9/9/26

Poema de Diego Morales

 


Los viernes

 

Los viernes

eran una puerta que se abría.

 

Mi mamá soltaba la tarde

como quien deja salir

un puñado de pájaros.

 

Toda la semana

la cuadra nos esperaba

del otro lado de la ventana.

 

Y cuando por fin llegaba el permiso

salíamos corriendo

con la desesperación

de los que saben

que la felicidad también tiene un horario.

 

No había pantallas.

La imaginación hacía todo el trabajo.

 

Con un fierro torcido

fabricamos un palo de golf.

Con un dedo

abríamos pequeños hoyos

sobre la tierra de la calle.

 

Y de golpe,

la cuadra dejaba de ser una cuadra

Se convertía en un inmenso campo de golf

 

Éramos señores elegantes

jugando un deporte

que ninguno conocía,

pero que inventábamos

como se inventan las cosas importantes:

creyendo.

 

Jugábamos a “la base”,

a “cachorro monta la burra”

“catorce la perdiz”

a todos esos juegos

que el tiempo fue borrando

como la lluvia borra

los dibujos sobre la tierra

 

Qué extraño.

No teníamos casi nada.

Y, sin embargo,

cada viernes

éramos dueños del mundo.

 

© Diego Morales

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Poema de Zulma Zubillaga

  


MEZCLA

 

si

mezclara

yo

una

cucharada

de sombra

más

la noche

sería

este

silencio

indefinido

 

y lo que

irrumpe

 

© Zulma Zubillaga

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Poema de Jorge Medrano

 


un mundo perfecto

 

I


“levanta la pistola y apúntame”

dijiste, con ternura

nos vimos

yo sostenía el arma

mis dedos fuera del gatillo

 

dije mi nombre

“perfecto” fue tu respuesta

así me sentí

 

un balbuceo. Arriba

las manos. Sonreíste, de cuclillas

para mirar mis ojos

¿qué pensabas?

 

¿por qué no me abrazaste?

 

© Jorge Medrano

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Poema de María Julia Druille

  


     Suicidio


unos zapatos tirados

 camino al sombrío

 la razón se desmorona

 no encuentras palabras

 el vestido flota y deja

un indicio

 duele hasta la piel

 y te quedas mirando

impotente

un escenario sin actores

lo que sucede no se ve

el río esconde o protege

lo que no quiere vivir

 

© María Julia Druille

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Poema de Diego L. García

  


bazar chino

  

me gusta mirar fotografías

en páginas gratuitas libres de derechos,

objetos y sujetos remixados

en una estandaridad monstruosa,

un oxímoron

de tal magnitud como si viviéramos

en un bazar chino.

 

fundas para almohadones con gatitos,

sacapuntas con forma de frutas,

figuras de Mario Bros

vestido con el traje de Ronald McDonald,

cepillos con ositos celestes y nubes

 

una combinación de cosas que no son,

de errores que no nos preocupan

 

© Diego L. García

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Poema de Alejandra Bosch

  


Un niño dice, quiero un perro

Y el lugar donde existe una casa

Se vuelve enorme mundo

De colas en movimiento

Alegría de ladridos y voces

Amor y sonidos guturales

De tanto corazón bombeando de

Esa palabra felicidad.

Un niño dice, toma

Y todos corremos a agarrar ese hueso

Nos abalanzamos

Perro, humanos

Comunidad, hogar.

Cuando pasan los años de besos

En el hocico

De patas sobre las rodillas

De mandarinas al sol y saltos

Ver morir al perro es

Un segmento donde el viento sopla

Y se lleva la infancia del niño

Y el amor de la madre.

Un perro muriendo en un colchón

Es una mirada dulce

Indescriptible

No mueren así las personas queridas

Ellos mueren en los ojos tristes

Y en la pata extendida

En el olor perfume de algo

Casi hombre especie

Y por suerte casi dios.

Es un perro que nos dice, amor

Amo, les amo

Les quiero, les sigo

Y cierra los ojos.

 

© Alejandra Bosch

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Poema de Néstor Fenoglio

  


A veces la soledad vive

en la comarca extensa de tus ojos:

un dulce mar por los bordes,

un agua de náufragos,

una empecinada marea. 

 

A veces, la isla de tus ojos

brilla

como la espalda

de un esclavo que canta,

una fuerza de latitud exacta

que te arrastra, te condena

y te salva, erguida

en medio de todo. 

 

A veces en tus ojos

hay una fuga de peces,

sombras o nubes cargadas,

habitantes inmóviles,

poblados enteros que adoran

dioses difusos

que exigen sangre. 

 

A veces, desde el extremo mismo

de tus ojos,

como olas concéntricas

-olas pequeñas que perdieron el rumbo-

vienen procesiones

hacia el centro,

hacia la cúpula de luz,

y creemos en todo

y en que se sostendrá

el universo. 

 

Hay veces que sombras

pasan

por tus ojos:

pájaros pequeños

que arrastran las tormentas.

 

Sombras pasan.

 

Pasan.

 

© Néstor Fenoglio

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Poema de Malén De Felice

 


Alguna vez me abrigué con la respiración de una jauría.

