26/8/26

Texto de Hugo Francisco Rivella

  


La sombra también es parte de mi cuerpo

la furia del halcón sobre la presa el vuelo en la marea y el ventisquero

con soldados gritando en el combate y el timón de la barca que se hunde

igual a la rosa de los vientos

el ojo de alquitrán que en el minero busca a cada mazazo ser espejo

y ser el golpe que despierte al ángel que lambisquea la boca de la muerte

la sombra del que huye del abismo y se achica al extremo de ser nada si el sol la estruja desde un cenit absurdo y amaga como un dios con amurarla

ah mi sombra mi daga mi respiro los ciclones que vienen desde el tiempo

los trenes que destellan un humo silencioso la selva los jaguares las loras y los sapos

la sombra de mi madre cuando enfermo y la fiebre me llenaba de fantasmas de huecos silabarios de pozos con gorgonas con comadres tristísimas de luto llorando sobre el muerto que las llama con arcabuces para asesinarlas

el muerto no se muere si no lo matan en la cabeza de todos los que ama o lo amaron

o le dieron responsos que lo salvan de ser un muerto eterno

la sombra del que soy sobre la nieve

 

© Hugo Francisco Rivella

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Poema de Carlos J. Aldazábal

 


Pasionaria (Samokitaj)

 

Nubecita que llovés en mis ojos,

ventisca que escupís el arenal para que vea,

así te encuentro, mensajera del furor

y me desarmo en gorjeos,

como si un pajarito te cantara.

Después viene el enojo,

el hombro levantado de la ternura

que me hace desbaratar la previsión,      

y luego del enojo, pastizal comido por el fuego,

la delgada inocencia de una boca que dice:

“Cantorcito desalmado que me hacés de tu séquito,

yo te enciendo en la ventisca arenosa

para que me veás y logrés encontrarte,

esforzado rastreador, vos que no sabés de tu presa

más que el sonido de las ranas, el sonido de la tormenta,

esa que viene, agua de río, para hacerte escarmentar”.

 

© Carlos J. Aldazábal

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Poema de Mirta Venezia

  


LA GUARDIANA DE LAS HORAS  

 

creo en las estatuas

en su porvenir de palabras

en su hálito fragante cuando paso

en sus mensajes cifrados que me arrullan el oído

las atravieso en medio de la neblina de hoy

las nubes han bajado hasta las calles, se dejan tocar

 

es día de milagros

 

así como los muertos conocen

el corazón de la piedra

así una canción puede ser labrada

por los bordes que se pierden

y llevarnos en su abanico de alas

 

así este ensueño enhebrado en las esquirlas

puede ser un cobijo

para la invisible guardiana de las horas.

 

© Mirta Venezia

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Poema de Pablo Carrizo

  


De la piedra a la ceniza

 

Ve

alguien todavía  te escribe

 

se frota a ti

como un fósforo cortísimo

que tiembla

de la piedra a la ceniza

 

Quizás no has visto

 

Ve

alguien escribe

tu llanto con su vertiente

te aparece

como un animal que regresa

hacia su cavidad

 

Quizás no ya

 

pero mira

no hemos dejado

de titilar

 

como un trueno

aún sonamos

a otros la extensión

 

 

Sabemos que estamos perdidos

 

Sabemos que caminamos

 

© Pablo Carrizo

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Poema de Mariana Miranda

        


SUEÑO


Quisiera un sueño

Tibio

Dorado

Cantado

sobre este suelo.

 

Quisiera un sueño

tuyo

creado de a dos.

 

Quisiera un cielo

Tibio

Crecido

Rodeado

de estrellas nuestras.

 

Quisiera un alma

un alma sin penas

limpia de arena.

 

Como una página en blanco

limpia de letras.

 

Quisiera una felicidad

grande

como toda la Patria entera.

Suave

Como un vestido de seda.

 

Apretada

como la piel que uno lleva.

Tostada

por el sol de esta Tierra.

 

© Mariana Miranda

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Poema de Anahí Duzevich Bezoz

 


ES OTOÑO

 

Un pétalo herido,                                                                                              

se despojó de la flor

 La flor llora por la herida

 el pétalo en desahogo

 se hospedó   

en la profundidad de mis manos.                                                                         

En cerrada conmoción a cielo abierto                 

es posible su matiz determinarlo con la vida                        

y armonizarlo en una sombra desprendida

en raíz y espacio.                                     

Un solo pétalo

y la unidad universal

 anhelante en el hueco de mis manos.

 

 Es otoño…

un pétalo herido…    

 

© Anahí Duzevich Bezoz

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Poema de Ivana Szac

  


Nadie me enseñó a cortar el pasto 

aprendí con el movimiento de la máquina 

recorro el terreno 

de manera horizontal 

el sonido del motor 

me recuerda a los molinos del campo

 

junto montañas de pasto 

rastrillo esa extensión verde 

desde la ventana 

veo los ojos de mi madre 

y pienso: 

 

cortar el pasto 

también se parece 

a escribir un poema.

 

© Ivana Szac

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Poema de Fernando Gabriel Vaschetto

 


FRENTE A LA TUMBA DE UN SOLDADO DESCONOCIDO

CAIDO EN MALVINAS

 

Se que sos un hermano para mí,

porque pude entreverte en ese sueño

en el cual del destino tú eras dueño:

fruteciendo feliz, en paz te vi.

 

Pero quiso el temor marcar la hora

de que dejaras sueños y alegrías

para sufrir temblando noches frías

con promesa de muerte en tu deshora.

 

Se que no te arrepientes de haber ido,

que tu barrio y tu hogar fueron contigo,

aunque nunca hubieras perecido.

