8/6/26

Poema de Sandra Gudiño

  


Receta


No hay que abusar del dolor

Carina Paz 

                                                               

Hay que abusar del dolor

hay que tomar el dolor por el mango

para que de vueltas

una y otra y otra vez

para que remueva toda la costra

pegada de lado

 

A fuego fuerte que cocine

el otro costado

en ese instante

quedarse parado          justo ahí

mirar la herida a los ojos

esperar

 

Cuando por fin

el dolor estremezca

cuando no deje respirar

y sólo sea    llanto largo

recién ahí

arrancar con la uña

la cascarita seca

la cascarita se cae   

                   se cae

 

hay que abusar del dolor

la herida vuelve a sangrar

             que manche todo

hay que otorgarle

cada milímetro de piel

que germine brote crezca

más y más

 

Hay que abusar del dolor

Hay que arrastrarlo hasta gritar:

no puedo más

con la sádica ironía

de no

        morir

                   del todo

 

© Sandra Gudiño

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Poema de Olga Liliana Reinoso

 

EXPECTATIVA

 

Todo sucede en forma inevitable.

Una sonrisa sin inaugurar

queda en mitad del llanto.

y las penas se instalan

en un tiempo agridulce de lloviznas.

Hay un secreto oculto en algún sitio.

Tantas palabras mueren.

Una mujer camina solitaria

por la ciudad desnuda.

El amor es un ángel descalzo

que reparte azucenas.

Dios observa en silencio.

Y espera.

 

© Olga Liliana Reinoso

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Poema de Damián Katz

 


Bicicleta

 

Pedalear sobre calles fantasmales,

huir cómplices, de ciudades incendiadas,

haciendo equilibrio entre la quietud y el desespero

subido a este maravilloso gerundio de dos ruedas;

en el caos, habitar un lugar posible.

 

Como con la poesía:

hacer pie de alguna manera,

para no caerse

en lo que no tiene nombre.

 

© Damián Katz

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Poema de Ana María Oddo

 


Daniel corre

 

I

Corrías

contra la boca hambrienta de la muerte

esa que te crecía silenciosa

  implacable

corrías

contra las muertes cotidianas

esas que se instalan en la calle

y nos muerden los talones

                                solapadas

corrías

para ahuyentar los escondites

y mirar de frente

los reclamos

las miserias

 

corrías

para ganarle al sueño oscuro

y legarnos la desnudez de tu verdad.

 

II

No fue en la arena fugaz, Daniel

donde tus versos dejaron estampado

el alarido de tu nombre.

No fue en la arena, no

te lo digo aquí

de pie contra el tiempo

que corre sin piedad

y nos alcanza.

No fue en la arena, no

sino en estos corazones

que se oprimen al leerte

y sangran lágrimas que encienden

                                                incendian

                                                nos incendian

porque tu voz sigue corriendo hacia nosotros

sigue sonando tan ardiente

tan íntima

que parece atravesar

cielos y tierra

decir lo que aprendimos a callar

gritarnos en la cara

 

el repertorio de los miedos

                                 los deseos

                                 los olvidos

                                 la nostalgia

esculpirnos el recuerdo

como si naciéramos de nuevo.

 

 

Y sin embargo

qué tristeza, Daniel

no bastaron tus palabras

“para sobornar a Dios”.

  

© Ana María Oddo

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Poema de Osvaldo Víctor Fernández

  


Cómo no va a escribir el poeta sobre la muerte

si la ve en la sombra alargada de un árbol

en el vaso de agua que se vuelca sin querer

.

si la escucha en la madera que cruje de noche

en el silencio de una casa vacía

.

si la siente en la brisa que arrastra nombres

en la piel que se enfría de a poco

.

Cómo no va a escribir sobre ella

si camina descalza entre sus versos

si le susurra cuando toda calla

si le toca el hombro y sigue de largo

 

© Osvaldo Víctor Fernández

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Poema de Ana Romano

  


En las nervaduras de la noche

estrellas afiladas

ahuecan la herida

 

Puntadas de sombras

hilvanan

retazos de encaje

 

Una lágrima viva

recorre

el cuerpo de aire

mientras

aúlla la risa.

 

© Ana Romano

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Poema de Alicia Pastore

 


tan leve la mirada

niña

corto el pisar

tan poco patio ancho

 

exiguo

el espacio abierto

hacia el cielo

 

y vino el hombre

a hacer su sombra en vos

 

a clavar inmenso

desprecio

en tu carne

 

a callar tu voz

de los otros

a borrarte

niña,,, 

 

© Alicia Pastore

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7/6/26

Poema de Blanca Lema

  

Morfina

 

Sacaron vino de mi corazón.

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

Vamos al gran funeral de los glaciares muertos.

 

Somos un cairel cayendo sobre el vacío helado

y el mundo ya no se deja besar por los árboles.

 

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

La montaña va saltando al lado nuestro

como una ballena desesperada.

 

Nos abraza a medias,  tiene miedo de rompernos.

 

Sacaron vino de mi corazón.

Ya no pertenezco.

Ya no poseo.

 

Los gritos del silencio son los peores

No sé qué hacer con ellos,

escombros míos.

 

Dos cisnes en la carótida

quieren limpiar la confusión de estas escenas.

 

¡Si tan sólo hubiera morfina

en la pulpa de las naranjas!

 

Si tan sólo hú-bié-raaá

(MORFINA)

...en la pulpa de las naranjas.

