Poema de Ana Gervasio
La gracia de una mañana cualquiera
hoy mientras me vestía
con mi ropa de trabajo
pensaba qué lindo
fue vestirse de poeta
por tres días.
cuando sentí la blusa rozando mi cuerpo
y caminé con ese otro andar
que impone el trabajo cotidiano
sentí, también, cierta felicidad
de
ser obrera.
agradecí por el pan.
aquel que compartí entre versos
y noches con aroma a cedrón
y este otro que la vida
me permite ganarme cada día.
es un prodigio la palabra,
la intención de escuchar,
el derecho a decir.
así también la gracia que concede
una mañana cualquiera
o la fortaleza que otorgan
los dolores antiguos.
hoy, en este país desolado y sin memoria,
usurpado por ruines y cobardes,
abracé a un niño que buscaba
la salvación en la basura
con la inocencia de quien
no conoce su condena.
tuve ganas de llorar a gritos
y vergüenza de haberme vestido
de poeta por tres días.
escribo, ahora, con mi ropa de obrera
y un corazón a la luz y a la sombra de la
poesía.
escribo como si lo hiciera por primera vez.
© Ana Gervasio
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