3/6/26

Poema de Jorge L. Carranza

 


DE HARINA

 

Por la mañana sensación térmica treinta y dos grados.

En la panadería, la señora delgada,

casi un junco,

me dijo que se levantó a las cinco

para hacer unas facturas

que ella llama ojitos de buey.

Llevan dulce de membrillo

y por el calor se le deshacían.

Que intentó dos veces y desistió.

"Es que si el dulce no está bueno

la factura no sale bien señor".

 

Ella, de un metro sesenta

con su delantal amarillo,

puro ojos, ojos como lagos,

puro sudor,

en una panadería de barrio

de un país bien al sur,

quiso una y otra vez

que el fruto de sus manos sea bueno.

 

No había podido y eso le dolía.

 

Nos ponemos de pie...

 

A pesar del cansancio

la señora de la panadería sonríe.

 

Sin quererlo ni saberlo,

con su fusil de harina,

sus ojos como lagos,

hace la revolución.

 

© Jorge L. Carranza

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