGRE


                                  A Giacomo, Franca, María Rosa


En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

lo incierto cambia

en un espacio de silla.

 

Acaso, tal vez pronto

mi voz sea tierra,

pantanos de palma,

plantas de café.

 

En un lugar,

entre caminos de cocos;

entre montañas,

acequias asfaltadas,

el mundo dejará mi barco, una vez más.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

en el invierno yo quise

ser tumba enamorada.

 

Cuál será el oscuro seno de la vida

que se aleja, que se lleva, que nos llama.

 

Desconocido marcha lo indecible

la palabra mar también nos es desconocida

entonces,

¿cuál es, corazón, el eje rotado

de lo indecible a lo decible?

El verano espera el rojo luminoso. Lo presiente.

Cual una esponja el hombre absorbe lo posible

y derrocha lo imposible

siempre al alcance como un vaso de agua.

 

Espacios de piedra

donde nosotros trazamos las ciudades

sin ningún sobresalto

para que el atrevido invierno

no dé muerte al ojo del tigre que nos aguarda.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano.

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Alejandro Cesario

 


Memoria

 

Aire aciago.

 

Hondones lóbregos

fosas enlutadas

eco escalofriante

asesinatos gélidos

sonrisas desgajadas.

 

© Alejandro Cesario

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Poema de Águeda Franco

  


               mis amantes levitan en la noche

aparecen sencillos caminando en mis sueños

como si nos hubiéramos despedido ayer

vienen del inframundo

hombres que amé desoladamente

hombres que alguna vez me amaron

 

      (mi piel tenía olor a violeta

       nacida en los resquicios    ese húmedo aroma)

 

¿querrán anunciarme algo?

¿que mi tiempo se agota, por ejemplo?

¿son mensajeros?

¿son advenedizos que permean la seda

que  separa los mundos?

hombres que me quisieron a mansalva

o con una locura difícil de domar 

 

si me amaron

¿qué amaron?

¿mis ojos como pozos de tristeza?

¿mi silencio de  brea?

¿mi compañía austera pero fiel?

¿la estrella en fuga que me cruzó la frente?

¿qué habré sido para ellos?

¿una raya de luz en el cielo nocturno?

 

no exigen   no intimidan

aparecen de a uno cada noche y me miran

figuras mudas contra un decorado

 

algo tienen de mí

algo me dieron

 

viento de otoño los arremolina

los sube a la memoria

los desgrana sobre un colchón de hojas

para que ya no duela

 

© Águeda Franco

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Poema de Alfredo Rescia

 


Felicidad…

Te buscamos

entre los tallos

siempre verdes de la vida.

 

Atentos al cielo

de tus estrellas fugaces.

 

Y de tu voz

sólo nos llega

algún eco.

 

© Alfredo Rescia

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Poema de Anahí Duzevich Bezoz

 


A veces…


“La simplicidad es la gloria de la expresión”

 Walt Whitman


A veces …           

Escondo mi luz

 en tu oscuridad.

A veces…

llego como una rama rota

al lecho de páginas blancas.

En un extremo de la noche

comienza a vestirse mi sombra.

La mentira se esconde

la verdad araña las palabras.

A veces…

En tu oscuridad

busco mi luz.

 

© Anahí Duzeviz Bezoz

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Poema de Patricia Alonso

 

 

LUNA Y MISTERIO


La luna lorquiana

sabe a misterio

como es misterio la vida

como es misterio la muerte…

Deshoja rayos plateados

en campos floridos

en campos inertes.

Es espejo para Narciso

y luz de presagios.

Por las noches esconde

amores, ilusiones, sueños…

enciende paisajes nocturnos

recorre atardeceres,

acompaña senderos

mañanas, ayeres.

La luna lorquiana

es misterio

alondra temporaria

de luz incandescente,

sueño nocturno

de poetas, locos

pobres y ausentes!

 

© Patricia Alonso

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Poema de Walter Mondragón

 


...HACER LAS COSAS!

 

Uno no puede cambiar las cosas

Lo que no está en sus manos cambiar

O cómo hacer para no comer o dormir...

(o defecar)

Nuestra condición animal nos recuerda

Nuestros límites.

Podemos sí, luchar por ser libres...

Desarrollar nuestras potencias:

Ser, en la medida de lo posible,

Hacer, hacer, hacer

Lo que nuestro propio corazón, el cerebro y las manos

Nos dicten

Hasta nos den nuestros sentires, ideas y fuerzas.

