Poema de Blanca Lema
Algunos los llaman muros de seguridad, otros muros de la
vergüenza.
Cada vez hay más.
Muro
—Debo sentir, debo pensar.
Eso que no hago, debo hacerlo.
Hablo a la pared.
La acaricio a contrapelo
raspándome con las costillas de sus lamentos.
Somos las personas que no somos.
Nuestras sombras se beben entre sí
como si fuesen calas besándose.
Ellas flotan sobre el muro
sin saber si deben pasar o no.
El dios que buscan cambia todo el tiempo.
Una familia sedienta
viene deslizándose
hacia la consoladora sonrisa de su muerte.
Alguien les habla.
Y las calas vuelven a besarse.
Un instante.
Un instante de estambres largos
que duda,
como duda mi mano sobre la pared.
© Blanca Lema
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