Poema de Águeda Franco
era un jardín de espalda al infortunio
seguro y fugaz como el rocío
un
colibrí oroverde visitaba corolas
entonces no sabía que era mensajero
del
mundo de los muertos
no
existían los muertos en mis días
en el
jardín brotaba la rosa de los vientos
y
llovía una nube cada tarde
allí
pasaba el mundo
viajeros coloridos
de
lánguido equipaje llegaban a su fronda
fluyendo de una fuente se derramaba un agua
que
saciaba la sed como ninguna
yo
llegaba por un atajo de azucenas
impregnadas de asombro
hadaspolillas blancas
dormían en la base de helechos enrulados
con un
palito les tocaba el lomo
y
alzaban vuelo saludando en su lengua
mi cabeza con alas respondía el saludo con una reverencia
pasó el viento y el tiempo
algo quebró de un saque la membrana del sueño
se me desdibujó el sendero
no supe regresar
y no sé si aún existe en algún plano
cómo perdí las claves para desembarcar
en el jardín de todos los cobijos
es la pregunta negra
la espina envenenada
que va pudriendo el corazón
© Águeda Franco
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