10/10/26

Poema de Alicia Márquez

 


El banco de la plaza

 

Y era tanta la desesperación,

tanta, como una jalea transparente

que se desparramaba sobre el corazón,

que molía el alma,

que nos llenaba de cicatrices.

Caminamos, caminamos mucho

y fuimos a sentarnos en aquel banco de plaza

de una plaza cualquiera

con árboles altísimos, calesita al fondo

y estatuas de próceres.

allí,

en medio de ese silencio ahogado,

de ese suspiro que dan las plantas,

comprendimos que era inútil

que todo era inútil,

que había que seguir caminando,

quizás, sin sentarnos en ningún banco de plaza para sentirnos desgraciados y solos de la vida.

Eso era de cobardes.

Por eso volvimos.

Y en el camino, nos compramos un merengue rebosante de crema.

 

© Alicia Márquez

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