Poema de Patricia Suñer
Nadie está libre
¿Acaso, empatizaste tu mirada
con la de un mendigo?
Ojos hundidos, mojados
de alguna lágrima flotando.
Golpe de puño cerrado, suave,
casi ahí, golpea el portal.
Cabeza inclinada, a merced,
de providencia vecina.
Mano derecha, extendida,
a la espera de un pan,
de una moneda, o de lo que caiga en ella.
¿Acaso, entrelazaste, por un instante,
aunque con un hilo,
tu alma al suplicio,
que le ha tocado, padecer?
Afectada de vergüenza,
por la desdicha de
lo que no tiene, lo que le falta.
Ignorar, repudiar o descalificar,
al mendigo,
te hace más mendigo que él.
Hubo que haber caminado,
con sus sandalias,
sí es que tuvo.
Hubo que haber palpitado
su corazón desvanecido,
aturdido de dolor,
agonía y pesadumbre.
Escuchar el eco del llanto,
de un hijo.
De ese tan pesado mendigar,
que a lo mejor,
en su existencia
ni imaginó.
© Patricia Suñer
Etiquetas: Patricia Suñer
.jpg)


0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio