Poema de María de los Ángeles Fornero
La ternura y la sémola con leche son una misma cosa.
La ternura y las tortas fritas con mate cocido.
La ternura y el plato de sopa de arvejas.
La ternura y el televisor hasta que termine El Zorro.
La ternura y coser bajo un sol de noche hasta doblar la
espalda.
La ternura y sacarle punta al lápiz con una Gillette sin
filo.
La ternura y medir la fiebre hasta dormirse sobre la misma
almohada.
Una ternura capaz de durar ochenta y cuatro años,
con sus respectivos padrenuestros y todas sus avemarías.
© María de los Ángeles Fornero
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