26/6/26

Poema de Leopoldo Teuco Castilla

 


XXIII

 

En el patio, ahí, en el calor,

soy transparente.

Todavía no soy nadie en los espejos

pero sí el único que jamás va a volver

cuando se interne como un león

en los yuyarales del baldío.

 

Tengo tres secretos:

todas las noches, despierto,

veo descender  la muerte por la escalera

y, dormido,

       llegar

         la lluvia de fuego del fin del mundo.

Y el tercero:

de día en el mercado, por una moneda,

un viborero me cuelga dos serpientes en el cuello.

 

A mis padres no les digo nada. Hay que ser hombre.

No saben tampoco que sé volar. Y desaparecer.

Porque todo está lleno de lo que no existe.

Que lo diga mi abuela Lola que no ve

y recuerda a los ángeles

o mi abuela Candelaria que apaga relámpagos

con una cruz de ceniza.

 

“Dónde andará ese chico” se preguntan, sin darse cuenta

que estoy en todas partes.

 

Un día me suicido para verme,

para acordarme de mí cuando sea grande.

 

Sé cuantos gallos asesina el alba

y que las tardes son una sola tarde. Aún no

terminé de contar las estrellas.

                           Por eso aquí no se muere nadie.

 

Yo los salvo.

                Tengo una espada

                 y camino por el aire.

 

© Leopoldo Teuco Castilla

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Poema de Ana Julia Saccone

 


Recuerdan?

Soñábamos…

Gastábamos mocasines en las calles

Cantábamos

Estábamos intactos, plenos

con las manos abiertas como rama de laurel.

Jugábamos a ser en las tarimas de las plazas

y jugando, jugando nos llenamos de asombro

nos llenamos de barrio

nos llenamos de abrazos.

 

Hoy como ayer

marchamos.

No dejamos caer nuestras banderas.

Nuestros brazos, más viejos, son más fuertes.

 

Hemos tejido la gran red de la memoria

y en ella acunamos a todos,

los que no están,

los que vimos caer,

acunamos a todos porque no pudieron

los desaparecedores

arrancar ni un rostro a nuestra historia.

 

© Ana Julia Saccone

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Poema de Ana Guillot

 


mujer 1 

 

-¡ah!, ¿se podía elegir?-pregunta

ahora que ya es vieja

ahora que su vestido es negro, aceitoso,

que ha parido seis hijos y tiene

el vientre entumecido, lacio

el peinado tirante y esa sonrisa tiesa

y finita

-¡ah!, ¿se podía gozar?

era posible entonces dejarse tocar en la entrepierna

sin que los padres miren

era posible cantar con voz profunda

como chavela vargas

no como doris day

el pasito liviano

ese final feliz y tan yanqui

era posible cantar

un bolero

como si entrecerrara los ojos para él

                  la nuca para él

                   los pechos como frutas abiertas

y ese olor a verano

y las enaguas flotando el precipicio

la clara manera de decir que sí

-¡ah!, ¿se podía reír y no planchar

el ceño almidonado para que no se enojaran en casa?

como si fuera la calle la apertura

                       la noche la apertura

un corredor erógeno

un relámpago en la columna vertebral

-¡ah!, ¿no estaba mal tentarse con la risa de otro

          con el olor de otro

          con la cintura de ese hombre perfumado

         que traía jazmines los domingos?-

 

elegir qué ingles, qué palabras,

qué portazos pegar

cuando le pegan a ella las palabras dolidas

                      las palabras precarias, amarretas

 

haber parido hijos y no haberle escuchado

ni un -te amo-

nunca la caricia después de la descarga

nunca una manera de mirar diferente antes del desayuno

¡ah!, el frío la acobarda

es hora de cerrar esa puerta que viene haciendo ruido

es hora de prender el farol

y apenas descansar

 

© Ana Guillot

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Poema de Mariel Monente

  


LA OFRENDA


El trabajo de una rosa desplegada

En todo su esplendor, me detiene.

