13/5/26

Poema de Leopoldo Castilla

  


LA UNIDAD

 

I

 

Si el universo es una sola estructura

sus partes

son actos: un hombre, un planeta, la lluvia,

una mosca

 

al aislarlos

les pedimos equilibrio

que el árbol no camine

que la lluvia no oiga

que el planeta no sea un huevo de mosca.

 

Pero hay una torsión

una estructura total

y algo –que nos incluye- rompe el diseño

 

el horror proviene de la semejanza

 

uno

dividido

es igual al todo

 

 

II

 

Una noche advierte que el mundo

vuelve a ser el todo

que andan sueltos por la habitación

una mano

un golpe sin persona

un ciego con una estaca

 

toda la noche lo han saqueado

 

tal vez pronto deje de resistir

y sea un pedazo sonriente

 

                              la demencia

                              es la libertad de las partes.

 

© Leopoldo Castilla

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Poema de Alejandra Méndez

  


Profecía

 

Del día en que caía

el globo del espacio,

del silencio hecho muerte

impenetrable. Era:

un hueco vacío, como el ombligo de dios.

Jirones de rayos luminosos

descendían cuando el cielo

velaba la costa del río

escamada y dolorida.

En la luna se observaban

extranjeros movimientos,

del sonido hecho carne

impenetrable. Era:

un gran incendio, como todo buen poema.

 

© Alejandra Méndez

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Poema de Dardo Passadore

 


Díganme

donde está el sol?

Demasiada la niebla.

Los cielos escondidos otra vez.

Temo que cuando logre ver

 

no estés allí.

 

Buscaré un sueño, uno nuevo.

Uno

bien iluso.

 

Uno

que alcance.

 

© Dardo Passadore

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Poema de Adelina Lo Bue S.

  


ELEGÍA DEL MAR

 

               ¿Has puesto a tono tu ser con el gran dolor de la Humanidad,

           oh Candidato a la luz?

                                           El Libro de los Preceptos Áureos

 

I


El mar es joven para ser calavera

tierra de hombres, voz baja de serpientes.

No ves dolor en la ballena que gime en el mar

y en los pulpos juntando sus huevos en torbellinos de sal

 

Mar que no tienes queja

adónde irás si blando apenas empujas

la ribera redonda de un sitio más?

 

El mar es joven para ser calavera.

 

Por las noches, conquistadores sin sol

despliegan redes donde la sangre golpea

en las costas de bocas que ríen

con sol y cuerpos y arenas tranquilas.

 

El mar es joven para ser calavera.

 

II

 

Aquí está el mar.

El mar y su muerte.

Su muerte entregada a nosotros.

 

Arroja tu dolor a las rocas, a las olas.

Entrégalo a la voluntad de las aguas

para luego ahogarte en tu misma sangre

y decir que el dolor es manso

cuando tu color no sea rojo.

 

El mar es joven para ser calavera.

 

Aquí está el mar.

El mar que nos devora,

que nos golpea,

el mar de nosotros,

el mar que devoramos.

 

Tierra de hombre, voz baja de serpientes.

¿No ves dolor en el tiburón herido

revolcando sus ojos abiertos

entre las algas del mar?

 

El mar es joven para ser calavera.

 

III

 

Aquí está el mar.

El mar que no tiene queja,

que es a veces tumba de gemidas cabezas.

¿Cómo eras, cuando eras niño?

Los hombres no tenían formas

y la tierra era un cristal sin pena.

 

El mar es joven para ser calavera.

 

Pero ahora, mar,

¿tantos corazones para nada?

porque para nada parecen las ostras,

las almejas, los delfines, que, preocupados,

se apartan hacia otros rincones del mar.

 

El mar es joven para ser calavera

tierra de hombres,

que nuestra casa no se olvide:

aún es inocente a la hora de morir,

aún obedece.

 

Mar, duele construir un continente,

duele la isla desprendida.

 

Roja cabeza en un mar azul;

escucha su misterio que no agota

su estado de círculo

y ten en cuenta lo no descifrable.

