6/3/26

Poema de María Marta Donnet

 


Con su saliva moja mis labios   después

de sacar el dedo de la boca lo pasa

por encima de la mía.

El dedo índice que señala    mis errores

se transforma ahora   en un movimiento sensual.

Se agacha y puedo oler    su sexo

el aroma de la existencia   la fragancia que da a luz

una forma de vaho que nunca se olvida.

Tomadas de la mano me lleva     hasta el lugar

donde todo se transforma.        Remojamos entonces

los tomates en agua caliente       les quitamos el pellejo

y los cortamos en trocitos.      Después de colocarlos

en la olla agregamos una lluvia de azúcar.

Y comenzamos a revolver.       Su mano sobre la mía.

La cuchara de madera.

Cuidado.     Que no se pegue, dice.

Cuidado.      No me pegues, digo.

Bulle el dulce de tomates     que comeremos de postre

y yo saboreo   su presencia.

Caminamos juntas hasta el colegio.

Con su instinto de madre se moja el dedo con saliva

y limpia el resto de dulce al costado

de mi boca.

Cuando se agacha para besarme la huelo.     Aroma a uvas

y frutas silvestres me acompañan hasta la puerta.

El día del Amor     el único día del Amor.         

Padre, he pecado. He pecado y he sido feliz.

Cierro este poema     con la esperanza

de que Dios      tal vez      algún día

me perdone.

 

© María Marta Donnet

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