14/8/15

Poema de Amalia Zacoutegui


Amanece.
Una rosa nueva temblando contra el aire.
Sabe el aire el gozo de la rosa,
ese pétalo abierto besando la hermosura,
esa ofrenda sin más a la vida que llama.
Sabe la rosa las astucias del aire
 que la ama en el tiempo y en su ser la deshoja,
como se nombra rosa abrazada a su muerte.
Amanece.
No me pidas que regrese mansamente a las sombras.
El dulzor es la luz que se escabulle
y también, como el aire, nos talla y nos deshoja.
 Fue salvaje este amor, esta sed de las bocas,
esta escritura viva,
este grito áspero de incendios,
este dos del deseo.
No me pidas que duerma la paz del inocente
cuando elige mi alma estos cauces abiertos.
 Fuimos el formidable hallazgo de la luz del instante,
el relámpago inmenso sembrando la llanura
con su relincho desbocado, incierto.
Fuimos ese parpadeo sacro pariendo las estrellas.
No me pidas la inocencia,
 agónica y nocturna,
del UNO del desierto.


© Amalia Zacoutegui

5 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

bello, como siempre


maria del mar

14 de agosto de 2015, 14:27  
Blogger Nerina Thomas ha dicho...

- Fuimos ese parpadeo sacro pariendo las estrellas -
belleza.
Cariños

14 de agosto de 2015, 14:33  
Anonymous Anónimo ha dicho...

me gusta esa rosa temblando contra el aire que desciende hacia el final del poema, amaneciendo agónica y nocturna.
Michou Pourtalé

14 de agosto de 2015, 21:22  
Anonymous betty badaui ha dicho...

Lindo comienzo el de la flor y los vaivenes naturales, muy bien expuesto el erotismo con su carga pasional y el final un halago a la dignidad humana.
Un abrazo
Betty

16 de agosto de 2015, 20:41  
Anonymous Anónimo ha dicho...

la palabra delicada que perfuma y pincha como la rosa, belleza, erotismo, soledad.Poema intenso inmenso.
Gracias Amalia.

abrazo

claudia tejeda

8 de septiembre de 2015, 17:54  

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