15/12/18

Poema de Sandra “Tana” Pasquini





Pongo la noche a arder en tus pupilas
dos lámparas fantásticas
destellando con el fervor del relámpago
doy de comer en mi mano a las bestias del asombro
las alimento con trozos de espejos recién trizados
la madrugada se propaga como un incendio
ahora dormís a mi costado
y por lo bajo entono salmos en la oscuridad
para guardar tu sueño
mi voz oscila vaivenea con tu respiración
se acompasa a tu sístole a tu diástole
un ramillete de tréboles brota de tu nuca
entre tus pulmones arde una colmena un rubí palpitante
nuestro lecho se eleva como un pájaro
como un animal fabuloso por los aires
anda entre taludes rasga con su garfio
la delicada tela del agua
debajo de sus alas florecen nardos y madreselvas
animal fragante aturdido silabea las palabras del delirio
canta su goce más profano
después nos arroja de pecho abierto al mundo
y nos nombra con nombres de mortales
mientras vos dormís a mi costado y así dormido y absoluto
alucinado entre visiones
volvés a nacer.

© Sandra “Tana” Pasquini

Poema de Patricio Emilio Torne




ÁNGELES

Yo dormía cuando los ángeles se volvieron humanos,  al despertar no reconocí sus rostros alterados. Pensaba que el río era una fuente, ya no de sabiduría, sino de felicidad para que los años no  vengan a empujarnos con obligaciones. No era necesario saber soñar, yo me acostaba rendido de tanto sostenerme contra la corriente. Uno nunca sabe lo que aprende, se encanta con los días soleados, hasta que las preguntas llegan como tormentas y hay que responder para salvarte del aguacero. Entonces “no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre”, salvo la de ir al río, y disfrutar de una gloria que se iría achicando verano tras verano. Ahora, mirando desde la orilla, tomo la memoria como un antídoto y vuelvo a nadar para que la derrota no me alcance. Si un ángel me tocó en suerte ha de ser el que se acostumbró conmigo a los cambios de paisajes y estaciones o apenas vio que aprendí a soñar, se volvió a su casa en la primera pesadilla.

NOTA: “no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre” pertenecen al  monólogo inicial de la película “El Cielo Sobre Berlín” (Las Alas del Deseo) dirigida por Wim Wenders con guión de Peter Handke.

© Patricio Emilio Torne

Poema de Andrea Farchetto



Esta casa
huele a sopa
y a abrazos
de los que
se van,
de los que
se quedan,
de los que
vuelven
al nido,
cuenco de barro,
que siempre
tendrá
comida
de colores y de palabras
para saciar
la esperanza.

© Andrea Farchetto

Poema de Isabel Llorca Bosco



FINES DE DICIEMBRE

                                      A Clara Inés Cortazar

No estamos en abril, encrucijada. 
Elección dolorosa, áspero tránsito con un final feliz y triste 
De diciembre se dice que es encuentro 
despedida 
con una pizca de disgusto y nostalgia aliterada 
igual que esta escritura. 
Creo que es una estrella de caminos, 
cuyo centro es cada uno de nosotros. 
Cae el sol en plena noche con rayos de luz 
 Solsticio de verano. 
Bien lo sabía Constantino, sacerdote del Sol, 
en el concilio que reunió. Quiso que coincidiera 
fiesta pagana con fiesta de cristianos 
para el nacimiento del Camino 
por el que se podría ir hacia Dios y estar en Él. 

Mientras unos desean que las fiestas pasen, que 
pase el año cuanto antes; otros van a la estrella solar. 
OÍ decir No quiero  poemas ni cantos, 
sólo el silencio de la gruta. 
En la “noche del sentido·” toda recogimiento. 
El antiguo mes décimo no es lo concluido o lo perfecto 
A veces se nos olvida que somos una estrella de caminos, 
de esfuerzos y gustos nuevos. 
De senderos posibles que nos esperan. 