Marcos Silber

 

 

La noche es líquida

y tan oscura

como el corazón del poema

 

se teje en los sueños

con trozos de cristales

reflejos de luna

sabores agrios en los labios.

 

Un sueño

como un castigo

recurre una y otra vez.

 

El rictus en la boca

de quien me acompaña

a la casa muelle,

al poema.

 

Uso un traje blanco

una escafandra

me pertrecha.

 

Los que habitamos

esa casa

estamos condenados

a un exilio de agua

a siempre volver.

 

Salir al jardín inundado

es un destino

morar en el silencio

para esperar

los secretos

y la dicha.

 

En el jardín está ella

entronizado

el corazón

del enigma

su mirada complaciente

y esperanzada

pero

¿por qué?.

 

Ella me espera

está esperando

en el jardín inundado

donde bucea

siempre

el poema.

 

Ella espera

tiene las manos juntas

y su sonrisa.

 

El poema

devenido sueño

es otra vez el retorno

la ilusión

del fin

del exilio.

 

Voy hacia ella

no hay temor

solo nostalgia

por pisar

nuevamente

la patria.

 

Suena

una ronda de canciones viejas

olor a achiras

y escondites.

 

Ella me espera

y en sus manos

la ofrenda

la flor cortada de su rosal

ahora bajo el agua.

 

Volver

es siempre el asombro.

La rosa, el poema.

 

© Mariel Monente

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Poema de Alicia Salinas

 


Aire de tormenta litoral

 

La rebeldía de una voz

debe gestarse en un espacio

como el que ocupa el pescador

cuando lucha a cara o cruz con la corriente,

esa dominatriz dispuesta a arrodillarlo

y a conducirlo también hacia un tesoro:

la mítica ruta del cardumen

de reflejos dorados.

 

Una voz díscola

madura en el reflujo

del barro que espesa

el agua del río, a la hora

en que cada ejemplar del conjunto

pierde adrede sus escamas,

librándose a través del sacrificio

de una segura caza.

 

“No”, “basta”, “por qué a mí”,

¿a quién decirle? Sin remo

ni presa, el bote solitario

persigue el paradero del suspiro

que alienta el alarido —a cuchillo

ya se cortan en la costa los hilos

para la próxima red—

y nada importa el pez

en el punto central del remolino

que amarrona e impone

la oportunidad de un golpe

de suerte, de un sonido.

 

Hasta que en la apertura de la garganta,

el arco de la ventana de Dios

deja ver sus piezas

de ajedrez tras la cortina

de una casa vacía,

          isla adentro,

                    sobre pilotes.

 

© Alicia Salinas

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Poema de Luz Ríos Iribarne

 


Renegaciones

 

La ropa es una mentira,

todos somos desnudos.

Las manos nos cubren torpemente,

como si no advirtiéramos

que estamos igual de desnudos,

frente a la noche del lenguaje.

 

La noche es seductora, porque es sinuosa y confusa,

como la vida misma.

En la noche, y en la vida, la poesía germina del asfalto,

se desgarra de parir versos desde el horror,

para que creamos en los eclipses de la noche;

para generar la ilusión de que más allá de las sombras, oculta,

yace también la belleza...

 

La poesía es un engaño de doble filo.

Hace creer al lector, que a pesar del horror, hay maravilla.

Hace creer al poeta, que a pesar de lo profundo de su inspiración,

puede ocultarse detrás de la metáfora.

 

La poesía es un engaño,

pero hay engaños que abrazamos como redención...

 

© Luz Ríos Iribarne

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Poema de Fabiana Jakubowicz

 


Motochorro ternero

 

El problema de Mónica fue

que se quedó aferrada a la cartera

¿Qué tenían las manos de ella

que no pudieron

soltarse a tiempo?

¿y las manos del motochorro?

