Texto de Rocío Felice
Aquí está la luz azul de la pena. Es la
escorrentía desde tus ojos hasta este par de manos sin más que ofrecer. Ese
caótico mar nocturno por el que aún andamos, aunque impenetrables las puertas.
La vegetación lo ha arrebatado. Has intentado reír con tu mueca marchita de
flores anaranjadas. Has hecho del cielo el rito de tu escape. Fue así el
abandono. Un darse de dientes contra el ventanal llovido. No volviste ya más a
tu vestido. El disfraz que vestía a la que fuiste. Quién soy yo sin mi ropa.
Sin esta piel, sin estos ojos o pulmones, sin mi aire. No poseo, entonces, el
tiempo, siquiera el tiempo del tiempo: veo un erial entre absoluto y siniestro.
O veo pensarme a la sangre en su ciclo, su puja por estallar o fluir y mis
venas y tu rostro en el centro de la ruina. Las estrellas subsumen los cantos,
los ríos, los lobos. Parada yo en la mitad de la calle, me prolongo a otro
vértice. No transcurre la muerte, adormecida.
© Rocío Felice
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