7/8/26

Poema de Susana Szwarc

 

Rapto

 

mira (en la ciudad) lo que no hay:

lapachos de amarillo

cañaverales

 

si olvidara completamente

ya no tendría

certezas

del vacío

 

pero siempre

alguna señal, por ejemplo

el ruido -ése- de la motocicleta

que produce una torsión

que se empecina como una creencia

 

y es (casi) imposible detenerse

ante la belleza del cromado

o arrimarse al azar

por si ardiera la resina

y presumieran diseños de neon.

 

© Susana Szwarc

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Poema de Mauricio Giulietti

 

 

Con mis hermanos

cortábamos flores de jarilla

para unir en ramos

Los poníamos

en un lugar con sombra

donde enterrábamos

algún animal muerto

Repetíamos esta ceremonia

con la fortaleza necesaria

para acompañar la ausencia

Aún hoy nos reunimos

alrededor de lo que somos

armamos atados de colores

para velar un duelo

que teje los puntos

de nuestro silencio.

 

© Mauricio Giulietti

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Poema de Susana Cattaneo Corona

 


En el pequeño mundo de mi mano

guardo laberintos de arena y cólera,

enigmas indómitos,

poetas locos que sueñan con espejos,

un muerto que pasa en bicicleta,

una muchacha que gastó su memoria,

aves que surcan el destiempo.

Es posible que también guarde

la primera letra del amor,

una vida en hilachas,

un malabarista,

un corazón herrumbrado,

una lámpara de aceite,

un horizonte de miel y azúcar.

En ese pequeño mundo,

también habrá un trozo de misterio,

algún calendario marcado de citas,

una máscara de soledad,

una profecía,

un bestiario,

la sangre feroz que me da vida,

una mujer que se viste de sola.

 

© Susana Cattaneo Corona

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Poema de Stefano Branca

  


duermo en un colchón

que ya soñó con otros

 

tiene hundida la forma

de un cuerpo más ancho

y más cansado

 

cuando me acuesto

siento que entro

en la memoria de otro insomnio

 

algunas noches

se queja

 

otras

me abraza

como si supiera

que también estoy enfermo

de quedarme

 

© Stefano Branca

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Poema de María Cristina Chiama

             

                                                              

Cifras

 

cifras curiosamente imprescindibles en nuestra vida

tan de  moda la numerología

 estar en el lugar incorrecto puede costarnos la vida

como a Manuel del que canta  Jara:

“Son cinco minutos/ La vida es eterna en cinco minutos/ Suena la sirena/ de vuelta al trabajo/… muchos no volvieron/  tampoco Manuel”

se trata de latitudes  y  altitudes y  fechas no convenientes

tal vez si Ignacio Sánchez Mejía esquivaba la cornada

Federico no hubiera escrito nunca eran “las cinco en sombras de la tarde”                        

tampoco el tiempo en números sería importante

cuando la madre de Lennon después de abrazarlo por última vez

lo hubiera abrazado dos o tres  veces más pero no lo hizo y

sin embargo en el film alemán Corre, Lola, corre el tiempo de veinte minutos

tiene el privilegio de repetirse tres veces

hasta llegar a estar en el lugar correcto y en el momento adecuado

pero cuidado

 que ahí hay una mina que se plantó  en Ucrania

o andá a saber  vos en qué paralelo y meridiano más

hay  gente en el desierto de Malí, Congo, Afganistán por pisar una

creo  mientras las cifras de la desnutrición de mal en peor

en cuestión numérica se trata de gramos

siempre cifras mientras dos estados sometidos de pocos kilómetros cuadrados

es mucho para llamar reino unido a una isla y el fragmento de otra

tal vez la literatura abogue sin números

pero Georgie comienza : “ El catorce de enero de 1922” su cuento Emma Zunz

prolijamente ubicado pero al final

“sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”

entonces qué

los números no dan

 ¿por eso la horda de refugiados buscando morder el pan?

