26/6/26

Poema de Alicia Salinas

 


Aire de tormenta litoral

 

La rebeldía de una voz

debe gestarse en un espacio

como el que ocupa el pescador

cuando lucha a cara o cruz con la corriente,

esa dominatriz dispuesta a arrodillarlo

y a conducirlo también hacia un tesoro:

la mítica ruta del cardumen

de reflejos dorados.

 

Una voz díscola

madura en el reflujo

del barro que espesa

el agua del río, a la hora

en que cada ejemplar del conjunto

pierde adrede sus escamas,

librándose a través del sacrificio

de una segura caza.

 

“No”, “basta”, “por qué a mí”,

¿a quién decirle? Sin remo

ni presa, el bote solitario

persigue el paradero del suspiro

que alienta el alarido —a cuchillo

ya se cortan en la costa los hilos

para la próxima red—

y nada importa el pez

en el punto central del remolino

que amarrona e impone

la oportunidad de un golpe

de suerte, de un sonido.

 

Hasta que en la apertura de la garganta,

el arco de la ventana de Dios

deja ver sus piezas

de ajedrez tras la cortina

de una casa vacía,

          isla adentro,

                    sobre pilotes.

 

© Alicia Salinas

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