27/7/26

Poema de Dolores Etchecopar

 


 

te pido que sepas no comprenderme

cuesta lo sé dejar de pulsar

esa nerviosa luz

antes de entrar a una habitación oscura

quedate conmigo a oscuras te pido

solo así podemos ser amigos amigas

encender la luz es tarea de jueces

ellos se ocupan de dar el veredicto

los amigos tenemos el don de no comprender

podemos estar a oscuras

en lo oscuro de vos y de mí

sin comprendernos

sólo así entramos a un bosque raro exultante

que antes de encontrarnos no estaba aquí

caminamos trastabillamos por él

palpo un poema bajo sus hojas muertas

con la punta de los dedos

toco la tierra áspera

reticente ella también

a nuestra pequeña comprensión

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de Norberto Barleand

 


DESPERTAR


Si algún día no despertara.

Si la noche se prolonga hasta la eternidad.

Cómo sería el tránsito hacia lo desconocido?

Y la luna y la sombra,

el gris de las paredes

las luces de esas calles que se perderían en silencio.

Detrás de mí / de mis espaldas habitadas por el pasado

Donde andará la mujer

de quien me enamoré aquel otoño?

Ya, lejano de mis párpados 

y esa llama que encendí en el vacío.

La impotencia en que sitio anidará?

Aquello que no pude,

el mundo que no fue.

al que soñé en paz y sin  violencia.

Si algún día no despertara,

dejo la parcela del crepúsculo

a los entrañable  

que estrechan mis dudas y los miedos

No seré polvo entre la bruma y la arcilla

Ni campana ni espada en el recuerdo,

Aposté a la vida y la vida será.

Porque si la noche se prolonga

seguro tendré que despertar

Ahora recuerdo / dejé escrito en un poema/

No tengo tiempo de morir

 

© Norberto Barleand

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Poema de Simón Dante Lorenzón

 


Lluvia.

Cortina natural como refugio de la tristeza.

¿Qué hacemos con el silencio si llueve por dentro?

Trueno y centella

chapoteo

en finos charquitos con excusa lúdica

lluvia, llueve lluvia, toallas colgadas en la ducha

cinceles esculpiendo la mirada del perro,

la tierra, el granizo, la mezcla que engorda

nubes que se inmolan en el horizonte.

 

© Simón Dante Lorenzón

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Poema de Silvina E. López

 


Lo que me ofrece la noche

 

Un libro

papeles en blanco

sedientos

de letras que se esparcen

Una copa de vino

de a sorbos lentos

Afuera       la noche

el silencio de los árboles

los perros aúllan locos

               Te percibo viviente

 

Caminar

el crujido de las hojas

una rama se desprende

el ruido seco

hace temblar la tierra

Los libros que leo

los que acopio para más tarde

y me esperan

           Tu olor por los rincones

 

Escucho a Rey Rosa

atrás de la pantalla

su voz de terciopelo

me explica con calma

cómo arrancarle el corazón

a un hombre bueno

cómo desmembrar a un niño

en la violenta Guatemala

                   Intuyo tu cuerpo

 

Las horas del día que ya empieza

iluminan la casa

pero es la noche de ayer

la que habito

El graznido de un pájaro

que tampoco duerme

Mis dedos agarrotados por el frío

y el papel en blanco todavía

 

      La tibieza de tu abrazo que no encuentro

 

© Silvina E López

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Poema de Paulina Juszko

 


El Imperio del Pato Donald

 

El odioso palmípedo

escupe ucases

 vomita ultimátum

 parpa sanciones

 patrulla el Caribe sin parche en el ojo

   reconfigura mapas

  clona sobrinos en el mundo entero

   por doquier se oyen sus horribles graznidos

  anas cyanoptera (pato colorado)

  en tándem con el Tío Rico

   reconvertidos alegremente al petróleo.

   El universo: una charca donde Él se regodea.

 

© Paulina Juszko

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Poema de Pilar Sanjurjo

  


Todo ese murmullo comenzó a apagarse

vos sabes que hay palabras

que no puedo nombrar

nunca dije tenemos que hablar

adiós, hasta nunca.

 

Mientras dormís

lo que llega desde afuera

no te alcanza.

Yo observo desde una distancia

relativa el desenlace.

 

Despertamos sin decir buenos días

Hace rato que vos no decís nada

Que no decis ¿Qué querés desayunar?

 

Nuestros silencios abren mares y yo

algunas pocas veces opongo resistencia. Insisto,

me dejo tomar por la corriente y no

me asfixia el movimiento desfasado

de los huecos en los que encuentro tu mirada sobre mí.

 

Está mañana en el desayuno pude decirte:

Es el final, no lo siento en absoluto,

es un alivio concluir esta terapia intensiva

poder desconectar el enchufe que nos obliga a respirar.

 

pero hay palabras que simplemente se me escapan.

En vano observo el desenlace.

 

© Pilar Sanjurjo

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Poema de Olga Liliana Reinoso

  


Ya es tarde para todo.

Las sombras se congelan.

Hace un destiempo

de fin del mundo.

 

Toda la vida

buscando las raíces

el origen

            la identidad

 

Semidesnuda

semidormida

Me reconozco

la mitad de nadie.

 

© Olga Liliana Reinoso

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Poema de Pablo Jacinto Carrazana

 


migración


las hojas del árbol

una por una caen

como cae la helada

             en mi sueño

 

hacia el oeste

la última gota de luz

ilumina

tus ojos

 

la noche

nos alcanza

 

© Pablo Jacinto Carrazana

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25/7/26

Poema de Diana Bellessi

 


El mazo

 

En el viejo café Cervantes sobre la plaza

la sombra luminosa de mi padre me acompaña

 

siempre he querido a este boliche sombrío

donde los parroquianos varones juegan al mazo

español o miran la televisión silenciosos

y me dan permiso, Dios mío, de fumar adentro!

