26/9/26

Poema de Antonio Requeni

 


En el centro del Barrio de las Musas

(que decía Nalé) todos los verdes.

Isla fragante de silencio donde

sólo el rumor de niños y de pájaros

oigo mientras recorro sus senderos;

el romántico estanque y el aljibe,

Bolívar con palomas en los hombros

junto a la desnudez de las estatuas

que esculpió Fioravanti; el ombú,

jacarandás, magnolios, eucaliptos,

y un ginkgo cuyas hojas otoñales

al caer sobre el césped se asemejan

a un aletear de mariposas de oro.

Calmo rincón, oasis de belleza,

verde escenario del vagar ocioso.

Aquí quiero que esparzan mis cenizas.

 

© Antonio Requeni

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Poema de Sylvia Cirilho

 


OFERECER ME

 

ofrecerte amoralimento,

convertir la voz en caricia y presa

 

y decirme una y mil veces

que nunca vuelva a escribirte

un poema con la misma pasión

 

© Sylvia Cirilho

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Poema de Majo Bozzone

 


 

Nada nos pidió el río.

Y ahora muere en silencio.

Se apagan sus aguas en fuego metálico.

Los peces se ahogan en el plomo,

los camalotes se marchitan entre

los troncos quemados.

Donde el sauce arrimaba al espinillo,

los perros huelen  muerte.

El viento ruge sequía.

El hambre carcome  orillas.

 

¿Cuándo el grito y el trueno?

El río está muriendo

y aún no se agiganta el llanto.

 

© Majo Bozzone

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Texto de Simón Dante Lorenzón

 


Abuelo me enseñó desde joven el práctico oficio de pintar objetos,

primero las macetas naranjas de cerámica, luego las de cemento,

siguieron mesas y sillas de jardín, creo que un árbol también fue

maquillado, un portalámparas de chapa fijado en la churrasquera.

Abuelo me enseñó el mejor oficio tomar vino con mucha soda

también a ser generoso con los locos del barrio.

 

© Simón Dante Lorenzón

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Poema de Lorena Luna

 


romperse en voz alta

 

y tras el quiebre

               que el eco se lleve los restos

 

hay algo sagrado

en poder decirlo todo

eso que duele también

tiene derecho a respirar

 

© Lorena Luna

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Poema de Fabio Cardarelli

 


En el silencio

 de la noche

 amor   

dudo

si es

tu respiración

o

 el rumor

manso

de

 la tierra

que

 gira.

 

© Fabio Cardarelli

 

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Poema de Alejandro Cesario

 


Pérdida 

 

En la quietud de una mañana

Juan avienta un rosario colgado de la cuja.

 

Liba a pequeños sorbos.

Inane quejido.

 

Infancia de sol oscuro,

 

rengueada con las manos cárdenas

de la ablepsia capitalista.

 

© Alejandro Cesario

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Poema de Sebastián Jorgi

  


CONTRA LAS CUERDAS


DOS


¿la dialéctica de los márgenes?

  ¿los próximos?  ¿ y tú?

No vuelvas a presumir

Conténtate con aquella muchacha

                                           Otra copa

Alguna novedad traerá

Bésala mucho

                            Alumbrará

Entonces            el foco de la esquina

 

© Sebastián Jorgi

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Poema de Romina R. Silva

  


HAY UN CENTRO EN EL CENTRO DEL CENTRO

 

el centro de un poema/es otro poema

el centro del centro/es la ausencia

Alejandra Pizarnik

 

Hay un centro en el centro del centro,

ando cruzando puentes,

bordeando el camino,

al encuentro del viento.

Todos los centros convergen en el centro del centro,

minúsculas visiones atraviesan

los márgenes de la existencia,

hasta que todo culmina.

 

Lo nuevo repetición

onda expansiva del viejo tiempo,

lugares comunes antes del vértigo.

 

Zarandeo el centro del centro

busco el punto

de este espiral sin parámetros.

Aventura, desmesura, búsqueda.

Aventura, desmesura, búsqueda.

Lejos la coherencia,

desiertas verdades.

Sed. Agua de dudas.