                                                                   
©  Isabel Llorca Bosco

Poema de Mirta Venezia



Destierro

Hay una mujer que muere
desde la carnadura .
Llega jadeando  hasta la fuente seca.
Muere de piel errante.
-Suburbio de gorriones-
Sin registro de su centro
 no encuentra las huellas
del efluvio.
Aúlla como los santos inocentes
sabiendo que no habrá
quien oiga
ni comprenda
esa sed que trae del exilio.

© Mirta Venezia

Poema de Elena Garritani



EL VIOLÍN IRREMEDIABLE

Surtidor de la noche  magma ebrio donde mi cabeza sacude
la palabra sin bordes,
la escoria de la dicha,
los estorbos del ángel.
Entonces - rémora sin ascua-  retrocede  al espejo
y no niega el milagro que concede,
un mínimo despliegue de histerias y dos o tres escenas
de dolor  in pectore  ad libitum,
punto extremo del alma - ditirambo perfecto-
donde la compasión se  excede
y todo extremo es caída y cenizas en el punto preciso
donde tiembla la vida.

Y en ese extremo  las uñas de Dios rasgan los signos
de las cavernas,  y sangran:
porque hubo un río de oscuros reflejos
que borró las orillas.
Y hubo asedio, guijarros,  aldeas devastadas
después del silencio, el canto de los pájaros.
Entonces, dentro del huevo incandescente, caos, pensión
de mares , suburbio de  galaxias:
ejecuto  el violín irremediable  del que tiembla
en el espíritu del  bosque.
                                               
© Elena Garritani

Poema de Norberto Barleand


  

Candiles del Olvido 

A veces
retorno en las ausencias
por nubes de magia color tiempo

caricias callejeras
rodando por la infancia.
y
las penumbras.

Acaso
fugaron con los gorriones
entre los árboles cansados
y las alas perdidas

en los ojos de algún duende,
con los hijos

tal vez
en otra mirada,

o en los pequeños candiles
                                del olvido.


© Norberto Barleand

Poema de Ana Romano



Viñeta

Malgasta
la insana
sus preferencias
de fármaco-migrante:

empolla
la pandemia.


© Ana Romano

Poema de María Laura Coppié


  

Debo haber malentendido algo* 

                             No es infierno si te gusta cómo quema.

Alcanzan unos segundos para eliminar un mundo.
Ya no quedan juramentos sagrados:
sólo el efímero registro
de la historia que cada uno se va contando.
No debimos confundir fuegos artificiales con destino
y, sin embargo,
cuando en una de las vueltas del recorrido
enfrentamos el brillo del agua
casi me zambullo nuevamente.
Allá había dejado mi corona,
la medallita del San-Expedito-encuentra-hogares
y la ilusión de lo inoxidable,
quizás todavía estuvieran las brasas listas,
esos corazones crepitando en el barril,
nuestras sombras cuchicheando
-la suya y la mía-,
cada una doblada sobre sí misma,
colgada del alambrado como la ropa húmeda
olvidada después del denso verano.

Esa tarde Dios dirigió una película increíble, ¿te acordás?
Telones fucsia y nubes ardiendo
mientras yo cebaba mates con lágrimas
y agua amarga como los besos de los peces,

y tarareábamos la música pendiente del viaje anterior.
Buen nexo, éste de la unión vehicular, dijimos,
justo cuando su nombre apareció en la pantalla
y el latido interrumpido
y mi mal humor disimulado por el apoyacabezas.
Mensajes a otros destinatarios,
kilómetros y kilómetros de ruta vacía
y la mulita que casi pisamos
y el mar gritando desde el espejo retrovisor
volvé, acá sí te queremos, volvé.