 

© Blanca Lema

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Poema de Miry Sarkis

 


Sobre la calle rota

 

Esta noche

un niño camina solo

                           solo como fantasma

sobre la calle rota en pedazos

 

él busca en toda dirección

no hay nada,

 

con la uña frágil

rasga la única cuerda del laúd

                                      no hay eco

                                          no hay refugios

                                                    no hay nada.

El niño

tiene hambre

                       ni siquiera un pan hay

                       solo un poco de leche

                       solo leche          sin madre.

 

Esta noche

    un niño camina solo

                   con hambre

                             SOLO

                                sobre la calle rota de Siria.

 

© Miry Sarkis

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Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


MOLDE PARA UNA METAFÍSICA

 

Para crear una existencia sólo hay que retirar

los sobrantes, la materia que le rodea,

llegar con el martillo hasta las galaxias

y continuar sacando mundo, cavando sombra

hasta dar con la forma justa y definitiva

separada de todo lo que la trasciende.

Obtenido ese modelo de piedra temblorosa,

hay que volver a llenar el universo,

colocar en sus órbitas los planetas,

las estrellas en sus constelaciones,

los ríos en su cauce, los peces en su espina,

jardines alrededor de los brazos,

huertas que broten en el afuera vacante.

Por último, del centro de todo lo posible,

retirar la pieza de mármol, ahuecar ese espacio,

para dar cabida a la nada,

es decir, a un hombre repleto de vacío

con la mirada puesta en todo lo que le falta.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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Poema de Amalia Mercedes Abaria

 


ALMA DE DESIERTO


                                      A una piedra de Córdoba

 

Ah, silenciosa

y circunspecta,

gris, con alma de desierto.

 

En mi extrañeza humana

cae tu firme soledad

hacia el instante de luz,

como de plata.

 

Y veo allí secretos

de pájaros antiguos

y el silencio de hombres

rompiendo minerales,

buscando tu belleza

de cuarzo, tu fragmento

de estrella.

 

Resplandeciente

 y oscura,

sigilosa,

raíz de la montaña.

 

Sólo los puros amarán

tu abatido magma

disuelto,

el cristal apagado.

 

Rigurosa piel, quebrada y viva.


                         Córdoba, Buenos Aires, 2012

 

© Amalia Mercedes Abaria

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Poema de Daniel Viola

 


No hay lengua que calme la violencia.

 

Uno espera que no viole, que brinde

la ternura que encierra una vocal.

 

Cuando la palabra es ajena,

no hay comunión posible.

 

Toda letra es un símbolo que

nos une o dispersa.

Pronuncio árbol y siento cobijo.

Aquel, la enuncia como lanza.

 

La lengua encierra los idiomas posibles.

Matriz de rasgos; pequeñas acentuaciones;

tildes que ornamentan el habla.

Compartir la lengua es compartir los gestos.

Los mudos lo saben en su juego con señas.

 

Toda madre acuna en su sinfín de gestos.

La lengua materna se genera en la espalda.

Allí donde la médula halla su refugio y

genera susurros que las infancias precisan.

 

Sonidos, gestos. Los dos vibran en la misma frecuencia.

Son cuerdas de un solo instrumento.

 

© Daniel Viola

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6/6/26

Poema de Susana Szwarc

  

Declive

                 

Por el ojo de la cerradura vemos

cómo deja la palangana en el suelo: tiene agua. Ahora

no se ve. Hasta que levanta la mano

blanca, la misma con que la prisionera (jovencita

en Siberia) llevaba maderos hacia el barco.

 

¿Y las niñas? en la escuela

atrás de la vía.

 

Tiene una gillette y el ojo apoyado en la cerradura mira

su negra axila de abeja-madre. Arrasa. Algo se corre.

En el encuadre, un ojo mira al otro.

Si me estiro veo

la palangana (llena) de estrellas y abedules

también blancos: habría nevado.

(El hermano, sobre la nieve, corre

a la muchachita y ahora los ojos ya no ven.)

 

Atrás de la vía:

campanas.

 

Va a salir. Hay que correrse. Abre la puerta y desparrama

el agua (turbia) al gallinero. Nubes la alejan, hacen pasillos

hasta que tiende más ropa en puntas de pie. Los brazos en alto. Abrocha.

 

¿Cómo hallar ahí dónde posarse?

 

© Susana Szwarc

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Poema de Carlos Norberto Carbone

  


NUESTRO PAÍS

 

Soñé con otro país

para ustedes

-hijos míos-

un país donde nadie

mezquine el chocolate

un país donde la sopa fuera fiesta

un país donde todos coman caramelos

El país real

anda lejos de mis sueños

un hedor a traición todo lo invade

por ustedes y los demás niños

seguiré soñando

el dulce de leche hijos míos

Nunca baja las banderas.

 

© Carlos Carbone

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Poema de Mirta Venezia

 


Cuidados de la huerta  

 

                                             Para Meli

 

mi hija me llama

me cuenta de la huerta

de los plantines de Plaza Irlanda 

de la humedad

de hojas siempre verdes

me cuenta de plantas exóticas

que regalaron en el vivero

de esperas

(tiempo de riego

perseverancia/ cuidado)

 

me ofrenda

una siembra de perfumes 

llamita de amor

-te quiero-

 

por un rato me olvido de mí

por un rato pareciera que algo bueno

puede suceder.

 

© Mirta Venezia

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