 

aquí veníamos con el papá a tomar café

y a él, no le daba vergüenza traer a su hija mujer

 

la ruta al frente y la vieja estación de tren

con la plaza al lado, ya suben las voces de estos

machos y quisiera atrapar cada gesto o frase

que se repite desde mi infancia a mi vejez

 

ahora que ya se han olvidado de mi presencia

con las cartas en la mesa y uno lee el diario

 

dos toman cerveza o miran un documental

sobre Tailandia y el mozo del bar y yo

la octava pasajera con un noveno sentado

atrás que ahora entra al café de la plaza, el más

 

antiguo que conozco y siempre milagrosamente

abierto, hay un tipo ahora en el reservadito

 

tomando vino, y mujeres nunca, qué entretenida

la rutina de los varones que ahora comparto

con mi cuaderno de notas mientras el noveno

se acerca a jugar una básica y hablan de una víbora

 

no sé si será de Tailandia o de Zavalla

pero todo tiene un sabor de aventura antigua

 

que me dan ganas de reír y de llorar al mismo

tiempo y ahí entra el barbero y Barrera detrás

que se sienta en mi mesa mientras recuerda,

octogenario ya, al Chevalier y a su mujer

 

Hilda, amiga de mi mamá, encantador este

Barrera, y otro, al que le reconozco la cara

 

aunque no sé cómo se llama y me dice "acá

se sentaba siempre tu papá, en esta silla,

frente a vos", lo recuerdo, sí, mirando hacia la plaza...

ustedes me trajeron, ¿verdad viejitos? y el dueño

 

del bar que me ofrece ahora una copita que no

me dejará pagar, tan grande y hondo, no sé


© Diana Bellessi


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Poema de Nancy Montemurro

  


YOGA 

 

A los ochenta y dos años,

después de la muerte de mi padre,

mamá comenzó a usar pantalones.

Siempre se había vestido con pollera

obediente a la premisa                                               

“los pantalones los llevan puestos

los varones”.

Así eran las mujeres de antes.

Recién entonces pudo

empezar a hacer yoga,

como si la muerte del esposo

le permitiera tomar consciencia

del propio cuerpo,

sentir el corazón latiendo

a un paso del final.

 

© Nancy Montemurro

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Poema de Ana Lafferranderie

 


El jardín es huérfano.

Para dejar un rastro circundamos la casa 

hasta la noche

seguimos lejos de la puerta

donde las voces se hacen graves.  

Buscamos el resguardo de la parra

el techo leve de la uva azul.

 

© Ana Lafferranderie

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Poema de Luis Bacigalupo

 


 

si no pertenecieran

 

a este lugar mi pie

la tierra el agua

la sed la boca

                     amada

 

el labio frutal

mi permanencia

mi petulancia

 

si no pertenecieran

por igual la ceja

enjuta y el tiempo

inane y demacrado

de morir me moriría

entonces

bajo tierra bajo el agua

en la sed

con la boca amarga y

agrietada

 

si no pertenecieran pues

a este mismo lugar

mi permanencia

mi pie

   mi lluvia 

      mi paraguas

 

© Luis Bacigalupo

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Poema de Cintia Eleonora Ceballos

 


Mientras aquel zorzal bebe el agua de la fuente

dejo que el dolor salga, provoque

un sacudón violento

sobre mi cuerpo que no deja de luchar

contra mí. Sumerge sus patas en el agua

y el sol inventa una luz

que apenas unos segundos antes no existía.

 

El zorzal inclina su cuerpo y lo levanta

una y otra vez. A cada vez

un nuevo sorbo y una nueva habilidad del sol

que me toca también a mí. Como una falla,

un error en el cálculo que agradezco.

Qué voy a hacer cuando el zorzal se vaya

levante vuelo para seguir

el camino del deseo

que tan bien parece conocer.

Qué hago si el sol sigue despuntando su vicio

de inventor irrefrenable y se queda un rato más

para pintarme con su luz.

Cómo le digo al cuerpo que no luche

que ahora se calle la cabeza y

ritme suavemente el corazón.

 

© Cintia Eleonora Ceballos

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Poema de Carlos Vitale

 


LATERAL

 

Un aire gris,

algunas fotos,

ciertos amores,

ritos, paisajes,

ni una lágrima,

algo parecido

a la felicidad.

 

© Carlos Vitale

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Poema de Adelina Lo Bue S.

  


EL OJO DEL TIGRE


                                  A Giacomo, Franca, María Rosa


En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

lo incierto cambia

en un espacio de silla.

 

Acaso, tal vez pronto

mi voz sea tierra,

pantanos de palma,

plantas de café.

 

En un lugar,

entre caminos de cocos;

entre montañas,

acequias asfaltadas,

el mundo dejará mi barco, una vez más.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano,

en el invierno yo quise

ser tumba enamorada.

 

Cuál será el oscuro seno de la vida

que se aleja, que se lleva, que nos llama.

 

Desconocido marcha lo indecible

la palabra mar también nos es desconocida

entonces,

¿cuál es, corazón, el eje rotado

de lo indecible a lo decible?

El verano espera el rojo luminoso. Lo presiente.

Cual una esponja el hombre absorbe lo posible

y derrocha lo imposible

siempre al alcance como un vaso de agua.

 

Espacios de piedra

donde nosotros trazamos las ciudades

sin ningún sobresalto

para que el atrevido invierno

no dé muerte al ojo del tigre que nos aguarda.

 

En el invierno yo quise

ofrecer un verano.

 

© Adelina Lo Bue S.

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