escucho decir que soy número 8 en la numerología

entonces indago qué número es la infancia ahogada en el Mediterráneo

cifras de los economistas hacen pronósticos desoladores

necesitan que “los pobres/ que cada día están más solos/ cantando el himno nacional y agitando la  bandera,/ en la fría noche/ de la patria ajena”

como escribió Roque Dalton no se desvelen en una sublevación carnívora

no hay cifras que predigan  que el agua de la historia

ha de ser vertida en el nudo del polvo incalculable desde las matemáticas        

la cosecha no es propia si retacea el pan

la muele la imaginación poderosa de la poesía

que enhebra palabras voraces de esperanza

de que esto termine de una buena vez y se hagan bien las cuentas para todos.

 

© María Cristina Chiama

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Poema de Hugo Luna

 


Hay un sol que sube

y un sol que baja

el horizonte y el horizonte

no son iguales.

 

© Hugo Luna

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Poema de Inés Legarreta

  


Pienso en los poetas

hombres

cómo pueden escribir     esto es el amor

y no se confunden    no es una mujer cualquiera    sino la que duerme (imagina)

a su lado /   la respiración leve y de a ratos detenida

lo encanta

a él y a su sexo /

los movimientos por ejemplo la cadera envuelta en la sábana

y la pierna deslizándose

son capaces de hacerle decir: ¡he sido creado!

y se lanzan sin más ni más a buscar palabras

acerca de la inmortalidad del momento

(y lo logran).

Sépanlo: les creemos cuando escriben poemas de amor

sin embargo – guardamos siempre -

la oscura sintonía y

el don casi alquimia

de extraer de mentira    verdad

para dejarla en custodia

en lo umbroso en lo tibio hondo

de nosotras

hasta que sea necesaria

su asistencia.

 

© Inés Legarreta

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Poema de Griselda Rulfo

 


Retrocedo mis pasos cada tarde.

Simple ilusión del retorno

que evoca puertas entreabiertas.

 

El empedrado suspira la dureza

de la ciudad abarrotada.

 

Voy hacia atrás como el cangrejo.

Dibujo en la arena

un silencioso recorrido.

 

Como faisán vanidoso y pueril

me enarco las cejas cuando ella sonríe,

cuando sonríe a mi mirada,

cuando su piel se tornasola

en las caricias.

 

© Griselda Rulfo

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5/8/26

Poema de María Casiraghi

  


PROYECCIÓN

 

El dios en el que cree mi madre

puso en mi camino

una mujer mejor que yo.

 

Podría ser mi hermana

pero no es mi hermana

es la que tiene el trono de oro

la que destiñe mis versos

la que opaca mis anillos

y me deshereda.

 

Quería enseñarme a bajar la escalera

sólo eso

quería.

 

Como un padre perverso

así como me ofrecía

la mano en medio de la bruma

me dio ojos grandes

y me rodeó de pequeñeces

para que creyera en mi grandeza

 

pero después

un día que nunca pedí

me cruzó con una mujer

que siembra en la tierra

lombrices perfectas

humus esperanzado.

 

Esa mujer podría ser yo

pero no nacimos del mismo huevo

es una piedra en mi camino

una piedra filosa

que me tienta

y tropieza conmigo cada vez que enfilo al paraíso

 

si no fuera por ella

todo este jardín sería mío

esta mañana de sol

estos pájaros aullando.

 

Ese sabelotodo

siempre me ofrece

lo que no le pido

 

es tan soberbio

que cuando cree que me está dando la mano

me la suelta

y yo echo a rodar

escaleras abajo

con el cuerpo de la falsa hermana

siempre lastimado y sonriente

como si fuera yo misma la que cae.

 

Quizás tenía razón.

 

Él sabía

que un día iba a encontrarme conmigo

y le echaría la culpa.

 

© María Casiraghi

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Poema de Mario Nosotti

  


El ramaje se orienta buscando las señales

y se apoya en los cables que se van.      