Humanos, la más caníbal de las razas,
y encima obnubilados por esas épocas
reducidas a pobres reflexiones
en espejos que rompemos cuando nos vamos.
Convertimos todo en residuos, los humanos.
Y cavamos fosas a la intemperie aún sabiendo
que no tiene sentido luchar contra los muertos:
sus voces son implacables,
llevan los pies pesados
y el alma que les queda pequeñita

Pero no, manejá más, conductor designado.
Más, más lejos.
No me expondré a la desgarradora rutina
de los sitios que en otros tiempos
me fueron familiares.

Todavía soy la que llama al viento.
Y él me responde.


*A partir de un poema de Lawrence Ferlinghetti, actividad realizada por Viajera Editorial. Mar del Plata, marzo 2018.


© María Laura Coppié

Poema de Beatriz Puertas





Sí yo me río

No tendría gracia reírse
Cuando estás conmigo
Si me duelen tus penas
Como trampas de oso
Encerrando mis piernas
Hay que reírse en medio del combate
Cuando todo es difícil
Y la lluvia
Se recuesta contra la tristeza
O el fuego te quema
Las entrañas

La risa
El lado más humano
De la soledad
Me surge
Cuando estoy desprevenida
Cómo se enojan
Los de semblante grave
Qué falta de respeto
El agua de mi boca
Se vuelve fértil
Atraviesa la llanura
Y yo,
Me río.

©  Beatriz Puertas

Poema de Norma Starke




calma y quietud de mar de  nubes
- ¿ también somos lo que pensamos?
ambigua
la noche viene
en cristales de soledad

© Norma Starke

Poema de Ricardo Juan Benítez






Amarcord
                                                                           
               “El dinero es de todo el mundo,                                                                             
                 pero también lo es la poesía.                                                                            
                 Lo que falta son los poetas.”                                                                            
                        (Federico Fellini)

Yo me acuerdo,
de la brumosa playa de Riminí
del último día de la niñez
con el rostro hundido
en los generosos pechos
de la matrona en celo.
Aún recuerdo,
al fascista con su ración de ricino
las rondas nocturnas del motociclista
a la prostituta de turbia mirada
en cuclillas frente a la marejada
al viejo poeta conversando
con la luna hundida en un charco.
¡Oh, sí! ¡Claro que recuerdo!
Las luces del transatlántico
con las cenizas de la diva
rumbo a un mar de plástico.
A la diosa nórdica
surcando las aguas
de la Fontana de Trevi,
al azorado periodista
tras su sueño vestido en satén negro.
Al gigante tendido en la arena
mirando el  cielo estrellado
aturdido por las olas oscuras
sollozando:
¡Ha llegado Zampanó! ¡Zampanó è arrivato!
Ma la povera Gelsomina
sulla strada abbandonata.

© Ricardo Juan Benítez

Poema de Verónica M. Capellino





Memoria

Veredas de baldosas 
hirvientes
hilos de agua
en las hendiduras

con dificultad
pedaleo mi triciclo

como personaje
en cuentos de hadas
tengo muchos ojos:
unos para ver lo-que-está-ahí
otros para la clarividencia
muchas narices:
unas para malvones
otras para oler peligro
agazapadas lluvias
rastros abominables
muchas orejas:
unas para grillos reclamos
perros en la noche
pasos   susurros   trenes
otras para  oír el alma
voces de muertos  
muchas bocas:  
unas para sabores
de tierra   aire   agua 
otras para tragar saliva
morder viento
deglutir rabias
muchas manos:
unas para modelar barro
palpar pulsos  
texturas   tibiezas
otras para anticipar temblores
aprender algo crucial
sobre lo áspero.

Con dificultad
pedaleo mi triciclo


el cuerpo recuerda. 