Vida y más vida.

Entre lo perfecto e imperfecto somos

por los márgenes de la existencia andamos

hasta que todo culmina.

 

© Romina R. Silva

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24/9/26

Poema de Luis Benítez

 


tuviste varios horizontes país

 

aunque los días de grasa y los años de fuego

te frieron como un biscocho todavía parecés ser

esta materia hecha de paisajes y familias

donde cada tanto alguien le pregunta a otro qué sucedió

qué te llevó a hacernos ciertas cosas

parecidas al crimen o a eso que nadie osa mencionar entero todavía

como una vergüenza escondida en fotografías oportunamente quemadas

o parientes sepultados en el fondo de la casa en la madrugada

cuando nadie está despierto y quien lo está

no quiere ver y se ampara en la gastada historia

de la pesadilla y el insomnio

 

fui educado para amarte país

yo lloraba de niño cantando la oración a la bandera

y fui la última generación encontrada la última bala de tu ruleta rusa

el clic en la sien que hace despertar en otro mapamundi

donde busqué tu silueta de chica mala inútilmente

dándole manotazos cada vez más furiosos al globo terráqueo

 

fulana vieja

sé que pasaste por muchas necesidades

(los últimos doscientos años no fueron nada buenos

pero para los muchos nosotros tampoco)

y espero que elijas mejor a tus gigolós mañana

por el bien posible de tus hijos también

 

el internado donde nos dejaste huele a meadas de perro

y nadie es muy amable en ninguna parte

además de que no venís a verme demasiado a menudo

extraño todas esas promesas de cariño

cuando me engendraste en un hospital municipal

tan tuyo parir entre goteras

y hacer llorar a los inocentes por mano ajena

sonriendo como si no tuvieras culpa alguna

esperando felicitaciones y flores y bombones

entre almohadas y atenciones donde brilló

entera y rota y en una parte nueva

tu vieja sangre

 

© Luis Benítez

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Poema de Pilar Sanjurjo

 


Escucho la radio al despertar, debería dejar ese hábito nocivo

quizás incluso antes de tomar en serio lo del cigarrillo,

porque la radio en si no es el problema (como no lo es el tabaco)

nunca lo son las cosas inanimadas.

 

El problema es la tos, el problema es la voz del locutor de la radio

el problema tal vez sea el olor de la nicotina en las paredes

el problema seguramente sean las palabras indignadas

el problema estoy casi segura es que soy yo

que todas las mañanas prendo la radio

y le doy rosca al encendedor prendida a la liturgia.

 

Sé que son insostenibles las mañanas habladas del periodista

pero insisto en escucharlo y algunas pocas veces

creo que nuestras voces conversan

pero a quién engaño él nunca me escucha.

Creo que lo quiero, lo quiero demasiado, lo quiero como a un padre

lo quiero como a mi propio padre.

 

Él también hablaba por las mañanas, especialmente en invierno

cuando me llevaba a la escuela. A veces yo decía algo interesante

pero él seguía su monólogo matutino. Él también era un hombre interesante.

Tenía problemas auditivos pero mi madre siempre dijo

que en el fondo era distraído y desinteresado.

 

© Pilar Sanjurjo

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Poema de Norma Etcheverry

  


La Jota Pe

                                                                               

                          A José Ramón Viñuela


Impertinente multitud maciza,

sanguínea,

palpitante al son de los bombos.

Ensimismado y pensativo se quedaba

el mundo

viéndolos pasar.

Siempre eran montones y compactos

y oscuros

y terminantes.

La historia entera parecía

pertenecerles por completo,

tanto,

que tomaba cuerpo y se la podía sentir

y hasta tocar.

En cada pausa renovaban el tono,

repetían “compañeros”,

se encendían,

y parecía descender sobre ellos un aura

poderosa y sagrada.