No existe dirección

para que lleguen cartas.

Él vino a revisar una pregunta,

kilómetros de auto para eso

que no sabe si hay.

 

El pueblo lo recibe en su celo constante

lo obliga a esquivar bultos

una casa en la sombra

de aquéllos pensamientos

como bolsas de arena que lleva hasta el umbral.

 

                                                     

Su horror a lo gregario

su ofrenda a ese silencio

¿cómo fue que empezó?

 

 

Al final de la tarde dibuja con un lápiz

el ruedo de lo abrupto         

calles de tierra, monte, acantilados,

raído imaginario del salvaje.            

 

© Mario Nosotti

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Texto de Jorge Curinao

  


El perro que duerme junto a mi casa sabe que el dolor crece de adentro hacia afuera. Como el viento, se aferra a lo que encuentra.

 

© Jorge Curinao

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Poema de Lola Halfon

 


Donde vivo reina el invierno

el resto de las estaciones

se acomodan. Van y vienen

se apoyan en la helada, la calientan

sólo un rato. El invierno se queda

y tarda en llegar

el tulipán, la retama. El invierno

se alarga y hasta caen copos en enero

pero esta nieve prematura me rebasa

Los álamos todavía amarillos, las lengas

todavía rojas, los ñires todavía naranjas

todos entre el blanco. Abril, una novia

casada antes de tiempo. El invierno

se queda, aparece cuando

ya se había ido. Un ex

insoportable, el invierno

juega con el tiempo, no le importan

órdenes ni turnos, anarquista

el invierno marca y rompe el ritmo

Amarillo sobre blanco. Blanco sobre

rojo. ¿Quién dijo que era suave

su caída?

 

© Lola Halfon

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Poema de Griselda Riottini

  


Pasa una mariposa

por mi ojo de malibú,

plumerillos de diente de león y

libélulas junto a la síncopa

de algún pájaro.

 

Pero aquí y ahora

soy Eurídice,

ancla en miradas

cuando aguardaba al infiel

que se volvió sobre su

propio deseo,

écfrasis

de ese afuera que me anula.

 

Entonces, como no puedo sino seguirlos:

cantos, epitalamios, sigilos,

celebren así su goce

de no inscribirse nunca

 

sin importar mis regocijos.

 

© Griselda Riottini

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Poema de Juan Carlos Rodríguez

 


Un amor que sepa despertarte

 

Tal vez haga falta

que haya un roce de piernas atrevidas

una tarde, debajo de la mesa,

cuando dos copas de vino entrechoquen el aire

y comience un recorrido de besos apurados,

un exceso de gozos y de mieles

un zodíaco celeste de gemidos

una canción que derrote a la prudencia.

Quizás debería existir un amor que sepa despertarte

de tu sueño bonito de princesa

y exista un arrebato que tiña los días

con el amarillo de los frutos, con el rojo del deseo.

Ahí nos daríamos cuenta

que hay historias que se escriben con la boca

con la piel, con el celo, con la prisa

de todos los sentidos.

Te contengo y te abrazo mientras evoco

que hubo una mujer que rasgó su manto

y coronó su sexo con estrellas.

Hay que vivir, proclamo,

ya que muchos se fueron, y quedamos nosotros…

mordiéndonos la boca, agitando nuestras pausas,

guardando muy bien nuestro secreto,

mientras te miro en silencio

y comprendo por qué lloras

cuando hacemos el amor.

 

© Juan Carlos Rodríguez

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Poema de Dolores Pombo

  


 un lugar


hay un lugar donde no canta el viento

 

donde la luz se cansa de existir

 

donde las manos nunca se abren

y aprietan hasta el aire

 

donde los ojos aprendieron

a comparar

a convertir cada primavera

en un invierno propio

 

donde una habitación vacía

tiene ventanas abiertas

hacia ninguna parte

 

donde no hay música

solo el eco

de un inmenso vacío

 

© Dolores Pombo

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