7/2/14

Recordando a Hebe Solves



MOEBIUS

Niego la luz de la mañana y la sombra
del amanecer.
Me niego.

Tener una sola cara reversible
cuando el perfume
de las cañas y el río
busca la orilla
donde he sido.

Estar mal, estar mala.
Sembrar el desorden con la quietud
valer el dolor
defensa del dolor y documentación
de la espiral
una curva infinita.

Vaciamiento del mundo en las medias
arrojadas al suelo junto al plato limpio:

que el plano desprendido de la piel
haga una torsión y se expanda
hasta tocarse.


© Hebe Solves






URBANAS

       “En la sospechosa quietud del suburbio...”

El corazón de cuatro calles
es hueco.
A veces un jardín, en el centro
se desdobla en parcelas.
Los edificios labran
un espacio gratuito
donde conviven muñecas trasegadas,
latas, papeles, un abrazo furtivo
los perros y los gatos de la vecindad,
las bicicletas y la ropa tendida,
una alegoría de pasiones derramadas
en la indiferencia.
Es el humus del tiempo
que anotan las ciudades
en el desorden de la trastienda.
Tengo miedo de correr las cortinas,
mirar del otro lado
donde aguardan los restos
de la mujer que fui
y saber que persiste
en el ojo metálico
de un envase vacío, el terror
que animaba las voces y husmea
un perro abandonado.


© Hebe Solves

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Todavía recuerdo a Hebe cuando la conocí hace muchos años en San Luis. Su porte, su suavidad, la excelencia de su palabra, no olvido su tapado a cuadros, su pañuelo blanco de seda en el cuello, su sonrisa apenas, tan fina como ella.
Y su poesía, a la que vuelvo cada tanto, como a esos autores cuya lectura es imprescindible.

Lily Chavez

10 de febrero de 2014, 10:21  

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