29/9/20

Poema de Darío Paiva

 


La pequeña muchacha

tomó su mejor sonrisa

del fondo del cajón,

donde las guarda,

junto a una que otra mueca de dolor.

La acomodó lo suficientemente bien,

para que parezca real,

y todos celebramos el show.

Cuando me fui,

no pude levantar el peso de esos ojos.

Y guarde uno a uno,

todos los recuerdos de mis manos

en el mismo cajón.

Para que se conserven,

como un cuadro…

 

© Darío Paiva

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1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Intenso, con varias lecturas. Gracias.

1 de octubre de 2020, 19:50  

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