Poema de Alicia Márquez
El banco de la plaza
Y era tanta la desesperación,
tanta, como una jalea transparente
que se desparramaba sobre el corazón,
que molía el alma,
que nos llenaba de cicatrices.
Caminamos, caminamos mucho
y fuimos a sentarnos en aquel banco de
plaza
de una plaza cualquiera
con árboles altísimos, calesita al fondo
y estatuas de próceres.
allí,
en medio de ese silencio ahogado,
de ese suspiro que dan las plantas,
comprendimos que era inútil
que todo era inútil,
que había que seguir caminando,
quizás, sin sentarnos en ningún banco de
plaza para sentirnos desgraciados y solos de la vida.
Eso era de cobardes.
Por eso volvimos.
Y en el camino, nos compramos un merengue
rebosante de crema.
© Alicia Márquez
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