 

Por amor diste todo, convencido

de que eras mi hermano, te lo digo

¡Por tu tumba este suelo es bendecido!

 

© Fernando Gabriel Vaschetto

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Poema de Eliana Amschlinger

 


La cebolla crece húmeda

en el útero de la tierra

las uñas agotadas del anciano

expropian su cuerpo

de la patria

las botas embarradas del capataz

expropian su vejez de la vida

y así engendra alimento la naturaleza

se posa y observa

a sus hijos devorarse.

 

© Eliana Amschlinger

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Poema de Cristina Noguera

  


LOS DÍAS

 

Hay días de luz

horas ciegas.

La memoria hilvana

instantes, momentos

pancartas de dolor.

 

Hambre, injusticia

envuelven el mundo.

Los poetas gimen

lloran en los versos.

 

© Cristina Noguera

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24/8/26

Poema de Alfredo Lemon

 


Carta al poeta Hugo Francisco Rivella 

 

La rosa por sí sola es razón suficiente.

Somos lo leído, aprendido, sustraído.                  

Palabras puntas de un iceberg,

bocetos para un identikit.

 

¿Quién no desea encontrar un rubí en el lodazal?

El jaguar duerme cerca de la belleza.

 

Hay versos improbables que no recuerdo.

Hay versos que ruedan adelante.

Hay versos que esperan el después.

 

La distancia es pura ausencia.

Lo cotidiano propone una ficción inédita.

 

Cada artista tiene una locura.

Hay que jugar y fugar.

Al imaginar sucedan las cosas.

Lo irracional se engarza a o sublime.

Los deliquios permiten adivinar el mundo.

 

Lo remoto erige una ilusión grandiosa.

Lo pequeño explota en lo excesivo.

El bautismo del comienzo.

El fuego que nutre el núcleo.

El cráter de la revelación.

La incierta maravilla.

 

¿Cuándo se fueron las bestias y el cazador?

¿Habrá respuesta a la pregunta que no se hizo?

Se recogen frases, párrafos, ideas.

Se amontonan como mantas en el tonel de Diógenes.

Lo suficiente es riqueza.

El talento no es gratuito.

 

¿Cómo escribir un poema imposible?

¿El diablo se distrae o Dios juega a esconderse?

Nada es profano.

 

Hay un ritual en Salta que quema un muñeco niño.

El bufón de plástico se mira en un espejo de arena.

¿Será el rostro de lo terrible que apenas soportamos?

 

El infierno es la risa de los otros.

¿N’est-ce pas Jean Paul Sartre?

 

Basta una bala para detener el tiempo.

Demasiado pronto, demasiado tarde.

Las estrellas apuntan a los cohetes.

Los pájaros de Hitchcock picotean árboles de piedra.

 

Toda acción es política en épocas de catástrofe.

Orinamos sobre los manuales de cátedra.

Incendiamos títulos, premios, currículum vitae.

 

 

Cualquier propósito resulta un problema.

El crimen y el amor son implacables.

Contra los alambres de púas no pueden ni los bisontes

ni el psicoanálisis.

 

Oh San Cardenal místico y terreno:

dame una corona dorada para la Virgen de Urkupiña.

 

Los años recitan un libro gigante.

Nadie lo desmiente.

Las fábulas hacen visible una sensibilidad.

Un gato corriendo en la nieve bajo la luna.

 

Negro querido…

Vení a bailar conmigo el devenir.

¡Rememos juntos hermano!

 

Mucho vacío.

Una noche larga.

El preludio de algún quisiéramos.

Un nuevo orden.

Una sociedad distinta.

La errata necesaria.

La utopía perenne.

Un último flash de sol.

 

© Alfredo Lemon

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Poema de Lorena Luna

  


desmonte

 

si al podar lo que sobra

también cortamos la memoria

 

si en la maleza dormía algo nuestro

algo que aún no sabíamos

 

entonces

que queda cuando desmontamos la cizaña

quienes somos cuándo se va lo que sobra

 

ahí

en lo más roto

se encuentra el alma

 

© Lorena Luna

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Poema de Lucas Margarit

 

  

CINCO POEMAS LEÍDOS OTRA VEZ

 

                                                               para Andrés


no fue adrastra quien cargó

los remos

manchados de humedad.

ni quien en la tierra

con las manos húmedas reconoció la tierra.

 

la misma

lluvia junto a la memoria partida

 

su cuerpo

virgen de varón

reconoció

la mano de un hombre

 

© Lucas Margarit

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Poema de Lucía Franchi

 


León, llama, cactus

 

En la columna del verbo

algunas palabras se aferran

a las vértebras de tu poesía,

la que fue hecha por todos.

 

Tus ojos son el párpado hundido

de un mundo ajeno al cielo.

Mis creadores me envuelven

cuando despierto angustiada

por tu lenta proximidad.

 

La estrella en tu frente

escribe mi nombre

me llama, me invita,

y aunque la rosa no florece,

esparce sus semillas

en mi vientre herido,

crea un niño verde

que se enreda en el cuello

y distribuye el poco aire

que me hace ser persona, ser vivo,

pide a gritos que plante un bosque

con todas las memorias que se perdieron

cuando la palabra todavía

no le pertenecía a tu poesía.

 

© Lucía Franchi

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Texto de Daniel Gayoso

 


EPIFANÍA

 

Nunca había visto tus alas. Sólo en la penumbra del silencio se mostraron en tu espalda. Aéreas, como un ave que volviese a la mano donde nunca llegará. Aéreas y terrestres, con estrías de colores, que la mirada asedia vanamente. Amor: cada uno habita un cielo y apenas la bondad vence, un instante, los años luz que nos guardan.

 

© Daniel Gayoso

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