 

Roja cabeza en un mar azul.

 

Tierra de hombres,

allí están los peces con ojos semiabiertos,

sueltos hacia el limbo del alimento oscuro.

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Anahí Duzevich Bezoz

  


LA TERNURA BAJABA POR LAS VEREDAS

 

    “Yo no conozco nada más conmovedor que la vida.”

                                                         Raúl González Tunón 

 

Eran las diez, una ternura blanda

descendía de los balcones

la noche resbalaba por las veredas hambrientas.

 

Los rostros de miel ardían

en esa niñez prematura

de la noche

los ojos estaban  tibios

y los labios exprimieron el beso

hasta el infinito de la noche.

 

Y apenas eran las diez.

 

© Anahí Duzevich Bezoz

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Poema de Salvador Verzi

 


Bocanadas


Puedes comer todo de mi boca

mi risa, mi voz, mis silencios,

mis dientes, mi lengua, mi saliva…

Puedes avanzar paladar adentro

hasta tocar con tu lengua

el badajo de mi úvula

y la campanilla llame a recreo.

Insaciable

no puedo darte más

o si,

puedes saciarte comiendo mi boca

Y así, además, evitás

 que yo me coma la tuya.


© Salvador Verzi


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Poema de Silvia Susana Durruty

 


TODO TIENE UN FINAL


Al principio fue algún

que otro gesto al pasar

luego

fui soltando

palabra tras palabra

que como un manantial incesante

se iban volcando

desde mi boca

a mi pesar

Por fin llegó el portazo en la puerta

de aquella tarde

el sonido seco y furioso

como el de quien suelta

de una vez

con fuerza y para siempre

un abanico sobre el suelo

 

© Silvia Susana Durruty

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Poema de Aníbal Costilla

 


CARAS DEL AMOR

 

Aquí falta el amor.

 

Los perros callejeros

cruzan delante de los vehículos

pero si los chocan no mueren,

resisten,

como la luz velada

por las plumas sangrantes del verano

cuando no hay lluvias

y todo parece a punto de estallar.

 

En las plazas

los colores vomitan aceite y caramelo.

Las hamacas se mecen,

la risa de los vendedores

vierte gotas de azúcar,

alas que la siesta endulza.

 

Las madres jóvenes se rascan el vientre

en señal de languidez

y en el centro del escenario se revuelca un niño

con aspecto de flor herrumbrada,

polvo que muge el viento.

 

Aquí faltan ancianas,

y a los domingos le sobran minutos.

Ellas sabían predecir el futuro

con sus caras devotas:

era un tiempo para todos. Se podía vivir,

no existían aún los espejos,

el tiempo era un metal sin llamas.

Los adolescentes demoraban promesas

hasta las próximas vacaciones.

 

Definitivamente,

aquí falta el amor:

desde aquí puedo ver cómo se pudre la tarde,

su cadáver es un perro destripado en la cuneta,

allí seguirá todavía,

hasta que los gusanos críen pelusas

sobre el pavimento.

 

Pero, ¿qué nos conforma?:

 

por las noches, cuando el hambre de amor

asciende hasta la garganta

el humo de los desperdicios

ensombrece la mirada

y lo que refleja cuando las cosas callan.

 

Nada hay aquí,

sin embargo, no se puede morder la cáscara

de la manzana podrida,

adentro hay un corazón sucio,

empuja los hedores

con la nostalgia nutricia de la carne

del llanto primero.

 

Falta la luz,

las calles aúllan a una luna

que no puede ver.   

 

© Aníbal Costilla

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Poema de Cecilia Fresco

  


ÑIREDEALTURA

 

Azotado por el viento

ahora en lo oscuro

herido por la nieve

ahora en lo oscuro

helado por la luna

ahora en la luz

desvaída de la noche

No piensa en los que ayer

lo vimos en la cima.

Clavado en la memoria

Brilla contra la noche horrible

como una infancia

como un mediodía

como un feriado señalado

en rojo rojo rojo

como el incendio frío

de sus ramas.

