13/7/26

Poema de Patricia Suñer

 

 

Nadie está libre

 

¿Acaso, empatizaste tu mirada

con la de un mendigo?

 

Ojos hundidos, mojados

de alguna lágrima flotando.

 

Golpe de puño cerrado, suave,

casi ahí, golpea el portal.

 

Cabeza inclinada, a merced,

de providencia vecina.

 

Mano derecha, extendida,

a la espera de un pan,

de una moneda, o de lo que caiga en ella.

 

¿Acaso, entrelazaste, por un instante, aunque con un hilo,

tu alma al suplicio,

que le ha tocado, padecer?

 

Afectada de vergüenza,

por la desdicha de

lo que no tiene, lo que le falta.

 

Ignorar, repudiar o descalificar,

al mendigo,

te hace más mendigo que él.

 

Hubo que haber caminado,

con sus sandalias,

sí es que tuvo.

 

Hubo que haber palpitado

su corazón desvanecido,

aturdido de dolor,

agonía y pesadumbre.

 

Escuchar el eco del llanto,

de un hijo.

De ese tan pesado mendigar,

que a lo mejor,

en su existencia

             ni imaginó.

                                                   

© Patricia Suñer

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