                                
© Verónica M. Capellino

Poema de Vanesa Almada Noguerón



séptimo C – Parte II 

conozco la manera en que se mide
cualquier distancia imaginaria entre dos cuerpos
salvados del error morfosintáctico pero condenados
a una fatalidad igualmente análoga

la piedra es el agotamiento
la piedra es la torre improductiva de hierro fundido puesta por pura presunción fálica en la mitad del paisaje
la piedra es el nombre de pila del décimo en aparecer

una categoría no registrada de cadenas atraviesa la plaza abandonada de mi infancia
la piedra es el hotel business class de enfrente / que cumple esta tarde dos décadas en construcción
la piedra conserva la loza incompleta de la suite presidencial
(hace frío en este lugar
hace frío por donde pasa la estrechez exigida
                                   de la memoria)

conozco el frente y el fondo de algunas cosas
conozco sus muecas faciales  y su desprecio ensayado cuando camina y cuando abandona el contorno de la calle
lleva el número de doble dígito en la espalda y el nombre de pila puesto por pura presunción fálica en la mitad de tu lengua
la pronunciación resulta como siempre perfecta
no recordamos ya / el color de las butacas
nos damos las manos o mejor un beso
                                  de cortesía 

en ese exacto momento la piedra
tiene el semblante de los gusanos antes de llegar al núcleo
algún movimiento que reconozco siniestro hacen los vasos sanguíneos de mayor extensión y explotan en un timbre denso
explotan aunque no caen al suelo ni se propagan
dos lobos himalayos diminutos devoran con perversidad antropofágica partes sustanciales y también diminutas del endocardio
la sangre que les migra desde la mandíbula les ha dañado la pulcritud de los trajes
la piedra es el nervio conceptual que los abraza mientras se alimentan 

la pronunciación resulta como siempre perfecta
es buena voluntad nuestro ritual de bienvenida
somos responsables inscriptos de esta sala llena

conozco los mecanismos defectuosos de evacuación en caso de incendio
conozco el desapego evidente de los pasillos y el erotismo intuitivo de los plantines en los balcones
(hace frío en este lugar
hace frío en las razones exigidas de esta reunión
                                 de consorcio)
lleva el número de doble dígito en la espalda
la piedra es el nombre de pila y la pronunciación
siempre perfecta
explota en un timbre denso
en ese exacto momento alguien vuelve a probar en cualquier puerta el juego nuevo de llaves
una distancia imaginaria nos separa
nos damos la mano o mejor un beso
                                            de cortesía


© Vanesa Almada Noguerón

12/12/18

RECORDANDO A LOS QUE TRANSITAN OTRO CIELO


UN RECORDATORIO A ELLOS, QUE TRANSITAN OTRO CIELO Y QUE FORMARON PARTE DE MISPOETASCONTEMPORANEOS, están por orden de su ingreso al sitio. Un abz al cielo, Gus.



GRACIELA WENCELBLAT
JORGE OROZCO
SUSANA FERNÁNDEZ SACHAOS
ROBERTO GLORIOSO
YOLÍ FIDANZA
DANIEL CHIROM
ANA EMILIA LAHITTE
MARTÍN ANDRADE
LUIS MARÍA SOBRÓN
MIRTA SOD
OLIMPIA BORDES
EDNA POZZI
LOLA BERTRAND
RAQUEL LUISA TEPICH
ALBERTO PEYRANO
LUCÍA SERRANO
ROSA MARÍA SOBRÓN
RAMÓN DE ALMAGRO
GRACIELA ZOLEZZI FAURE
DAVID ROSARIO SORBILLE
MIRTA LILIANA URDIROZ
BEATRIZ MARTINELLI
HEBE SOLVES
ANÍBAL JORGE SCIORRA
EDUARDO BLUES VILLALBA
MÓNICA GRIOLIO
VÍCTOR TISSERA
ALEJANDRA ZARHI
MABEL MUROLO
JORGE LUIS ESTRELLA
SILVIA MANZINI
HÉCTOR MIGUEL ÁNGELI
JULIO CARABELLI
JORGE ARIEL MADRAZO
SILVIA PASTRANA
SALO PASIK
SILVIA PALFERRO
MIGUEL MADRID
REYNALDO URIBE
NINA THURLER
CARLOS ADALBERTO FERNÁNDEZ
LEONARDO MARTÍNEZ
ÉLIDA MANSELLI
ESTER DE IZAGUIRRE
ALBERTO LUIS PONZO
WALTER IANELLI
MIGUEL OYARZÁBAL
ENRIQUE SANDRI
ANA MARÍA HERNÁEZ
MAURICIO MODAY

