Poema de María Marta Donnet
Con su saliva moja mis labios después
de sacar el dedo de la boca lo pasa
por encima de la mía.
El dedo índice que señala
mis errores
se transforma ahora
en un movimiento sensual.
Se agacha y puedo oler
su sexo
el aroma de la existencia
la fragancia que da a luz
una forma de vaho que nunca se olvida.
Tomadas de la mano me lleva hasta el lugar
donde todo se transforma. Remojamos entonces
los tomates en agua caliente les quitamos el pellejo
y los cortamos en trocitos. Después de colocarlos
en la olla agregamos una lluvia de azúcar.
Y comenzamos a revolver. Su mano sobre la mía.
La cuchara de madera.
Cuidado. Que no se
pegue, dice.
Cuidado. No me
pegues, digo.
Bulle el dulce de tomates
que comeremos de postre
y yo saboreo su
presencia.
Caminamos juntas hasta el colegio.
Con su instinto de madre se moja el dedo con saliva
y limpia el resto de dulce al costado
de mi boca.
Cuando se agacha para besarme la huelo. Aroma a uvas
y frutas silvestres me acompañan hasta la puerta.
El día del Amor el
único día del Amor.
Padre, he pecado. He pecado y he sido feliz.
Cierro este poema
con la esperanza
de que Dios tal
vez algún día
me perdone.
© María Marta Donnet
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