Poema de Mario Nosotti
El ramaje se orienta buscando las señales
y se apoya en los cables que se van.
No existe dirección
para que lleguen cartas.
Él vino a revisar una pregunta,
kilómetros de auto para eso
que no sabe si hay.
El pueblo lo recibe en su celo constante
lo obliga a esquivar bultos
una casa en la sombra
de aquéllos pensamientos
como bolsas de arena que lleva hasta el
umbral.
Su horror a lo gregario
su ofrenda a ese silencio
¿cómo fue que empezó?
Al final de la tarde dibuja con un lápiz
el ruedo de lo abrupto
calles de tierra, monte, acantilados,
raído imaginario del salvaje.
© Mario Nosotti
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