Estarían pegadas

a la manija

o quizás sin saberlo

querían tocarse

y se agarraban

huyendo y alcanzándose

a la vez

 

¿Por qué se quedaron así?

unidos

por el mango de la cartera

mientras la moto avanzaba

a toda velocidad

por la avenida

 

Mónica era fanática de las carteras

cuando se compró ese modelo

la acariciaba con amor

es cuero cuero decía

estaba vivo el ternero

bajo su caricia

 

Motochorro ternero

corría a campo abierto

antes que lo atrapen

para llevarlo en el camión

a la región del Loira

donde se fabrican los modelos

de las grandes marcas francesas

o

a la cárcel de Devoto

 

Mónica,

piel raspada contra el asfalto

cuero curtido

toda ella

 

Sus familiares

llevaron su colección de carteras

Lous Vuoton y Cacharell

a la feria de beneficencia

del hogar de huérfanos

En el orfanato vivían

algunos hermanitos

del motochorro ternero que corría

por el asfalto

llevándola de la rienda

 

© Fabiana Jakubowicz

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24/6/26

Poema de Margarita Drago

 


Un cuerpo que aún palpita

                          

                              A Elsa Narváez de Bazán, compañera.

                                                                In memoriam

 

Un cuerpo rígido

una boca desdentada que

se abre y englute el alimento

que le ofrece la mano del amante

una mirada fija

perdida en una realidad extraña

unas frases inconexas

un pensamiento

una palabra

una ligera sonrisa 

enlace

fugaz acople

con una historia

lejana compartida

un cuerpo que reclama unos brazos

que lo alcen

un cuerpo que se resiste a ser tierra

un cuerpo que añora sus pasos

por caminos polvorientos

por espacios urbanos

unas manos que dibujan

redes laberínticas

jeroglíficos con mensajes

de otros tiempos

un cuerpo que se negó al castigo

que renunció a memorias que laceran

un cuerpo que aún palpita

que aún se para

que aún se apega a una cama

a unas sábanas

a un cuarto reducido

celda cárcel carceleras

un cuerpo que se rehúsa a

compartir la mesa con

otros cuerpos que

aún tienen memoria.

 

© Margarita Drago

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Poema de Claudia Tejeda

 


COLIBRÍ


El corazón parece chiquito

una vibración de colibrí

en lo remoto del pecho.

 

Pero yo sé

que tiene forma de acordeón

un poco viejo y maltratado

todavía se estira

para dar su mejor nota

empuja la sangre hasta mis uñas

con su oficio de cincuenta años.

Y en su dorso infinito

caben todos los nombres

las heridas los abrazos

de mi tribu.

 

© Claudia Tejeda

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Poema de Yrene Santos

 


Callé de golpe

 

Callé de golpe

mi boca vuelta espiral quedó muy quieta

necesité el silencio para ahuyentar miradas

estuve pálida

enormemente pálida

mi cara lloró sudores

retrocedí en el tiempo

 

En el mismo lugar

la silla del abuelo a quien nunca conocí

la casa vieja con su sala enorme

el baúl negro donde guardaron sus memorias

mis antepasados

la burra donde de mi tío mantuvo alegrías e inquietudes

el baño de piedra donde parte de mi familia se multiplicó

 

Cómo querer romper con los años ganados al tiempo

“Recordar es volver a vivir”

dicen algunos

la felicidad no está del todo perdida

 

Hemos crecido

              Hemos amado

                            Hemos vivido.

 

© Yrene Santos

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Poema de Diana Espinal Meza

 


Dedicado a Susana Chávez. (Poeta asesinada en Ciudad Juarez, Chihuahua. México)

 

Ellos

Los de la trémula conciencia y rudo engendro

golpean día a día

noche a noche los cantaros rojos

 

Nos condenan a epitafios

que no tienen reposo sino relámpagos e himnos.

 

Ellos

los de la escala rota y reflejo sediento

son como las pirañas que abren sus bocas y suman espumas

 

Ellos acaban con todo

Con el ajedrez

Con el barrio preocupado y el correcaminos cómplice

 

Las llaves son de roble

Y

Los robles alzan su coraza.