 

© Norma Etcheverry

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Poema de Luis Pabón

  


Mamá, mamá, mamá

 

Mamá, mamá, mamá

No te sientas triste mamá

No tienes la culpa como te decía mi viejo

Y No tienes nada que espiar

Mamá

El brillo en tus ojos siempre me ha iluminado el camino

Y en mis noches de lagrimas ESCONDIDAS

Tú fuiste el pañuelo y la sonrisa que las desaparecía

Ay mamá, mamá

No tienes que volver a meterme a tu vientre mamá

No hiciste nada malo al darme vida

Ni pecaste al criarme y cubrirme de los otros

Porque algo en ti sabia que era diferente

Ay mamá, mamá, mamá

Tus monedas y billetes que salían del banco de tus senos

Ocultos entre tus dedos

Y acompañados de ese gesto de ojos abiertos para que nadie notara

El secreto entre tu mano y la mía

Siempre mi ángel mamá

Y yo tan necio

Tan cobarde

Ta extraño a veces

Tan distante ahora

Ay mamá tu cara triste y tu corazón roto al verme ir herido

Surcando los cielos a otros cielos

Porque no había espacio para mí en tu casa

Ay mamá perdón por nunca pensar en tus océanos

En tus ríos sobre las almohadas

En tus culpas atribuidas por egoístas

Por no ver tu corazón roto

Por culparte a veces

Por no entenderte a veces

Cuando abrazabas a quien para mí era un monstruo

Y para ti era otro pájaro herido

Ay mamá

El cielo debería inclinarse ante tu amor infinito

Ante tu entrega abnegada

Y tu sabiduría Salomónica.

Mamá, mamá

No te vayas nunca No me dejes solo en este mundo que a un me rompe

Este mundo que no entiendo

Este mundo que me desarma a diario para volver a armarme

Como un rompecabezas infinito

Santa, santa, santa…

¡tantas veces santa!

Y yo pecador, hereje, prodigo y mendigo

Nunca ha sido fácil ver la riqueza que siempre tuve

La que veo ahora

Mi tesoro tú, mi fortuna tú, mi cielo y paraíso tú

Siempre tú mamá

Infinita TÚ

BENDITA ENTRE TODAS LAS MUJERES

Ay mamá aquí está tu niño roto

Tu niño frágil aun que solo en ti encuentra fuerza

Tu equivocado niño

Tu hombre errado

Tu dolor, tu orgullo extraño

Tu niño ma´

Ay mamá

perdón mamá

Mi ángel tú

No dejes nunca porque aquí no hay un lugar

Para mi sin ti

Sin tu palabra sabia en el momento oportuno

Sin tu abrazo en todos mis vacíos

Sin tu aguja que teje mis heridas

Sin tu mirada que me acepta todo

Ay mamá

Artesana, mi milagro, mi Aleph

¡¡¡Mi diosa humana mamá!!!

 

© Luis Pabón

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Poema de María Sueldo Müller

  


Sobre la dinámica de las palabras y otros fluidos no newtonianos 

 

 I

 

quise descansar mi peso

y lo sostuvieron

boca arriba

las manos en imperceptible aleteo

pude contemplar

las gotas suspendidas

que prismaban el sol de la tarde

 

supe

que eran capaces de acercarme a la belleza

 

© María Sueldo Müller

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Poema de Margarita Soto Frossard

 


Hogar de cenizas


Gobernando los sentimientos

con alusión de abuela, 

está la casa custodiada por el tiempo

con cerraduras sin nombre, acecha.

Los ladrillos gimen             

mientras ella  guarda  una llave de esperanza

perdida en el aire entre nombres propios.

Arrinconados,  los secretos

cuidan de los tormentos

conservan algunas oraciones

canciones de color y duelo.

Con justicia autorizada, el hogar

detiene el terror, protege.

En una esquina de leyenda,

 junto a los apodos                               

la solemne cerradura, mayordomo de metal

guardián de la alegría

vigila en su regazo el patrimonio

dueño de la ternura que vivió.

Ahora, abandonado de anécdotas   

silenciado de semblanzas

acomoda su vacío en ruinas

se expone solitario, cruje en medio de un remanso

se paraliza ante la decadencia.

En vértices de la casa junto a humedades derruidas

el hogar, en silencio

se vuelve cenizas.

 

© Margarita Soto Frossard

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