Poema de Gustavo Santiago Morinigo
Cada segundo arde
Una gota
una inmensidad
un cielo que se desploma
en el ojo ardiente del sol
en miniatura lo que urge
esa cosmopolita visión
de un devenir
sin apremios
sin desventura
sin penas
Ha sangrado mucho
la herida del sacrificio
su cura fue lenta
pero curada al fin
Cada segundo arde
En esta media tarde
sin embargo
el alma se alboroza de fe
de paz
de conciencia tranquila
y acepta lo que viene
lo prometido
lo premiado
lo absoluto.
© Gustavo Santiago Morinigo
Etiquetas: Gustavo Santiago Morinigo


0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio