11/10/19

Texto de Isabel Llorca Bosco



“Honrar la vida”

Estábamos en lo último del invierno, pero la respiración del mar, atronadora, que hasta en la ciudad la oíamos sin poder evadir un estremecimiento. Al hacerse presente avanzaba sobre el jardín de pinos y alhucemas y los bautizaba.

Temblores, agonía, pero estaban con Èl Sílaba que mi nombre guarda como una alhaja.

El temblor vegetal llegaba hasta mi cama, en la urbe plena de ruidos donde ensayaba comunicarme sin palabras. Y me sentía sola hasta el fin.

Sin embargo, después, un vacío dichoso se abría en todo mi cuerpo, desde la punta de los dedos hasta la de los cabellos. Al principio no me di cuenta, hasta que algo parecido a una enredadera se extendía dentro de mí, brotaba como esa vida que debemos llamar hermosa. Ya no estaba sola. Imaginaba, sin oírla, aquella voz pequeña y susurrante, pues así había llegado, como le pasó a Elías. Y el Señor, al que nunca había orado con auténtica humildad, que con muchas reservas llamé Padre, me anunció en alma, mente y cuerpo, una primavera que ya crecía en un recinto de luz.


© Isabel Llorca Bosco
Imagen enviada por la autora del texto

2 comentarios:

Blogger irepoesia@gmail.com ha dicho...

Hola Isabel: un poema de gran lirismo y delicadeza donde describís un momento evidentemente muy deseado por vos. Las imágenes de "la enredadera" y "el temblor vegetal" son logradísimas.La referencia al profeta Elías también es significativa como un anuncio. Un gran poema Irene Marks

14 de octubre de 2019, 8:53  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Precioso poema, pude sentir cada sensación en cada verso, felicitaciones
Patricia Corrales

23 de octubre de 2019, 12:22  

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