 

© Diana Espinal Meza

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Poema de Patricia Berho

 


Adela dedal

                                                       a las modistas

 

Adela dedal tiene dedos de varitas mágicas

artista y artesana

                  crea sobre lo creado

recrea y añade

recrea y frunce

hilvana biografías 

con sus poderes aplica borda desata                                   

Adela dedal sueña con telas y botones

tiene ojos de dulzura y talles

en su taller las lágrimas se trasmutan en hilitos de colores 

moldean tapices de faldas pantalones camisas y trajes

Adela dedal es “mi modista” -la modista del barrio-

La que arremete el pedal 

y … ¡oh! Sorpresa.

se cumple lo apalabrado

 

© Patricia Berho

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Poema de Gladis Domínguez

 


TIEMPO KUNUMI

 

Prófugos de la siesta

indiferentes a relojes

trepábamos las ramas de las horas.

Los pies conocían el idioma del arenal

y corrían hasta llegar el sarzo

alegría y miedo se sacudían

sobre el puente colgante.

Nuestra respiración se agitaba

al ritmo del arroyo

que observaba desde abajo.

Todo era parte del juego.

Un Crespín  con su grito de cuchillo

partía la tarde en dos

y el Pombero, paciente y travieso

nos cuidaba desde el corazón del monte.

Había inocencia trepadora en los naranjales

rodillas verdes, bocas dulces

de guayaba y mango.

El mundo cabía en esas  frutas compartidas.

Recuerdo que el catecismo quedaba atrás

cuando la plaza nos llamaba.

La fe nacía en un pesebre ,

creíamos en el Niñito Dios

y en las estrellas donde vivían nuestros muertos

centinelas brillantes mirándonos jugar.

Nos defendíamos sin decirlo

pacto antiguo, primordial

acuerdo escrito en miradas veloces

donde la ternura era la única ley.

Travesura y castigo, circulo infinito

de manitos sucias que guardaron dentro del alma

aquel tiempo kunumi.

 

* Kunumi: Es una palabra para nombrar a niños pero que se hizo extensiva para denominar a los muchachos en general. Proviene de kunu’ũ, que en guaraní significa ternura, mimos, cariño o caricias. Es un término profundamente emotivo que a menudo define la calidez, el refugio y el apego, frecuentemente asociado al cariño maternal o paternal. También puede referirse a un momento de ternura o a dejarse querer. Kunu'ũ: Cariño, mimo, ternura.  Chemokunu'ũ: Me da cariño. 

Kunu'ũmi: Cariñito.

Mi: "pequeñito" o algo con cariño ".

 

© Gladis Domínguez

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Poema de Sonia Rabinovich

 


Era morocha y el cabello tomado

en un rodete supongo

en la foto junto al bisabuelo.

Desde el sepia profundo

no se distinguía más que eso

y el vestido negro de tela rústica

parecía gastado.

Ya estaba ciega, cuando yo

en el vientre de mi madre

intercambiamos su último suspiro

por mi llanto de aire.

Y así heredé su nombre,

yo, que ahora enciendo palabras

para ver.

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de Aníbal Costilla

 


ES UN RELÁMPAGO

 

La vida es un relámpago,

dijo el Poeta. Estaría

pensando en una futura tristeza,

o en la insólita forma del olvido.

 

La perplejidad es una sombra

que oscurece las preguntas:

sólo aquél que sabe resistir

el insomnio es un buscador,

alguien que podría deshilvanar

la fina y compleja trama del miedo,

esa pasión heredada que es

renuncia. Un temblor absurdo

que sacude el cimiento de los años

 

y abre vacíos como pozos:

ninguna sangre de corazón

puede inundar y soltar palabras

desde la corriente del pecho,

hacerlas explotar como rayos

que acuchillan las tormentas eléctricas.

Es un relámpago –volvió a decir–,

el arte de dar forma a lo soñado.

 

© Aníbal Costilla

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