16/9/26

Poema de César Cantoni

 


CUCARACHA MUERTA

 

Esta mañana, al levantarme,

hallé una cucaracha en el piso del comedor.

Estaba indudablemente muerta:

inmóvil y con las patas para arriba

Me alivió no tener que pisarla

y cargar con la culpa del victimario.

Aunque las sanas costumbres lo aconsejen,

no es mi regla doméstica aplastar insectos.

 

© César Cantoni

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Poema de Sonia Rabinovich

 


13 de Agosto de 1998

Cementerio de Montparnasse

                  a Julio Cortázar 

 

Busqué pétalos de un sol cortado en la vereda

cuando supe que allí estaba el lugar de tu ausencia.

No fui a buscarte

sólo llegué al sitio de panteones

y recordé que allí fue Carol primero,

y ahora como una dura almohada compartida

una línea y tu nombre.

 

Cómo saber que sólo cuatro pinceladas amarillas

unidas por un tallo

tocarían la piedra porosa,

el jardincito desde donde les brotan

las verdes impotencias a los muertos,

rozaría la c de cronopio

que alguien pintó de rojo en un costado,

y así de pronto el rito del pasaje.

 

Decía Eugene Ionesco 1996

en la esquina de tu barrio,

en el vértice de tu cuadra muda.

Cortázar, Julio, cronopio,

Verte rodeado de jóvenes que hablaban de tus cuentos

sentarme profana en la tumba vecina

y acariciar tu nombre

mientras citaba pésimo un poema tuyo,

era probable.

Pero, acaso fue así?

Fue Montparnasse, tu muerte

fue un jueves trece y este año

cuando le pedí a una flor que te llamara?

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de María Negro

 

 

No se aprecia del cuchillo

el silencio con el que

sabe esperar bajo el poncho.

La astucia de su aguijón.

Bajo el árbol canta,

insecto caído

en desgracia

que gastó su movimiento

con rabia,

con inocencia.

La puñalada,

sin retorno.

Después, la nada de la tierra.

Un poco de sangre,

inevitable,

y la certeza

de la herida

que sigue aferrada al filo.

 

© María Negro

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Poema de Susana de Iraola

 


Lameré río a río

al límite del musgo

nadie sabrá donde se esconde

aquel reflejo

sabré ocultar del sol

el íntimo color de mis vendajes.

 

© Susana de Iraola

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Poema de Mirian Brousse

 

 

PINOTEA Y PORCELANA

 

No pensé, no,

pero dolía

mucho,

a veces

la lluvia entera.

 

Y yo

arbolaba

patas de muebles,

mosaicos

Dolía.

 

Pesaban torres

de insectos,

telarañas.

Mis pies,

hojas secas,

plumas agonizantes.

 

La lluvia

baja, cerca,

detrás

luz mortecina.

 

Yo colgaba

almohadas,

picos, martillos.

Vestía tazas,

porcelana,

pinotea,

piedras de otros.

 

Todo dolía,

hasta que todo

alejé.

 

Ahora despierto

quizás

otro amanecer,

 

árboles vivos,

jardín

mi voz que crece.

 

© Mirian Brousse

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Poema de Osvaldo Víctor Fernández

 


Sara no se ahogó

(a Sara Millerey)

 

Quebraron

sus brazos

intentaron romper el vuelo

sus piernas

como si el camino fuera delito

.

la arrojaron al río

como si el agua pudiera olvidar

como si el cauce no llevara también memoria

.

Sara no se ahogó

Sara no murió en el instante

en que la cámara quiso capturar la humillación

.

estaba más viva que sus verdugos

porque nadie puede matar

a quien ya aprendió a nacer de nuevo mil veces

con cada nombre negado

con cada mirada que apuñala sin tocar

.

¿creyeron que era barro?