Ir hasta donde los pies y las alas nos permitan

Vivir cada segundo como si fuera el primer vagido...

No dar el brazo a torcer

...Luchar hasta el último aliento!

Para no ser inferiores a nosotros mismos.

 

© Walter Mondragón

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1/3/26

Poema de Osvaldo Rossi

 


INSTANTES 

 

Qué era el universo antes del principio.

Qué había en ese brevísimo instante,

en ese chasquido,

en esa brizna invisible. Qué había.

 

Tal vez fue polvo, imagen,

materia informe, silencio.

Quizás fue duda, noche

vastedad insondable, pensamiento.

 

Qué hay, qué había en el segundo

previo al amor, a la muerte,

previo a la codicia,

a la taza de té, los diluvios,

previo a los zapatos y a la jungla.

 

Qué había antes del primer murmullo,

del primer cometa, de la palanca, la rueda,

del jardín inicial y la fruta prohibida.

 

Qué era el tiempo antes del tiempo.

 

Y qué era dios antes de Dios.

© Osvaldo Rossi

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Texto de María Soledad Gutierrez Eguía

 

          

SI EL PÁJARO 


Dónde hallar aquella puerta que abra y cierre el silencio sin el reclamo de la palabra que lo rompe, en la mudez que estremece al que lo oye.

Alguien venía por mí.

“Se acercan rápido” dicen mis hombros y me empujan al camino.

Un pájaro hambriento, con los “límites del hambre”, devorado, se fija en el crepúsculo, ensaya mi huida. Me huye, se aquieta. Asciende donde otros pueden ser, donde cerca la puerta. Penetra apenas. Se repite dueño del viento. Se acurruca en su puño. Cruza aún la hora del silencio. Retorna, se repite.

¿Dónde hallar el intersticio, el umbral?

No al reclamo, no a la mudes. Solo el silencio.

Quisiera decir lo indecible.

Pájaro en vuelo. Me huye con un pétalo azul en el pico. Se llevó mis pestañas el día que pedí silencio; se llevó mi nombre oculto en la niebla. Se llevó la ventana y los árboles. Estallaron los goznes.

Se llevó la palabra no dicha, se llevó la noche en que me esperé.

Retengo un sonido en la herida; retengo el germen donde hiberno.

Solo quería hallar la puerta; solo el jardín de lilas donde descansar mis hombros.

Si la memoria del agua. Si el canto sibilino cesara en el último silencio.

Si no ensayaran mi muerte.

Si el pájaro.

 

© María Soledad Gutierrez Eguía

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Poema de Virginia Caramés

 


Pequeños poemas no tan japoneses

 

Luz de retablo

Pintor incrédulo

Crea vírgenes

 

***

 

La pinta a ella

Le va a tocar la cara

Aunque es la reina

 

© Virginia Caramés

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Poema de Pablo Jacinto Carrazana

 


         ha iniciado el sutil trabajo del otoño 

recordaré el sol de enero

que supo darme calor

 y ahora

se desgarra como un animal

herido

que canta solo

para nosotros

 

© Pablo Jacinto Carrazana

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Poema de Patricia Berho

  


Hubo un arrebato 

 

A veces

viene un torbellino

todo se corre   

         se pierde

deja una sensación amarga

 

y ahí un remolino de libros

pasan por mis sentidos

los reconozco

son los que presté

y no regresaron

 

duelen

uno que no había leído

otro que ame mientras fui

hasta el de la triste inversión

 

Luego

        pasa

veo como se aleja

su envoltura de polvo

 

        pasa

con su sabor su aroma

 

Respiro

          lo dejo ir

con el deleite

de una nueva lectura

 

© Patricia Berho

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Poema de Raúl Orlando Artola

 

 

La Habana, 1958

 

Chucho Valdés le afinaba

el piano a mi abuela

cuando vivíamos en el malecón

y ella regenteaba un burdel.

Mi abuela le decía

negro buaié

y lo esperaba días y días

prendiéndole velas

al Santo de los Negros Afinadores.

Lo atendía con café y canela

mientras Chucho le afinaba

el instrumento.

Así aprendió a tocar

el piano.

Mi abuela creyó que era

un desperdicio

que negro tan lindo y hábil

sólo usara el clavijero

como parte de su trabajo

y no por puro placer.

Entonces le permitió

que deslizara sus dedos

por todo el encordado.

Era una maravilla

cómo sonaban las cuerdas

del piano de mi abuela

en las manos

de Chucho Valdés

practicando.

 

© Raúl Orlando Artola

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