17/7/26

Poema de Mariel Monente

 

 

En el horizonte

                           un temblor,

rotos los peñascos

la nube se acopla

a una cripta de verdes helechos, de hiedras claras.

 

Las crines se enraízan en los dedos

en los nudillos

brilla el pelaje blanco.

 

La belleza es el nombre de la desnudez,

y el olvido de la nocturnidad perdida.

 

Entre ramas bajas y lanzas oscuras

más luminosa que el sosiego, está

a cada paso más escurridiza.

En su boca

el subyugado fruto

es carozo de la risa.

 

© Mariel Monente

Pintura extraída del Libro de Mariel

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