¿que se la tragaría el río sin hablar?

el agua la lleva ahora con cuidado

carga a una hermana

rota pero intacta

el cuerpo puede caer

mientras el alma se levanta en las voces

.

y ahora está en nosotros

en cada travesti que camina de noche

sin agachar la frente

en cada "ella" dicho con orgullo

en cada lágrima que no se traga

.

en cada rabia que

se convierte en puño y palabra

.

no hay río que pueda ocultarla

no hay video que la reduzca a cifra o espectáculo

.

Sara es bandera

Sara es raíz

Sara es justicia que no se calla

aunque duela

.

aunque tarde.

 

© Osvaldo Víctor Fernández

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Poema de Mary Guerreiro

  


              …tiene tormentas en la boca                                                             

                 palabras que naufragan/                                                                                                

                        Juan Gelman 

                                                                                       

ÁLGUIENES


Acaso nos parecemos a nunca

Somos lo que no pudo ser

Quedamos al margen de las vidas de álguienes

Pasamos de largo destinos

La elección del sendero

dejó fuera mundos propios y ajenos

Somos lo que no      para quien nos amó

y le dimos la espalda

El amor imposible                somos

 

Bajo siete llaves

Escondemos el cofre

Abecedario de lo irrealizable

 

Para quién será una herida      mi nombre?

Sólo tengo que desentrañar

el misterio del olvido.

                                                                                                   

© Mary Guerreiro

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Poema de Víctor Hugo Valledor

 


No mirar  

 

No hablará. No mires sobre tus ojos sus ojos. No hablará.

Su cuello deja ver su amuleto perfecto y sus ojos mirándome. No hablará.

Mi voz a oscuras de la voz, planea silencios hablados. Silencios abortados. Noches en donde se perderá por siempre la sorpresa.

No hablará.

 

© Víctor Hugo Valledor

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Poema de Cecilia Penna

 


Solitarearme

                       por un rato

la fiaca de Briski

el milenario wu wei

el dolce far niente

el descansa fatiga de Minguito

del guerrero.

Solitarearme

                        por un rato

el no objetivo

ningún para qué

ni su acento, siquiera.

Solitarearme

                        por un rato

sin pretérito perfecto

solita   y    arme

y luego armarme, pero sin erres

sin tantos errores aprendidos

seguramente ahí

en ese instante

te encontraré

sonriendo.

 

© Cecilia Penna

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Poema de Blanca Correa

  


Gitana


La gitana

grita triste

su dolor agudo.

Las líneas de la mano

no obedecen.

Su vida desvió la ruta.

 

La gitana

llora

y no hay pañuelos

para sus monedas

ya no lee líneas

no hay líneas,

no las ve.

 

Su vestido viaja por el río,

lunares de colores

agazapados

en los pliegues de su cuerpo.

 

Gitana hermosa,

tu vida es travesía

hacia rumbos etéreos.

Otro mundo leerá tu suerte.

 

Danzan al fin

las trenzas de la gitana.

Ella, mece líneas de manos ajenas.

 

© Blanca Correa

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14/9/26

Texto de Hugo Francisco Rivella

 


 

Los huesos de mis piernas igual a estalactitas soportando el peso de los siglos

los petroglifos de la edad de piedra las sinrazones del volcán bullendo

los huesos de mis manos el carpo el metacarpo que se esfuman como un pequeño soplo de la nada el aferrarse a todo lo que viene y a colgarse del agua del pasado

los huesos que flamean en la bandera que el pirata retuerce en las espadas

la cimitarra que se curva lo mismo que la muerte cuando penetra los arcanos guanos

los huesos que sostienen desde siglos el cuerpo del hijo resecado en la cruz por los traidores

las fibras de sus brazos que parecen las cuerdas de un laúd desafinado

los huesos de gritar

la calavera que Shakespeare amenaza matar la risa arqueada de un hablar sin dientes para que la palabra sea un erizo en llamas

estos huesos sin sal este esqueleto la brújula en desuso de un dios enfermo y solo

el fémur que me pesa como un agua penosa los dedos de matar y señalar al otro

al reo que espera la soga el pozo en donde se suicidan espantapájaros

cada vértebra siento como un latido simple

la fosa en la que el músculo abisma sus ponientes los caballos que arrastran un cortejo de niñas hacia la misma muerte del amor y el marjal

los huesos  penetrando la tumba de mi padre

que no ríe ni baila ni alimenta ni sacude ni sangra bajo la misma lluvia

donde el verdugo duerme

este esqueleto seco con las tibias cruzadas sobre un fondo de muerte

 

