Poema de Francisco Rapalo
CONDICIONAMIENTO
La palabra es la que se arrima
moviendo la cola, con las orejas gachas.
El escritor acepta la caricia
en la mano y no al revés:
recibe, como una ofrenda, la dentellada.
La palabra nos observa vestirnos y desvestirnos,
lavarnos con una esponja, odiar a nuestro padre,
cambiar los pañales y sacar la basura.
Echada sobre las patas, nos estudia.
Cada tanto espanta una mosca,
pero vuelve, sosegada,
y con los ojos fijos en la vida
sueña despierta el sabor antiguo
de la carne de la liebre.
© Francisco Rapalo
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