23/6/18

Texto de Leonardo Vinci





Uno presume, o más bien profetiza, sobre la concreción de los encuentros. Esa quimera o mito de seguir con la mirada esos puntitos a los que nunca se llega; o el famoso mapa del tesoro al que le falta un pedazo. Quizás pactemos citas cada uno por su lado y con nosotros mismos. Casi me parece ver a tus ojos como dos pájaros tardíos, dos rayitas de carbón extraviadas y absortas allá, sobre el cielo anaranjado cerrándose como una puerta. No se ve una ciudad con muchas luces desde acá, desde el puente peatonal sobre las vías, como uno pudiera imaginarse; más bien sombras y algo de alumbrado enredado en las copas de los árboles. Vengo seguido últimamente. Al mirar hacia arriba todo parece en orden, lo inalcanzable siempre parece estar ordenado; pero al bajar la cabeza, las señales que caen o suben con ruido metálico y luces rojas, dibujan redes confusas entre los durmientes oscuros. Pienso en eso de los encuentros, bajo una luz benévola; un halo que te ilumine la cara de noche, que te recorte y separe de esta negrura, que te sostenga como a una pompa de jabón en el aire, como las señales. Vengo y me paro en el medio del puente a mirar; a esperar que ocurra el milagro: que coincidan ambos trenes; que justo se crucen debajo de mí; que ese espacio ínfimo y necesario que queda entre ellos los haga friccionarse con sus velocidades multiplicadas; que se empujen y succionen; y que ascienda hasta mí ese viento que trae el calor se sus corazones rugiendo, de sus máquinas vivas embistiendo cada futuro inmediato; y que todo tiemble con ese ruido ensordecedor que pone a prueba el delirio, en el que uno puede gritar lo que quiera, decirte lo que se me ocurra. Y es en esa espera, que la noche, el puente y yo, nos mezclamos; el hierro frío, el silencio, los remaches con sus cabezas redondas y hastiados; el olor que se dispara a comida y refugio; el sueño de no dejar de sentir nunca tu mano. Nos convertimos en una foto con poca luz, en una postal de sombras distinta de la ciudad que te retuvo. Y entonces todo se asemeja a un corralón abandonado, acopio, tardanza y oscuridad, mientras el mundo espera a ser construido.

© Leonardo Vinci

1 comentarios:

Blogger María Bertrán ha dicho...

Qué bello texto Leonardo...lleno de imágenes transparentes y luminosas, poéticas profetizando el o los encuentros...
Gracias por escribirlo bajo esa "luz benévola", recortada de "esta negrura", y que nos sostenga como a "una pompa de jabón en el aire"..."vengo a esperar que ocurra el milagro",

Un abrazo, Montse Bertran

27 de junio de 2018, 23:33  

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