20/8/26

Poema de Dolores Etchecopar

 


el ciervo levantó su cabeza

escuchó un temblor en los árboles

una risa de las hojas

pájaros despavoridos

la luz se alejaba como siempre

pero no era la misma luz

él llevaba en su pelaje y en sus patas

al viento y a la luna

saltó con ellos

la bala no tocó su cuerpo

pero hirió de muerte

el salto

 

© Dolores Etchecopar

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Poema de Dora González

  


Allá

la retama prendida

en la acrobacia del aire

las violetas vírgenes   el vuelo intacto

un aire de eucalipto

el baile con el siempre

antes de Eva y la manzana

allá

era el paraíso

y olía a eternidad.

Acá

enredada en el talón de la vida

la serpiente hizo lo que pudo

diluyó la gota de sol

con que fui hecha

y cambió el paraíso

por un esmerado infierno.

 

© Dora González

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Poema de Diego L. García

 


me gusta como germen 

 

hoy se venía una tormenta

que luego se abrió

 

quién sabe

por qué ocurren las cosas.

 

estuve mirando por la ventana

y respondiendo mails

que decían “cuidado”.

 

es la era de los virus

y ya casi olvidamos

los detalles de todas las cosas.

 

y a vos te parece que debería invertir

y saludar más

en las fiestas

 

© Diego L. García

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Poema de Cecilia Elsa Collazo

 


Capturar la gota de lluvia

como quien guarda un tesoro

 

el secreto del agua

lo incoloro de la esencia

su timidez al caer.

 

© Cecilia Elsa Collazo

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Poema de Carolina Brieux Olivera

 

 

Incandescente

 

Pequeña tú,

¿cómo te vas a ir dejando

el fuego prendido?

La distancia

es un lugar sin matices pendientes,

un lugar naranja y sagrado.

Lo supimos la última tarde

y las que vinieron

después.  

Pequeña tú, nada de lo que queda

será guardado

ni reclamarás tu parte,

esa es tu ley

 

un cuerpo incandescente

que suplica.

 

© Carolina Brieux Olivera

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Poema de Araceli Otamendi

 


Ciudad


La luz en zigzag sobre líneas blancas, entrecortadas en el asfalto

mojado y negro

Los autos relámpagos atraviesan rápidamente el zigzag,

Los perros sacan a pasear a sus dueños

Ellos sujetan la correa, los arrastran

Es tarde, pienso, los perros saben cómo llevarlos

Hay bicicletas, circulan rápido por los costados

Ahora la lluvia se detuvo, luz roja como un sol en el asfalto

Vira al amarillo y al verde

En la puerta del bar, una luz brillante

 

© Araceli Otamendi

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Poema de Néstor Fenoglio

 


A su tiempo, todo en mí, sangre, lo sabrás.

 

La noche volverá entonces

con sus ardidas cadenas.

 

Sabrás, cuando un tiempo de pájaros

nos presienta a los vuelcos,

que el alba nace en el límite extendido

de los cuerpos.

 

Sabrás igualmente cómo regresa la sangre,

cegada por el sol ya alto,

ebria de luz y gritando por el sendero.

 

A su tiempo todo lo sabrás.

 

Sabrás por qué cae un hombre

desde el sitial de sí

hasta donde ya no se llama,

hasta donde un fuego finge su aliento

desteñido en otras alas.

 

A su tiempo te será revelado:

el color de la tierra cuando es vivo párpado

sobre los ojos, cuando mariposas lúdicas

claudican piel adentro

y cuando, exhaustos,

somos suspiro tenue que no vive,

aire remoto ido de nosotros,

leve ceniza atravesada por el tiempo. 

 

© Néstor Fenoglio

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Poema de Cecilia Penna

 


Un viaje de papel  (San Pedro 2023) 

 

Porque somos pliegues

Cuando escribimos

Sobre una hoja

Desplegamos palabras

 

Somos un doblez

Que busca dejar marca

En otro

 

Origami de letras

Torneando encuentros

Un susurro tal vez

Nos insiste

Comulgando ideas

Para descubrir

Cuál es nuestro papel

En esta historia

 

© Cecilia Penna

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Poema de Isabel Llorca Bosco

 


SONREÍR

 

Pliegue del tiempo que se levanta y vuelve.

Así las hojas para siempre gimiendo.

El pasado se llena de felicidad.

Pienso en muchas cosas de las que carezco,

cómo me querían los que yo quería.

Pliegue del tiempo que me constituye,

de silencio para soñar hasta cansarme.

Es el escalón desde donde puedo ir adelante

pensando que si fui tan feliz

podré volver a serlo y mucho más.          

Estoy al borde de un jardín despojado

y la red que sostiene el muro

es una raíz inmensa del color de mi pelo

el piso es púrpura, marrón claro, naranja, todo pálido como si estuviera recordando.