© Hugo Francisco Rivella

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Poema de Leonor Mauvecin

  


ENERO y eran  reyes falaces y sin embargo

 poníamos el pasto, el agua y los regalos

y los zapatos con toda su breve vida a cuestas.

De poco o mucho el sueño

de espera y fantasía.

Y los grillos y esa oscuridad 

con lucecitas  de luciérnagas

y el silencio

que desdibuja cosas y te hunde

en ese yo que no conozco

y sin embargo,  soy yo ahora

con tanta realidad que me traspasa

 con todo ese calor de un año que comienza

 el año y su festejo y sus anhelos,

y  luces y globos para tantos deseos

que se queman

                   en tanta poca lumbre.

En tanto fuego de artificio, como artificio

son los sueños, para tanta vida.    

 

© Leonor Mauvecin

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Poema de Pablo Carrizo

  


Creemos lo que nos pasa

 

Luego de servir una lasaña

desbordante mi madre dijo:

yo creo

que las palabras que se dicen,

cuando son profundas,

se quedan en el aire

esperando

a las personas que necesitan escucharlas

 

Todavía nos atravesaba

una emulsión de sabores distintos:

dulces y ardientes,

espesos y gráciles,

crujientes y mullidos

 

Le dimos la razón sin hablar:

comiendo,

con los ojos

 

Siempre creemos

lo que nos pasa

con alimento

 

Se nos doraba el rojo

en su túnica latía

el verdor

prensado de la espinaca

 

La pregunta llegará sola:

nadie se antepone a su peso

 

Oiremos respirar

como sabe mi madre nuestro silencio.

 

© Pablo Carrizo

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Poema de Susana Zazzetti

 


romper todos los círculos

hasta encontrar la luz

sin importar

los puñales de sombras.

martillar lo vacío.

dejar que de la boca

salgan las íntimas palabras

las duras palabras

aunque duelan

y decirlas.

decirlas sin pensar

en las heridas del otro.

esto

      sería para mí

como buscar violetas

entre

      una manada de elefantes.


© Susana Zazzetti


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Poema de Myriam Arcerito

 


Ella

es una poeta en el pantano,

camina sobre versos,

sabe que las próximas pisadas

borrarán las anteriores.

Guarda en el puño la receta

sobre el secreto de la vida

que sus ancestros le dictaron.

Sin embargo, no conoce

cómo se mezclan ni el punto justo

para algunos ingredientes.

 

 Ella

inventa nombres de pájaros

en ventanas imaginarias,

ve dioses en las flores

y abraza al universo

en el tronco de un árbol de la vereda.

 

Cree que el amor la salvará de la nada

y que nada ganará

por morir de amor.

Se ríe

como si su boca fuera a quedar para siempre

en otras almas.

Pobre…

aún siente que la mortalidad

puede tener atenuantes

y echa al costado del camino

los errores de una moral vieja

para que no la limiten.

A veces

el hartazgo le cierra la garganta,

entonces

dice que la lucha es desigual.

 

Pero ningún camino

con obstáculos

le arranca el deseo,

la pasión de andar

como si recién hubiera aprendido,

como si sus manos

no hubieran transformado

esos días difíciles como rocas.

 

Ella encuentra

poesía en el pantano,

nutre la memoria,

descose huellas

de siglos patriarcales

y aunque no lo sepa,

aunque nadie se lo diga,

aunque no lo declame a los cuatro vientos,

cree y creerá en sí misma,

cree y creerá en sus fuerzas

y en nuestros derechos

como en ninguna otra fe.

 

© Myriam Arcerito

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