 

Hace siete años

le prometí un nombre

prometí nombrarla

por su forma de ladrar

       y hoy

decido subir a buscarla.

Voy con la boca llena de viento

los guantes agujereados

los pies con algunas llagas. Todavía

      me hundo

en la nieve filosa. A veces

necesito que el dolor me recuerde

por dónde seguir. Hay espejos de barro

me muevo sobre raíces de lenga

como hace siete años y

la encuentro hecha un ovillo

la reconozco

tiene los ojos profundos como la turba

la voz rebelde

             el hocico torcido

me encuentra la cachorra del primer viaje

me reconoce.

Tengo un hueco en el lado de la ternura

donde apoya su cabeza.

Nos quedamos quietas

con la piel a la intemperie.

No importa la escarcha

Kiepja no escribe un mapa, pero

tiene la carne

             caliente del hogar.

 

© Malén De Felice

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Poema de Luz Ríos Iribarne

 


Desamparo

 

Cada quien lidia con sus fantasmas

No hay espacio para ajenos

y si caes ante los tuyos

ya nadie acaricia tu sombra.

 

Nos ocultamos entonces en imagen.

Como flores efímeras

cual lágrima de media tarde.

 

Somos un recuerdo

que ha quedado estático

en aquella imagen pasada;

y se desvanece hoy

tras los cambios

de alguien que ya no existe.

 

La vulnerabilidad es certeza constante;

el desamparo es aquella sensación,

que nos devuelve la ausencia repentina.

 

© Luz Ríos Iribarne

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7/9/26

Poema de Nancy Almassio

 

 

Poética de la esperanza

 

Quiero advertirte

que escucharé tus alegatos

sin juzgarte.

Expresa tus discursos

vestidos con tus representaciones,

tus ideologías,

tus intenciones

que yo me despojaré,

me objetivaré,

me deconstruiré,

hasta el punto de oír

sólo palabras enlazadas

y decodificaré,

desafiando a la inteligencia artificial,

los sentidos que nazcan

del entramado

de tus palabras

devenidas en declamación.

Quiero advertirte

que observaré tus gestos

sin admirarte.

Despliega tu lenguaje

con libertad de movimientos,

sensaciones,

emociones,

que procuraré desentrañar

el tópico de tu poética,

los recursos, las metáforas,

tu retórica.

 

Una voz

puede permanecer silente

o pronunciarse

como gestora de derechos.

Una voz

puede sonar pequeña en un tumulto

pero, también,

puede retumbar eterna.

 

© Nancy Almassio

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Poema de Rolando Revagliatti

 


“Flora Futurista” 

 

Nos intercepta en nuestros caminos

y alecciona

 

Es bella

(y nos afilia a las percepciones de Oswaldo Bot)

 

Reímos.

 

© Rolando Revagliatti

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Poema de Nico Dominguez

 

 

TIEMPO

 

la metamorfosis de la mariposa en reversa

un copo de nieve que antes fue gota

los pimpollos que no cortó la jardinera

el conejo no devuelve sus horas

la piel lozana

se cae de noche

llenando el colchón de escamas

que barro insistentemente

cada mañana

el reloj la vida dice

que nos hacemos polvo

de a poco

 

© Nico Dominguez

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Poema de Andrea Delfini

 


Poema salvaje

 

Arreglo mis plantas,

me doy cuenta de que son muchas

y de cómo me abstraigo con ellas.

Quito los yuyos y pienso

si estarán de acuerdo.

Con los cactus es otra cosa,

reaccionan con sus espinas

y desisto, apenas

los voy emparejando por arriba, ellos

deciden los límites

y yo los dejo, igual

me regalan flores

que son como de seda.

Parece que adoctrinar

no es lo mío.

 

© Andrea Delfini

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Poema de Claudia Isabel Lonfat

 


Justo yo

 

Hoy visité tu tumba.

Justo yo,

que no creo en los muertos

y mucho menos en los vivos,

ni en la vida después de la vida,

ni en Dios.

 

Te lo digo a vos,

ya que nadie más podría entenderlo.

Alguna pulsión me trajo.

Quizás las preguntas

que la finitud impone:

la menopausia, el colesterol,

la depresión que no duerme,

las frustraciones, las despedidas.

 

Como decía Charly, todos tenemos un

infierno en la cabeza,

pero a vos Charly no te gustaba.

No entendí que fue la señal

de que jamás

estaríamos en sintonía.

 

Conociéndote,

sé que dejaste todo pago,

hasta los créditos e impuestos.

Pero ¿qué hay de las deudas

que no se cancelan con dinero?

Esas no te importaban.

 

Rasguño tu nombre,

cada arista de bronce.

Dedicatorias pulcras de compañeros.

Veo lo que no dejaste:

no hay una viuda,

no hay hijos.

Solo el bronce frío

y esta mano que escribe.

 

© Claudia Isabel Lonfat

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Poema de Mauricio Giulietti

 


Traías un fuentón repleto

de corazones dulces

damascos decías

con la voz contenida de agua.

 

Los lavabas uno a uno mientras

los partías a la mitad

y los carozos,

formaban una torre

al lado

de nuestras manos

húmedas.

 

Algunos se deshacían

antes de partirlos

en la boca.

 

© Mauricio Giulietti

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