20/1/16

Poema de Carlos Satizábal



ALGUIEN LEE

tengo la boca llena de tierra...
Pedro Páramo

He anhelado el canto,
el canto para barrer la sombra, el canto para recoger mis pasos:
Las calles de la huída, las esquinas del amor, las ciudades del camino.
El país de la muerte, el país del retorno, el país del agua.
Ríos de la infancia: hierbas voces árboles.
Caminos del deseo: iluminaciones silencios despojos.
Y el mismo volcán de sangre en la boca, el mismo páramo calcinado bajo los pies.
Un vendaval de ojos, de carne, de música y de huesos.
Los mismos torrentes resecos de muertos que cantan con las voces de la infancia.

He buscado esos cantos en los árboles que huyen,
en los ojos del miedo de los niños del camino.
A veces les veo en las grietas de la furia y del dolor.
A veces en las letras despedazadas de los muros callejeros.

Cantos del sueño y de la muerte y de la mano dormida.
Cantos sin voz o apenas suspendidos en volátiles hilos cerebrales.

En las noches de junio,
cuando Castor y Pólux cruzan con su luz mítica el cielo atormentado de la memoria,
oigo su música caer de la oscuridad como frutos podridos.

Y en las tardes de agosto, cuando las cometas y los faroles de aire y de papel de china
valsean sobre el valle de las garzas y los pellares, su martillo de palabras
azara el sopor de la siesta con los incendios del viento y el vuelo de las cenizas.

Sus trazos negros rayan mi mente al amanecer de enero,
bajo la inmensidad del cielo, en los amaneceres azules de la sabana sin nubes
y la quietud de las nieblas heladas que cubren mis zapatos
entre la hierba  atemorizada.

Más allá del sueño y de la montaña, veo crecer esos cantos en las orillas del río-mito,
bajo un cielo cultivado a la sombra de todos los verdes de la selva.
Están en la danza del abuelo Kumú que atrae con su rumor de cuarzos y semillas
la balsámica intención amarilla del sol al conuco del alma.

Y están adentro de mi cráneo, cuando la serpiente de luz une los abismos fractales
de mi rústico cerebro con el zumo ancestral de hojas y bejucos.
Son el son de la maraca que equilibra el mundo
y los murmullos melodiosos que guardan el pensamiento.

Los veo ahora muy arriba de mis ojos, en el vuelo de las tumbas del aire:
el grajo mortecino de los gallinazos esparce por el cielo en su danza circular
el tejido mineral de mis nervios.

Ese vuelo danzado es el canto. El canto está donde están mis muertos.
¿Pero dónde están mis muertos?

He anhelado el rumor de sus canciones en mi palabra.
No su memoria escrita entre la hierba por larvas, coleópteros y microscopios.
Si no la memoria viva en unas letras, un tono, un ritmo, una canción
para cantar en la tumba de las noches con platos y flores y aguardiente.

Voy de vuelta. He anhelado el canto de la luz del regreso en el fragor del agua.
Quizá nada regrese de mí ni de ellas y ellos.
Quizá sólo los dientes de los muertos aren la tierra sobre los huesos rotos.
Quizá no hay palabra que descifre con su música inútil
el sentido de esta muerte sin borrachera, sin ceremonia y sin cantos.
Sin tierra en la boca de los muertos.

Ya cae la tarde de todas las tardes.
Ayer huyó de aquí el hombre de la montaña que rompía con su grito feliz
la algarabía de los loros que cruzan el valle.

¿Dónde están los cantos que lo celebran?
Los he buscado para alumbrar la hora del regreso.
Con mis muertos los busco. Con sus voces imagino cómo suena su música.

Pero ya nadie puede desandar este camino.
Quizá un poema en estas hojas ilumine con sus letras
la carne y los huesos y los nervios del olvido.

Alguien vio la huida de las multitudes
y sus ojos se hundieron en el espejo amargo del café de la mañana.

Alguien oyó el ritmo medroso de sus pasos contra la tierra.
Alguien escuchó el grito. Alguien ya no recuerda.

Otros dicen: Esas voces, esos pasos, y su retorno, están siempre en los cantos.
El canto las anuncia. La memoria está en los cantos.

Pero ¿dónde oír esos cantos ahora?
¿Cómo saber si están aquí, en estas hojas,
y son ahora suyos, lectora silenciosa, silencioso lector…?


© Carlos Satizabal

11 comentarios:

Blogger Gustavo Tisocco ha dicho...

Bienvenido Carlos a este sitio que pretende difundir a poetas contemporáneos, mes a mes serás publicado, un abz Gus.

20 de enero de 2016, 15:27  
Anonymous Anónimo ha dicho...

avasalla la fuerza de este " canto"y " voy de vuelta" ( como dice el poeta) y siento un enorme placer de esta lectura donde lo estético camina de la mano con lo intenso.una obra de arte. susana zazzetti.

20 de enero de 2016, 15:53  
Blogger Liliana ha dicho...


Bien Carlos! Por una parte bienvenido a esta la casa de Gus y los poetas contemporáneos. Ha sido un placer tu texto y te seguimos esperando con más.

Lily Chavez

22 de enero de 2016, 9:46  
Blogger Nerina Thomas ha dicho...

Bienvenido Carlos!!
Un gusto leerte.
Abrazo

23 de enero de 2016, 20:49  
Anonymous betty badaui ha dicho...

Bienvenido Carlos, es un gusto seguir el recorrido de tu poema.
Feliz Año 2016
Betty

24 de enero de 2016, 0:40  
Blogger Adriana ha dicho...

Bellísimo texto, intenso y poético, con una poesía sostenida y profunda que sorprende por su originalidad y ritmo. Bienvenido. Un abrazo. Adriana Maggio

25 de enero de 2016, 21:16  
Blogger Noemí Correa Olivé ha dicho...

Un poema que despliega sentidos profundos y tiene vuelo. Un placer su lectura. ¡Felicitaciones!!

27 de enero de 2016, 0:00  
Blogger zati ha dicho...

Gracias. También con tu lectura haces el.poema. Carlos Satizabal

6 de febrero de 2016, 8:59  
Blogger zati ha dicho...

Nohemi, su mirada de poeta llena de nuevos sentidos este poema, que hace las veces de camino de entrada al libro La llama inclinada, que sería un gusto compartirle... Gracias!!!

7 de febrero de 2016, 15:54  
Blogger zati ha dicho...

Adriana, gracias por tu lectura, de visión generosa y musical, sin duda tu oído de poeta ha inventado o descubierto en este poema lo que ya tu guardas... Gracias. A quien lee, es el poema inicial, el poema que abre la entrada a La llama inclinada. Sería una felicidad poder compartir ese libro con su merced, como se saluda en esta ciudad donde vivo hace ya tantos años... Mi correo es cesatizabala@unal.edu.co Salud!!

7 de febrero de 2016, 16:03  
Blogger zati ha dicho...

Susana Zazzetti, gracias por tu comentario generoso, y tu emotiva lectura de poeta. Como decía nuestro padre Borges, la emoción poética sólo sucede al leer el poema. Que siento que sugiere que la emoción poética de la lectura es la que termina por inventar el poema. Es en tu lectura que este poema se hace poesía. Alguien lee es el poema inicial de La llama inclinada. Cuando desee su merced o alguien más de las y los apasionados poetas que Gustavo convoca, será una felicidad compartir la copia digital de este libro.... Sólo me escribe y se lo envío... cesatizabala@unal.edu.co

7 de febrero de 2016, 16:22  

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