Poema de Jorge L. Carranza
DE HARINA
Por la mañana
sensación térmica treinta y dos grados.
En la panadería,
la señora delgada,
casi un junco,
me dijo que se
levantó a las cinco
para hacer unas
facturas
que ella llama
ojitos de buey.
Llevan dulce de
membrillo
y por el calor se
le deshacían.
Que intentó dos
veces y desistió.
"Es que si
el dulce no está bueno
la factura no
sale bien señor".
Ella, de un metro
sesenta
con su delantal
amarillo,
puro ojos, ojos
como lagos,
puro sudor,
en una panadería
de barrio
de un país bien
al sur,
quiso una y otra
vez
que el fruto de
sus manos sea bueno.
No había podido y
eso le dolía.
Nos ponemos de
pie...
A pesar del
cansancio
la señora de la
panadería sonríe.
Sin quererlo ni
saberlo,
con su fusil de
harina,
sus ojos como lagos,
hace la revolución.
© Jorge L. Carranza
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