 

© Cecilia Fresco

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Poema de Darcy Tortonese

 


VERGÜENZA

        

Los calabozos, la sombra, la tortura,          

Olvido, ignominia, cobardía                                 

                       Camina        

No extravíes la memoria        

Despuntará el día        

¡vigila!            

Despliega tu cabellera de burbujas

                        Camina        

Retornará la sombra        

Despliega tu cardumen de recuerdos        

¡cuidado!         

No esperes que crezca la vergüenza.

 

© Darcy Tortonese

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11/5/26

Poema de Antonio Requeni

 


Hoy es lunes, mañana será martes,

vendrán luego los miércoles y jueves,

después los viernes, sábados, domingos;

días iguales a los otros días,

pero con miedo y con olor a muerte.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Todo parece extraño.

¿Quién podría venir a liberarnos

de este lento y tedioso cautiverio?

Como Cervantes en Argel, soñando

tras el rescate con su don Quijote;

como Bocaccio urdiendo con amigos

pícaros cuentos, lejos de la peste.

Siempre nos salva la literatura.

 

© Antonio Requeni

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Poema de María Casiraghi

 


POSICIÓN FETAL

 

               a Verónica Morino

 

De mis clases de yoga

hay algunas posturas que recuerdo

unas como látigos

otras como estrellas

la de la media luna, la cobra y la mariposa

pero sobre todo Balasana, la postura del bebé feliz.

 

También recuerdo mi asombro

al entrar sin permiso

a esa habitación, en Roma

en la penumbra los vi

decenas de frascos con fetos

era el secreto del dueño de casa

encerraba a la muerte

para no soñar con ella.

 

Si la metamorfosis

es sanación

¿Por qué uno dura más

en posición fetal?

 

Con Balasana, se curan el niño

el adulto y el viejo

con Balasana

el feto sale del frasco

para que el frasco pueda respirar.

 

Hay una tentación inevitable

de volver al huevo

que resistimos durante toda la vida.

 

Y resistir es corromperse.

 

© María Casiraghi

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Poema de César Bisso

  


Malinche 

 

En la borrascosa noche de Tlaxcala

serpientes del oráculo revelan

signos que mis dioses no comprenden.

 

Junto al lago donde anida el dolor

relucen los pájaros de la lluvia.

Delirio de ardorosos bárbaros

vinos bermejos que auguran la muerte.

 

Bajo el volcán de profetas y demonios

muerdo el desabrido pan del deseo.

Menos a ti, todo hombre he castrado.

 

Yo, Marina de Payla,

náufraga en desérticos labios

guío tu lengua al quetzal del vientre tolteca.

Sangre que brota entre dos puñales.

 

No temo al retumbo de arcabuces,

a vigorosos corceles de fuego

que horadan la ciudadela enmudecida.

Menos el silencio, todo he abandonado.

 

De ignoto saber sospecha mi destino.

Venero este relámpago del asombro

relato de otro dios sobre Tlaxcala.

 

Mis palabras derrumban un imperio.

Mis palabras construyen la memoria.

 

© César Bisso

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Poema de Alicia Pastore

 


cierro los ojos

buscando sosiego

 

un espejo roto

refleja el mundo

y me veo entre las grietas

como astillas de mi historia

 

nada quedará de mí

si me vacío

de heridas y arrepentimientos

 

me abrazo a mis fracturas

con la piedad de los santos

 

© Alicia Pastore

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Poema de Alejandro Cesario

 


Orilla 

 

Los veo,

juegan cerquita lo más cerquita

(cala abajo, en la orilla).

 

Vigía

que los controla.

 

Invierno

que los lancina.

 

Vainas de choclo

sobre la sábila pajiza.

 

El sol que se aleja.

 

Guiso afásico.

Estampita sobre la mesa,

pote, escudilla y un par de velas.

 

Canturreo

con chillidos de cimitarra.

 

Noche que se fue sin desagüe,

sin agua corriente.

 

© Alejandro Cesario

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