Homenaje en el Fallecimiento de LUCÍA SERRANO

Falleció la querida Lucía Serrano, poeta, gran persona, luchadora por los derechos humanos, hacedora y difusora de Poesía. Una gran pérdida para los que la conocimos. Falleció Lucía y el mundo está más solo.
Un abrazo a sus familiares y amigos, Gus.



SEGUIRÉ BUSCANDO

Esta noche
no saldrá la luna
y no tendrá
mi sangre
violentos desafíos
de un hombre desvariado.
Hoy,
seguiré
buscando.

© Lucía Serrano



Recuerdo.
Fui un cuerpo
que sólo tuvo
pasión de ti.

Inútil desnudéz.


© Lucía Serrano


AMABA LA CARCEL DONDE HABITABAS 

Te amé, lo reconozco, con toda la furia y la locura de los
iniciados.
Mi cuerpo de mujer abierto a los deseos claros, se alteró
por tus celos de tenues sonidos imaginarios, y una feroz humillación
atacó la ternura, hasta hacerte un extraño en mi vida.
Para olvidarte, no encontré las fórmulas precisas.
Mi piel encadenada a inolvidables momentos, amaba la
cárcel donde habitabas con legajo de cadena perpétua.
Sin querer retroceder, acepté el sobreentendido tentador, la
posibilidad constante de un encuentro en libertad.
La memoria que convocaba mi insistencia, poseía un desafío
desmedido: “no amar la traición” y asistida por mágicas
razones, quise ser más que una mujer.
Noches encantadas del universo quimérico que pasé a tu
lado, me hicieron un jugador y seguí apostando.
Imposibilitada de cambiar de rumbo, una voluntad sagra-
da, me obliga a comprender el tiempo que nos une.
Todo fue imposible, no alcanzó ninguna palabra, ningún
gesto, ningún acuerdo, ni siquiera ningún adiós.
Hoy, deseo que nadie comprometa mi tristeza.


© LUCIA SERRANO


Lucía Serrano nació el 13 de julio de 1948 en Cap.Fed.Bs.As.Argentina. Poeta y Psicoanalista, miembro de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero Internacional. Socia de Honor de la revista Las 2001 Noches. Dirige el ciclo poético-musical Las 2001 Noches. Actualmente tiene un programa en radio nacional con Tom Lupo. Publicó cinco libros de poesía "Blues para la Corona", "Mística del Caos", Diálogo entre el loco y el poeta, La Ineptitud de los Vampiros y Sueños de la Prisión, este último obtuvo el primer premio en el 2001 en Madrid-España por la Asociación Pablo Menassa de Lucía.

Poema de Teresa Gómez




Mi tía en Corrientes
restauraba imágenes,
viejos santos de iglesia pueblerina.
Lucía ojos verdes
en medio de una familia
morena y guaraní,
quien sabe
de qué ancestro español heredados.
Tal vez por eso su mirada tenía
un poco de tristeza en las orillas.
En siestas calurosas,
tendida en un mantel sobre el mosaico
de un patio goyano con azahares
me hablaba de leyendas y gualichos
llenándome de un miedo casi dulce
que nunca me ha dejado.
Era suave y sonriente,
cuidaba su jardín y un día,
arropada en un mundo sólo suyo,
al estilo de la más inocente de sus plantas
se disolvió en un brote,
para después volver
un poco más herida
a sus quehaceres.
Mi tía una tarde partió sin previo aviso
dejándome una carta
y su pequeña herencia luminosa.
Y ahora yo no puedo evocarla
abundando en metáforas y lírica poética
para el caso inservibles.
Mi tía era, toda ella,
el poema quizás mejor escrito.

© Teresa Gomez