Poema de Alicia Salinas
Aire de tormenta litoral
La rebeldía de una voz
debe gestarse en un espacio
como el que ocupa el pescador
cuando lucha a cara o cruz con la corriente,
esa dominatriz dispuesta a arrodillarlo
y a conducirlo también hacia un tesoro:
la mítica ruta del cardumen
de reflejos dorados.
Una voz díscola
madura en el reflujo
del barro que espesa
el agua del río, a la hora
en que cada ejemplar del conjunto
pierde adrede sus escamas,
librándose a través del sacrificio
de una segura caza.
“No”, “basta”, “por qué a mí”,
¿a quién decirle? Sin remo
ni presa, el bote solitario
persigue el paradero del suspiro
que alienta el alarido —a cuchillo
ya se cortan en la costa los hilos
para la próxima red—
y nada importa el pez
en el punto central del remolino
que amarrona e impone
la oportunidad de un golpe
de suerte, de un sonido.
Hasta que en la apertura de la garganta,
el arco de la ventana de Dios
deja ver sus piezas
de ajedrez tras la cortina
de una casa vacía,
isla adentro,
sobre pilotes.
© Alicia Salinas
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