Esta es la realidad poética

en la que nació mi sonrisa.

 

© Isabel Llorca Bosco

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Poema de Cristian Jesús Gentile

 

 

La cortina de la casa

ya no esconde a nadie

y todas las heridas

al descubierto

enlutan mis párpados

se me salen los sueños

y la piel

otro me presta una muerte

para prometerme una vida

alguien jura que hay

alondras sutiles allá afuera

un futuro inalcanzable

¿Qué es una alondra?

Por eso lloran de a rato las ventanas

contra la noche

destiñendo sus muecas fantasmales

sus risas secas

de sol antiguo de otra vida

suicidado de moho sobre las baldosas

y el plomo color infinito y ocaso

y yo a solas

sentado junto a mí mismo

observando

un inmenso festival de sombras

que doliendo suplican

que el show no continúe.

 

© Cristian Jesús Gentile

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8/8/26

Poema de Diana Bellessi

  


He construido un jardín como quien hace

los gestos correctos en el lugar errado.

Errado, no de error, sino de lugar otro,

como hablar con el reflejo del espejo

y no con quien se mira en él.

He construido un jardín para dialogar

allí, codo a codo en la belleza, con la siempre

muda pero activa muerte trabajando el corazón.

Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo

atisba las dos orillas, no hay nada, más

que los gestos precisos –dejarse ir– para cuidarlo

y ser, el jardín.

Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte

hablando en perfecto y distanciado castellano.

Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía

que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

 

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.

Ella que nunca pudo el escalpelo del horror

provista de herramientas para hacer, maravilloso

de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror

si la belleza lo sostiene. Mira el agujero

ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo

en el espejo frente al cual, la operatoria carece

de sentido.

 

Tener un jardín es dejarse tener por él y su

eterno movimiento de partida. Flores, semillas y

plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay

poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una

tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,

mientras la sombra de su caída anuncia

en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir

sin sueño del sujeto cuando muere mientras

la especie que lo contiene no cesa de forjarse.

El jardín exige, a su jardinera verlo morir.

Demanda su mano que recorte y modifique

la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros

bajo la noche helada. El jardín mata

y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer

gestos correctos en el lugar errado

disuelve la ecuación, descubre páramo.

Amor reclamado en diferencia como

cielo azul oscuro contra la pena. Gota

regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas

a la orilla más lejana. I wish you

were here amor, pero sos jardinera y no

jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

 

© Diana Bellessi

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Poema de Eduardo Espósito

 


Una historia recurrente


En un país que no era un país

vivía gente que no era gente

en algo así como ciudades

que no eran ciudades

rodeados por un mar

que ya no era un mar

Allí los hombres que no eran hombres

con sus mujeres que no eran mujeres

vivían vidas que no lo eran

Soñando sueños que no eran sueños

sufriendo amores (no eran amores)

Y así siguieron durante siglos

que no eran siglos

cruzando un cielo que no era el Cielo

buscando en vano evitar la muerte

Evitar la muerte que sí lo era.

 

© Eduardo Espósito

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Poema de Gustavo Borga

  


desde arriba Edith

parió un niño

 

Gustavo

 

será poeta?

no tendrá hijos?

morirá en un geriátrico?

 

© Gustavo Borga

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Poema de Zulma Zubillaga

  


ES EL VIENTO

 

a veces

la esperanza

de que

(esto)

sea

una pesadilla

estalla

cuando

pasa pasa

el día

y sigue sigue

el viento

 

se obstina en desnudarse

se enarbola

 

es verdad entonces

 

es el viento

 

© Zulma Zubillaga

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Poema de Rogelio Ramos Signes

  


De uno en uno 

 

Salta detrás del último corderito

y ya está dentro de mi sueño.

 

Todo es como le habían contado.

Vuela sobre la ciudad y nadie lo nota.

Intenta gritar, pero no emite sonido.

Se obsesiona buscando una palabra

que no está en los libros.

Cae en un pozo interminable y,

antes de despertar, el último corderito

le recuerda que se cuenta de uno en uno,

no de dos en dos. Y vuelve a dormirse.

 

Ahora tiene que subir a una terraza

donde la espera su agente literario,

pero no lo hace escalón por escalón,

sino de a dos, de a tres.

¡Esta chica no aprende!

 

“Así son los escritores tucumanos”

dice alguien por un altoparlante.

“Así son los escritores argentinos”

mientras alguien pasa agitando una bandera.

Entonces me despierto, y ella

que soñaba dentro de mi sueño

se levanta sin demasiado entusiasmo

y prepara el desayuno.

 

Es 9 de julio, hace mucho frío pero hay sol.

¡Viva la Patria!

 

© Rogelio Ramos Signes

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